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Hasta siempre, Sable Rouge

Yo no conocí a Sable Rouge. Supe su nombre esta mañana, pero era hermano de mi tradición. Sería hipócrita decir que éramos amigos, o que sabía acaso de su existencia porque, en realidad, los wiccanos del norte de África viven en discreción. En algunos países, exhibir el pentáculo es peliagudo y hasta peligroso. Como dato, no tenemos personas que representen a la Pagan Federation International en países árabes (que yo sepa). Lo más hardcore que tenemos está en Israel, y paremos de contar.

Así que no puedo contar la historia de Sable Rouge, porque no sólo no le conocí, sino que se mantuvo en una discreción necesaria para su propia supervivencia y la de los suyos. Algunos se quejan de tener que vivir en un Estado que mantiene buen trato con la Santa Sede, pero después de saber de él esta mañana he llegado a la conclusión de que no sabemos lo que tenemos. No apreciamos lo que tenemos.

A Sable Rouge le han matado por ser pagano. Era miembro del Santuario de la Luna Menguante, de la Tradición Correlliana. Estudiaba Wicca con ellos. Yo no conocí a Sable Rouge, nunca podré hablaros de lo divertido que era, o de la filosofía con la que llevaba su vida, o de la familia tan estupenda que tenía. Pero sí puedo hablaros de lo mucho que tenemos, de lo que es oro puro de la cultura en la que vivimos, de lo agradecidos que hay que estar por tener libertad para creer en lo que nosotros queramos, con mayor o menor dignidad, con mayor o menor presencia pública. Mirad, es un privilegio para mí poder expresarme a través de estas líneas. Es un privilegio para muchos tener un canal de Youtube, o decir “soy wiccano” y que, si alguien se extraña, se le pueda contestar en condiciones.

Hasta siempre, Sable Rouge. No podré decirte nunca a la cara lo valiente que me pareciste por vivir como wiccano en un país en el que las religiones “no oficiales” viven un infierno. Te lo digo ahora, por aquí, con una vela, porque creo que me estás leyendo, que me estás escuchando, que nos escuchas a todos. Tu familia biológica y tu familia espiritual lloran tu pérdida, y sin embargo nos dejas un regalo en forma de enseñanza: que ninguna guerra ni crítica entre religiones merece la pena, que la vida está para vivirla, con más discreción o menos, y que la suerte que tenemos ahora en España, como en otros países, es porque muchos otros lucharon para buscarla. Tenemos tanto por lo que agradecer: libertad de expresión, libertad religiosa, libertad para desarrollarnos. Gracias por recordarme todo eso esta mañana, en tan sólo un instante. Gracias, Sable Rouge, y que la luz de Hécate vaya siempre contigo, portador de la llama.

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