mentor

Quiero enseñar Wicca

La frase de arriba normalmente va acompañada de una mirada de determinación y de un deseo, una vocación, por ayudar a los demás. Es lo que llamamos ser “mentor”. Pero cuando alguien me la dice, normalmente uno de mis alumnos, no sé si felicitarle o compadecerle. En cualquier caso, el apoyo va implícito en mi carácter. Porque yo soy así.

Si en algún momento te has planteado que te gustaría enseñar Wicca, practiques la tradición que practiques, me gustaría compartir contigo algunas de las cosas que componen el día a día de quienes brindamos parte de nuestro tiempo a esta labor. Si no te lo has planteado pero te gustaría saber qué hace un mentor de Wicca, creo que este artículo también te servirá para hacerte una idea.

Funciones del mentor

Un mentor no es un maestro al uso. No se sienta, da la lección mientras los demás toman apuntes y cuando ha terminado se marcha, esperando a que los alumnos le den la tarea finalizada. Ésa es sólo una de las partes de su trabajo. La otra parte es hacer a la gente pensar, y es la más difícil. Normalmente el mentor tiene una relación de 1-a-1 con sus alumnos, lo que quiere decir que tendrá que adaptarse a las habilidades y competencias del estudiante, y hacer que aprenda. ¿Cómo? Muy sencillo: planteándole retos. Haciendo que haga lo que menos le gusta hacer: si una persona no habla en un ritual porque le da corte, tiene que hacerla hablar; si una persona no es capaz de recordar invocaciones, la pone a invocar; si alguien no dibuja bien, hace que dibuje. De nada sirve poner a la gente a hacer cosas que saben hacer bien, así no se aprende.

Hay otra forma de plantear esto: tomando una habilidad que la persona ya tenga y haciendo que la use para llegar a un resultado. Por ejemplo, poner a tocar el violín a alguien que ya toque, mientras medita sobre una Divinidad, colocar una grabadora mientras se toca y observar qué sale. Esto siempre me ha dado mejores resultados con los artistas plásticos, aunque los músicos también tienen mucha capacidad para esto.

El mentor esperará siempre que el estudiante dé lo mejor de sí mismo, estudie y aprenda.

En definitiva, el mentor debe hacer que el estudiante no sólo aprenda conceptos, sino que experimente y vivencie por sí mismo. Que intente pensar, reflexionar, contrastar y luego venga a ti con la pregunta, ya madurada, cuando ya haya estado pensando en el tema.

Qué no hace el mentor

El mentor no da respuestas si están dentro de los materiales de estudio o de los apuntes. Si tú hoy das a una persona la respuesta aun estando en el material de estudio, mañana se habrá vuelto vaga y no buscará por sí misma antes de preguntarte. Asimismo, las preguntas relacionadas con materiales ya estudiados, en mi opinión y desde mi experiencia, deben contestarse con algo parecido “Por favor, revisa los materiales y reflexiona sobre ellos, pues si no me equivoco, eso ya lo vimos. Si no es así por favor coméntamelo y lo vemos”.

El mentor, desde luego, no da respuestas fuera de su espectro de conocimiento. Por ejemplo, por mucho que yo sea iniciada en segundo nivel de Reiki, si no soy maestra de Reiki no voy a dar respuestas relacionadas con esta técnica sanadora a alguien, por mucho que sea mi alumno de Wicca, ya que no estoy capacitada para ello. En este caso se impone la honestidad y el saber que la persona, si está aprendiendo Reiki, debe tener a otra persona enseñándole que sí está capacitada para dar dicha formación. El mentor de Wicca debe ser siempre respetuoso con los profesores de otras disciplinas y con otros profesores de Wicca.

Por último pero no menos importante, el mentor no va a experimentar ni vivenciar por el estudiante. Somos facilitadores, pero no estamos suplantando la función del estudiante ni vamos a aprender por ellos. El estudiante es el responsable total de lo que aprende y lo que vive, mientras que el mentor es un vehículo. No se puede estar detrás de un estudiante para que haga los deberes, medite o solucione sus problemas personales, porque ése es su trabajo. Esa actitud paternalista conduce, de nuevo, a la vagancia y al “dámelo hecho”.

Qué necesitas antes de hacerte mentor

Por supuesto un mentor necesita saber. No se puede hacer de mentor sin, al menos, haber estudiado antes. Hay personas que se sienten cómodas enseñando en grupos eclécticos y para eso no haría falta en principio grados ni iniciaciones, pero si te sientes inseguro con ello, créeme, tus estudiantes lo notarán. Es mejor quedarse tranquilo con lo que se sabe y para eso tienes que estudiar muchos, muchos, muchos años. Incluso revisar una y otra vez los mismos materiales, hacerte muchísimas veces las mismas preguntas a ti mismo hasta que comprendas bien todos los conceptos. Necesitarás mucho espíritu crítico, ganas de investigar y de contrastar información, y una excelente capacidad de reflexión. Para que os hagáis una idea de lo que supone, yo empecé a dar clases como mentora junior hace 9 años tras haberme iniciado en primer grado, y para aprender me llevé un año entero de apoyo a mentores senior, viendo cómo trabajaban. No es algo para lo que te capaciten en dos meses, hay que ser comprensivo con uno mismo porque a esto también se aprende.

En esta labor hay que saber que precisamente por ser mentor a ti no te van a dar las cosas hechas: si decides dedicarte a esto eres tú quien va a tener que contestar a las preguntas de tus estudiantes, y aunque tengas un mentor senior o estés aprendiendo con alguien, tu propio mentor tiene que lidiar contigo y no está obligado a contestar las preguntas de tus estudiantes, porque son tu responsabilidad. Cuando me ha pasado esto con estudiantes míos que son ahora mentores, la respuesta siempre ha sido “date un tiempo para pensarlo”, porque al fin y al cabo es el trabajo de ese mentor y no mía como mentora senior, por mucho que yo a veces ayude.

Por otro lado, necesitas mucha paciencia y mucha adaptabilidad. Paciencia porque te van a hacer las mismas preguntas cien veces, adaptabilidad porque cada persona te va a hacer la misma pregunta por una razón diferente, y tu trabajo es ver por qué se produce esa pregunta y averiguar qué ocurre con esa parte de la información: por qué no se entiende o se entiende mal, qué ocurre normalmente cuando se lee, cuáles son los principales desafíos de los estudiantes a la hora de aprender esa información, etc. Con el tiempo se hará necesario, casi sin duda alguna, una revisión de los materiales y del método de estudio.

En otro lugar está la capacidad para callarte. Muchas veces los estudiantes te cuentan cosas privadas y tienes que ser súper respetuoso con esas cosas porque a nadie le interesa qué problemas personales tiene Fulanito.

Y por último, necesitas ojo y capacidad de toma de decisiones. Lo del “ojo” parece muy obvio pero no lo es: hay varios perfiles de estudiante y tienes que averiguar qué tipo de estudiante tienes delante, porque cada uno tiene una necesidad diferente. Usar bien ese ojo clínico lleva muchísima práctica. Y la toma de decisiones es principalmente para las cosas poco agradables, por ejemplo poner en su sitio a alguien que esté alterando, bien tu propio bienestar, bien el bienestar del grupo de estudio.

Si lleva tanto jaleo, ¿por qué molestarse?

Siendo honesta, nunca me planteé que ser mentora de Wicca Correlliana me fuera a llevar tanto trabajo. Me acuerdo que cuando empecé, Lady Anna (que entonces era mi mentora) me preguntó cuánto tiempo estaba dispuesta a emplear en esto. Yo dije que 5 horas a la semana, pero a día de hoy puedo decir que empleo del orden de unas 20 horas semanalmente, equivalente a un trabajo a media jornada. Es muchísimo y conlleva mucho trabajo, sí, pero engancha. Es cierto que se dice que la gente no lo valora, que van con prisas, que no se lo toman en serio… pues ahí entras tú. Tú eres quien marca la diferencia. Tú eres quien supone que un grado de Wicca (o un curso de Wicca Ecléctica) sea de leerse un libro a algo que hacer con pasión, esfuerzo y tiempo.

Ahí es cuando te enganchas a esto, cuando te das cuenta de que la gente cambia, de que aprende no porque tenga un material sino porque descubre cosas de sí mismo, por sí mismo, que nunca podría haber aprendido leyendo el libro azul de Buckland o cualquier otro libro de cualquier otro autor conocido. La mayor recompensa es ver a la gente iniciarse, o contestar preguntas por sí solos, o ver los caminos que toman luego en sus vidas. Ver que lo que tú has empezado lo continúa otro. Da una sensación de eternidad frente a lo efímero de nuestra existencia, da la sensación de que lo que hoy estás haciendo puede tener una verdadera huella en la vida espiritual de mucha gente que aún está por llegar.

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