hechizos

Ataques mágicos y autodefensa psíquica (1)

He estado de viaje unos días, de vuelta en mi ciudad natal donde me esperaban personas muy queridas para celebrar el cumpleaños de mi hija. No tengo a casi nadie donde vivo, sólo unos pocos amigos (muy buenos, todo hay que decirlo), y el grueso de mi gente vive en Sevilla, así que siempre pillo con muchas ganas la carretera cuando voy para allá.

Lamentablemente, no siempre la gente está igual, así que este viaje ha sido un poco más accidentado en el sentido personal, ya que algunas personas de mi entorno lo están pasando bastante mal. Me acordé de Dion Fortune y su “Autodefensa psíquica” cuando una de las personas más queridas que tengo empezó a relatarme sus problemas y yo, automáticamente, empecé a sentirme mal. Esta persona no lo estaba haciendo queriendo, sólo se estaban dando dos fenómenos a la vez: el hecho de que estaba proyectando gran cantidad de energía mientras lo contaba, y el hecho de que yo soy una esponja emocional. Pero llegué a sentirme tan mal que hasta me mareé. Podría deciros que sentí los “tentáculos” de energía, como dedos, que salían de esta persona e intentaban penetrar en mi campo energético. Fue una suerte de ataque psíquico.

Los ataques mágicos, o ataques psíquicos, son muy raros. Lo más normal es que sea uno mismo el que los provoque. Que nadie me malentienda, en realidad no es que los provoquemos en el sentido literal de la palabra, es que son nuestras propias actitudes mentales y emocionales las que nos provocan bloqueos y demás problemas, que algunas personas pueden interpretar como estar pasando por una mala racha o tener algún tipo de maldición o trabajo mágico hecho.

El ataque psíquico es parecido a lo que describo arriba. Puede ser totalmente no intencionado, como fue lo que yo sentí aquel día, o formar parte de un ritual hecho expresamente para dañar a una persona. Pueden hacerlo personas con conocimientos sobre brujería, o personas que no tengan ningún conocimiento. En mi experiencia, es más común que las personas con pocos o nulos conocimientos sean las que se envalentonen a realizar este tipo de acciones de manera intencionada, porque por lo general desconocen el funcionamiento de la magia.

Sin embargo, es fácil defenderse de los ataques mágicos, ya sea queriendo o no. La primera acción que tenemos que hacer es “cortar” los lazos energéticos, si sentimos por ejemplo lo que yo sentí el otro día, que describo arriba como un tentáculo energético. Es tan fácil como hacer el gesto de cortar con los dedos de manera discreta y, a ser posible, cambiar de posición o alejarse de la otra persona sin que sea demasiado evidente.

Otro recurso sencillo que podemos tener es mantener una adecuada higiene psíquica. La higiene psíquica ha sido tratada en multitud de recursos, pero os dejo aquí un enlace que tengo a mano de una meditación en particular que grabé hace ya algo de tiempo para el canal del Templo de Brigit: https://www.youtube.com/watch?v=yCyu-ppoGu4. En ese vídeo no sólo explico las indicaciones de la higiene psíquica, sino que también guío una meditación muy útil para realizarse diariamente si se necesita.

Otra idea para defenderse de ataques mágicos es realizar una botella de bruja con magia fría. Hablaré de ella en el próximo artículo dedicado a este tema, pero anticipo que es una manera interesante y sencilla de defenderse sin que tengamos que hacer nada de manera constante, incluso consciente. Es de ese tipo de trabajos mágicos que podemos hacer una vez para que sigan funcionando durante mucho, muchísimo tiempo.

(Puedes leer la segunda parte – y final – de este especial haciendo click aquí).

Conócete a ti mismo

Reconozco que no soy fan de las 13 metas. No por nada, la mayor parte del tiempo me encanta Cunningham. Pero me dan un poco de grimilla las reglas y los preceptos, y cómo se las toman a veces las personas, como si fueran “mandamientos”. Pero he de reconocerle que una de ellas, “Conócete a ti mismo”, me parece acertada. La cosa es que no es de él. Es lo que se dice que estaba escrito en el Templo de Apolo en Delfos. Curioso y paradójico, para ser un sitio donde la gente iba a escuchar oráculos y aprender qué era lo que debía hacer.

Soy una persona introspectiva. Mi familia y mis amigos dirían que soy compleja y estoy de acuerdo con esa aseveración. Me pregunto constantemente los porqués, los cuándos y los cómos, de los demás y de mí misma. Me gusta ver las motivaciones detrás de los comportamientos de todo el mundo, tan sólo por comprender. La comprensión es difícil en algunos momentos, por ejemplo cuando te insultan, pero dispara otras cosas como la compasión y la empatía, que creo que son valores muy escasos en este mundo rápido. Hay momentos en los que es inevitable juzgar, saltar y dar una opinión porque no estás de acuerdo. Sería muy estúpido pensar que tenemos que gustarle a todo el mundo, porque es imposible. Sería muy estúpido pensar que todo el mundo tenga que estar de acuerdo con todo el mundo. Al final creo que a quien debemos gustarnos es a nosotros mismos.

Creo que el primer paso para gustarse uno mismo, y por ende a los demás, estaba escrito en la pronaos del Templo de Apolo en Delfos. Conócete a ti mismo. Pero da mucho miedo. Hay gente que no quiere estar dentro de sí mismo, bucear, hacer trabajo con la Sombra, porque no sabe qué va a encontrar. Cuando le comento a alguien si trabaja con la Sombra y tiene problemas, siempre está el que me dice “es que yo he trabajado ya mucho con la Sombra, no lo necesito”. Te felicito, pero si sigues teniendo problemas es que aún lo necesitas. Y no necesito que me lo cuentes, mi labor no es enterarme de qué te pasa ni de los traumas infantiles que tienes, sino que tú te enteres de qué es lo que te pasa. Que conozcas a tu Sombra. Que la aceptes. Ésta es una labor en progreso, no algo que se hace una única vez.

Cuando te aceptas, ves lo que haces y sabes por qué lo haces, el mundo es más sencillo. Aceptas que eres heredero de ese pasado que a ratos sale a darte una colleja a través de tu Sombra. Ganas la perspectiva suficiente como para entender por qué los demás hacen lo que hacen, los humanizas. Nos hemos vuelto un poco sociópatas, pensamos que la gente son objetos, los cosificamos. Este tipo de trabajo nos ayuda a ver la humanidad en nosotros y en los demás. Es un trabajo muy duro, del tipo de trabajo que duele, pero creo que cualquier persona se vería muy beneficiado de ese tipo de labor, especialmente siendo wiccano. Descubres partes hermosas también, como tu propia generosidad hacia ti mismo por aceptar mostrarte impúdicamente cuáles son las áreas que has estado ocultando durante largo tiempo: los esqueletos en el armario. Te hace fácil quererte porque te comprendes. Y así es más fácil querer a los demás también.

Sin embargo, no todo el mundo está dispuesto a esto y entran en Wicca por la magia únicamente, porque resulta difícil bucear en uno mismo y en los demás, lleva tiempo y todo se quiere “aquí y ahora”. Consideran que la magia es la salida a todo. Perfecto. A esas personas les deseo mucha paciencia, porque la magia tiene sus límites. Hay un chiste cristiano que me contaron hace tiempo, de un señor que le reza todos los días a su Dios para que le toque la lotería. Cuando muere y llega al cielo, le reprocha a Dios que nunca le tocara la lotería. Y Dios le contesta: “¡Haber echado por lo menos para que te tocara, tontolculo!”. En definitiva, podemos hacer toda la magia o rezar todo lo que queramos para encontrar un trabajo, pero si nunca echamos un currículum, ¿cómo nos van a llamar? Podemos mover toda la energía del Universo conocido, pero si no podemos de nuestra parte, ¿cómo vamos a ser felices?

Siempre digo que estamos muy faltos de reflexión en este mundo, también en un camino espiritual como Wicca, y que por eso a mí me gusta compartir lo que reflexiono. Para mí, reflexionar es una forma de conocerme a mí misma, de hacer ese trabajo a ratos ingrato de mirar hacia dentro e intentar comprenderse, de tenerse compasión, de aceptarse. Ser wiccano no es fácil, sobre todo cuando uno se da cuenta de que hay que usar la cabeza y el corazón, y que ese uso es como un músculo que, si no se utiliza, se atrofia. Cuando pasan los días, me distancio de lo que he escrito y luego vuelvo a leerme. Hay veces en las que me río y otras en las que no me río tanto. Lo importante en este camino es conocerse, no hacer hechizos ni conocer muchas cosas, ni saber de plantas, ni de Tarot. Todo eso está fuera. Lo más importante está dentro. Por eso, conócete a ti mismo.

Cuando alguien te pide un trabajo mágico

Recuerdo que, no hace demasiado tiempo, me contactó una desconocida por facebook para pedirme que le hiciera un trabajo mágico. La conversación fue algo así como “Hola, eres bruja, ¿no? Pues hazme magia porque estoy muy mal pero muy mal, tengo mucha mala suerte, me va todo de culo, venga anda”. Yo no me dedico profesionalmente a la brujería, sino que forma parte de mi vocación como sacerdotisa y tampoco es que sea una parte central de mi trabajo espiritual. Sé que hay gente que hace trabajos mágicos de forma profesional y cobra por ello. No voy a entrar en juicios de valor sobre eso, porque igual que entiendo a los que dicen que no se debe cobrar, entiendo a los que tienen que pagar sus facturas.

Últimamente me estoy encontrando con muchas historias de brujitos (wiccanos o no) por ahí a los que desconocidos les contactan para pedirles trabajos mágicos de diversa índole. Y hoy estaba precisamente pensando en eso, en qué hacemos cuando movemos energía, en la gran confianza que se deposita en quien realiza el hechizo, en el saber atinar a la hora de realizar el trabajo y más si no se conoce a la persona… en fin, cosas que creo que un profesional de los hechizos sabe al dedillo por su propio bagaje, pero lamentablemente cuando nos toca a quienes no sabemos nos quedamos un poco “pillados” con la petición.

He aquí una serie de pensamientos al respecto que, si os habéis visto en la situación, quizás podéis compartir. O no. Todo depende de cuál sea vuestra opinión al respecto.

¿Quién eres?

Aunque luego lo diría de una forma más educada, esto es lo primero que se pasa a mí por la cabeza cuando veo una petición así. ¿De dónde me ha conocido esta persona? ¿Sabe realmente que no me dedico a esto? ¿Qué sabe de mí? ¿Es amigo de algún amigo quizás? ¿O simplemente ha visto mis likes en facebook y ha asumido que soy bruja? ¿Sabe que hay personas con más experiencia haciendo trabajos mágicos para el público que podrían ayudarle, y probablemente mucho mejor que yo? En definitiva: ¿por qué yo, oh desconocido, que tan feliz andaba brujeando en mis cosillas?

Creo que pedir a alguien que se identifique, de una forma adecuada y educada, es lo primero que se debe hacer.

La coacción

Personalmente, el chantaje emocional no es algo que me pirre. Bueno, vale, seré honesta: me da urticaria. Creo que hay formas y formas de pedir las cosas, formas y formas de negociar, formas y formas de llegar a un acuerdo… pero nada me parece más ruin que apelar a una supuesta altura moral para conseguir algo de otra persona. Para ilustrar esta situación, imaginamos que alguien nos dice: “como sé que eres una estupenda y maravillosa persona, harás lo que te digo”. Y si no lo haces, claro, implica que tu altura moral está al nivel de una caquita de perro.

Sinceramente, si una persona me pide las cosas así, mi respuesta es NO, sin importarme que luego pueda decir “hay que ver cómo eres, qué mala persona”. Hay que tener muy en mente que tenemos derecho a elegir siempre, y que nadie tiene derecho a juzgar nuestra altura moral sólo basándose en que nos pleguemos o no a sus deseos. Si en algún momento ocurre esto, vosotros sois los que decidís si queréis entrar en el juego de la coacción emocional, pero si decidís empezar a jugarlo, por favor, tened muy claros vuestros límites. Un trabajo mágico es UN trabajo mágico, no siete, y menos si van a estar siempre acompañados de la misma cantinela de presión social.

Entiendo que esto es difícil porque los wiccanos sobre todo nos esforzamos por quitarnos encima el Sambenito del brujo oscuro y diabólico, y por eso podemos caer a veces en socorrer o ayudar para demostrar que somos brujitos buenos y ciudadanos ejemplares que pagan sus impuestos.

Tus propios valores

Siempre digo que soy wiccana y no una hermanita de la caridad, y que mi interpretación de la Rede es más como “consejo” que como “mandamiento”. Por tanto, mi magia es más “leche manchada” que “blanca” (aunque ya sabemos que la magia no tiene color). Pero de ahí a aceptar hechizos para separar matrimonios, causar enfermedades o muertes, causar ruinas, destrozar negocios y hacer amarres, hay un abismo. Creo que los límites son importantes: es en lo que uno cree, es lo que uno piensa, por lo que cada uno rige su vida.

Personalmente, no me sentiría bien si aceptara hacer un trabajo mágico que fuera en contra de mis valores, lo lamentaría ya no por la otra persona, sino por mí. Estaría faltándome a mí misma, que en última instancia es quien realmente tiene derecho a juzgar mi propio comportamiento.

Tú haces lo que quieres

Tanto si va acorde a nuestros pensamientos y valores como si no, tanto si estamos en condiciones como si no, podemos elegir decir sí o no a la persona que pide. También hay derecho a elegir cobrar si así se considera oportuno (a no ser que tu corriente mágica te aconseje no hacerlo), y hay derecho también a darle a la persona un hechizo que pilles por ahí y decirle “hazlo tú, que puedes, ¡ánimo!”. Eso hice yo la primera vez que me lo pidieron, y la persona se quedó la mar de conforme y agradecida. Se puede demostrar a una persona que es capaz de hacer las cosas, aunque sea su primera incursión con la magia, sobre todo si le damos instrucciones completas.

De todas formas y para finalizar, aclaro que no estoy a favor ni en contra de hacer trabajos mágicos para otras personas. De hecho, creo que hago más trabajos mágicos para mis amigos y familiares que para mí misma. Lo que pasa es que resulta raro eso de que te contacte una persona ajena o que te conoce poco para pedir este tipo de “servicios”, sobre todo si no te dedicas a darlos. Sea como fuere, si la persona es un ser humano normal y corriente, con su cabeza bien puesta y sus neuronas en su sitio, entenderá que unas cuantas negociaciones serán necesarias porque la realización del trabajo siempre recae de parte del brujo y existe un derecho a elegir cómo se va a trabajar. Y también entenderá que la mayoría de las veces no se trata de la cantidad de billetitos verdes que nos pongan en un sobre, sino que más bien se trata de los valores individuales por los que se rige la persona que va a hacer la magia.

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