espiritismo

Mi experiencia con la ouija

notaouijaAVISO: Este artículo contiene experiencias personales, expresadas con fines informativos y de interés. Algunas son de novato total porque tenía quince años. A pesar de contarlas con cierta ligereza, me tomo esto muy en serio. Por favor, no reproduzcáis estos métodos en casa.

He comentado en algunas ocasiones que una de mis primeras experiencias mediúmnicas fue en una sesión de ouija, pero nunca termino de contar qué pasó en esas sesiones, cómo las hacíamos ni qué buscábamos, si es que buscábamos algo. Así que me he animado a hablar de este tipo de experiencias porque creo que hay muchos chavales ahí fuera que hacen estas cosas como un juego de adolescentes y quizá saber de primera mano qué le pasó a otra persona pueda ser de interés.

En sí, la ouija es una plancha o tablero con una plaquita que se desliza por encima, aunque también puede ser una moneda o un vaso. Encima del objeto que estemos deslizando sobre la plancha de madera se colocan los dedos de los participantes en la sesión. Este tipo de herramientas se utilizan para contactar con seres que no podemos ver, y usualmente necesitan una persona que haga de “antena” (normalmente denominado el médium) y otras personas que hagan de batería energética, necesaria para que exista el movimiento. Por regla general, las personas que hacen de médium, cuando entran en estas sesiones, no saben que tienen dotes para ello o hasta qué punto pueden hacer de receptores.

Como decía arriba, mi experiencia con la ouija, aunque extensa, fue bastante amateur, pues las participantes en nuestras sesiones de espiritismo éramos colegialas aburridas, muy aficionadas a que yo echara el tarot en los recreos. Para empezar, con quince años no tienes dinero para comprarte un tablero de ouija en condiciones, y tu padre/madre tiene tanto miedo al cachivache en cuestión que no va a consentir comprártela. ¿Qué hicimos nosotras? Improvisar con lo típico: una moneda de quinientas pesetas (probablemente la paga semanal de alguien) y un folio donde poníamos las letras y los números, sí y no, quizás, hola y adiós. Cutre a más no poder.

En estas sesiones se manifestaron entidades muy diferentes, porque lo que te puede pasar en estos casos en los que vas a lo loco es que vengan tanto entidades muy elevadas como muy densas, y sus puntos intermedios. La ouija actuó para nosotras como una puerta por la que invitábamos a entrar a desconocidos que nos rondaban, como si tú invitas a entrar a tu casa al señor que pasa por debajo de tu balcón. A veces, había “guías” o “espíritus protectores” que tomaban la sesión para no dejarnos hablar con otras entidades.

Con el tiempo, en particular yo empecé a escuchar en mi cabeza el final de las frases que decían aquellos espíritus. No eran voces de hombres o mujeres, era como si me dictaran en un idioma dado, yo escuchara y luego tradujera al español. Eso me llevó muchas críticas en algunas sesiones, porque parecía que era yo quien movía la moneda, y por eso decidí hacer el experimento de estar físicamente en contacto con mis amigas para no romper la energía, pero no tocar la moneda en absoluto. Si cortaba el contacto con la moneda pero seguía tocando a alguna de mis amigas, la moneda seguía moviéndose y yo seguía escuchando, podía saber perfectamente qué iban a decir sin necesidad de estar en contacto con la improvisada ouija.

Como parecía un juego y claro, había quien no se lo creía, en una ocasión una amiga salió del círculo y cortó el contacto con el resto de las chicas para hacer una pregunta de la que ninguna de las demás conocía la respuesta. La entidad que se comunicaba por la ouija contestó con una precisión apabullante y ese día nos dimos cuenta de que no era simplemente un juego: esos “espíritus” conocían nuestras vidas, nos conocían a nosotras, estaban allí. Algunos se marcaron el vacile de decirnos parte de nuestro futuro que les era conocido (y acertaron), lo típico: cuándo perderé la virginidad, cómo se llamará mi siguiente novio, etc. Nos empezamos a plantear sus motivaciones, deseos y anhelos. Alguno dijo estar enamorado de mí y, como era la médium del grupo, me asusté muchísimo porque el resto estaba muy enganchado, mientras que yo me sentía como una antena que era necesaria para ver la televisión.

Finalmente, y tras un par de años haciendo sesiones, lo dejamos. Una de las chicas dijo que teníamos que dejarlo y yo le di la razón: ella supo ver que había dos en concreto que estaban enganchadísimas. Ésa es la otra parte de estas prácticas, pues enganchan. No es una cosa de un día ni de dos, sino que te acostumbras a que haya espíritus que te doren la píldora a cambio de vete tú a saber qué. En retrospectiva, me doy cuenta de que ese tipo de espíritus hablaban en un lenguaje más mundano, más relacionado con los deseos que podría tener una quinceañera: ser aceptada, ser amada, encontrar su sitio en el mundo. Pero también tuvimos espíritus muy elevados que nos dijeron cosas como “éste no es vuestro lugar, sois sólo niñas y lo que hacéis va más allá de lo que podéis imaginar”. Lo interpretamos como una grosería, pero a día de hoy me doy cuenta de que fue un buen consejo: no debíamos hacer lo que estábamos haciendo de la manera en la que lo estábamos haciendo. Hubo sesiones en las que pasamos verdadero miedo al ver que había materializaciones de aquello con lo que supuestamente estábamos hablando.

El grupo de amigas se disolvió al poco de dejar de hacer sesiones porque se acabó el colegio, empezamos la Universidad y, paulatinamente, dejamos de vernos. No creo que fuera casual, sino que de alguna manera lo relaciono con la energía que movimos. Hasta donde sé, soy la única que sigue practicando psiquismo, si bien de otra manera. Hasta donde sé, soy la única que habla de lo que sucedió, como si las demás hubieran echado un velo sobre sus recuerdos. Aquel “juego” que no era tan juego despertó muchas cosas en mí, que en cierto modo ya estaban pero necesitaba desarrollar. Pero si pudiera volver atrás, no lo haría si hubiera sabido que dejamos entrar muchas cosas a nuestras mentes y nuestros corazones.

¿Cómo es que, después de semejante relato, a día de hoy camino entre mundos y sigo siendo bruja? Supongo que porque era uno de mis aprendizajes para esta vida. Supongo que vencí mis miedos. Supongo que, después de todo, mis guías supieron estar ahí para mí. O más bien supongo que, después de todo eso, quise aprender a defenderme, ejerciendo el psiquismo y la magia de una manera mucho más responsable. El problema en sí no es la ouija, que es una herramienta como otra cualquiera, es la forma en la que se la utiliza dentro de la sociedad y en especial por los adolescentes.

Del trato con entidades cuando se viaja entre mundos

the_moon_card_by_pathworkingLlevo varias entradas hablando sobre el tema oráculos, canalizaciones y demás. Hay muchas preguntas sobre las entidades negativas con las que podemos conectar cuando estamos en trance o canalizando, y también viajando entre mundos. Ante todo, creo necesario decir que es normal que las haya. No todo el monte es orégano, no todo el astral es jauja, alegría y diversión. También podemos tener nuestros más y nuestros menos con otras entidades, aunque no sean específicamente negativas.

A veces se malinterpreta el hecho de que yo me tome con tanta tranquilidad lo de canalizar y demás, porque hay gente que piensa que le doy poca importancia. En realidad, lo que quiero es no asustar a nadie. No quiero que llegue un novato, o alguien con curiosidad, y que vea el tema de los espíritus como si fuera algo incomprensible o fuera de su alcance, porque no lo está. Pero claro, hay que tomar precauciones igual que se toman en muchos otros aspectos de la vida. Por ejemplo, no voy por el peor barrio de mi ciudad a las tres de la mañana llevando un maletín con pinta de llevar mucho dinero. Hacerlo sería una insensatez. Tampoco voy buscándole boca a la gente por la calle, porque me puedo llevar una torta, por muy buena gente que sea la persona con quien me cruzo.

En este artículo me voy a centrar en caminar entre mundos y encontrarse entidades en esos mundos, aunque mucho de lo que aquí digo es extensible a los oráculos o a invocar entidades.

La primera precaución la he apuntado en otros artículos y es la higiene mental. Sin seguir métodos de programación mental, llegar a eso tampoco es necesario, aunque si se quiere hacer, no veo por qué no. Siendo conscientes de lo que pensamos y sus porqués (así como de la irracionalidad de algunos de esos pensamientos). Escribir y luego revisar lo escrito, meses o semanas después, ayuda a empezar en nuestros primeros pasos en esta dirección. También la meditación, por supuesto, ayuda a concentrarnos y centrarnos en una idea, facilitando el trabajo mágico y el trabajo psíquico. Esto va en sintonía con lo que ya he dicho muchas veces, y es que aquello en lo que piensas te condiciona, aparte que la energía se maneja mediante el pensamiento. La disciplina es clave en este tipo de prácticas, porque la consistencia en la práctica es buena, igual que entrenar un día en semana no te hace mejorar en tu capacidad muscular.

El segundo precepto que suelo tener a este respecto es que hay que tener una cierta higiene personal, tanto física como astral. Cualquier tipo de purificación previa es bienvenida. Cualquier tipo de purificación posterior, también. Llevar un artefacto mágico tipo amuleto puede ser beneficioso, porque ayudará a centrar nuestras energías protectoras en nosotros mismos. La higiene del entorno también te ayudará a sentirte más seguro. Hay mucha gente que refiere que un ambiente sucio o desordenado atrae entidades malintencionadas. Tanto si es cierto como si no, limpiar el polvo y barrer nunca va mal, a mí personalmente me gusta tener la habitación donde practico bien limpia, y la casa también, antes de meterme en este tipo de trabajo. Si piensas que un círculo mágico va a protegerte, adelante, hazlo. Yo trabajo de otra manera pero puede que no le funcione a todo el mundo.

En tercer lugar, destacaría que hay que tener respeto. Cuestión de buen gusto y de tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Por otro lado, hay que dar el justo pago o intercambio por la energía, la presencia o los saberes de los espíritus. Las entidades suelen funcionar por trueque y encuentro que éste puede ser muy variado. Desde Reiki hasta una ofrenda, se pueden pedir muchas cosas a cambio de lo que obtenemos. Sobre el Reiki, encuentro que no a todas las entidades les gusta y no sé por qué, aunque en la mayor parte de los casos es bien recibido. No tengas miedo a hablar o a preguntar, no tengas miedo incluso a regatear. Si la entidad dice que no quiere Reiki, ofrécele otra cosa. Y establece que se lo das en el momento. Leí el otro día un artículo en el que se decía que una entidad había querido cobrar la ayuda o la asistencia en “incómodos plazos” después del encuentro entre el practicante y el espíritu. No me ha pasado, pero nunca está de más establecer una expectativa y tener las cosas claras.

Por último, siéntete libre para decir “no”. Recuerdo que en una ocasión quise empezar una devoción con un dios, pero a cambio de su favor me pidió algo que no podía darle. Y le dije que no. El trato no llegó a materializarse. No fui irrespetuosa, simplemente rechacé la oferta al no poder pagar y así se lo dije.

Son cuatro pasos sólo los que yo explico aquí, pero puede que haya personas que usen dos de éstos y otro adicional, o que no usen ninguno, o que crean en otra cosa. Simplemente, haz lo que consideres. Tu práctica psíquico-mágica es tuya, y lo que funciona para ti puede no funcionar para mí.

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