harwe tuileva

La ironía del copo de nieve único y especial

coponieve7Mi marido siempre dice que con frecuencia se llega al Paganismo por la necesidad de ser un copo de nieve único y especial. Creo que tiene razón. Por H o por B, el Paganismo atrae a algunas personas que no sólo quieren seguir un camino espiritual, quieren ser verdaderamente únicos mediante su camino espiritual. Esto es lícito, pero en mi opinión no creo que sea necesario seguir una religión X para ser una persona especial, porque ya nacemos únicos. Siempre digo que ya nacemos con dones, ya nacemos con capacidades, pero es que ya nacemos nosotros. Esto me recuerda al diálogo del Dr. Manhattan y Laurie en Watchmen, de Alan Moore:

Dr. Manhattan: Los milagros termodinámicos. Acontecimientos tan improbables que son efectivamente imposibles, como que el oxígeno se convierta en oro. Deseo contemplar algo así. Pero en el apareamiento humano, mil millones de espermatozoides buscan un solo huevo. Multiplica eso por las poquísimas posibilidades de sobrevivir que tenían vuestros ancestros, de engendrar a un hijo en concreto… esa hija concreta… hasta que tu madre ama a un hombre a quien tiene todos los motivos para odiar, y de esa unión, de los miles de millones de niños que compiten por ser fertilizados, naces tú, sólo tú. Destilar algo tan específico entre ese caos de improbabilidad es como convertir el aire en oro. Esa es la cúspide de la improbabilidad. El milagro termodinámico.

Laurie: Pero y si mi nacimiento es un milagro termodinámico… ¿Podrías decir lo mismo de cualquier persona?

Dr. Manhattan: Sí. De todo el mundo. Pero el mundo está tan lleno de gente. Tan lleno de estos milagros, que se vuelven habituales y los olvidamos…Yo lo olvido. Miramos tan a menudo al mundo, que se vuelve monótono a nuestra vista. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, vuelve a ser asombroso. Vamos, sécate esas lagrimas, porque eres vida, más rara que un quark y más improbable que los sueños de Heisenberg; el barro en el que las fuerzas que dan forma a las cosas deja su huella de forma más clara. Sécate las lágrimas, y vámonos a casa.

Y después de esta maravilla de diálogo que cada vez que lo leo me devuelve la fe en la humanidad, vuelvo al tema. Nacemos como parte de ese milagro, ¿realmente necesitamos diferenciarnos siguiendo un camino espiritual? ¿No es lo suficientemente original haber nacido, sencillamente, tú?

La verdadera ironía de todo este tema es que, a pesar de esa interpretación del Paganismo por algunos como algo “original”, luego los paganos no somos nada originales. Hace poco leí a Carolina Amor Boggs decir aquí que quería ser “la primera Carolina Amor Boggs”. Me parece estupendo, es más, es su derecho por nacimiento, olé por Carolina. Yo quiero ser la primera y la única Harwe Tuileva y espero que el resto de las personas que me leen sean las primeras Pepi García, Romualdo Arenas o como sea que te llames, tú que me lees. Pero no quiero una horda de Harwes, porque eso me asusta. Siempre he dicho las cosas muy claras y he sido muy fiel a mí misma, pero como buen ser humano puedo estar errada. Esto lo digo porque me asusta leer mis estados compartidos en facebook, escuchar mis expresiones sacadas de contexto o ver mi trabajo copiado y fusilado. Me dicen que es porque me admiran, pero yo vivo conmigo misma 24 horas al día y no estoy tan segura de admirarme, es más, soy un crítico bastante feroz de lo que hago y por eso reviso tanto todo. Me pregunto: ¿qué pasa si estoy equivocada, qué pasa si no estoy en lo correcto? Si yo estoy equivocada, influencio a 200 personas y esas 200 personas influencian con mis ideas a otras 800, ¿tendremos entonces a 1000 personas haciendo algo que no está bien? ¿Repetiremos una y otra vez los mismos fallos? En una entrevista no hace mucho leí por boca de una amiga mía que “a más de uno le gustaría ser yo”. Adoro a mi amiga, pero no creo que a nadie le guste ser yo y lo digo por experiencia propia.

¿Qué pasa entonces con el copo de nieve único y especial? ¿Sólo es único y especial para la comunidad no-pagana, mientras que dentro de la pagana ponemos de moda una figura y copiamos todo lo que hace?  Esto no sólo se ha hecho conmigo, se hace con otra gente, por ejemplo hace unos años la figura en los altares era una videoblogger pagana que se hizo muy conocida. ¿Vamos a seguir así, copiándonos unos a otros, en vez de mirar nuestro propio trabajo actual y revisarlo de acuerdo con nuestros ideales? ¿No vale para nada ver cuál es el trabajo que están haciendo en la comunidad y saber qué aspecto diferenciador vamos a tomar dentro de ella? ¿Vamos a seguir utilizando textos de otras personas, sacados de contexto y sin comprenderlos completamente, para nuestros blogs y páginas web?

Desde aquí os lanzo un desafío: ¿Queréis ser copos de nieve únicos y especiales? Empezad a ser vosotros mismos. Tomad vuestro poder. Reclamar lo que es vuestro por derecho. Somos milagros, somos originales, somos únicos. No hace falta seguir la senda de nadie, sólo es necesario seguir nuestra propia senda.

Dioses “blanditos”: el caso de Brigit

El otro día me decía un alumno que, con todo el respeto, mi Divinidad patrona y a la que tengo dedicado el Templo desde hace 9 años, Brigit, era “blandita”. No pude evitarlo: solté una carcajada que hasta el gato, que dormía plácidamente encima de la mesa del pc, se despertó. Me hace gracia el hecho de denominar “blandito” o “blandita” a una Divinidad, y más decirlo de una Diosa celta.

Durante estas semanas me he estado preguntando si mi Diosa patrona es “blandita”, de dónde se saca la gente eso (no es el primero que me lo dice) y qué hacer para remediar esa imagen. Un par de veces me he vuelto hacia su altar y le he preguntado, como hago a veces con ella (porque son muchos años y hay confianza) “Oye Brigit, ¿tú crees que eres blandita?”. Una voz interior me respondía “¿y tú qué crees?”.

Cuando conocí a Brigit, allá por el 2003, yo también pensaba que era blandita. Lo confieso. Nos la han vendido como una “doncella” (ya expliqué en este otro post que de doncella tiene poco), que es la Diosa de la Luz y todo lo bonito y lo bueno y los comienzos, que su fiesta es la noche de Imbolc y que por eso es la Diosa de la primavera, y que hay que hacer una cama para ella y un montón de cosas más. Cuando ahondas un poco en su mitología te das cuenta, primero, de que no es una Doncella, segundo, que de primaveral tiene poco, y tercero, de que no es una Diosa de la Luz. Es una Diosa del fuego.

El fuego es genial. Su descubrimiento permitió a nuestros antepasados sobrevivir largas noches a la intemperie, cocinar los alimentos y mantener a raya a los depredadores. Cuando el hombre antiguo descubrió el fuego, vio a una criatura frágil porque muere a la que lo tocas o le pones algo por encima, pero a la vez resulta letal y sobre todo muy disuasorio. Con el tiempo, el fuego se usó para a dar forma a los alimentos y a los objetos. Surgió el trabajo del metal y la creación de herramientas, que eran usadas, entre otras cosas, en la guerra, así que quien tuviera las mejores herramientas era considerado el más fuerte. El uso de herramientas y su perfeccionamiento es una de nuestras características clave como especie, porque nacemos enclenques y prácticamente inútiles, y para lograr las mejores herramientas el fuego resulta esencial. De ahí que Brigit sea patrona de los guerreros y los herreros.

Esas herramientas se vienen usando a diario no sólo para pelearnos entre nosotros. Uno de los usos más antiguos de la herramienta es el aprovechamiento de los recursos, entre ellos las hierbas. Hierbas que se han cocido o puesto en infusión en agua, hierbas quemadas, hierbas preparadas. Es raro que se consuman las hierbas frescas y si nos paramos a pensar nuestro amigo el fuego siempre tiene algo que ver en ello. El fuego sana porque prepara la hierba, también cauteriza una hemorragia. De ahí que Brigit sea sanadora.

Brigit también es una Diosa de la poesía. Es la patrona de los bardos y la función de éstos fue crucial en muchas culturas para la transmisión de valores e historias. En tiempos en los que no había internet, contar con un bardo que nos comentara mediante poesía y entretenimiento las historias de lugares lejanos era un verdadero privilegio. Los bardos tenían tanto poder que si cantaban una maldición contra alguien, ese alguien no tenía escapatoria: tal es el poder del lenguaje en nuestra especie. Y yendo aún más lejos, las mejores historias siempre se han contado de abuelos a nietos alrededor del fuego. De nuevo el fuego, de nuevo la tribu, de nuevo otra característica clave del ser humano: el lenguaje. Es tan crítico para nuestra especie que de él depende nuestras relaciones. Si la herramienta se lleva a la batalla, siempre es el lenguaje el que previamente declara la guerra.

La imagen que se tiene de Brigit: la confusión constante de los wiccanos con Santa Brígida

Si le pregunto a alguien qué imagen tiene de la Diosa a la que hago mi devoción, siempre obtengo más o menos la misma descripción. Es una mujer vestida de blanco o verde, con la cabellera roja y la piel blanca y los ojos verdes. Es sonriente y generosa, porque trae la primavera. ¿Ah sí? ¿Y la guerra, dónde está? Brigit es hija de Morrigan según algunas tradiciones, ¿no debería estar relacionada con lo belicoso? Brigit es la patrona de los guerreros y de los mercenarios… ¿dónde queda eso? ¿Dónde están las maldiciones que se cantaban en batalla y que llenaban de terror el corazón del enemigo, inspiradas por ella? ¿Dónde está la mujer celta que era madre y esposa, y a la vez igual de diestra en batalla que su compañero?

Creo que los wiccanos hemos confundido a Brigit con Santa Brígida, la mujer que colgó, según la tradición cristiana, su capa en un rayo de sol. Nos hemos confundido de plano y le hemos dado unos atributos más similares a los epítetos de la Santa, de los que remarcaría “La María de los Celtas” y “La Doncella Sagrada”, como ejemplos del mejunje cristo-pagano que hemos hecho con Brigit, y que ni nos planteamos desmentir mediante un estudio serio de los mitos celtas. La Brigit-Diosa, ni es la María de nadie (¡la Diosa Brigit no era virgen, eso para los celtas no significaba nada!), ni es ninguna Doncella sagrada (de nuevo la virginidad, qué pesadez). Brigit, como buena celta y encima princesa de su tribu, no sólo tendría todo el derecho a acostarse con quien quisiera, sino que tras su matrimonio seguiría manteniendo todos y cada uno de sus bienes. Así que nada de mentalidad de mujeres cristianas romanas: estas celtas eran de armas tomar y sus Diosas también.

Una vez desmitificado: ¿cómo es de verdad una devoción con Brigit?

Es una Diosa estupenda, es mi favorita y me encuentro muy a gusto con ella, pero no es blandita. Para ser honestos, no es en absoluto lo que nos venden, ni lo que normalmente vendemos los wiccanos de ella. Sí, gran parte de esta imagen fluffy de Brigit la tenemos los propios wiccanos, porque nos hartamos de describirla como si fuera la Virgen María en lugar de lo que realmente es: una princesa y madre celta, guerrera, herrera, fuerte. De todas formas, es posible y recomendable para un wiccano tener una devoción con Brigit, porque nos ayuda a ver que el fuego no es sólo “Luz”, sino que quema, que tiene carácter propio, y que las cosas no son siempre blancas o negras. Estamos demasiado acostumbrados a crear un mundo maniqueo a nuestro alrededor, pero es natural: somos herederos de la tradición cristiana. Creo que puede que haya llegado el momento no de desmitificar a Brigit solamente, sino de desmitificar todo el concepto de femineidad que tenemos y que es heredero de esos valores.

Tener o no tener fe

Si cierro los ojos y me centro con fuerza en mi concepto de fe, puedo situarme en una escena de mi infancia con una gran claridad. Recuerdo un patio blanco repleto de flores y plantas y lleno de palmeras, con paredes cubiertas de loza con escenas vegetales, un suelo de terrazo y el olor salino del mar colándose por la abertura del techo que imitaba vagamente a un compluvium romano, por la que los árboles despedían alegremente al sol poniente. Un olor a perfume femenino iba y venía, a veces sutil y a veces tan fuerte que le hacía a uno cerrar los ojos. Y había tres sonidos que se superponían: uno venía lejano como la voz de un Dios que se alzara desde lo más alto de los cielos y chocaba con gran eco por entre las columnas del patio, y el segundo sonido era el repiquetear constante de abanicos en el aire chocando sobre los abundantes pechos de las señoras, la mayoría de ellas abuelas como la mía, nacidas en la República y creciditas en la Posguerra. Un tercer sonido lo hacía el viento colándose por entre los árboles y meciéndolos, un espectáculo de sonidos y aromas entre las palmeras, los rosales, el mirto y el romero.

Ésa es mi imagen del concepto de fe. Me criaron en la creencia cristiana como a muchos, y eso que describo podía ser un domingo cualquiera en misa, donde mi abuela me llevaba junto a sus hermanas. Todas ellas decían tener mucha fe y repetían eso de “por mi culpa, por mi gran culpa” dándose golpes no con el puño, sino con el abanico. De ahí que el sonido del abanico en un pecho femenino lo tenga asociado al concepto de fe. Puede parecer muy cómico y verdaderamente lo era, y más de una vez pregunté abiertamente por qué había que darse con el abanico en las tetas en la misa de las 9, y por qué yo no podía participar de la misma forma. Sería porque yo por aquel entonces no tenía pechos. Eso llevó a mi mente infantil a hacerse una pregunta: ¿yo tenía fe?

Con los años, la pregunta que empecé a hacerme fue un poco más clara: ¿qué entendía yo por fe? Le estuve dando vueltas mucho tiempo y sobre todo me la hice a partir de salir del armario de las escobas con la familia. Cuando le dije a mi madre que era wiccana hace unos años, aunque le expliqué de qué trataba y aparentemente lo entendió, más de una vez me soltó “claro, como tú no crees…“. Eso me hacía dudar y me hacía pensar en si tenía fe, en si creía realmente en algo. ¿Era yo como aquellas señoras de los golpes de abanico? Durante un tiempo me planteé si yo era un homo religiosus en condiciones, o en si lo que creía era simplemente un producto de márketing creado por alguna editorial con ganas de sacar tajada de mi espiritualidad.

Admito que, aun siendo pagana, entiendo a las mujeres de aquella generación que me educaron en la fe cristiana, y lo que para ellas significaban los golpes de abanico y la voz monótona del sacerdote saliendo de lo alto y generando gran eco. La fe para los católicos es una virtud y para ellos es importante decir “tengo mucha fe”, porque no hay nada más fuerte que expresar que se cree en un dios que ves como único y verdadero. Asimismo, tener fe también es una prueba dura, porque si la vida es un valle de lágrimas para ellos, debe ser (y perdón por la expresión) jodidísimo mantener esa fe y continuar amando a tu dios. Sinceramente, me quito el sombrero.

Sin embargo, yo ya no era católica. ¿Dónde quedaba mi fe? ¿Dónde residía mi creencia?

Ahondando más en mis recuerdos, conseguí rememorar un día en el que hubo una gran tormenta durante la misa. Recuerdo los rayos y los truenos, que enmudecían al sacerdote al resonar por toda la bóveda de la nave principal de aquella iglesia costera. El mar estaba embravecido y parecía que el edificio entero se caía, me recordó a cierto tornado ficticio que se llevó volando a cierta niña y a su perro, dejándolos varados en el maravilloso mundo de Oz. Siendo honestos, durante un momento tuve miedo de que fuésemos a salir todos por los aires.

Recuerdo cerrar los ojos y rezar, pero no centrarme en la virgen de cara morena del altar. En cambio, le recé al mar, cantándole mentalmente una nana para que se calmara. Le recé a las flores y a las palmeras para que se mantuvieran de pie frente a la embestida del viento. Y le recé al mismísimo viento para que no me llevara de aquel lugar, mi Kansas particular, donde residía mi familia y la gente a la que quería, con golpes de abanico o sin ellos.

Creo que en aquel recuerdo obtengo gran parte de lo que significa realmente tener fe para mí como pagana, pues va más allá de ser una virtud. Para mi yo adulto y de este momento, la clave no está en tener fe en un dios. Creo que los dioses, en los que nosotros creemos concretamente, no están aquí para salvarnos de las tormentas (aunque puedan echarnos una mano). Dicho de otra manera: desde aquel día en aquella iglesia, cuando rezo, no rezo para que ninguna divinidad venga a rescatarme como un caballero de brillante armadura. En cambio, rezo porque yo soy la que necesita cambiar su propio mundo, porque necesito la confianza suficiente como para saber que pase lo que pase siempre voy a caer de pie. Más bien me rezo a mí misma, y siempre pido tener fe en mi propia capacidad para cambiar el mundo y para cantarle nanas al mar si hace falta.

 

Nunca retes a una bruja: una reflexión sobre la voluntad

se-alquilaHace tres años que me cambié de ciudad y como todo el mundo tuve que encontrar piso para establecerme. No fue tarea fácil, entre carteles de “Se Alquila”, ofertas por portales inmobiliarios y el boca a boca, pronto mi marido y yo nos hicimos con una buena lista de pisos que comparar. El caso es que queríamos algo barato, sin amueblar y con unos determinados servicios. Mi compañero insistía en que era imposible encontrar todo lo que necesitábamos a un buen precio y bien comunicado, y sin otro remedio tendríamos que irnos a vivir bastante lejos del centro. Yo soy una wiccana urbanita e insistía en que era posible. Así que me retó a que no sería capaz de encontrar un piso con esas características, cercano al centro de la ciudad y por menos de un determinado precio. Mi contestación fue lapidaria: “Nunca retes a una bruja”.

¿Por qué nos hacemos brujos?

¿Nos hacemos brujos para tener poderes? ¿Buscamos la iluminación espiritual? ¿Buscamos sentirnos superiores moralmente? ¿Cuál es nuestra motivación? Después de mucho rascar y desde mi punto de vista, creo que nos hacemos brujos para entrar en sintonía con una parte nuestra que a priori nos está oculta. Es esa parte que rige nuestro propósito íntimo y profundo (o propósitos) en la vida, eso que nadie puede quitarnos porque hemos nacido con ello, la conexión con la Divinidad. No hablaré de Plan Divino ni de iluminación porque me suena manido, y porque no se trata de ser los peones en un juego de ajedrez de grandes poderes, ni de adquirir nuevas conciencias olvidando las que ya tenemos (y que son igualmente sagradas), pero sí de verdadero propósito, de verdadero deseo, de verdadera realización.

Como brujos, en contacto con esos poderes, podemos mover muchísimo. Principalmente podemos movernos a nosotros mismos, y eso no es precisamente poco. Es aterrador ver cómo nos aferramos a las cosas, cómo nos agarramos a circunstancias que antaño parecían seguras, a pesar de que ya no lo sean: esquemas mentales, relaciones, estructuras, conceptos o “imposibles”. Es el brujo el que tiene la capacidad de darse cuenta de eso y de hacer lo posible para reconducir la situación, no mediante el uso de rituales, sino mediante el uso de la magia más potente que es el auto-conocimiento. Ésa es una magia que nunca se termina de aprender porque las personas estamos en constante cambio.

Así arriba como abajo, pero aplicado a nosotros mismos

Cuando estamos en consonancia con ese propósito, cuando hacemos esa magia con nosotros mismos, es cuando la magia hace efecto en el mundo que nos rodea. Nuestra mera voluntad, a la que se accede mediante el auto-conocimiento y la reflexión, es una fuente inagotable para lograr lo que a muchos les gusta denominar imposible. Si empezamos a actuar sobre nuestra propia conciencia es cuando se hace la verdadera magia, no la que logra que X se enamore de nosotros, sino la que hace posible que tengamos el control de nuestra propia vida.

En la práctica esto es difícil. Al estar en constante cambio, la reflexión es prácticamente diaria, aunque no imposible. Los seres humanos tenemos tiempo para pensar de sobra: si nos llevamos la vida haciéndonos pajas mentales (entendidas éstas como “el pensamiento que no conduce a nada”), ¿por qué no analizar tranquilamente nuestras propias motivaciones? ¿Por qué no trabajar, en soledad o junto con otros, para lograr ver lo que normalmente no vemos? ¿Por qué no entrar en contacto con esa parte de nosotros que sabe que no hay nada imposible?

Es cierto que no siempre se podrá o no siempre saldrá, pero os invito a probarlo. Habrá malos días, como en todo, pero habrá buenos días y esos días serán como si todo fuera rodado. Recordad que hacemos nuestro mundo en cualquier caso: lo que queramos obtener, lo obtendremos. Así que cuidado con lo que deseas… ¡puede hacerse realidad!

Encontramos piso en la ciudad, bien situado y con todas las características que mi marido quería. Y a buen precio. Desde entonces insto a todo el mundo en creer que los imposibles no existen, y desde entonces una de las frases más usadas en mi casa es “Nunca retes a una bruja”.

 

Caminando el sendero, tropezando y volviéndonos a levantar

Voy a ponerme un poco personal en esta entrada. Si me lo permitís, claro.

Me he llevado bastante tiempo sin escribir en el blog por razones personales, o, mejor dicho, razones espirituales. A veces, cuando caminamos un sendero, nos damos cuenta de que el camino nos está cambiando, de que ha cambiado algo en la forma de ver o de pensar que pensábamos ya inamovible. Pero la vida te da sorpresas… de ahí que en los últimos tiempos haya escrito tan poco o tan esporádicamente.

Veréis, hace tiempo yo era bastante tajante hacia lo que era Wicca y lo que no era Wicca. Creo que esto es algo que le ha pasado a más o menos toda la gente que conozco y mi turno era cuestión de que llegara, más tarde o más temprano. He llegado a la conclusión de que nadie tiene razón para decir si lo que hacen los demás o no es Wicca. Se pueden dar consejos para que las cosas sean más fáciles para alguien, o dar tu punto de vista, pero no creo que haya necesidad de definir ni de ser categórico.

Si me preguntaran ahora mismo qué es la Wicca para mí, más bien yo contestaría qué es la Wicca que yo practico, que es la de la Tradición Correlliana. Y tampoco estaría hablando completamente sobre Correllianismo sino de la visión que yo tengo de él. Recuerdo que hace tiempo hice un vídeo en Youtube explicando la visión correlliana de la Divinidad. Pues bien, estaba equivocada. Resultó que en primer grado nos explicaban una parte del misterio, pero resulta que cuando llegas a tercero (lo que yo estaba estudiando cuando empezaba a escribir este blog) te dicen eso de “y ahora que lo sabes todo, te contamos el resto de la historia que creías que conocías pero no conocías”. Y te llevas una sorpresa, incluso con lo que pensabas que ya sabías. Ahí es cuando te das cuenta de que siempre se tiene una percepción personal, aunque nos parezca que estamos siendo completamente objetivos.

Temas en los que he cambiado de parecer, por ejemplo, la reencarnación: hay gente que siente que esto es un rasgo definitorio de la Wicca, y sin embargo así de cabeza puedo recordar no menos de 4 tipos de reencarnación diferentes. ¿Cuál se considera que es la estrictamente wiccana? Difícil de decir. La Divinidad, como comentaba más arriba, es otro ejemplo: ¿Podría haber monoteísmo wiccano? En teoría no hay de eso, pero yo conozco wiccanos que se centran en el culto al “Espíritu del Universo y la Naturaleza” (que contiene Dios y Diosa a la vez), o en la “Diosa Primigenia de la que procede todo”. ¿Quién les dice a ésos que no son wiccanos? Los Arquetipos clásicos wiccanos de los que tanto hablamos, ¿son realmente arquetipos? Porque yo me siento a pensar sobre Divinidades como Kernunnos, Brigit, Hécate, Afrodita, Inanna… y no encuentro que ninguno de ellos sea puramente “clasificable” en un arquetipo, como ya hablé un día al respecto de mi trabajo con Brigit. Otro tema peliagudo es el eclecticismo. Pienso que sigue siendo difícil ser ecléctico sin perder una esencia, pero ahora pienso que mientras la persona sepa qué está haciendo y sepa mantener su “sabor” personal, el eclecticismo puede ser tremendamente enriquecedor incluso en una práctica tradicional. Ahora bien, creo que en los rituales de X tradición hay que mantener las formas del ritual: por ejemplo, en una Lustración correlliana no diría “Paz en el Norte” al modo del Neodruidismo. Eso ya creo que es una forma de respeto a las tradiciones. Pero en la casa de uno, que cada uno haga lo que quiera. Y por último pero no menos importante: somos humanos, no somos únicamente amor. Estamos hechos de muchas otras cosas, son esas cosas las que nos dan color, las que pintan de color nuestra vida, y son esos colores, en conjunto, los que nos permiten ver todo el espectro y su verdadera belleza.

Con todo esto quiero decir que seguiré trabajando por y para la comunidad pagana, pero que ahora más que nunca reconozco mi propia naturaleza humana: que puedo cambiar y cambiaré de parecer, que puedo encontrar otras cosas que a mí me sirvan más que otras. No quiero que en ningún momento se diga “anda, Harwe se ha vuelto ecléctica”, porque sigo siendo correlliana como lo llevo siendo desde hace años. Tan sólo aprovecho la posibilidad que me da mi tradición para pensar con una visión más amplia. Tampoco pienso borrar todo lo que dije ni todos los posts que escribí, porque es de lo que vengo y estoy orgullosa de haber caminado mi caminito con mis propios pies, de haber tropezado mil y haberme vuelto a levantar mil y una veces. Espiritualmente, ahora mismo me siento como si fuera calzando unos estupendos Manolo Blahnik mientras ando por un estupendo suelo de mármol, pero durante mucho tiempo hubiera llevado unos zapatos hechos polvo por un camino pedregoso. Guardaré esos zapatos en mi armario, es decir, esos posts en el archivo de 13 lunas, para recordarme a mí misma de dónde vengo. No sé si me seguiré sintiendo así durante mucho, pero eso es parte de lo divertido de la vida.

Por algo llaman camino a esto: hay que caminar hasta ver adónde llegas. De momento yo he llegado a esto y supongo que es lo que quería. Así que podríamos decir que yo misma lo pedí. Ya se sabe: “cuidado con lo que deseas, puede hacerse realidad”. ;)

 

 

¡Unos zapatos Manolo Blahnik!

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