oráculo

Caminando entre mundos (3): cambiando entre estados de conciencia

Ya escribí un par de artículos sobre trance, uno se llama “Tipos de trance y trabajo oracular” y el otro es “Trance, oráculo, seguridad y posesión“. Pero como sigo recibiendo preguntas casi a diario sobre este tema, sobre cuánto debe durar un trance profundo, cómo se controla, etc, me he animado a hablar más de ello, porque suscita mucho interés. En esta ocasión, quisiera verlo no como una clasificación de los estados del trance (porque en realidad no existe tal clasificación, sino que sería un espectro o abanico bastante amplio), sino que quiero enfocarlo a qué sucede cuando vamos de uno a otro, si esto es posible y cuánto deberíamos estar en cada uno de los estados de conciencia.

Lo primero que digo siempre es que todos los estados de conciencia cuestan energía, incluyendo el denominado estado de conciencia habitual, que es el de la vigilia. Por eso precisamente comemos, respiramos y dormimos. Cualquier estado de conciencia alterado también consumirá recursos, de la misma manera. Por eso, no conozco a nadie que haya aguantado en trance profundo dos días enteros sin comer. Aparte de esto, y en términos de energía, hay otro elemento más que consume recursos, y se da sobre todo cuando estamos trabajando con alguna entidad. Esa entidad, para hacerse más palpable y poder acompañarnos en el viaje entre mundos (o cuando vamos a hacer un trabajo oracular, por ejemplo), necesitará que le dediquemos energía. Ya sea mediante un baile, ya sea mediante una ofrenda, una oración, una canción… cualquier cosa que le dediquemos va a servir para que pueda viajar con nosotros.  A veces, también podemos ayudar energéticamente al Yo Superior de la persona o las personas que entran en trance.

Ahora bien, ¿cómo es que se oyen historias de personas que se llevan dos días enteros en trance y caminando entre mundos, después de lo que estoy diciendo? Pues muy sencillo: el trance es un proceso fluido, se puede entrar y salir de él, se puede alternar entre estados de conciencia, como siempre se hace, en la vida diaria. Dice Michael Harner (el autor de “The Way of the Shaman”, una de las obras más conocidas del revival del chamanismo contemporáneo, y presidente de la Fundación de Estudios Chamánicos) que lo que sucede es que, en realidad, al hombre blanco actual le resulta extraña la noción de que muchas realidades se puedan superponer. Mientras que, como sabemos las brujas, y también los chamanes, todas las realidades están en el mismo momento, sucediendo, y conviviendo. Todos los planos se dan al mismo tiempo.

Este mismo autor relata en sus principales obras cómo existen chamanes tradicionales (americanos) que cambian de un estado al otro, porque en cada realidad existen elementos diferentes que le ayudarán en sus quehaceres. Por ejemplo, buscarán una planta que les ayude en esta realidad, y un espíritu en la otra, pero utilizarán ambos elementos a la vez porque, para ellos, todo forma parte de lo mismo: solo hace falta saber conjugar ambos elementos y ambas realidades. Honestamente, creo que los practicantes de corrientes mágicas contemporáneas, que contienen elementos de chamanismo aunque obviamente se han ido perdiendo con los siglos, podría considerarse que hacen lo mismo cuando utilizan, por ejemplo, técnicas psíquicas como la doble visión o la canalización. Sin embargo, me parece curioso que, en corrientes afines a la brujería actual, como la Wicca, me he encontrado con una gran resistencia a considerar que esto sea posible. He de reconocer que yo misma he sido reticente a ello, hasta que mi práctica ha ido evolucionando y llevándome por otros derroteros. De ahí que, a día de hoy, considere, de acuerdo con mi experiencia, que el trance es un estado de conciencia bastante fluido y que, cuando se busca mediante las técnicas adecuadas (baile, cántico, percusión, movimientos estereotipados, mantram, etc) se puede entrar y salir de él con bastante naturalidad. A veces, de hecho, hace falta muy poco para ello.

Pondré un ejemplo. Hace unos años, trabajaba en un contact center en el que, a diario, tenía que buscar cientos de números de incidencias técnicas y asociarlos manualmente a estados de tramitación. El mero hecho de buscar números de seis o siete cifras, que me repetía para mí misma, en un archivo excel, cambiar el estado de las incidencias y repetir el proceso con otro número, me hacía entrar en un trance ligero, incluso con los ojos bien abiertos y la mente puesta en algo tan prosaico como un archivo excel. Luego, tras unos instantes de “mareíllo”, era capaz de volver a mi estado de conciencia habitual como si nada hubiese pasado.

Quizá la resistencia, como han apuntado muchos investigadores de la talla de Eliade o el mismo Harner, esté en que la aproximación del mundo occidental al trance es que, para que se dé, tiene que ser un proceso continuado en el que se accede a una realidad espiritual que no se da a la vez de la realidad mundana. Personalmente, esto me parece igual que de incierto que la noción de que los adultos dormimos “de un tirón”, cuando sabemos que hay ciclos de sueño y despertares nocturnos, tras los cuales volvemos a dormirnos, a veces sin darnos cuenta. Si nuestro cerebro ni siquiera lo hace de manera continuada con un proceso natural como es el sueño, tampoco podemos esperar que lo haga con estados de conciencia alterados que, puntualizo, se hayan conseguido sin la intervención de drogas psicoactivas.

Sin embargo, creo que esta concepción de “estado de conciencia inamovible y estanca” está cambiando en el Paganismo contemporáneo. No hace mucho me leí el fantástico “Seidr: The Gate Is Open” de Katie Gerrard, y me encantó que ella comentara su experiencia ayudando a personas a estar en trance y salir de él en los ritos de inspiración nórdica que conllevan el uso de un asiento de honor o Hliðskjálf. La autora comentaba, además, que las personas que viajaban por los mundos en estos ritos, tras ser introducidas por un Maestro de Ceremonias que las guiaba, se hacían el relevo unas a otras cuando estaban cansadas de dar sus oráculos. Esto me parece importantísimo porque, a pesar de estar en trance, ellos y ellas eran capaces de decirle al Maestro de Ceremonias, a la manera comunicativa habitual, que ya estaban cansadas y que era el momento de otra persona para continuar realizando el oráculo. Y esto choca con esa concepción de “entrar en trance y no salir de él”, demostrando que incluso en prácticas chamánicas de origen europeo, como en el Paganismo nórdico, existe esa posibilidad.

¿Por qué no en Wicca?, me pregunto. ¿Por qué tengo que estar en un determinado estado de conciencia y, si no lo hago, soy como esas videntes de la tele que no parece que entren en trance? Supongo que Wicca está muy influenciada todavía por la manera de pensar occidental, que tiene mucha influencia cristiana. La verdad, cuantos más mitos leo, y más profundizo en la relación entre el trance y las personas que aparecen en esos mitos, más creo que el trance en Europa también solía ser algo fluido, y no tan estanco como a veces pensamos que es.

Trance, oráculo, seguridad y posesión

a9e8bb871b666ca37d8c150eb043abd6Me gustaría agradecer la acogida de mi penúltimo artículo, que dediqué al trance y al trabajo oracular tal y como yo lo he vivido y experimentado. Me parece curioso que no se hable apenas de este tema en la comunidad actual, cuando está tan cerca de nuestras creencias y se supone que es una de las funciones del iniciado/sacerdote en algunas tradiciones, llegado cierto nivel. Han sido muchas, muchísimas las preguntas que me habéis hecho, y especialmente me habéis preguntado sobre la seguridad de la persona y el concepto de posesión divina, que algunas personas podrían experimentar al estar en trance profundo. Como siempre, voy a intentar hablar de ello desde mi óptica y mi experiencia. Habrá quien esté de acuerdo, habrá quien no, y eso es de la esfera de cada uno.

Empezaré por una de las preguntas que más curiosas me parecieron, y es sobre la seguridad de la persona que entra en trance profundo (aquel en el que pierde la noción de sí mismo/a y el control de su cuerpo). La seguridad física es primordial: nada de velas cerca, ni de trapos que se puedan prender. Como es muy habitual que se tape la cara para que le sea más fácil a la persona entrar en trance y para que los demás no veamos las caras que pone, es capital que no tenga fuego cerca, pues podría caer sobre él y prender el tejido. Es normal que la persona pierda el equilibrio cuando “recibe” a la Divinidad a la que se ha canalizado, así que es mejor que se siente si no está acostumbrado. Encuentro que el oráculo se puede hacer de pie cuando el trance es más ligero o se controlan ciertas funciones, pues, como dije antes, no hay una dicotomía trance ligero/trance profundo, sino que se trata de un espectro con múltiples variaciones. A veces es útil tener a alguien cerca que sostenga a la persona que está canalizando por si se tambalea.

Sobre la seguridad astral, éste es el tema que suele preocupar más a la gente. Las preguntas más habituales son acerca de si pueden existir posesiones involuntarias como las que se dan en la Iglesia Católica, o si nos puede entrar en sesión una entidad un poco menos amigable. La respuesta a esto es variable, esto es, que depende de a quién le preguntes, así que yo voy a dar aquí la versión que yo conozco y que me enseñaron cuando me formaron al respecto. Para ello, debemos conocer dos visiones que se dan paralelamente en este tipo de trabajo: que obtendrás lo que esperas obtener, y que en esta existencia nunca se está solo/a.

La primera noción, acerca de que obtendrás lo que esperas obtener, es un básico del trabajo astral y sus derivados, como el trance, y está basado en la Ley de la Atracción o “los parecidos se atraen”. Esta teoría postula que, en el trabajo a nivel de astral, todas las preconcepciones que tengas serán verdades inamovibles para ti si crees en ellas. Por ejemplo: quienes creen que hay un cordón de plata en los viajes astrales, tendrán y verán un cordón de plata en sus paseos por dicho plano. Si quieres activamente encontrarte con una entidad poco recomendable, o es lo que esperas, es más probable que esto te suceda. ¿Cómo evitar esto, si es un pensamiento automático que puede asaltar a cualquiera antes o durante una sesión? Ay amigos, pues aprendiendo a controlar un poquito el pensamiento. ¿Cómo? Pues principalmente meditando, y de ahí que la meditación sea tan importante.

La segunda noción es que no se está solo en esta existencia. A mí me enseñaron que existen los espíritus guía y el Yo Superior, que están siempre pendientes de nuestro bienestar. Uno de esos espíritus guía se llama el guardián de la puerta (del que creo que he hablado hasta la saciedad) y es como el típico portero de local nocturno que te dice que no puedes entrar si no estás en la lista. Para que ninguna entidad negativa entre cuando te dispones a hacer un oráculo, debes establecer una conexión con tu guardián y pedir específicamente que no incluya nada dañino en “tu lista”. En realidad es muy sencillo.

Personalmente, nunca recomiendo un trance profundo con entidades desagradables, nocivas o dañinas, y está bien que esto funcione así. Yo creo que así es (de nuevo la primera noción) y me mantiene bastante segura cuando hago trabajo oracular intenso.

Finalmente, una pregunta que me han hecho mucho en el pasado, y es si el trabajo oracular cansa. Sí que cansa, pero como cualquier ritual intenso. Cuanto más lo haces, suele cansar menos, porque los “músculos” psíquicos se entrenan más. No encuentro que sea al revés y que te vayas quemando por dentro, ni energéticamente. Sin embargo, no es algo que aconseje hacer todos los días sin un equilibrio físico. Dicho de otro modo, si vas a hacer oráculos con frecuencia, entrena el aspecto físico y come productos de temporada para anclarte a tierra. No es por nada, es sólo para que te sientas mejor y todo vaya más fluido.

En cuanto a lo que puede “quemar” del oráculo, es todo más bien mental. Hay personas que pueden perder la noción de que están envolviendo un mensaje de la entidad (porque es normal, nunca te “vas” del todo, tu cerebro permanece y ahí tienes las palabras que usas) y pueden considerar que son la palabra de los dioses. Es responsabilidad de los oyentes tomar distancia del oráculo y no creer en que se trata de una verdad inamovible. Es responsabilidad de todos poner en cuarentena el mensaje durante un tiempo (y no pensar en él) para verlo en contexto.

Tipos de trance y trabajo oracular

trance-660x320En una ocasión escuché una historia que ponía los pelos de punta, sobre una persona que había entrado en trance, de la que decían que se había ido completamente y que, al parecer, había empezado a canalizar a una entidad que había dado bastante miedo. La persona que me contó esto me preguntaba si yo entraba en trance, cómo, cuándo y qué tipos de medidas de seguridad tenía, como esperando a que yo dijera que lo sucedido era una anomalía de los oráculos.

Sigo sin poder contestar muy bien a aquella pregunta porque hay tantos tipos de trance casi como personas existen. Pero sí puedo decir que a mí personalmente me enseñaron que hay dos tipos de trance, con sus grados intermedios:

  • Trance profundo, en el que la persona no “está” en su cuerpo y deja pasar completamente a la entidad, dejando que ésta tome el control total.
  • Trance ligero, en el que la persona está en su cuerpo y tiene cierto grado de conciencia, así como mantiene sus cinco sentidos intactos. Si está canalizando, puede que oiga una voz interior que le va dictando un mensaje, al estilo de los traductores o los intérpretes, cuando entienden en un idioma y hablan en otro. Si no está canalizando, simplemente se siente un poco “achispadillo” sin haber tenido que tomar nada, es decir, tiene un estado de conciencia alterado pero retiene total control de su cuerpo y sus funciones.

Cada persona suele tener una manera diferente de entrar en trance. Todavía recuerdo a un famoso psicomago decir que entraba en estado de gnosis mediante la repetición del mantra “coca-cola”, pues practicaba una suerte de magia del caos y este tipo de “mantram mundanos” le parecían bastante acordes al sistema que utilizaba.

Cada uno debe encontrar la mejor forma de lograr su estado de conciencia alterado favorito. Esto sólo se sabe, como casi todo en la vida, mediante el ensayo y el error. Se suele decir que ciertos colores, sonidos, repeticiones, movimientos, bailes y demás, son utilizados como llaves que abren nuevas puertas a estados de conciencia diferentes de la que solemos utilizar cuando estamos despiertos. Actuarían como gatillos que disparan ciertos mecanismos en nosotros, llevándonos a estados que se pueden experimentar de muchas formas: desde ensoñaciones hasta experiencias extáticas muy fuertes.

Habiendo dicho esto, ¿cómo se puede saber si alguien es un fraude o no lo es cuando está en trance? Al fin y al cabo, era lo que mi interlocutora de aquel día quería saber.

La verdad, esto es muy difícil de probar, porque un estado de conciencia alterado es casi cualquier cosa en realidad. El trance se ha intentado explicar mediante las famosas “ondas cerebrales”, pero es que esas ondas están presentes no sólo en la conciencia habitual, sino también durante el sueño y durante otras muchas funciones normales del cerebro, que nada tienen que ver con el trance o con la magia.

Dicho de otro modo, el sueño es un tipo de trance. La traducción es un tipo de trance. La ensoñación (soñar despiertos) en algunos casos es un tipo de trance ligero. Hay muchas cosas que hacemos de manera automática, como en trance, ¿verdad?

Podríamos decir que la única forma de comprobar si alguien está verdaderamente en trance es mediante la observación de su comportamiento habitual. Si alguien nos inspira confianza en el día a día, es muy probable que su trance y el mensaje que dé (si está haciendo un oráculo obtenido mediante trance) sea confiable. Si somos un poco sensibles a la energía, también podremos darnos cuenta de si la Divinidad u otra entidad se encuentran en esa persona.

Hay que tener en cuenta que el trance, como muchas otras funciones del cuerpo que son naturales, tiene un cierto miedo escénico. No podemos estar escrutando a todo el mundo, ni pendientes de si entran en trance o no. Hay que dejar a la gente estar. El psiquismo oracular se parece muchísimo a hacer el amor en ese sentido, y a no ser que te guste que te miren, no suele funcionar bien si estás demasiado coartado por la presión social (a no ser que estés acostumbrado).

Si el trance es muy profundo o si la persona tiende al trance profundo, es beneficioso tener a alguien cerca para controlar el bienestar físico de la persona si está canalizando, porque puede suceder que se maree, aunque esto, en mi experiencia, es muy infrecuente. Nunca jamás me he encontrado con trances realmente efectistas, tipo posesiones, porque las personas con las que he trabajado han tenido la decencia de cuidar de su sistema energético mediante una higiene astral fabulosa, y porque he tenido la suerte de trabajar con gente muy íntegra. Éste suele ser el escenario más frecuente porque los paganos somos bastante razonables y nuestras creencias nos las tomamos en serio. Y el trabajo mediúmnico u oracular nos lo tomamos en serio también, al formar parte de todo ello.

Carece de importancia el “dónde” estará la conciencia de alguien cuando la Divinidad a la que esté canalizando en un trance profundo haga uso de la persona para dar su mensaje. Eso forma parte de la intimidad de nuestro oráculo. Hay gente también a la que le da reparo decir que ha estado en un trance ligero y que ha visto y oído todo o parte de los mensajes. Yo misma he virado del trance profundo a uno más ligero en los últimos años, y al principio me sentí bastante turbada por este cambio. Ahora, por el contrario, me siento encantada con ello pues tengo mucho más control.

Creo que es más importante pensar en cuál es el efecto que tiene una persona en trance sobre nosotros mismos, más que pensar constantemente en si estará en trance o no. Creo que los mensajes son los que son, y creo que nuestra responsabilidad como receptores del mensaje es evaluar la idoneidad del mismo en nuestra vida, pasándolo siempre por el tamiz del sentido común. Es decir: asumiendo siempre que el oráculo es una persona, que no es infalible y que puede envolver (y envolverá, es inevitable) con sus palabras una información que le llegará a través de su conexión con lo Divino, y que no entiende de palabras. Dicho de otra forma: hay muchas cosas que a veces se pierden con la “traducción”.

El vasito de agua que nos ancla a tierra

El otro día estuvo en casa un amigo que, al hablar con él de oráculos y demás, me oyó decir por enésima vez que después de hacer un oráculo está bien tomarse un vasito de agua. Aparentemente le hace mucha gracia, pero es como me lo enseñaron y hoy os voy a contar qué es lo que hay detrás de eso.

El vasito de agua, o de té, o de cualquier otra infusión suave, es una forma de devolvernos a nuestra conciencia habitual una vez que hemos terminado un trabajo mágico, después de despejar y liberar la energía sobrante. Este tipo de técnicas se utiliza mucho en la tradición correlliana y también en la Fellowship of Isis, con la cual estamos emparentados en muchos aspectos. Esto puede ser especialmente útil después de un trabajo oracular, para enraizarnos de nuevo.

¿Qué tomar, aparte de agua? Pues zumos ligeros, o té o cualquier infusión, con o sin edulcorante o un poco de miel o azúcar. A gusto del consumidor. Yo, por ejemplo, no tomo azúcar con ninguna bebida, ni siquiera en el café. Es recomendable, en cualquier caso, que la bebida esté a temperatura ambiente o tibia, pero nunca caliente. Las bebidas calientes pueden dar náuseas. ¿No os ha pasado nunca que os habéis tomado una manzanilla porque teníais náuseas, y el calor de la misma os ha provocado más todavía? Pues es más probable que tengáis náuseas si la bebida está muy caliente. Cuanto más fresca esté, menos posibilidades de que os siente mal al estómago. Un té ligeramente fresco también puede venir muy bien.

Lo importante de esto es recuperar los líquidos que se han perdido después del ritual, pues no es infrecuente que se sude mucho con el esfuerzo físico y la concentración que supone cualquier celebración o acto mágico, así que siempre es una buena idea recuperarse del todo, así como asentar el estómago. Hay rituales en los que bailamos también. Podemos marearnos, podemos llorar… se nos pueden dar multitud de situaciones. Hay mucha gente que después de los rituales ataca ferozmente la nevera, pues bien, beber algo también ayuda a preparar el estómago antes de ponernos tocinetes.

¿Cómo beber? A sorbitos pequeños, dejando que nos hidrate despacio hasta que se acabe el vaso. Puede que nos pongamos a sudar por ósmosis, pero no pasa nada, si sudamos es porque lo necesitamos. Saboreemos la bebida: es un don de los dioses al igual que la comida. Aunque sea un simple vaso de agua del grifo. También nos limpia y purifica.

Finalmente, hay gente que recomienda comer chocolate, helado, patatas fritas o cualquier bomba calórica justo después de los rituales. Normalmente cosas que hacen subir el azúcar en sangre de forma muy rápida, porque el cuerpo pide recuperar la energía perdida a toda costa. A algunos les sienta bien, a otros, como a mí, nos sienta fatal si no dejamos pasar un tiempo prudencial, sobre todo porque suelen ser alimentos muy grasos y algunos tenemos los estómagos delicados. Los estómagos pueden estar más sensibles de la cuenta también en momentos especiales de la vida, como en el embarazo y el postparto. A esas personas les recomiendo pasarse a otro tipo de azúcares y carbohidratos, como los presentes en un poco de pan integral, que son de absorción lenta y mantienen el nivel de azúcar en sangre más estable, o las frutas que, aunque tienen mucho azúcar, la llevan asociada a otros nutrientes como las vitaminas, siendo considerablemente más sanas que el helado de chocolate (por mucho que me encante). Seas como seas, si tienes hambre, no lo dudes: come. Despacio, dejándote asentar poco a poco, pero come, porque el hambre es una señal de que necesitas energía. Como con el vasito de agua, come despacio y mastica bien, saborea, aprecia los sabores, que se disfrutan mucho más.

Mediumnidad: ¿habilidad innata o susceptible de ser desarrollada?

Hace un par de meses quedé con una chica de mi ciudad, interesada en el mundo de la magia, para charlar y echar unas risas y un café. Aparte de pasar una tarde de lo más agradable, estuvimos hablando mucho rato sobre habilidades psíquicas y su desarrollo. Ella me comentaba que posee ciertas habilidades, tradicionalmente ligadas al trabajo del médium, y que había nacido con ellas. Me pareció bastante liberador poder hablar con alguien de esto tan abiertamente, porque incluso en el ámbito pagano habría quien nos miraría “raro” a las dos por hablar de cosas que parecen más sacadas de la película del Sexto Sentido que de la vida real. Y eso que yo me considero una persona bastante escéptica, pero hubo algo en esa conversación que destilaba normalidad y sencillez cuando se sacó ese tema.

Hace unos días hablaba con una alumna que se está preparando su tercer grado, y me decía que ya había podido canalizar. Para quienes no estéis familiarizados con este término, canalizar en esta jerga significa tener la capacidad de “bajar la luna”, o hacer que la Divinidad entre en nuestro cuerpo para hablar a través de nuestra boca, cosa que se consigue en un estado alterado de conciencia. Es muy similar, en definitiva, a la idea que se tiene de lo que haría un médium con un difunto o con otro tipo de entidades. Me puse muy contenta cuando ella me dijo que esto le había pasado, ya que llevaba desde entrado su segundo grado entrenando para que llegara este momento. La canalización es una de las habilidades ligadas tradicionalmente al rol del tercer grado en mi tradición, por lo tanto para mí supuso una satisfacción ver que esta alumna era capaz de hacerlo, pese a que ella nunca hubiera intentado en serio realizar este tipo de actividades.

Me acordé entonces de mi conversación delante de mi coca-cola y del té de mi interlocutora, dos meses atrás. Recordé decirle que, aunque ella hubiera nacido con esa habilidad, la mediumnidad es algo que todos somos susceptibles de tener, pues todos venimos equipados con las mismas habilidades aunque luego pueda haber cosas que se nos den mejor o peor de entrada.

Para entender esto, pensemos en las matemáticas. A mí se me dan fatal, mirad por dónde. Cuando iba al colegio me hacían estudiar matemáticas y lo odiaba, pero así y todo, aprendí a multiplicar y ahora voy al supermercado y soy capaz de calcular de cabeza cuánto me va a costar comprar tres bricks de leche, en relación al precio por brick que está marcado en el estante. La práctica hace la perfección, decimos en mi tradición, y así fue en mi caso y en el de muchos otros que durante toda nuestra tierna infancia fuimos unos negados con las famosas tablas de multiplicar. En fin, a lo que iba: una persona media viene con las capacidades necesarias para aprender estas cosas, lo trae en el equipamiento “de serie”, como los coches. Las habilidades psíquicas no son una excepción a ese respecto. Sólo que algunos tienen facilidad para las matemáticas (¡no sabéis cómo os envidio!) y otros tienen facilidad para la mediumnidad. Diferentes personas, diferentes puntos fuertes. ¡Eso es todo!

¿Por qué no todo el mundo es médium entonces?

En mi opinión, hay un factor para que no todo el mundo desarrolle esta habilidad: la educación que nos dan. No me refiero a las escuelas, sino en casa. Cuando era niña recuerdo ver a un señor vestido de traje en el pasillo de mi casa, pero siempre me decían mis familiares que ahí “no había nada”. Consecuencia: con el tiempo dejé de ver al señor de traje. A mucha gente se le enseña que lo que ven es mentira, y es cierto que con ciertas edades es difícil diferenciar la realidad de algo imaginado (e incluso nos pasa cuando somos mayores, porque la memoria es tremendamente traicionera en ese sentido), pero hay veces en las que los críos vienen “resabiados” psíquicamente (a eso en mi tradición lo llamamos “nacer viejo”) y los adultos les vetamos esa parte de sí mismos, en ocasiones para protegerlos o para no causarles miedo, o no tenerle nosotros mismos miedo a algo que no podemos ver pero que el niño sí ve. Las habilidades psíquicas se parecen a los músculos: si no se usan, se atrofian, así que es posible que dejemos de tener esas capacidades si no las usamos. Aunque eso no significa que no podamos recuperarlas con el entrenamiento adecuado.

La otra opción es, simplemente, que no hemos desarrollado ese “músculo” psíquico, bien en esta vida o bien en la anterior. No todo el mundo es “nacido viejo” porque la gente dedica sus vidas anteriores a cosas muy variadas y necesarias. Por ejemplo, a aprender matemáticas. Sea lo que sea que hayas aprendido en tus existencias anteriores, todos esos conocimientos son valiosísimos y son igualmente dignos. Así que, a todos los que os llamáis por ahí fuera “patatas astrales”, si me estáis leyendo, no sois “patatas”: sencillamente volcásteis vuestro esfuerzo en otras áreas. Si ahora os interesa desarrollar vuestras habilidades psíquicas, nunca es tarde.

¿Cómo me desarrollo como médium?

Esto me llevaría años contároslo porque no es algo que quepa en un libro ni en dos, no se enseña y no se transmite. Se tiene por nacimiento. Estás equipado con todo lo necesario para esta habilidad y para muchas más, así que podría decir que el primer paso es creértelo.

Luego está el cariño: necesitas tenerte muchísima paciencia y muchísimo cariño porque vivimos en una sociedad muy rápida y a veces los resultados en estas cosas se hacen esperar. Me comentaba una persona muy querida que la gente suele dejar de meditar a la sexta vez porque no obtiene resultados, y porque estas cosas suceden muchas veces bajo bambalinas, a unos niveles subconscientes que normalmente no vemos. Pero nuestra capacidad para soportar la frustración, igual que los músculos psíquicos, también se atrofia si nos acostumbramos a conseguirlo todo “aquí y ahora”. En consecuencia, a la sexta vez de meditar sin ver nada, lo abandonamos porque pensamos que es inútil, o le restamos importancia.

Dicho esto, una de las cosas que más desarrolla estas capacidades es la meditación. Técnicas aquí hay todas las que queráis y más, así que tendréis que ver por vuestra cuenta cuál os sirve si optáis por meditar. Hay gente que practica la meditación trascendental y hay quien practica la meditación en movimiento, para gustos colores. Lo importante es tomarte un momento cada día para escuchar cómo fluyes tú por el mundo.

Escuchando tu propio sonido será como empieces a darte cuenta de que ese sonido interior está “afinado” con otros sonidos que te serán más o menos familiares. Si has tenido una corazonada o un sentimiento de “saber” algo, es que has estado en contacto con ellos, quienes siempre están contigo: tus guías. Éstas son las primeras entidades con las que deberías contactar, porque siempre están ahí y viven por y para ti. Son tu “equipo” del otro lado del velo.

Una vez sepas que tienes un equipo que cuida de ti y con quien te puedes comunicar porque están para protegerte, lo demás irá solo. Pero es cuestión de tiempo, cariño y compromiso hacia ti mismo. También hacia los guías, claro que sí, pero sobre todo hacia ti. Se cree y se dice que el psiquismo es pasivo, en tanto que las habilidades psíquicas son receptivas, pero esto no significa que el individuo que quiera desarrollarlas no deba tener hacia lo que hace una actitud activa y pro-activa. Recuerda que en cualquier caso tu desarrollo espiritual es tu responsabilidad: nadie va a vivir eso por ti, ni siquiera tus guías.

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