maternidad

Mamá y sacerdotisa: pensamientos sobre la práctica del Arte y la conciliación

No hace mucho, estaba leyendo este libro y uno de los ensayos hablaba de una sacerdotisa cuyo primer oráculo canalizado había sido porque su suma estaba de baja maternal al haber dado a luz recientemente. La verdad, lo vi muy normal porque recién parida yo tenía ganas, sobre todo, de aprovechar el tiempo en dormir y no en hacer magia. Sin embargo, encuentro que tras mis dos partos, una vez superada la cuarentena, prácticamente fui recuperando bastante rápido mi necesidad de trabajar en el ámbito espiritual, empezando, sobre todo, por mi práctica personal. Me imagino que cada uno/a tendrá un ritmo diferente de recuperación dependiendo de sus circunstancias y estado de ánimo. También hay personas que deciden hacer un alto en el camino, lo cual es igualmente válido aunque no fue mi caso, así que opté por conciliar lo mejor que pude.

Tenía muchas preguntas tras mis dos partos. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto necesito conciliar? ¿En qué puedo meter a mi hijo recién nacido, y en qué es mejor que se lo quede su padre durante el tiempo en el que esté yo ocupada en rituales? ¿Debo canalizar en el postparto tardío? ¿Cómo encontrar tiempo para meditar, si tengo a una criatura que llora si salgo de la habitación? ¿Cómo llevarán mis compañeros de aventuras mágicas la incorporación de este nuevo ser a mi vida?

Me ha ayudado muchísimo el poder hablar abiertamente del tema con mis compañeros de senda. Por ejemplo, decir abiertamente que la vida cambia y hasta qué punto cambia, para que los que no son padres o madres puedan entenderte. Encuentro que poner las cartas sobre la mesa desde el principio ayuda a no crear falsas expectativas, como que vas a poder mantener una fiesta post-sabbat hasta las tres de la mañana porque el bebé tendrá que dormir (y sobre todo, tienes que dormir). La gente no suele saber qué conlleva tener una criatura porque somos una comunidad muy joven en una sociedad envejecida. Con suerte, algunos de nuestros compañeros y compañeras tienen sobrinos/as o hermanos/as de menor edad, lo cual facilita mucho las cosas.

Otro de los elementos que más me han ayudado a conciliar ha sido un portabebés ergonómico. Nunca podré estar más agradecida a los diseñadores de rebozos, portabebés o mochilas tipo canguro. Con este tipo de cachivache he llegado incluso a amamantar y a guiar meditaciones a la vez, hasta en una ocasión inicié a una persona en una disciplina espiritual. Mis dos hijos han sido niños-Nenuco mientras los he tenido en brazos, al menos hasta los seis meses y especialmente en las primeras semanas, pero el panorama cambiaba si los dejaba en una cuna o en el cochecito, y rompían a llorar inmediatamente. Uno no se puede concentrar en nada cuando hay un bebé llorando. Buscar una solución sencilla es prioritario si no tienes a nadie con quien dejar a tu hijo/a y te apetece seguir activo en tu sendero espiritual. También cuando no hay nadie que te cubra en tu coven para realizar iniciaciones o para liderar encuentros.

No me avergüenzo en decir que me he hecho formaciones espirituales enteras con un bebé en el pecho e incluso he meditado amamantando en la comodidad de mi cama. Para trabajo más especial o intenso suelo pedir ayuda a mi pareja, pero tras haber dejado harto de comer a mi niño pequeño, minutos antes de meterme a hacer ese trabajo más delicado. Así, no llora y no lo pasamos mal.

Por supuesto, dejar el cuidado del bebé en otra persona (el otro progenitor) es lo ideal, pero no siempre se puede. En mi caso concreto, mi marido es mi pareja mágica y en muchos rituales él está presente. Otras veces, mis bebés han llorado porque yo era su figura de cuidado principal y eran demasiado pequeños como para estar sin mí aunque fuera una hora. Recuerdo que hice de intérprete en una entrevista de tres horas para una emisora pagana cuando mi hija la mayor tenía mes y medio, y lo recuerdo como uno de los peores momentos en cuanto a conciliación con mi papel de madre (aunque la entrevista estuvo muy bien) pues mi niña no paró de llorar, a pesar de estar con su padre. Desde mi estudio la oía y se me partía el corazón de escucharla gritar. Como estos momentos he tenido unos cuantos, como en un ritual de Lustración que celebramos en 2015, y a partir de esos momentos decidí que haría lo posible por conciliar ambos aspectos, ser consciente de las limitaciones que tienen, así como de las ventajas, y que expondría mi caso y haría valer mi posición ante las personas con las que iba a trabajar. Creo que esto es fundamental para conseguir visibilidad de cara a la comunidad sobre esta realidad tan ignorada. Creo que el bienestar de un niño debería ser prioritario e ir por delante de cualquier expectativa y hay errores que creo que no volvería a cometer a este respecto.

Una de las grandes falacias de nuestro tiempo y que las mamás (también los papás) recientes escuchamos mucho es “no permitas que tu hijo/a cambie tu vida, tu vida debería seguir como antes”. Es hora de que las madres y los padres digamos la verdad: en el momento en el que pones un pie en el camino de la m/paternidad, tu vida cambia y es inevitable. Eso hay que recordarlo también como sacerdotes y sacerdotisas. Forma parte de una decisión consciente. En lugar de esa falacia, cabría preguntarnos cómo conciliar adecuadamente estos dos aspectos tan esenciales de nuestra vida.

*Entrada escrita en gran medida con (al menos) un bebé en algún pecho*

Imbolc, festival de la lactancia

1905Ayer vi unas fotos preciosas, publicadas vía facebook por una fotógrafa de Brasil, que retrataba con su cámara a muchas mujeres dando de mamar. Me pareció una bonita obra de arte. Me recordó a la “Maternidad” de Picasso, con la que hoy quisiera adornar estas líneas.

Hoy en día, una mujer puede decidir si dar el pecho o no, pero antaño no. Antaño, o dabas el pecho o tu cría moría. Por tanto, la naturaleza se aseguró de que nuestros pechos funcionaran más o menos bien, porque de ello dependía que el futuro de la especie estuviera asegurado. ¡Mamá naturaleza es muy lista! Y si los pechos no funcionaban a pleno rendimiento, pues ya habría otra mamá de la tribu que daría la teta y ayudaría a la madre de la criatura a criarla sana y fuerte. Éste también era un vínculo poderoso entre mujeres.

La lactancia de los animales también era celebrada. Aunque hoy en día las personas eligen ser vegetarianas, veganas, crudiveganas, etc, esto era relativamente raro en las culturas antiguas. Por tanto, que un animal lactara de su madre simbolizaba la perpetuación de las especies que daban carne, leche o vestido. Esto era crucial para la supervivencia de los grupos humanos, especialmente cuando llegaba el invierno y no había mucho que sacar de la tierra. Sin capacidad física para cosechar, sin invernaderos, sin cámaras frigoríficas que permitieran a las personas comer verdura y fruta fuera de temporada, los aportes calóricos tenían que buscarse de otras formas. Normalmente de los animales. Esto no ha de verse como un pecado mortal por los vegetarianos, veganos y demás, es que no había otra forma de hacer las cosas. Afortunadamente, como decía antes, hoy en día tenemos otros medios y las personas podemos elegir.

Oimelc, otro de los nombres de Imbolc, significa “leche de oveja”. La primavera puede que todavía quede lejos, de hecho, para eso se hace la famosa prueba del día de la marmota, para ver si viene pronto o va a tardar. Pero, si en mitad del hielo, se ve que los animales están criando, cuando todavía no se ve a las primeras plantitas brotar, significa que hay esperanza para la naturaleza. El ciclo de cría de la oveja trae buenos augurios, y más si se ve que la oveja da de comer adecuadamente al cordero, mediante la lactancia típica de cualquier mamífero. Era un gran motivo de regocijo.

Sin embargo, no veo que el festival de la lactancia y la crianza, pese a lo importantísimo que es este aspecto de Imbolc, se celebre en el Paganismo actual. Y ya no hablo de comer queso de oveja, ni de beber leche de cabra como se hacía en algunas tribus por estas fechas (y, de nuevo, no pretendo escandalizar a los veganos), tampoco de quién elige teta y quién biberón, sino en representar debidamente el rol de la maternidad y de nuestra función como mamíferos, celebrar la crianza (no sólo la lactancia materna que es lo de menos, sino todo el proceso) y reivindicar su papel crucial en el mantenimiento de la especie.

Y si tenemos un arquetipo de la “Madre”, ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué pasamos por alto, escondemos, la maternidad? Me pregunté esto a raíz de que se extendiera un rumor sobre mí, que decía que porque había sido madre, estaba inactiva en el ámbito pagano. Me pregunté por qué no se me había consultado antes de dar por sentado ciertas cosas sobre algo tan íntimo.

Mi conclusión fue que esto es porque las mujeres estamos todavía muy infantilizadas como colectivo. Incluso nos infantilizan otras mujeres, como fue mi caso. Cuando nace un niño, y lo digo por experiencia, todo el mundo insiste en decirte qué es lo que tienes que hacer, cuando en realidad la maternidad es una etapa de gran empoderamiento personal. Igual que hay mujeres que eligen teta y otras eligen biberones, todas tenemos el derecho a decidir cómo vivimos nuestra maternidad, el grado de implicación con el mundo exterior (como si quieres aislarte, vaya) y el grado de conciliación familiar que necesitas dentro de tus posibilidades.

Que no se celebre este aspecto de Imbolc sólo viene a resaltar el hecho de que seguimos convirtiendo a las madres en las eternas invisibles, en las eternas menores de edad.

Pues señores (y sobre todo señoras), sin maternidad no hay vida. Pueden ustedes celebrar todos los Imbolcs que quieran, pero si se olvidan de la Madre que las parió, muy lejos me parece que no van a llegar.

Mi último libro publicado

¡Síguenos en Twitter!

Entradas por categoría

Entradas por fecha

Ouróboros, Webring pagano

Miembro de PFI España