esbats

Ritual y voz

Con las velas dispuestas, las herramientas en su sitio, todo listo, te dispones a trazar el círculo. Es ese mágico momento que has esperado durante tantas semanas. De pronto se siente una gran emoción en el interior: te vas a dirigir al Universo, y te sientes como una pequeña mota de polvo en mitad de un cosmos tan vasto que resulta impensable. Y aun así, sabiéndote pequeño, alzas la voz, le hablas al Universo, y de esta manera te descubres a ti mismo…

De todas las herramientas mágicas, la voz podría ser la que más raramente se mencione en los libros de Wicca. Se lleva en la garganta, se usa a diario para tareas espirituales y mundanas, y no obstante se pasa de puntillas en su descripción como herramienta por parte de practicantes y autores. Aun así, el uso de la voz puede hacer entrar en trance a un oráculo, puede causar euforia o paz en los asistentes a un ritual, puede actuar como llave para el cambio de conciencia, sirve para guiar meditaciones, y sobre todo y ante todo, la utilizamos para invocar.

La voz mágica

Quizá pueda costar pensar que algo tan habitual para nosotros como nuestra propia voz sea mágico, porque estamos hechos a ella. Es cuestión de encontrar esa voz especial que llevamos dentro. Hay quien se sorprende cuando oye a una persona invocar y luego la escucha hablar, o al revés, y es porque esa persona ha utilizado su “voz mágica” durante la invocación, esa voz que podría considerarse no la nuestra, sino la de algo superior a nosotros: lo que comúnmente se conoce como el Yo Superior.

Todo el mundo puede contactar con su Yo Superior, y todo el mundo puede encontrar su voz mágica. Es cuestión de tiempo y entrenamiento. En teoría, el Yo Superior es una parte de nosotros mismos de la que no somos conscientes habitualmente, lo que algunos conocen como “ángel de la guarda”, pero que es accesible mediante técnicas como la meditación o la práctica espiritual. La voz mágica funciona de una forma similar, y se consigue acceder a ella mediante la vibración de palabras sagradas, lo que en la doctrina hindú se denominan mantram (singular mantra), combinadas normalmente con ejercicios de meditación y visualización. Uno de los mantram más conocidos en el Hinduísmo y mundialmente es “Ohm”, pero hay infinidad de ellos. Incluso hay personas que vibran nombres de Dioses, conceptos abstractos, denominaciones de energías vitales, etc.

Aunque la voz se genera en nuestras cuerdas vocales, podemos hacerla “resonar” en diferentes partes de nuestro cuerpo: desde la cabeza hasta el pecho, incluyendo la nariz, la propia garganta, la boca… es cuestión de experimentar. También tiene un efecto muy positivo sobre los diferentes chakras superiores, desde el chakra corona, hasta tan bajo como el plexo solar, por lo cual la vibración de palabras sagradas puede hacer de la visualización creativa una experiencia audio-visual muy relajante, ya no sólo por la vibración sino por el control que exige de nuestra propia respiración, haciéndola más pausada y rítmica.

De tal manera que, cuando usamos técnicas de vibración de palabras sagradas junto con ejercicios espirituales como la meditación o la visualización, estamos haciendo dos ejercicios en uno: ejercitar la voz mágica mientras entramos en conexión con nosotros mismos y, por ende, con nuestro Yo Superior.

Voz aplicada al ritual e invocaciones

Una vez metidos en materia, podríamos decir que se puede utilizar la voz principalmente de dos maneras, y que su uso depende en gran medida de cómo prefiramos o de cómo nos enseñen. También existen puntos intermedios con respecto a estas dos posturas.

– Uso de la voz por repetición de la fórmula de invocación: Se repite la invocación u oración varias veces para causar un efecto “mantra” en la persona o personas que están en el ritual, provocando un cambio de conciencia. Podríamos decir que es la más utilizada y la más sencilla, siendo ideal si se acompaña de movimiento, y no necesitando demasiado entrenamiento en “voz mágica”. Como punto débil, resulta monótona y si la velocidad de elocución no es pausada puede crear una cierta sensación de confusión en quienes la escuchen al “viciarse” la oración, sobre todo si la persona que la recita la ha repetido habitualmente.

– Uso de la voz por vibración: Se repite la fórmula una única vez, pero con la suficiente vibración como para que la conciencia mágica de los asistentes se active rápidamente. Es prácticamente una desconocida, pero puede considerarse la forma más teatral y emocional de invocar. Requiere entrenamiento por parte de quien invoca. Su punto débil es la necesidad de control absoluto sobre la voz, siendo ideal si se realiza quieto, y la gran concentración que hace falta para realizarla bien. Esta técnica es compleja porque requiere no ya que vibre la voz, sino prácticamente todo el cuerpo.

Se pueden encontrar, como se apunta más arriba, puntos intermedios, pero casi todo el mundo opta por una u otra forma, incluso variando de ocasión en ocasión según la preferencia.

Reticencias a su uso: el silencio como opción

La mayoría de las reticencias a la hora de usar la voz normalmente están asociadas a algo muy común: el sentido del ridículo. Se nos enseña a no sobresalir, y cuando estamos dispuestos a hacer un ritual no usamos la voz porque hay que dirigirse ya no a nosotros, sino a todo el Universo. A muchas personas les entra miedo escénico en este momento, y hay quien siempre prefiere hacer las invocaciones en silencio. Es cuestión de preferencia, y en la práctica solitaria no debería ocurrir nada si se mantiene la concentración necesaria.

Sin embargo, muchas veces el practicante puede encontrarse en una situación en la que el uso de la voz se le haga casi obligatorio. Esos momentos son, por ejemplo, el liderazgo de un ritual o simplemente la participación en uno. Puede que si no se habla durante un ritual, si no se invoca con palabras, nadie sepa qué tiene que hacer. También hay que notar que en ocasiones ni siquiera se levanta energía si no se invoca de viva voz, porque los asistentes no están tan conmovidos como para dejarse llevar por ese sonido, familiar y evocador a la vez, que debería ser una oración.

Advertir de estas eventualidades es necesario para encontrar posibles incidencias que puedan acontecer en un ritual al optar por no invocar con palabras. En estos casos, si no queda más remedio que invocar usando palabras y el sonido de nuestra voz, tendremos que apelar a nuestra propia fuerza de voluntad para sobreponernos y lograr que el hilo de voz pronto se materialice en un torrente evocador y enérgico. Pero en cualquier caso, tanto el sentido del ridículo como el sentirse demasiado pequeño ante la vastedad del Universo son remediables si se cuenta con un entrenamiento paciente y adecuado.

Conectando con los ciclos

A veces se antoja extraño que en un mundo urbanizado, que persiga el mito del progreso sobre todas las cosas, haya personas que vuelvan a la tierra y a las creencias paganas como modo de entender su relación con el mundo. Pensemos en un momento qué supone para un urbanita medio (ya que la mayoría de la población del mundo vive en ciudades) vivir en un mundo como el nuestro. Nos levantamos por la mañana, tomamos un desayuno rápido (si tenemos la suerte de desayunar con tiempo), nos envolvemos en una ropa que, especialmente con el frío del invierno, poco nos deja ver de nuestro entorno, y nos entregamos a la obligación diaria para volver al hogar unas horas más tarde tal como salimos.

Esta interacción con el entorno es nula: nuestro contacto más directo con el ambiente es la sensación de frío o de calor, el ver la luz a determinada hora o el ir vestido de una forma o de otra. Con este ir y venir de obligaciones, de falta de ocio o de ocio obligado, algunas personas se preguntan si no serán sus vidas un sueño en el que todos los días son iguales…

Es aquí donde entra la importancia del ciclo, el tener algo que celebrar, una vida que vivir. Ahí es donde las creencias paganas nos devuelven a la vida: a la sensación de estar haciendo algo más que dejarse llevar por la corriente, a despertar a la vida y a tomar las riendas de nuestra propia existencia.

Nos hemos olvidado también de que nosotros mismos somos seres naturales, nacimos de la naturaleza y no podemos vivir sin ella. Una de las maravillas que más han sorprendido a la humanidad, desde los albores de los tiempos, ha sido la naturaleza y su funcionamiento. Observar sus ciclos no sólo es natural, sino que resulta también esencialmente humano.

Concretamente la Wicca tiene mucho de conexión con el entorno: se tienen unos sabbats y unos esbats que se celebran para conmemorar estas festividades, para ayudarnos a conectarnos con esos ciclos, para hacernos partícipes del ciclo vital. No obstante, hay personas para las que esto puede suponer relativamente poco y que necesiten actividades especiales y complementarias para sentir ese paso del tiempo, para celebrar que seguimos vivos, sin necesidad de tener que desplazarse al campo, y que sean un complemento a la celebración de esos ritos. Como por ejemplo:

moon-2– Buscar una ventana al Este desde casa y observar la salida del sol y la salida de la luna. Si el baño de nuestra casa tiene una ventana al Este y no hay vecinos enfrente, darnos una ducha mientras nos bañamos en los rayos de la luna.

– Dar un paseo bajo la lluvia. Aunque recordemos que será necesario quitarnos la ropa empapada y darnos una ducha al llegar a casa.

– Darnos un baño o limpieza relajantes en luna menguante.

– Realizar limpiezas en profundidad de otoño o primavera como forma de renovar la energía del hogar. Están especialmente indicadas cerca de Mabon y Ostara. Sólo necesitaremos un cubo, una fregona, bolsas para deshacernos de lo roto/no usable, y bolsas donde guardar lo que vayamos a donar a la beneficencia.

– Realizar limpiezas del hogar cada luna menguante.

– Regar las plantas, hablar con ellas y plantar semillas al inicio de la primavera o inicios del otoño.

– Meditar antes de irnos a dormir y/o al despertar. Hacer una pequeña plegaria o un agradecimiento por cada día de nuestra vida.

– Fijarnos en la hora de la caída del sol, anotar semana a semana cuáles son los sutiles cambios que notamos en la cantidad de luz que recibimos.

– Dar un paseo, ser conscientes de lo que nos rodea, de la sensación de ir andando.

– Observar los árboles de la ciudad, preocuparse por su estado. Observar cuándo tienen lugar las podas en el lugar donde vivimos.

– Si eres mujer y estás en edad fértil, observar en qué fase de la luna tienen lugar aproximadamente tus ciclos menstruales.

Y sobre todo, ¡miremos al cielo! Nos ponemos alarmas, widgets y avisos para indicarnos en qué momento del ciclo lunar o solar estamos, y nada de eso hace falta. El cielo, el paso de las estaciones, en definitiva la naturaleza es la mejor alarma de todas. 

 

Fuente: http://www.brigit.es

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