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¡SORPRESA! Mi libro “La Magia de los Elementos” sale a la venta

Y la sorpresa no sería completa si no estuviera ofreciendo un capítulo GRATIS a todos mis suscriptores.

Si quieres el tuyo, sólo tienes que hacer click aquí. Y prepararte para recibir el capítulo, además de información cada Luna Llena sobre tips mágicos, sobre cómo llevar una vida más plena y muchos otros trucos más.

El libro saldrá a la venta durante la semana a través de Amazon, después de casi diez años esperando a ver la luz. Son 260 páginas escritas con muchísimo amor, pensando en toda la gente que ha necesitado un poco de Magia y con la que me he cruzado en la vida. Y con un mensaje muy claro: TÚ puedes hacer LO QUE TE PROPONGAS.

Porque la Magia no está reservada a sólo unos pocos.

¡Espero que os guste!

 

[EDIT] ¡¡”La Magia de los Elementos” ya está a la venta!! Lo podéis encontrar aquí.

Identidades paganas

Mucha gente elige llamarse “Gato”, “Cuervo” o “Patata Frita” en entornos anónimos como internet y en ocasiones también elige un pseudónimo para utilizarlo en el entorno pagano. Elegir llamarse por un determinado nombre es una cuestión personal y detrás de esa decisión casi siempre hay aparejada una reflexión. ¿Por qué elegir un pseudónimo para representarnos? ¿Por qué no hacerlo? Éstas pueden ser preguntas muy habituales en nuestra comunidad, sobre todo en lo al que uso de las redes sociales se refiere.

Dos “identidades”, el caso del que elige el pseudónimo

Tener un pseudónimo no es como en las películas, no se es Clark Kent de día y Superman de noche. Se es siempre más o menos el mismo, sólo que se usa un nombre en diferentes contextos. No es tener múltiple personalidad ni ser dos personas diferentes tampoco dependiendo de la situación, de ahí que entrecomille el sub-título anterior. La mayoría de las personas que eligen esta solución sólo lo hacen para ganar una cierta intimidad sobre su vida privada y un poco más de control sobre su propia imagen, pero esto no implica que la persona que use dos “identidades” sea y se comporte como dos personas totalmente diferentes en contextos “sagrados” y “profanos” (y atención de nuevo aquí a las comillas, pues no existe una diferencia real entre unas cosas y otras).

Básicamente se es siempre la misma persona como he dicho arriba, aunque, como en todo, las personas no somos blancas o negras sino que tenemos una cierta profundidad y diferentes niveles de comportamiento y actuación. Por ejemplo, no nos comportamos igual con nuestro jefe que de cervezas con los amigos. En el ámbito del paganismo puede resultar similar, y puede que resulte curioso ver cómo un sacerdote o una sacerdotisa se comporte de forma muy solemne en un ritual y luego sea de lo más gracioso en una situación mucho más distendida. ¿Hay dos personas distintas? No, sólo una persona comportándose de dos formas diferentes, que pueden ser tantas formas diferentes como la persona quiera tener. Podría tener siete formas diferentes, no sólo dos, dependiendo del contexto. Muchas veces se puede identificar desde fuera que la persona que responde a nivel pagano por un nombre y a nivel personal por otro, tiene dos identidades, remarcado por el carácter que a veces se tiene en determinados contextos y porque le estamos poniendo “nombre” a esa otra parte de la persona que actúa en determinados contextos. Pero esta concepción es errónea: la persona siempre es la persona, tan sólo ejerce su derecho a comportarse como quiere según el contexto.

Hay ventajas en tener dos nombres, la primera ya la he comentado y es el mayor control sobre la intimidad y la vida personal. Entre las desventajas encuentro dos: la sensación de estar dividido, marcada a veces por la errónea percepción externa de que somos “dos personas”, y un curioso fenómeno que se da con cierta frecuencia, y es una atención desmedida por parte de algunas personas con respecto a la vida personal de uno. Hay gente que piensa que si divides tus cuentas de facebook es a) porque tienes algo que ocultar de tu vida personal, o b) tu cuenta personal de facebook debe estar restringida a tus amigos, y ¡ellos quieren contarse entre tus íntimos a toda costa! En cualquier caso hay que recordar que el control sobre las cuentas de facebook o similares las tenemos nosotros. En definitiva, le veo muchas ventajas a tener dos perfiles y es por lo que lo uso, pero requiere saber que de vez en cuando puede que quedes mal con alguien al cerrar la puerta a un tipo de relación más estrecha con esa persona, aunque sea virtualmente.

Una sola persona, un solo nombre, un solo perfil

A este respecto pueden darse dos variantes: el uso del nombre civil o el uso del nombre pagano. Ambas tienen ventajas similares y entre ellas están la sensación de unidad, la sencillez de uso de plataformas sociales, la consecuencia en valores y prácticas a nivel personal y, cómo no, la “salida del armario de las escobas” (admitir delante de todo el mundo que se practica la religión). Es fácil identificarse al nombre con una sola persona y eso da bastante confianza a la hora del trato.

La desventaja es que si no nos interesa que cualquiera vea qué religión practicamos, lo llevamos claro. Hoy día muchas agencias de empleo miran facebook y estudian los “me gusta” y las preferencias de las personas así que en contextos profesionales puede ser un problema según el sector. También dependiendo del país se puede tener una concepción más abierta o cerrada del ser religioso y puede que no siente bien a todo el mundo. Pero si estamos de acuerdo con llevar esto a cabo, elegir esta opción puede ser un ejercicio de auto-reconocimiento de las creencias y de lo que se es.

Otra desventaja es que, obviamente, estamos abriendo nuestra vida personal a gente en redes sociales que puede que no nos interese que sepa de nuestra vida en casa. Para eso es aconsejable crear grupos de usuarios y restringir publicaciones en facebook si se desea, pues ahora muchas aplicaciones de este estilo permiten un mayor control sobre nuestras publicaciones.

Finalmente, una advertencia sobre la confianza que se puede crear en una persona al elegir esto. Es posible que alguien que no nos conozca mucho y que provenga de un entorno pagano, al estar junto con amigos y familiares en el mismo grupo, pueda inferir que es de nuestro círculo íntimo de confianza. En cualquier caso, lo mismo que arriba: la asertividad es clave y ante todo tener claro que tenemos derecho a elegir a las personas de cualquier círculo de nuestra vida.

Un consejo final sobre la identidad

Sea lo que sea que elijas, tienes todo el derecho a hacer lo que quieras, incluso a no ser siempre la misma persona. Tu identidad y la identificación de tu identidad con tu nombre o nombres la eliges tú y nadie más, al igual que cuál de tus “túes” quieres sacar en qué situación. Hagas lo que hagas, siempre va a haber a quien le va a gustar y a quien no, quien va a estar de acuerdo y quien no, y quien va a juzgarte en función del nombre que uses y quien no, así que siempre es mejor estar a gusto con uno mismo y elegir lo que uno quiera. Y si cambias de opinión llegado el momento, pues perfecto, porque no somos siempre los mismos ni necesitamos lo mismo.

Nunca retes a una bruja: una reflexión sobre la voluntad

se-alquilaHace tres años que me cambié de ciudad y como todo el mundo tuve que encontrar piso para establecerme. No fue tarea fácil, entre carteles de “Se Alquila”, ofertas por portales inmobiliarios y el boca a boca, pronto mi marido y yo nos hicimos con una buena lista de pisos que comparar. El caso es que queríamos algo barato, sin amueblar y con unos determinados servicios. Mi compañero insistía en que era imposible encontrar todo lo que necesitábamos a un buen precio y bien comunicado, y sin otro remedio tendríamos que irnos a vivir bastante lejos del centro. Yo soy una wiccana urbanita e insistía en que era posible. Así que me retó a que no sería capaz de encontrar un piso con esas características, cercano al centro de la ciudad y por menos de un determinado precio. Mi contestación fue lapidaria: “Nunca retes a una bruja”.

¿Por qué nos hacemos brujos?

¿Nos hacemos brujos para tener poderes? ¿Buscamos la iluminación espiritual? ¿Buscamos sentirnos superiores moralmente? ¿Cuál es nuestra motivación? Después de mucho rascar y desde mi punto de vista, creo que nos hacemos brujos para entrar en sintonía con una parte nuestra que a priori nos está oculta. Es esa parte que rige nuestro propósito íntimo y profundo (o propósitos) en la vida, eso que nadie puede quitarnos porque hemos nacido con ello, la conexión con la Divinidad. No hablaré de Plan Divino ni de iluminación porque me suena manido, y porque no se trata de ser los peones en un juego de ajedrez de grandes poderes, ni de adquirir nuevas conciencias olvidando las que ya tenemos (y que son igualmente sagradas), pero sí de verdadero propósito, de verdadero deseo, de verdadera realización.

Como brujos, en contacto con esos poderes, podemos mover muchísimo. Principalmente podemos movernos a nosotros mismos, y eso no es precisamente poco. Es aterrador ver cómo nos aferramos a las cosas, cómo nos agarramos a circunstancias que antaño parecían seguras, a pesar de que ya no lo sean: esquemas mentales, relaciones, estructuras, conceptos o “imposibles”. Es el brujo el que tiene la capacidad de darse cuenta de eso y de hacer lo posible para reconducir la situación, no mediante el uso de rituales, sino mediante el uso de la magia más potente que es el auto-conocimiento. Ésa es una magia que nunca se termina de aprender porque las personas estamos en constante cambio.

Así arriba como abajo, pero aplicado a nosotros mismos

Cuando estamos en consonancia con ese propósito, cuando hacemos esa magia con nosotros mismos, es cuando la magia hace efecto en el mundo que nos rodea. Nuestra mera voluntad, a la que se accede mediante el auto-conocimiento y la reflexión, es una fuente inagotable para lograr lo que a muchos les gusta denominar imposible. Si empezamos a actuar sobre nuestra propia conciencia es cuando se hace la verdadera magia, no la que logra que X se enamore de nosotros, sino la que hace posible que tengamos el control de nuestra propia vida.

En la práctica esto es difícil. Al estar en constante cambio, la reflexión es prácticamente diaria, aunque no imposible. Los seres humanos tenemos tiempo para pensar de sobra: si nos llevamos la vida haciéndonos pajas mentales (entendidas éstas como “el pensamiento que no conduce a nada”), ¿por qué no analizar tranquilamente nuestras propias motivaciones? ¿Por qué no trabajar, en soledad o junto con otros, para lograr ver lo que normalmente no vemos? ¿Por qué no entrar en contacto con esa parte de nosotros que sabe que no hay nada imposible?

Es cierto que no siempre se podrá o no siempre saldrá, pero os invito a probarlo. Habrá malos días, como en todo, pero habrá buenos días y esos días serán como si todo fuera rodado. Recordad que hacemos nuestro mundo en cualquier caso: lo que queramos obtener, lo obtendremos. Así que cuidado con lo que deseas… ¡puede hacerse realidad!

Encontramos piso en la ciudad, bien situado y con todas las características que mi marido quería. Y a buen precio. Desde entonces insto a todo el mundo en creer que los imposibles no existen, y desde entonces una de las frases más usadas en mi casa es “Nunca retes a una bruja”.

 

3 años y muchas lunas después

FOTO.De-lunas-y-de-flores (1)Corría 2004, yo era una wiccana que prácticamente empezaba su camino, y casi todas las webs que me encontraba eran prácticamente iguales. Casi todas incluían estos temas: la Rede, los Dioses, las festividades y las herramientas. Poco más, y ni rastro de ejercicios espirituales, ni de cómo llevar una vida normal con el hecho de proclamarse a uno mismo “brujo”. No había temas de actualidad, la política era para los débiles (porque entonces no estábamos en crisis, claro) y quizá lo más cercano a un tema de candente actualidad fueran las eventuales alertas ecológicas, alentadas en España sobre todo por el desastre del Prestige que había acontecido poco tiempo antes.

En medio de todo eso nació la revista online 13 lunas, en Yule de 2004. Le puse 13 lunas porque se supone que son las que se suceden en un año. Yo era muy inexperta y una cría por aquel entonces (ahora tengo más experiencia pero sigo siendo igual de cría), pero lo hice con toda la ilusión del mundo. Su símbolo fue una triple luna, y sus colores, blanco, plateado y azul. Conté con gente estupenda que aportaron sus puntos de vista y sus artículos rigurosos, con temas “diferentes”: no más Rede, no más “El Dios y la Diosa”, no más “los sabbats son ocho”. Durante dos años 13 lunas fue editada con amor, hasta que en 2006 y por motivos personales tuve que dejarla de lado. Los colaboradores también escaseaban y cada vez me era más difícil escribir, sobre todo por motivos personales que mucha gente hoy conoce: estaba ejerciendo mi particular lucha contra la depresión.

En 2008 cancelé definitivamente el dominio de 13 lunas, pero me quedé con esa espinita clavada. Tiempo después y producto de un cambio de aires, pues me vine a vivir a Granada, decidí rehacerla pero en formato blog. Y se convirtió, hace 3 años, en el 13 lunas que estás leyendo ahora tú, desde el otro lado de esta pantalla.

He escrito muchas cosas en estas líneas, que han sido testigos de mi cambio como persona y como sacerdotisa. Mucha gente ha seguido este blog de cerca y de lejos, y para mí es un honor haber llegado a tanta gente. También ha escrito aquí una buena amiga de vez en cuando, como un guiño a la antigua 13 lunas y a sus colaboradores, cuyo espíritu no desaparece del todo. Curiosamente y gracias a esta web he llegado a ver expresiones mías, que he escrito por aquí, reflejadas en foros, que luego eran reflejadas en vídeos de Youtube y luego me han llegado por otro lado. Es impresionante lo contagiosas que son las ideas y cómo vuelan en esta comunidad. Durante mucho tiempo me asustó el hecho de que lo que yo pudiera decir estuviera errado y que eso llegara a calar tan fuertemente en la comunidad que al final se hiciera propio, todo por un artículo mal escrito o mal expresado. No os voy a mentir: he errado muchísimo a ese respecto, pero no puedo dejar de escribir. Luego la gente se sorprende cuando digo que no estoy de acuerdo conmigo misma, y contesto con una sonrisa y con una frase: “yo lo llamo evolución“.

Así pues, esta abuelita Cebolleta nostálgica y algo carca quiere daros las gracias por haber sido testigos, igual que estas líneas, igual que este humilde WordPress, de desvaríos y evoluciones. 13 lunas lo hacéis vosotros porque leéis y porque os contagiáis. 13 lunas se ha nutrido durante 3 años (y muchos más) de vuestros comentarios e emails. 13 lunas no existiría si unas mentes dispuestas a escuchar no estuvieran atentos a este rss y a este blog. 13 lunas siempre seréis vosotros. Así que feliz cumpleaños a todos.

¿Vivir para la Wicca, o sencillamente vivir?

Vivo en una ciudad y tengo un trabajo mundano y una vida mundana, como casi todo el mundo. Encuentro esto extremadamente sano, porque hubo un tiempo en el que me levantaba y hacía mis devociones, desayunaba pensando en Dioses y Diosas, escribía artículos de Wicca, luego me dedicaba un poco a cosas de wiccanas, y cuando salía, siempre salía a reuniones de brujas. La verdad es que era divertidísimo. Pero llega un momento en el que te planteas si tu vida es sólo religión, o si resulta que la religión es tan sólo una parte de tu vida.

Confieso que me apasiono con facilidad, como casi toda mi generación. Somos una generación de obsesos de la perfección porque nos han bombardeado con esa fantástica idea (nótese el sarcasmo) de que hay que ser perfecto, y para ser perfecto, tener el cuerpo perfecto, estar siempre perfecto, hacer las cosas perfectamente, hay que dedicarse en cuerpo y alma a lo que te apasiona. Hay que ser “el mejor”. Y me pregunto, ¿realmente es aplicable eso a una senda espiritual?

Pues parece que la opinión general es que sí es aplicable. En el caso de los paganos, los libros, vídeos, manuales, etc, nos han bombardeado a ejercicios y cosas que hay que hacer para estar siempre perfecto corporal, mental y espiritualmente:

– Hacer x horas de yoga diarias

– Meditar/visualizar al menos media hora diaria

– Hacer devociones diarias (y ay de ti si te las saltas – vuelva a notarse el sarcasmo)

– Dedicarte a las terapias complementarias: Reiki, flores de Bach, etc

– Y un montón de cosas más

Nuestro pensamiento, siendo hijos de nuestro tiempo, es “si los demás lo hacen, ¿por qué no yo, si seguramente es bueno? Puede que esté siendo un mal wiccano por esto, debería dedicarle más tiempo”. Cuando no le dedicas suficiente tiempo, llegas a pensar si nunca llegarás a esa perfección que es la iluminación, incluso llegando a descuidar otras áreas de tu vida. Pues, ¡sorpresa!, hasta donde yo sé, la Wicca no busca la iluminación.

Así pues, puede que te encuentres o te hayas encontrado en el dilema (y ojalá nunca te hayas visto en esta situación) de decir “no tengo tiempo para tanto ejercicio espiritual, yoga, terapia y devoción”. ¡No pasa nada! Tú eres libre de decidir cuál es tu camino y cuáles son esas preferencias complementarias, igual que eliges tus hobbies o la persona (o personas) con la que quieres compartir tu vida. Y recuerda: ¡no vives para esto!

Y ahora puede que me digáis, “pero Harwe, si nada de esto es un camino espiritual, ¿qué estamos haciendo?”. Y entonces un gran vacío se apodera de tu ser…

Pues muy sencillo: ¡vivir! Lo veo constantemente en las personas que me contactan: la mayoría de ellas tiene un clarísimo punto en común: sienten que están caminando un camino, como el de la vida. Un camino que sigue y sigue, que no se sabe dónde va a parar. Esas personas pueden ser jubilados, estudiantes, ejecutivos y amas de casa, hacen más o menos cosas en su tiempo libre, pero todos ellos están aquí y todos ellos han decidido que quieren seguir el camino de la vida con una religión que les anime a vivir esta existencia. Una religión que valora igualmente la vida espiritual y la vida mundana.

En otro artículo hablé de conectar con los ciclos naturales a través de cosas mundanas, cotidianas y físicas, y me sorprendió la cantidad de gente que me escribió para decirme que normalmente no reparaban en la cantidad de formas de celebrar la vida que hay, sin necesidad de nada complicado. Así pues,  considero que no hay mayor tesoro que seguir una religión que me permite disfrutar de cosas tan sencillas y físicas como celebrar el mero roce del césped contra la planta de mi pie derecho. Celebrar el hecho de que sigo aquí, de que sigo viva. Y de que sólo soy una persona más intentando llevarme todo lo bueno que pueda, no de mi camino espiritual, sino de mi vida, la cual considero sagrada tanto a nivel religioso como a nivel mundano.

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