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Ancestros: sanando las raíces de tu árbol

Hablé ayer ya sobre los Ancestros y sobre Herencias, sobre lo que implican estos momentos de la rueda en los que estamos en el Hemisferio Norte. Hoy me gustaría ahondar un poco más en el tema.

Cuando somos pequeños nos hacen dibujar árboles genealógicos, al menos a mí me los hicieron dibujar en mi colegio. Era un trabajo sobre los genes y sobre lo que portamos. En mi misma clase había una chiquilla que había sido adoptada y se preguntó si el ejercicio era necesario para ella, pues no conoció a sus padres biológicos. La profesora le explicó que no importaba si no conocía a sus padres biológicos: conocía a sus padres adoptivos y, aunque no compartiera su información genética, había muchas otras cosas que sí compartía con ellos, principalmente la herencia cultural y de valores.

No le di más importancia a esto hasta que, como ya relaté ayer, empecé a trabajar con los Ancestros y me di cuenta de la enorme influencia que habían tenido en mi vida personas con las que no compartía carga genética: desde músicos hasta filósofos, pasando por sociólogos e incluso por un hombre que a veces paseaba por mi calle, todas esas personas, hasta cierto punto, son mis Ancestros. Por supuesto, a nivel espiritual también están los Ancestros de mi Tradición, que es la Correlliana. Y finalmente, aunque no menos importante, están mis Ancestros de sangre que, en mi caso me criaron y se hicieron cargo de mi educación además llevar su información genética en mi ADN. Todo eso conforma mi herencia.

Ya decía en mi última reflexión que a veces nos encantan nuestras raíces, pero otras veces llevamos a cuestas cosas que no nos gustan. Mis Ancestros (de sangre) son principalmente celtíberos, tengo también algo de sangre hindú y probablemente descienda de los hunos aunque eso no es seguro. No creáis que me siento muy orgullosa de la belicosidad de mis Antepasados. A veces esa belicosidad estaba justificada, pero otras muchas no. Sé que hemos venido a este mundo a través de la ley del más fuerte y que eso ha hecho que hoy en día el ser humano sea lo que sea, con lo bueno y lo malo, pero así es la naturaleza. No quisiera justificar la violencia, pero veo que al menos en el caso de los humanos gracias a ella se ha llevado a cabo la selección natural. Otra cosa es que ahora lo queramos cambiar, o que prefiramos usar otro tipo de violencia mucho más mental y menos física. Y esto mismo es aplicable a nuestros Ancestros ideológicos/espirituales.

Sea como fuere, estamos aquí porque tenemos raíces en nuestro árbol genealógico. Veo una conexión enorme entre esas raíces que se hunden en la tierra y las raíces que tienen nuestros árboles otoñales. Sin hojas, todo lo que el árbol tiene son tronco y raíces, sacando el alimento principalmente de esas ramificaciones que se hunden en la tierra. Es un momento perfecto para reflexionar cuál es la carga, la herencia que llevamos, y para sanar toda la podredumbre y el moho de las raíces de nuestro árbol, si lo hubiera.

Estos momentos del año me recuerdan también al mito del descenso de Inanna: hay un momento en el que la Diosa decide descender al Inframundo para ganar sabiduría, y allí se encuentra con su hermana Ereshkigal (que en realidad es una versión oscura de ella misma). A través del contacto con la muerte, con lo que ya no está, con sus propias raíces y su parte oscura que viven en el Inframundo, Inanna gana sabiduría y soberanía, alzándose incluso por encima de su consorte Dumuzi quien, por cierto, había intentado suplantarla durante su ausencia y se había entregado a una vida de lujos.

Así pues, conocer dónde hundimos las raíces, ya no genéticas sino culturales, y sanar nuestra relación con ellas, lleva a esa sabiduría. ¿Cómo las sanamos? Existen muchísimas formas de hacerlo, pero a mí me gusta especialmente usar los cuatro elementos para hacerlo. Lo que a continuación explico está basado en un ritual que leí hace muchos años en el libro “El aprendizaje de una maga: los doce cisnes salvajes” de Starhawk y Hilary Valentine. Aunque Starhawk no pertenece a mi Tradición y de hecho ella es la fundadora de Reclaiming, me parece útil la idea que plantea, ya no de reclamar a los Antepasados, sino de sentirse a gusto y sanar nuestra relación con ellos. El ritual no es exactamente como yo lo planteo aquí, pero ésta es mi versión del mismo.

Primero montamos un altar a los Antepasados. Usar la calavera estará bien para algunos, a otros no nos gusta tanto pero bueno, está bien. Hay que poner en el altar representaciones de los cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra. Nos ponemos en actitud de ritual (se puede hacer un círculo si se prefiere), y pensamos en nuestra herencia. Escribamos lo que pensamos de la herencia que portamos: lo que nos gusta, lo que no, las ideas que hemos adquirido debido a nuestra educación en ese grupo en particular, lo que nos duele de nuestra herencia, etc. Si pertenecemos a más de un grupo étnico como es mi caso, adelante, nombremos a todos los grupos étnicos que conozcamos que nos han influenciado, así como de los que portamos carga genética si los conocemos.

A continuación, afirmamos de dónde venimos, de dónde obtenemos la herencia a diversos niveles. Pongo un ejemplo con mi caso, que sería: “Soy Harwe Tuileva, hija de la Tradición Correlliana, descendiente de celtas, íberos e hindúes, y nacida y criada en España.”

Luego nos volvemos al Este y decimos las ideas revolucionarias y frescas que nuestra herencia ha traído al mundo, procurando sentir todas esas ideas dentro de nosotros, mientras nos centramos en el aroma del incienso. A continuación, nos volvemos al Sur (o al Norte si estás en el Hemisferio Sur) y pedimos al fuego que transforme todas las cosas desagradables, las guerras y la violencia, que ha traído nuestra herencia. Luego, nos volvemos al Oeste y nos concentramos en el elemento agua, pidiendo que sane las heridas de las víctimas y de las pérdidas que nuestro pueblo o pueblos hayan sufrido, pidiendo compasión y ayuda para ellos. Y finalmente nos volvemos al Norte (Sur si estás en el Hemisferio Sur) y concentrándonos en la Tierra, nos regocijamos por el camino que caminamos y en el que estamos gracias a esa herencia: todo lo que portamos y que nos provee de alimento espiritual, mental y corporal.

Luego volvemos al centro y visualizamos que somos un gran árbol. Hemos sanado nuestras raíces y las hundimos, felices, en la tierra llena de ricos nutrientes, las lombrices nos airean el suelo y nos hacen cosquillas delicadamente. Gracias a eso nos estiramos (podemos probar a estirar los brazos) por las ramas y nos salen hojas, flores y frutos, y sentimos el sol cálido y sanador en nuestra copa. Damos gracias por la sanación.

Podéis usar también la versión que viene en el libro, pero a mí me sirve ésta, creo que es mucho más sencilla. Recordad que estos rituales de sanación a veces tienen que realizarse más de una vez para que surtan efecto, pues a veces ocurren en capas.

Espero que os haya gustado y que os sirva para celebrar estas fechas tan señaladas.

La experiencia extática y su significado

Antes de nada, no confundir “extática” (relativa al éxtasis) con “estática”, que puede ser desde la electricidad hasta las bicicletas de los gimnasios.

Casi todos los Neopaganismos similares a Wicca tienen experiencias extáticas, momentos en los que se entra en un estado alterado de conciencia para obtener mensajes divinos, entendiendo por divinos también los mensajes dados por nuestra propia Divinidad interior, o los de los Ancestros (si, como yo, trabajáis también con quienes ya no están). Éste es un elemento cercano al Chamanismo que impregna nuestras creencias y en el que normalmente no reparamos, porque no se suele incluir en la mayoría de los volúmenes dedicados a Wicca y sus derivados. Por tanto este concepto de la experiencia extática como tal no llega al gran público, llega el de la meditación por ejemplo, o el de la visualización. Me complace deciros que esto también, aunque en grados menores en cuanto al nivel de trance obtenido, son experiencias extáticas. También los denominados “viajes astrales”, los desdoblamientos y otro tipo de prácticas.

No entraré aquí en la “técnica” para hacerlo, ya que cada maestrillo tiene su librillo. Pero en ocasiones es cierto que se reciben “mensajes”. Después de estas experiencias extáticas, sobre todo si se ha obtenido algún mensaje, es normal estar un poco eufórico o confuso y por ello nos lanzamos a hacer interpretaciones de los mismos. Igual que cuando soñamos algo y queremos obtener el significado rápidamente. Hay veces en las que esos mensajes obtenidos ni siquiera tienen significado como tal y son sólo una manifestación de nuestros deseos o una afirmación de nuestro Yo más “Divino”.

Hará como diez años, en mi iniciación de primer grado, obtuve visiones muy potentes que durante un tiempo me inquietaron porque quería conocer su significado lo antes posible. Estuve investigando sobre determinados aspectos del mensaje y de la visión recibida y no encontré nada. Con el tiempo llegué a la conclusión de que era una experiencia extática personal y que no había significado fuera, sino que se encontraba dentro de mí, sólo me apelaba a mí y por tanto no podía haber nada ahí fuera que me dijese “el significado de lo que has visto es X”. Con años de meditación y reflexión internas, me di cuenta de que no sólo era una visión única, sino que no había más significado que expresar mi propia unión con el Universo y con todo lo que existía. Repito, pasaron años antes de que pudiera darme cuenta de qué significaba debido a la complejidad del mensaje recibido.

La reflexión profunda tras la recepción del mensaje es muy aconsejable. En la Tradición Correlliana, incluso las personas que normalmente tienen facilidad para realizar trabajo Oracular (que no es ni más ni menos que entrar en trance y dar mensajes hablados en nombre de la Divinidad, actividad que por cierto requiere bastante práctica) siempre someten sus oráculos a lo que nosotros denominamos cuarentena. Es un tiempo de reflexión, idealmente de 2 a 4 semanas, en el que no se piensa nada sobre el mensaje recibido. Simplemente se anota y tras esas semanas se re-lee y reflexiona sobre ello. Y eso que estamos hablando de personas con habilidad y entrenamiento para la recepción de este tipo de mensajes, personas que normalmente pertenecen a la Orden de Caminantes de Mundos Correlliana, en la que esta práctica se realiza de forma muy habitual e intensa. Personas que están acostumbradas a estas prácticas.

Si la cuarentena está aconsejada y se hace por parte de personas con hábito de realizar trabajo oracular, su empleo está aconsejado a todo el mundo. Las razones son muy variadas, entre las cuales yo veo las siguientes:

– Los mensajes se “leen” mejor con cierta perspectiva, y para ello hay que tomar distancia de ellos y “enfriarse” emocionalmente.

– Los mensajes pueden tener significados diferentes según el contexto personal, y por ello es posible que no se entienda en el momento para obtener otro significado con el tiempo.

cuadernoPara realizar esta cuarentena yo personalmente recomiendo un cuadernito de sueños o de meditación. Nada de grandes Libros de las Sombras tipo grimorios, para mí el ejemplo perfecto de cuaderno en el que realizar este tipo de prácticas es el de cualquier papelería, como el de la derecha de estas líneas.  Los grandes volúmenes imitando al libro de las sombras de “Charmed” son muy bonitos, pero tristemente inútiles y poco prácticos, por muy caros, voluminosos y artesanales que sean. En este caso, “barato” también significa “bueno”.

En este cuaderno puedes escribir libremente tu mensaje, para en dos-tres semanas volver a leer y entonces hacer anotaciones en los márgenes, tachar lo que necesites y dibujar cuanto quieras sin necesidad de que quede como de libro de cuentos.

Pero como todo, realizar este tipo de prácticas requiere una cierta disciplina. Por un lado, la disciplina de realizar la actividad para recibir tu “mensaje”, por el otro, la de anotarla y luego revisarla. En todo caso aquí mi consejo está claro: no te compres ningún cuaderno si no vas a hacer nada de esto. Sería perder el tiempo.

Y como última recomendación, no esperes mensajes ni trances extáticos a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. Ésta es una práctica que requiere paciencia contigo mismo. Vienes equipado con todo lo necesario para acceder a los niveles más profundos de la Psique y en general del Ser, contienes en ti mismo los secretos del Universo, y sin embargo años y años de aprendizaje te han enseñado que no puedes hacer nada de eso. Si empiezas a practicar meditación y visualización de cara a estar en contacto con energías Divinas o con todo tipo de entidades debes ser siempre paciente contigo, porque no es fácil des-aprender todos esos límites que tanto nosotros como la sociedad nos ha impuesto. Si no obtienes mensajes de ninguna forma, tómate esos momentos para simplemente ser. No hay nada más bonito que una sesión de visualización en la que no se obtienen mensajes, porque puedes estar todo el tiempo que quieras siendo tú mismo, disfrutando del aire que entra en tus pulmones, siguiendo el rítmico latido de tu corazón. Siendo, viviendo, y si quieres luego, apuntando lo bien y lo vivo que te sientes, porque eso es lo que “engancha” de este tipo de prácticas.

Aprendiendo a meditar y visualizar (y 2)

En el artículo anterior hablamos sobre qué es la meditación, por qué meditamos, y dimos algunos consejos. En este artículo vamos a dar algunos consejos y prácticas útiles para cuando se está empezando, así como algunas visualizaciones sencillas para cuando ya hayamos avanzado un poco.

Preparando el ambiente

Hay personas a las que les gusta ponerse música suave para meditar o encender velas e incienso. Esto es, como siempre, a gusto del consumidor: no pasa nada si no te gusta encender nada y meditas en silencio. Sea como fuere, si se van a utilizar estos elementos para acompañar a la meditación, se han de tener algunas consideraciones.

La primera de ellas es que, en cuestión de aromas, la varilla de incienso suele ser la mejor opción: si usamos aceite puede quemarse y al final resulta más irritante para las mucosas que el propio incienso, aunque a primera vista pueda parecer más inocuo. Los conos de incienso están muy bien, pero su intensidad y cantidad de humo puede depender del fabricante. Encontrar el fabricante de incienso adecuado es cuestión de paciencia y de ir probando. De cualquier forma, es importante airear la habitación donde vayamos a meditar de antemano, tanto si vamos a poner incienso como si no, y también es importante poner un tipo de incienso que suelte poco humo y no sea irritante ni nos dé alergia.

En cuanto a las velas, muchas personas las utilizan como baterías de energía o para evitar quedarse dormidos. Normalmente se medita con los ojos cerrados, si bien es importante que aun así las velas estén alejadas de nuestra cara: la luminosidad de las velas en personas muy sensibles a la luz hará que tengan que forzar a los músculos de la cara. Esto es contraproducente para conseguir una relajación total. Si se van a emplear velas, es importante que la luz sea suave y tamizada. Las velas de té en pequeños portavelas de color pueden ser muy socorridas en estos casos.

Finalmente está la música. Debe ser suave y estar a un volumen moderado o bajo. Se trata de que sea un “acompañamiento”, y no debe “superponerse” a la práctica. Hay gente que utiliza la misma música siempre porque les ayuda a concentrarse, mientras que otros la van cambiando todos los días. Es cuestión de gustos. La música cantada en un idioma que uno entienda no suele ser buena idea (porque nos la acabamos aprendiendo e incluso cantando mentalmente). Según mi experiencia, la música instrumental preparada para meditar suele ser la mejor, o también la de sonidos rítmicos y suaves, como el sonido del mar o cantos de pájaros.

Respiración

Nuestra primera toma de contacto con la meditación debería ser mediante un acto tan sencillo como respirar. Respiramos todos los días a todas horas, respiramos inconscientemente, y sin embargo, si dejáramos de hacerlo, moriríamos. La respiración es un acto tan importante como ignorado, pero en la meditación vamos a volver a tomar conciencia de nosotros mismos, y la respiración pasa a tener un papel preponderante. Se trata, como decíamos en el anterior artículo, de ser, y nuestra respiración es una expresión perfecta de nuestra existencia física.

Hagamos un ejercicio sencillo: vamos a inspirar lentamente mientras contamos mentalmente del uno al cuatro. Hacemos llegar ese aire a nuestros pulmones, tomamos conciencia del recorrido de ese aire. Luego mantenemos el aire dentro, como si nuestros pulmones pudieran sentir el “sabor” del aire, como cuando comemos algo muy sabroso y lo degustamos en la boca. Contamos mentalmente de nuevo hasta cuatro con ese aire dentro de los pulmones, y lo vamos expulsando mientras contamos mentalmente del uno al cuatro. Ahora, con los pulmones vacíos, volvemos a contar del uno al cuatro, y acabada la cuenta volvemos a tomar aire. Seguimos con este ciclo de 4 x 4 x 4 x4, intentando empujar el aire hasta la parte baja de los pulmones, inhalando con el diafragma. Lo estaremos haciendo bien si mantenemos la cuenta y nos damos cuenta de que nuestro vientre se hincha en cada inhalación y se afloja al exhalar.

Técnica de relajación

La relajación es el proceso con el que debe comenzar cualquier meditación. Antes de empezar a meditar hay que estar muy tranquilo y sosegado, con lo cual es importante aprender a hacer esto muy bien.

Tomamos la posición que más nos guste (sentado o tumbado) y cerramos los ojos. Comenzamos realizando el ejercicio de respiración que hemos explicado más arriba. Cuando llevemos unos minutos respirando rítmicamente con comodidad, tomamos conciencia de nuestros pies. Sin tocarlos, sentimos nuestros dedos, nuestras plantas, los empeines, etc. Cuando seamos totalmente conscientes, sentimos cómo nos pesan cada vez más y más. Cuando ya no podamos imaginar que nos pesan más,  subimos mentalmente hacia arriba y hacemos lo mismo con nuestras pantorrillas: tomamos conciencia de ellas, y acto seguido sentimos que nos pesan cada vez más hasta que sean tan pesadas que no las podemos mover. Repetimos esto con todas las zonas del cuerpo, a saber: los muslos, los brazos, las manos, el tronco, el cuello y, finalmente, la cara. Es importante relajar la cara completamente, así como la lengua y el paladar.

Mantenemos la respiración rítmica, disfrutamos de nuestro estado de relajación, y ya estamos listos para nuestra visualización.

Visualización 1: bola de luz

La bola de luz tiene múltiples usos. Hay personas que la utilizan para crearse un escudo protector alrededor de sí mismas, y es su uso más frecuente, pero se puede utilizar para muchas cosas. Una de mis alumnas del Santuario de Brigit la utilizó una vez para quitarse un molesto dolor que sentía en el brazo, producto de su profesión, y hasta la fecha es el uso más original que he visto que sea pueda dar a esta visualización. En esta ocasión voy a presentar una variación de la bola de luz, que podemos utilizar para eliminar todos esos problemas diarios que nos aquejan, y que tristemente tienen su reflejo en nuestro cuerpo físico y etérico.

Completamente relajados, vamos a imaginar que sobre nosotros tenemos una preciosa bola de luz blanca. Al principio será una bolita, y nos vamos a concentrar para que se haga más y más grande, cada vez más y más. Cuando la bola sea ya muy grande, la bajamos hacia nosotros mismos, hacia nuestro cuerpo. La vamos a pasear por todo el cuerpo, sintiendo cómo nos llena de alegría, y de paz, y de calma. Esa bola va a “romper” todos los problemas que hemos ido acumulando, que se pueden visualizar como telas de araña, o motas de polvo, suciedad, etc. Cuando la bola haya terminado de romperlo todo, le damos las gracias y le indicamos que vuelva a la Madre Tierra para que ésta la reutilice.

Visualización 2: el árbol

Esta visualización es muy útil, sobre todo para cuando nos sentimos demasiado “desconectados” de la realidad o nos sentimos muy nerviosos. Es ideal para ayudarnos a encontrar el equilibrio y la estabilidad interior. También ayuda para controlar los efectos a nivel de ritmo cardíaco producido por el abuso de algunas sustancias estimulantes, como el café o los refrescos de cola. Es ideal para meditar al aire libre, en un sitio en contacto con la tierra.

Tomamos conciencia de nuestros pies, y visualizamos que dejan de ser pies para convertirse en raíces. Primero serán unas raíces pequeñas y algo raquíticas, pero se irán haciendo más y más fuertes conforme vayan creciendo. Si estamos en la tierra, hemos de imaginar que se hunden profundamente en ésta. Si estamos en un edificio de apartamentos, tan sólo imaginamos que esas raíces viajan desde las paredes hasta el suelo y se hunden en éste.

Hundimos las raíces profundamente en la tierra y tomamos conciencia de lo fría pero a la vez reconfortante que es, de lo mucho que nos nutre. Nos sentimos calmados y despejados, y con ganas de estirar las ramas para alcanzar el sol. Gracias a esos nutrientes de la tierra, que van subiendo desde nuestras raíces por todo el cuerpo, nos sentimos vivificados y aliviados, hasta el punto de que nuestro tronco se convierte en un tronco de árbol, y nuestras extremidades superiores y cabeza en unas preciosas ramas con unas alegres hojas que resplandecen al sol.

Nuestras hojas respiran y depuran el aire, y ese aire que respiramos a través de las hojas baja por nuestro tronco de árbol, volviendo a la Tierra, de donde volvemos a tomar esos nutrientes. Disfrutamos del equilibrio, del calor del sol y de la brisa, y del nutritivo frescor de la tierra. Permanecemos en este equilibrio hasta que nos sintamos vivificados y calmados, y  poco a poco volvemos a ser una persona, ya sin hojas ni ramas, y sin raíces. Agradecemos a la Madre y al Padre por sus cuidados.

Finalizando la sesión

La finalización de la meditación no se ha de hacer abruptamente. Comenzamos por ser totalmente conscientes de nuestra respiración en ciclos de 4. Luego tomamos conciencia de nuestra cara, moviendo los músculos muy suavemente. Luego pasamos al cuello, los brazos y manos, el tronco, las piernas y finalmente los pies. Todo el movimiento ha de ser lento y pausado, y realizarse mientras seguimos respirando. Un estiramiento muy suave y lento puede venir estupendamente en este momento, y también es posible que nos venga bien un poco de agua, bebida a sorbos lentos y pequeños.

Muchas personas se sienten mareadas o desorientadas tras una meditación profunda. Es normal. La clave está en hacer el proceso lento y gradual, disfrutando de la gran calma que se siente en ese momento tras la meditación. Es posible que se quieran evitar las luces fuertes y los sonidos estridentes. La vuelta a la normalidad ha de ser siempre lenta y gradual, disfrutando incluso después del proceso de la gran sensación de calma y relajación.

Aprendiendo a meditar y visualizar (1)

La idea de meditación que se suele tener en el mundo occidental es la del creyente de una fe oriental, concentrado y totalmente quieto mientras vacía su mente. Sin embargo, no siempre es así: la meditación no es exclusiva de las religiones orientales (aunque es ampliamente utilizada en algunas de sus ramas), y además hay meditaciones que incluyen no sólo el archiconocido concepto de “vaciar la mente”, sino también el de visualización.

¿Por qué meditamos?

Meditamos principalmente para relajarnos. El estrés diario, el trabajo y las responsabilidades nos causan a veces una sensación de irrealidad de la que se aquejan muchas personas. Es necesario pararnos, quedarnos un momento disfrutando de la quietud del momento, concentrarnos simplemente en ser. La meditación nos reconcilia con nosotros mismos, nos hace ver las cosas con perspectiva, aquieta nuestra mente para que podamos impulsarnos, otorgándonos distancia y lucidez con respecto a las cosas que nos preocupan.

Esa capacidad para aquietar nuestro discurrir de pensamiento también aleja el pensamiento recurrente, que es el que en muchas ocasiones nos lleva a la depresión y a la frustración. La práctica meditativa constante baja la frecuencia de los latidos del corazón, regula la presión sanguínea y la circulación, y nos ayuda a superar adicciones como el tabaquismo.

La práctica de la meditación no es necesaria ni exclusiva en Wicca. No forma parte de la religión, ni se enseña en muchos círculos, ni tiene que ser necesariamente parte de un entrenamiento. Uno no es más wiccano por meditar todos los días, aunque sí es una práctica recomendable y algunas tradiciones la exigen. Muchos wiccanos utilizan la meditación, además de por sus cualidades relajantes y tonificantes, para mejorar su capacidad de concentración, tan necesaria en el manejo de energías.

Meditación y visualización

La práctica meditativa puede estar acompañada de imágenes que se incorporan a la misma. Cuando imaginamos en nuestra mente determinadas escenas o formas dentro de una meditación, estamos visualizando.

La visualización siempre tiene una función. Se puede utilizar para imaginarnos los chakras de nuestro cuerpo, su forma, su color, la forma en la que giran. También se puede utilizar para visualizar cómo nos “limpiamos” de todos los problemas del día, de cara a hacer de la meditación un acto de desconexión completa de esos quehaceres diarios. No existe la visualización sin finalidad: si visualizamos por visualizar simplemente estamos ejercitando nuestra imaginación, no llevamos a cabo ningún ejercicio, y corremos un riesgo al dejar la mente desbocada: ésta puede volver a esos quehaceres diarios que queremos dejar atrás, haciendo inútil el proceso meditativo.

Por tanto, la meditación con visualización:

– Es un acto consciente, del cual somos completamente soberanos. Meditamos para ser totalmente dueños de nuestros pensamientos, tanto de ellos como de su ausencia (en el caso de que queramos meditar vaciando nuestra mente). Por tanto, quedarse dormido no es meditar.

– Es un acto con una finalidad. Meditamos para estar más tranquilos, o para visualizar nuestros chakras, o para dejar atrás nuestras preocupaciones y ver las cosas con perspectiva. Debemos tener una idea de lo que vamos a hacer antes de empezar a meditar.

Cuando efectuamos una visualización dentro de una meditación estamos ejercitando algo que nos hace mucha falta cuando hacemos magia: nuestra capacidad para centrarnos en una idea sin dejar que otros pensamientos asalten nuestra cabeza. Esto no es sólo bueno para la magia, sino que también nos ayudará en nuestras facultades mentales, por ejemplo, si estamos estudiando para un examen y normalmente meditamos nos será más fácil concentrarnos y controlar esos pensamientos que muchas veces se nos “cuelan” en la cabeza.

¿Cómo empiezo?

Aunque meditar en sí es muy sencillo, ponerse a ello no lo es tanto, sobre todo las primeras veces. Hay que estar muy cómodo para ponerse a meditar, y cuando estamos quietos y relajados nos damos cuenta de que el cinturón aprieta, o de que la camisa es demasiado fina y nos va a entrar frío. Todo esto hay que tenerlo en cuenta. Así pues, nuestra primera práctica meditativa debería servir para que encontremos el atuendo adecuado: lo suficientemente cómodo como para que no apriete, y lo suficientemente cálido como para que no pasemos frío. Mucha gente, en mitad de su práctica meditativa, experimentará frío. Esto es debido a la bajada de la frecuencia cardíaca, y ha de tenerse en cuenta de antemano. Una manta suave y fina puede venir muy bien para los frioleros.

La posición es otro dilema frecuente. Mucha gente medita sentada porque si se tumba se queda dormida. Otra gente no puede meditar sentada mucho tiempo debido a problemas circulatorios o de espalda, y prefiere echarse boca arriba para meditar. De nuevo, es una cuestión de preferencias personales y sólo la experiencia nos dirá qué es mejor para nosotros. Para los que gustan de acostarse pero temen quedarse dormidos, una solución intermedia puede ser acostarse sobre una esterilla de yoga: no es tan blanda como una cama, pero no es tan fría como el suelo. Los zafús o cojines de meditación pueden estar muy bien si se quiere meditar sentado cómodamente, en el caso de que el problema con la meditación sea el entumecimiento de las piernas tras veinte minutos completamente quieto.

Sea como fuere, la práctica nos irá dando soluciones a estos problemas. Si al principio nos quedamos dormidos no pasa nada: es importante tener en cuenta que esto es propio del principiante y que la constancia es nuestra mejor aliada en este sentido. Dejaremos de quedarnos dormidos con el paso de los días, y si no lo hacemos encontraremos una postura mejor. La clásica postura del loto es imposible para algunas personas, y prefieren sentarse a meditar de otras maneras.

El último de estos dilemas suele ser por cuánto tiempo se ha de meditar. Al principio meditaremos cinco minutos porque estaremos empezando, luego, con la práctica, nos hacemos mejores en esto. Cuando seamos capaces de aguantar mucho más tiempo, habrá que buscar un máximo. En principio no debería exceder de los treinta minutos. La meditación debe ser una práctica para mejorar nuestra vida, no para sustituirla, y alargar demasiado esta práctica puede conllevar la no realización de tareas mundanas igualmente necesarias. De nuevo, meditar muchas horas no nos hace más wiccanos ni mejorará nuestras capacidades psíquicas más rápido: sólo la constancia nos ayudará. Si dedicamos demasiadas horas a esto, también es posible que nos quememos pronto de nuestra práctica meditativa, al ver que no nos da tiempo de hacer muchas otras cosas, como trabajar o disfrutar de la familia, lo que finalmente nos llevará a abandonar su práctica. Recuerda que no se trata de cuánto tiempo le eches, sino de que seas capaz de hacer un poco cada día.

En el próximo artículo veremos unos ejemplos de meditaciones para principiantes, así como algunos consejos para comenzar.

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