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Rituales al aire libre: una reflexión sobre una actitud extendida hacia la naturaleza

404819No hay nada más mágico que realizar un ritual al aire libre. Con el sol o la luna como testigos, la suave brisa que mece los árboles, suena muy idílico, ¿verdad? Y efectivamente lo es, pues para un wiccano no hay nada más bonito que celebrar su fe en mitad de su verdadero templo: la naturaleza.

No obstante, no siempre somos totalmente consecuentes con lo que hacemos y con lo que veneramos. Como muestra, el incendio que ha devastado una zona protegida cerca de Sierra Nevada, muy cerca de donde yo vivo y donde tenemos el Templo de Brigit. Las autoridades indican que la causa del incendio fueron restos de rituales religiosos, aunque todavía están por confirmarlo. Y no me extraña: el año pasado, caminando por un paraje cercano a Sierra Nevada, mi marido y yo atisbamos un pequeño fuego en una zona protegida. Al acercarnos, vimos que se trataba de una vela. Mi marido corrió a apagar la vela, sin importar que el autor o autores del ritual estuvieran todavía cerca, pues la habían dejado junto a hojarasca que podía arder muy fácilmente. Este tipo de situaciones ocurren también en nuestras calles y plazas, por cierto. Hará unos años oí un “consejo” de alguien que aseguraba que los restos de rituales había que dejarlos en una plaza donde jugaran niños, envueltos en un paquetito. La pregunta que me hago es “¿qué estamos haciendo?” ¿En qué momento se nos ha ido tanto la cabeza como para pensar que lo que está ahí fuera, natural o creado por el ser humano, existe para que dejemos los restos de nuestros ritos?

No se trata de “yo tengo el derecho a hacer lo que me dé la gana en el campo porque el campo es de todos”. El campo no es de todos. El campo es del campo, no es de los humanos. Estaba aquí mucho antes que nosotros. Los espacios protegidos están protegidos porque no pertenecen a nadie. Las zonas de recreo, aunque disfrutemos de ellas, no pertenecen a los humanos. No son para que dejemos libremente velas, pañales usados o latas de coca-cola, no es nuestro estercolero ni nuestro lugar para hacer rituales sin miramientos. La naturaleza no nos pertenece: nosotros le pertenecemos a ella. Nos han llenado la cabeza con la idea de disfrutar de ella, de hacerle fotos y publicarlas en Facebook, pero no hemos aprendido a cuidarla.

No me gusta tener que escribir estas líneas, pero siento la necesidad de condenar la actitud de quienes se dejan velas encendidas en mitad del campo, arrojan restos de rituales a los ríos (la parafina de las velas está hecha de petróleo y no es biodegradable), o entierran botellas de cristal en mitad del campo, que pueden fácilmente ser escarbadas por un animalillo y causar incendios por el “efecto lupa”.  Tampoco me gusta quienes tiran chicles o dejan restos de rituales en plazas y calles para que lo encuentren los niños pequeños (un menor de edad no tiene por qué meter las manos en trabajos mágicos ajenos, y menos servir para “liberar” nuestra energía en el Universo, es un niño, no una herramienta). Creo que se puede ser wiccano, cívico y respetuoso. Por eso, dejo algunos pensamientos que creo que pueden ser útiles para la realización de rituales al aire libre y el desechado de materiales:

– No hagas fuego en lugares no permitidos. Tampoco enciendas velas. Utiliza velas de led si quieres minimizar los riesgos de incendio.

– Si vas a utilizar velas, asegúrate de que son de materiales biodegradables. La parafina con la que se fabrican la mayor parte de las velas hoy día, lamentablemente, es un derivado del petróleo y es muy contaminante. Las velas de cera de abeja son una apuesta segura. Cuenta las que has encendido. Al finalizar, apaga las llamas una por una con unas gotas de agua. Cuenta todas las velas que tienes en la mano después de apagarlas y asegúrate de que te llevas de vuelta a casa el mismo número de velas. No te marches del lugar sin asegurarte de que llevas todas las velas que trajiste al bosque.

– Limpia bien el área antes de empezar el ritual. Esto incluye eliminar la hojarasca que pueda prender durante el rito, que puede causar un problema incluso contigo delante.

– Bajo ningún concepto enciendas hogueras. Se necesitan permisos para ello, tienes que saber hacerlas y dependiendo del momento del año te pueden multar con un buen dinero que, seguro, no te quieres gastar.

– Deja el área usada para el ritual mejor que como te la encontraste. Lleva una bolsa de basura grande contigo para estos menesteres. Luego, tírala en un contenedor de basura.

– Deja una pequeña ofrenda biodegradable para agradecer a los espíritus del lugar, en un lugar discreto donde no manche. Lo ideal es derramar un poco de agua o zumo de frutas en señal de gratitud, por ejemplo junto a un árbol. Si quieres dejar algo más físico, no dejes restos de loza ni de cerámica: puede romperse y causarle heridas a alguien, aparte de actuar como un espejo. Para eso, ¡deja unas simples flores sin jarrón, que son totalmente biodegradables!

– Bajo ningún concepto dejes recipientes ni botellas de plástico. Mejor aún: bajo ningún concepto dejes ningún tipo de recipiente ni botella.

–  Si has usado papel para un hechizo o conjuro y quieres desechar los restos, quémalo con cuidado cuando llegues a casa (asegúrate de tener un recipiente adecuado, no te quemes). La ceniza se destruye muy fácilmente y se la puede llevar el viento después.

– Utiliza los restos de velas de ritual para hacer más velas, por ejemplo decorativas, si ves que no se terminan de gastar o si no sabes qué hacer con los restos que te queden después de quemarla. Al fin y al cabo, lo que se está intentando conjurar es la llama de la vela, no la cera o parafina que la recubre.

Hazlo tú mismo: Fabricando velas para candelabro

Los Wiccanos suelen utilizar las velas para sus oraciones, meditaciones y altares. Por esta razón, a no ser que encuentres un proveedor especialmente barato cerca de tu hogar, puedes gastarte bastante dinero y, teniendo en cuenta los tiempos que corren, lo mejor es ahorrar lo máximo posible. La solución puede ser fabricarte tus propias velas, que además estarán cargadas de una energía especial al habértelas fabricado tú mismo.

En esta ocasión, haremos dos velas altas y finas para ponerlas en candelabros. Para hacerlas, necesitarás:

– Cera de abeja (lo más caro) o parafina (una solución económica). La puedes encontrar tanto granulada como en bloques.

– Un recipiente para calentar al baño maría, que dediques únicamente a este menester.

– Un recipiente alto y no muy ancho, que dediques únicamente a este menester. Debe ser bastante más alto que la vela que queremos crear.

– Una olla con agua para el baño maría.

– Mecha de algodón o cordel fino de algodón (el sintético huele bastante mal cuando lo quemas). Si no encuentras, tendrás que comprar hilo de algodón blanco y trenzarlo muy bien, utiliza cuantos hilos sean necesarios para que te salga una trenza bastante larga y no muy gruesa.

– Dos lápices de madera o palitos.

– Dos tacos de madera más o menos altos a los que no les tengamos mucho aprecio, o similares.

– Mucho papel sucio: periódicos viejos, guías telefónicas antiguas…

– Lápices de cera, pero que estén realmente hechos de cera (no de plástico), o anilinas de color para velas que venden en tiendas especializadas pero son bastante más caras. Si no quieres gastar demasiado, cómprate sólo cuatro colores: blanco, magenta, cian y amarillo, ya que con éstos puedes fabricarte toda la paleta de colores (si usas parafina blanca o cera blanqueada puedes ahorrarte el blanco).

– ¡Y muy importante! Algo para protegernos las manos y no quemarnos, pero que nos permita manipular los recipientes calientes con facilidad: tenazas, guantes para horno, paños…

Cómo se hace, paso a paso:

1. Empezamos por calentar la cera al baño maría: no echaremos toda la cera, sino que pondremos sólamente lo que necesitemos para lo que vayamos a hacer en el momento.

2. Mientras la cera se calienta, calculamos el largo del que queremos hacer las velas, y cortamos la mecha de un poco más del doble de ese largo; es decir, que si queremos velas de 13 cm de alto, debemos cortar un trozo de cordón de aproximadamente 28 cm. Doblamos la mecha por la mitad y la atamos al lápiz justo en medio, de tal forma que los dos extremos del cordón que vamos a utilizar queden colgando hacia abajo del lápiz. Aparte, preparamos los dos tacos de madera (que deben ser más altos de 13 cm que es el alto de nuestra vela) uno frente al otro y ponemos mucho papel entre ellos para proteger la superficie, pues va a gotear cera.

3. Vertemos la cera ya derretida y con cuidado en el recipiente alto. Sujetando la mecha por el lápiz, sumergimos lo máximo que podamos ambos cabos de ésta en la cera caliente. Apoyamos el lápiz en los dos tacos de madera, dejando que la cera sobrante caiga sobre el papel que hemos preparado debajo, evitando manchar el resto de nuestra cocina.

4. En este momento, mientras se secan las mechas, podemos añadir un poco de color a la cera derretida, cortando lascas del lápiz de cera del color que queramos, y removiendo con un palito. Para saber de qué color está quedando la cera podemos verter una gotita de la mezcla en un papel blanco y dejar que se seque, pues mientras la cera esté derretida se verá más transparente de lo que es en realidad.

5. Tomamos de nuevo el lápiz al que están atadas las mechas y volvemos a sumergir éstas en la cera caliente. Volvemos a dejar que se enfríen. Repetimos la operación, dejando que la cera se seque en torno a éstas e iremos notando que cada vez que sumergimos las mechas aumenta el grosor de las mismas, ganando cada vez más la apariencia de una vela de candelabro. Repetimos hasta que las velas hayan ganado el grosor deseado.

6. Al final de esto, obtendremos un lápiz al que están atadas dos largas velas de tipo candelabro. Cortamos el nudo con el que está atada la mecha al lápiz y voilà! ya tenemos nuestras dos velas listas.

Consejos finales

– Los pábilos (mechas) deben quedar lo más rectos posible para que las velas tengan la forma deseada.

– Ten en cuenta que la cera tiende a arder al hervir y que debemos ser cuidadosos al calentarla. Su punto de fusión suele estar entre los 56 y los 65º C, dependiendo del tipo de material que utilices (normalmente cuanto más bajo sea el punto de fusión más brillante será la cera, pero también menos durará la vela). En caso de que ardiera, debemos tener preparado algo de arena o una tapadera para sofocar las llamas, NUNCA echaremos agua sobre cera que arde. Además, dejaremos que la cera se derrita completamente, sin que llegue a calentarse más de la cuenta pues si alcanza demasiada temperatura pueden además salirle burbujitas.

– Ten cuidado con el agua hirviendo de la olla en la que estés haciendo el baño maría, te puede salpicar al llegar a ebullición y quemarte.

– Deja que cada capa de cera se seque, pues de lo contrario la vela puede adquirir una forma cuanto menos extraña. Ten paciencia.

– Si la cera que estás empleando para hacer las velas se enfría durante el proceso y empieza a solidificarse, basta con volverla a poner al baño maría, a veces incluso es suficiente meter el recipiente en el que se encuentra en el agua caliente.

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