sabbat

Lo sagrado del ritual

Habría titulado este post más bien como “un ritual no es un circo”, pero me parecía demasiado fuerte. Aun así, me gustaría que tuviérais en mente esta frase mientras leéis estas palabras. Sobre todo porque me encanta decir chorradas.

Hay gente que se acerca a los rituales abiertos que hago de forma sincera, de hecho así es en la inmensa mayoría. A esas personas les doy las gracias por venir, con ellos comparto las alegrías y las pesadumbres de montar rituales en público, y me apoyan en todo lo que necesito. A esas personas las he llegado a llamar amigos, con mayor o menor cercanía, porque siempre están y porque, con más curiosidad o menos, cuando vienen lo hacen para disfrutar, pasarlo bien y tener una experiencia religiosa que diría el hijito de Julio Iglesias. Son personas a las que da gusto invitar a cualquier cosa, y cada día conozco más como ellas.

Me ha pasado eso y mi experiencia es muy buena a ese respecto porque me reservo el derecho de admisión. Y entonces podréis decir: “anda, entonces tus rituales abiertos no son tan abiertos”. Pues quizá no lo sean. Ante todo, necesito conocer un poquito a la persona que se presenta, que me escriba un mail, que me diga tres o cuatro cosas sobre ella. Por eso mi experiencia es tan buena: creo que siempre he obtenido lo que he necesitado, tanto de gente que ha acabado pudiendo venir al ritual, como de gente que no y que ha quedado fuera si las plazas eran limitadas.

Hasta aquí maravilloso, ¿verdad? Pues sí, así de estupenda es mi experiencia. Pero admito que siempre se tiene un cierto yuyu a que aparezca el espécimen contrario. Un espécimen que me diga que quiere ir a un ritual correlliano sin ningún tipo de respeto por su parte. Un individuo que se dedique a criticar todo lo que ve en el momento en el que lo ve, que interrumpa constantemente o que espere que yo me vaya a poner a hacer oráculos personalizados y para todo el mundo en rituales en los que normalmente en mi tradición no se hace trabajo oracular. Es en esos momentos de “miedo” previo en los que, mal que me pese, me salta a la mente una frase acuñada por la tristemente célebre Belén Esteban, y parafraseándola acabo diciendo para mis adentros “¡mi ritual no es un mono de feria!”. Lamentablemente hay gente irrespetuosa con estas cosas.

En la Tradición Correlliana hay rituales más solemnes y menos solemnes, más serios y menos serios, pero ante todo creo que se respeta mucho a la gente. Creo que esto puede ser aplicable a todo el Paganismo, y tanto como asistente como siendo organizador, creo importante tener el respeto suficiente por las personas con las que se está trabajando, aunque sea algo puntual y en un ritual abierto. Ése es mi consejo para quienes quieran ir a un ritual abierto en algún momento, pues es lo que extraigo de mi experiencia personal. Y también hay algo que me gustaría hacer llegar a los organizadores: en lo posible, reservaos el derecho de admisión. Os ahorraréis muchos disgustos. Tomad estos consejos o no los toméis, pero ahí quedan por si los necesitáis.

Aprovecho para saludar a los asistentes habituales a los rituales abiertos del Templo de Brigit. Se os quiere.

Ritual y voz

Con las velas dispuestas, las herramientas en su sitio, todo listo, te dispones a trazar el círculo. Es ese mágico momento que has esperado durante tantas semanas. De pronto se siente una gran emoción en el interior: te vas a dirigir al Universo, y te sientes como una pequeña mota de polvo en mitad de un cosmos tan vasto que resulta impensable. Y aun así, sabiéndote pequeño, alzas la voz, le hablas al Universo, y de esta manera te descubres a ti mismo…

De todas las herramientas mágicas, la voz podría ser la que más raramente se mencione en los libros de Wicca. Se lleva en la garganta, se usa a diario para tareas espirituales y mundanas, y no obstante se pasa de puntillas en su descripción como herramienta por parte de practicantes y autores. Aun así, el uso de la voz puede hacer entrar en trance a un oráculo, puede causar euforia o paz en los asistentes a un ritual, puede actuar como llave para el cambio de conciencia, sirve para guiar meditaciones, y sobre todo y ante todo, la utilizamos para invocar.

La voz mágica

Quizá pueda costar pensar que algo tan habitual para nosotros como nuestra propia voz sea mágico, porque estamos hechos a ella. Es cuestión de encontrar esa voz especial que llevamos dentro. Hay quien se sorprende cuando oye a una persona invocar y luego la escucha hablar, o al revés, y es porque esa persona ha utilizado su “voz mágica” durante la invocación, esa voz que podría considerarse no la nuestra, sino la de algo superior a nosotros: lo que comúnmente se conoce como el Yo Superior.

Todo el mundo puede contactar con su Yo Superior, y todo el mundo puede encontrar su voz mágica. Es cuestión de tiempo y entrenamiento. En teoría, el Yo Superior es una parte de nosotros mismos de la que no somos conscientes habitualmente, lo que algunos conocen como “ángel de la guarda”, pero que es accesible mediante técnicas como la meditación o la práctica espiritual. La voz mágica funciona de una forma similar, y se consigue acceder a ella mediante la vibración de palabras sagradas, lo que en la doctrina hindú se denominan mantram (singular mantra), combinadas normalmente con ejercicios de meditación y visualización. Uno de los mantram más conocidos en el Hinduísmo y mundialmente es “Ohm”, pero hay infinidad de ellos. Incluso hay personas que vibran nombres de Dioses, conceptos abstractos, denominaciones de energías vitales, etc.

Aunque la voz se genera en nuestras cuerdas vocales, podemos hacerla “resonar” en diferentes partes de nuestro cuerpo: desde la cabeza hasta el pecho, incluyendo la nariz, la propia garganta, la boca… es cuestión de experimentar. También tiene un efecto muy positivo sobre los diferentes chakras superiores, desde el chakra corona, hasta tan bajo como el plexo solar, por lo cual la vibración de palabras sagradas puede hacer de la visualización creativa una experiencia audio-visual muy relajante, ya no sólo por la vibración sino por el control que exige de nuestra propia respiración, haciéndola más pausada y rítmica.

De tal manera que, cuando usamos técnicas de vibración de palabras sagradas junto con ejercicios espirituales como la meditación o la visualización, estamos haciendo dos ejercicios en uno: ejercitar la voz mágica mientras entramos en conexión con nosotros mismos y, por ende, con nuestro Yo Superior.

Voz aplicada al ritual e invocaciones

Una vez metidos en materia, podríamos decir que se puede utilizar la voz principalmente de dos maneras, y que su uso depende en gran medida de cómo prefiramos o de cómo nos enseñen. También existen puntos intermedios con respecto a estas dos posturas.

– Uso de la voz por repetición de la fórmula de invocación: Se repite la invocación u oración varias veces para causar un efecto “mantra” en la persona o personas que están en el ritual, provocando un cambio de conciencia. Podríamos decir que es la más utilizada y la más sencilla, siendo ideal si se acompaña de movimiento, y no necesitando demasiado entrenamiento en “voz mágica”. Como punto débil, resulta monótona y si la velocidad de elocución no es pausada puede crear una cierta sensación de confusión en quienes la escuchen al “viciarse” la oración, sobre todo si la persona que la recita la ha repetido habitualmente.

– Uso de la voz por vibración: Se repite la fórmula una única vez, pero con la suficiente vibración como para que la conciencia mágica de los asistentes se active rápidamente. Es prácticamente una desconocida, pero puede considerarse la forma más teatral y emocional de invocar. Requiere entrenamiento por parte de quien invoca. Su punto débil es la necesidad de control absoluto sobre la voz, siendo ideal si se realiza quieto, y la gran concentración que hace falta para realizarla bien. Esta técnica es compleja porque requiere no ya que vibre la voz, sino prácticamente todo el cuerpo.

Se pueden encontrar, como se apunta más arriba, puntos intermedios, pero casi todo el mundo opta por una u otra forma, incluso variando de ocasión en ocasión según la preferencia.

Reticencias a su uso: el silencio como opción

La mayoría de las reticencias a la hora de usar la voz normalmente están asociadas a algo muy común: el sentido del ridículo. Se nos enseña a no sobresalir, y cuando estamos dispuestos a hacer un ritual no usamos la voz porque hay que dirigirse ya no a nosotros, sino a todo el Universo. A muchas personas les entra miedo escénico en este momento, y hay quien siempre prefiere hacer las invocaciones en silencio. Es cuestión de preferencia, y en la práctica solitaria no debería ocurrir nada si se mantiene la concentración necesaria.

Sin embargo, muchas veces el practicante puede encontrarse en una situación en la que el uso de la voz se le haga casi obligatorio. Esos momentos son, por ejemplo, el liderazgo de un ritual o simplemente la participación en uno. Puede que si no se habla durante un ritual, si no se invoca con palabras, nadie sepa qué tiene que hacer. También hay que notar que en ocasiones ni siquiera se levanta energía si no se invoca de viva voz, porque los asistentes no están tan conmovidos como para dejarse llevar por ese sonido, familiar y evocador a la vez, que debería ser una oración.

Advertir de estas eventualidades es necesario para encontrar posibles incidencias que puedan acontecer en un ritual al optar por no invocar con palabras. En estos casos, si no queda más remedio que invocar usando palabras y el sonido de nuestra voz, tendremos que apelar a nuestra propia fuerza de voluntad para sobreponernos y lograr que el hilo de voz pronto se materialice en un torrente evocador y enérgico. Pero en cualquier caso, tanto el sentido del ridículo como el sentirse demasiado pequeño ante la vastedad del Universo son remediables si se cuenta con un entrenamiento paciente y adecuado.

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