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El Ego (no es lo mismo que ser egoísta)

15-EL-DIABLOHace unos años comenté con alguien lo mucho que me gustaba un tercero como persona, lo mucho que valoraba su trabajo y lo estupendo que me parecía. Ella me contestó “ya, pero tiene muchos ego trips” (algo así como que tenía momentazos en los que alimentaba su ego). La contestación me dejó un poco fría, porque yo no consideraba que esa tercera persona fuera con grandes ínfulas por la vida, simplemente me parecía alguien trabajador y con ganas de hacer cosas, sin demasiadas alharacas. ¿Dónde estaba el Ego en eso? ¿Qué había de ganas de inflar su ego en el hecho de trabajar y hacerlo dándolo todo? A partir de aquello, siempre he pensado en el tema del ego como algo importante, sobre todo porque se tiene mucho en la boca en el ámbito del paganismo y con el uso masivo de las redes.

Mucha gente en mi entorno dice lo que hace, yo incluida, y comparte estampas de su vida, ya sea en fotografía o por escrito, más con las redes sociales. Creo que decir lo que se hace o publicar una foto no siempre es publicitarse como podría llegar a pensar la persona que me soltó lo del ego trip, creo que es intentar conectar con otra gente. Lo que ocurre es que las redes sociales han convertido nuestras vidas en escaparates, ya sea con fines totalmente inocuos como compartir con los amigos y la familia, o realmente usarlas como una herramienta para publicitarse. De ahí que, cuando alguien dice lo que hace surge ese pensamiento de escasez, endémico de nuestra sociedad: el “yo no lo tengo o yo no lo hago pero él sí lo tiene o lo hace, por tanto lo quiero”. Lamentablemente, vivimos en una sociedad que se basa en la creación de necesidades, así que  también es una sociedad bastante dada a las envidias, a necesitar lo que los demás tienen, en lugar de buscar un camino propio: el del placer de hacer lo que a uno le gusta, sin importarle la imagen que se dará ante los demás.

Esto me parece triste, porque he visto a personas estupendas ser tildadas de tener un gran Ego por hacer algo y querer compartir las cosas que han hecho. O de hacer cosas con el único fin de inflar su Ego mediante la aprobación externa. Así pues, cuando alguien me habla del Ego de un tercero, no puedo evitar pensar “¿Ego suyo, o envidia tuya?”.

El Ego como herramienta

Creo que existe un abuso tan grande del término Ego que hemos perdido el concepto que tiene detrás. Ego significaba Yo en latín. Todos tenemos un Yo, es inevitable. Por tanto, varias corrientes de la Psicología han usado el término Ego para ilustrar una parte del individuo (que me perdonen los psicólogos por una definición tan burda). Es importante matizar que no existe, en principio, una demonización del Ego. Lo que ocurre es que se utiliza el prefijo latino ego- en palabras con una connotación bastante negativa, por ejemplo egoísta o egocéntrico, de ahí que lo que unos toman como una parte de nosotros mismos, los otros lo han acercado a la connotación negativa que tienen esas palabras en nuestra cultura. Pero de ahí a que la palabra Ego en sí sea negativa hay un gran trecho.

Siempre digo del Ego, del Yo, que creo que es como un martillo: lo usas cuando necesitas clavar un clavo, pero no vas dando martillazos en la cabeza a los demás. Soy de la opinión de que una reafirmación del Ego sirve para cosas como reafirmarse uno mismo, seguir adelante en momentos difíciles, no achantarse ante los problemas, etc. Veo un paralelismo entre ese concepto del Yo y lo que se ha denominado muchas veces Amor Propio o voluntad para hacer frente a los problemas u obstáculos. Sin embargo, como todo, la auto-afirmación también puede llevarnos a ser esclavos de nuestro propio Yo. Ésa sería, desde mi punto de vista, la parte negativa de realzar nuestro Ego.

No he escuchado que el Ego sea un problema a ser suprimido en las religiones paganas, aunque se le mencione mucho en términos coloquiales ajenos a las creencias que seguimos. En las religiones orientales, en cambio, sí es objeto de discusión, y creo que por ahí viene la confusión de muchos paganos con el tema del Ego. Creo que el concepto oriental y el concepto occidental del término son completamente diferentes, y a veces usamos los términos orientales sin saber muy bien a qué se refieren esas creencias que nos son ajenas, copiamos las meditaciones para controlar o suprimir el Ego sin saber muy bien cuál es el objetivo en las creencias y prácticas en las que éstas surgen, y acabamos haciendo un mejunje que me parece muy raro y que, sobre todo, no casa con la ideología de la cultura en la que nos han educado a la mayoría.

Como no pertenezco a ninguna cultura oriental, no hablaré aquí del concepto oriental del Ego. Hacerlo sería un ejercicio de osada ignorancia, y seguro que hay personas más versadas en el concepto del Ego de las culturas orientales ahí fuera. Sin embargo, puedo hablar más o menos de la simbología del Ego en la simbología occidental, principalmente en el Tarot que es el campo que conozco.

El Diablo en el Tarot como Ego

Los paganos no creemos en el Diablo, y sin embargo el Diablo está presente en la mayor parte de mazos de Tarot. A mi entender, el Diablo del Tarot es ese Ego desbocado. Es algo de ti mismo que te esclaviza, que no te deja ser tú mismo. No es hacer cosas para sentirte bien, porque tienes todo el derecho a ello (un pensamiento que, por cierto, algunos considerarían egoísta en nuestra sociedad), es que sin determinadas cosas no tengas forma alguna de sentirte bien o completo en ti mismo.

El Diablo habla de adicciones y de auto-indulgencias. Pensemos en cualquier medicamento para calmar un dolor muscular. Sirve mientras tienes el problema, pero si continúas con el tratamiento después, te puede generar una adicción, una esclavitud. Por tanto, te conviertes en esclavo de ese medicamento. Me parece que el Ego es parecido en ese sentido. Sirve cuando necesitas dar un figurado golpe en la mesa, no diluirte en las opiniones de los demás, buscar tu propio camino, y un larguísimo etcétera, pero a veces, cuando se saca demasiado a pasear, se puede llegar a usar fuera de contexto y acabar siendo más un grillete que a uno le fastidie sus relaciones personales que una herramienta necesaria para ciertas ocasiones.

Una persona puede ser un estupendo músico y amar lo que hace. Pero si toca por el placer del aplauso y no puede vivir sin él, si deja de importarle su amor por la música y sólo lo hace por el reconocimiento, será feliz mientras tenga esa fama y ese reconocimiento. En cuanto la fama (que es una mala amante, porque es muy volátil), algo externo, se vaya, dejará de ser feliz. En cambio, si su felicidad se basa en hacer lo que le gusta, en encontrar en sí mismo esa felicidad de tocar su instrumento o expresarse mediante la música, poco le importará ser más o menos famoso mientras su arte y hacer lo que le gusta le permita ganarse la vida. Un saludo desde aquí a todos los músicos que luchan por llegar a fin de mes, que son muchos y trabajan muy duro.

Lo que me parece más interesante del Diablo, al igual que lo interesante del sobre-uso de la exposición del Ego (o de uno mismo), es que el grillete es ilusorio. Las personas que están atadas a ese Diablo del mazo de tarot tienen el espacio suficiente en sus cadenas y grilletes como para poder quitarse el vicio cuando ellos quieran, sólo que no se dan cuenta. Basta con actuar desde el corazón, creo yo, desde el principio egoísta (¡sí, egoísta! Voy a reivindicar el término egoísta como algo positivo) de que se hacen las cosas para que nos sintamos bien con nosotros mismos y de las que no seamos esclavos, sino que nos permitan ser libres y felices, sin buscar el reconocimiento por nuestras acciones y trabajos, sino por el placer de hacer lo que nos haga felices. Obviamente, esto requiere un gran equilibrio en los tiempos que corren pero, como siempre, creo que merece la pena intentarlo.

A la persona que me hizo el comentario hace años sobre aquella tercera persona, y de la que hablaba al principio, si la tuviera delante ahora le diría que basta con que alguien actúe desde el corazón, y no por lograr el reconocimiento ajeno, para que no se considere que está teniendo un ego trip, sino un camino de auto-conocimiento a través de las cosas que le hacen verdaderamente feliz. Creo que ése es el quid de la cuestión, pero claro, como siempre, ésta es mi opinión.

PD: Considero que los caminos espirituales son egoístas por definición, en tanto que los recorremos por y para nosotros. Por tanto, el egoísmo no siempre es negativo. Esa connotación es judeocristiana. A la próxima diva-sacerdotisa (o divo-sacerdote) que me diga que por buscar mi felicidad y no “servir” a todo el que me cruce por delante soy una mala pagana, la voy a mandar al guano.

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