Dios

La Danza Masculina: Rey Acebo y Rey Roble

rey-aceboRecuerdo un Yule que ya se me hace muy lejano, en el que una antigua amiga, de ésas con las que pierdes el contacto con los años, me llevó a un paraje en mitad de Sierra Elvira a celebrar un Yule muy evocador, pues el sitio estaba colmado de setas. Había llovido hacía poco y el olor era mágico (podría perfectamente ser por las setas), así como la atmósfera era densa y, por qué no decirlo, parecía tener un glamour de hada a su alrededor.

En aquel ritual de Yule hicimos un rito correlliano que está basado en uno de los mitos del Rey Roble y el Rey Acebo, y que me encanta realizar dos veces al año como una pequeña obra de teatro dentro del ritual. Así, en Yule, el Dios Acebo y el Dios Roble luchan, siendo vencido el Rey Acebo a pesar de continuar reinando durante el resto de la mitad oscura del año (en la que no hay cosechas). En Litha es al revés: el Rey Roble, que acaba de ser coronado Rey precisamente, es vencido por el Rey Acebo y, aunque continúa su reinado hasta que muere en Samhain, su hegemonía no será muy duradera.

Es esta la danza que hacen los dos aspectos principales del Dios, que hace que éste manifieste su temporalidad y su ciclo de muerte. El Dios, al contrario que la Diosa, hace constantemente referencia a su carácter efímero, mortal y, por tanto, renovador. Él es el Sol que se hace más o menos presente en nuestras cosechas y en los ciclos. Gracias a ese ciclo de muerte y renovación, hace posible no sólo que exista cosecha (entendida ésta como el sacrificio supremo: agotar tu propia vida para dar de comer a tus hijos – los animales – lo cual es el acto de amor más profundo que existe), sino que dota de un sentido a las siguientes etapas que vendrán: el renacimiento, el acto sexual, la madurez o plenitud y, cómo no, la muerte misma.

La danza de los Dioses puede entenderse de muchas formas y una de ellas es la del aprendizaje. Lo que hace que el Dios Acebo sea vencido por el Rey Roble, a pesar de que ambos son contendientes magníficos, sólo se explica porque el Rey Acebo venció a su adversario con anterioridad. Se van sucediendo en sus victorias al ir aprendiendo de sus derrotas. Dicho de otro modo: aunque el ciclo siempre parezca el mismo, en realidad hay pequeñas cosas que van cambiando, puesto que ellos van afinando en su técnica de combate, lo cual hace posible su victoria posterior. Esto nos hace recordar que para ganar, debemos aceptar que existe la posibilidad de una derrota y que esa derrota hará que aprendamos, lo cual, a su vez, nos llevará a la victoria.

Hay también otra lectura, y es que nadie reina para siempre. La fama y la gloria son cualidades efímeras, pues no importa cuán famoso o rico seas: la muerte siempre te acechará y, finalmente, acabarás por sucumbir a ella. Éste es el destino de los mortales.

La gente se pregunta a veces cómo es posible que existan dos Reyes, si es que hay dos Dioses o si la Wicca considera que la figura del Dios es doble. Personalmente, diría que la respuesta a esto es sí y no a la vez. Podría decirse que Rey Roble y Rey Acebo son dos aspectos del mismo Dios, como dos hombres que batallan a la vez por una sola identidad. La conclusión de este tipo de misterios masculinos es que la lucha siempre se halla en el interior de la persona, como dos fuerzas opuestas que batallan hacia un lado o hacia el otro, pero que no están necesariamente alineadas con el concepto de Bien y Mal, sino más bien con los conceptos de Luz y Oscuridad, hacia Dentro y hacia Fuera. El Dios batalla por su propia paz mental, podríamos decir, igual que muchos batallamos por ella cuando necesitamos tomar una decisión. Intentar dilucidar si continuar con el status quo o romperlo de una vez por todas, iniciando un nuevo ciclo.

¿Cómo es posible, entonces, que el Dios muera en Samhain, cuando se realiza la última cosecha? ¿No se encuentra, pues, el Dios en el Inframundo en ese momento?

Debemos entender que la realidad de la Wicca no es única. Todos estos mitos modernos los hemos creado para entender qué sucede, pero no explican la realidad de manera inequívoca. No perdamos el norte: trabajamos con alegorías, y tanto este mito del Rey Roble y el Rey Acebo es una alegoría, como la de que el Dios muere en Samhain y renace en Yule. Es más, ambos escenarios pueden darse perfectamente a la vez, sobre todo si tomamos la batalla interna como un aspecto de la dialéctica personal que se da en todas las personas cuando requieren un cambio de vida o de paradigma.

Recordemos siempre que la Wicca es una creencia orgánica, que admite variantes y que admite múltiples realidades en los mitos contemporáneos. De hecho, utilizamos estas historias como sustitutos de una mitología acorde a nuestra creencia. Así pues, si podemos sumar historias, en lugar de crear dogmas, creo que podemos tener una riqueza mucho mayor que si nos dedicamos a intentar crear una historia religiosa coherente. Sé muy bien que es difícil no caer en la tentación de contar todas estas historias como si realmente fueran Historia, porque el paradigma judeocristiano y la creencia en que es necesario tener un “Evangelio” es muy fuerte, pero me parece mucho más interesante y flexible tener múltiples formas de llegar a lo mismo, porque al final eso genera mucha más diversidad.

Y entonces, ¿cómo trabajarías con arquetipos?

El otro día escribí una entrada sobre las dificultades de trabajar con arquetipos de la manera en la que lo estamos haciendo actualmente en la Wicca. La podéis leer aquí. Intenté que fuera una llamada a la cautela por el encasillamiento que veo que se realiza a dioses que son de otras culturas y tiempos, que tiene muy buena fe, pero que creo que puede llevar a los principiantes a una concepción sesgada y reduccionista de lo que significa tener un aspecto politeísta.

Tras mi entrada, me abrieron un privado vía facebook preguntándome cómo es que yo considero que los arquetipos son erróneos. No considero que sean erróneos, contesté, sólo creo que hay que tener cuidado con los encasillamientos, intentar no usar los arquetipos como estereotipos. Luego me preguntaron si yo considero que el uso de arquetipos está justificado en una religión como la nuestra y contesté que, sin dudarlo, sí.

Esto a priori puede parecer contradictorio. ¿Cómo es que, por un lado, digo que los arquetipos se deben usar con cautela y, por otro, que son válidos? Pues porque creo que ambas concepciones no tienen nada que ver.

Por un lado, tenemos la costumbre de encasillar a dioses en arquetipos. Esto es con lo que digo que hay que tener cuidado porque no es perfecto y puede llevar a confusiones, especialmente cuando las personas encargadas de diseminar la información lo hacemos en un medio muy inmediato como internet.

Por otro lado, está el hecho de que los arquetipos sean los que son, y ahora veréis por qué pienso que éste es un concepto muy diferente del que expongo en mi anterior entrada. Los arquetipos no existían en la cultura antigua en la manera en la que los vemos hoy en día. Nuestra concepción del arquetipo se la debemos a muchos pensadores, sobre todo de la Edad Contemporánea. Entre ellos, Jung y, el que más influyó en la Wicca, Graves. Muchos coetáneos usan los arquetipos para sanar y para que nos sintamos en sintonía con determinadas energías, pongo el ejemplo de Jean Shinoda Bolen a este respecto. Que no existieran en las culturas antiguas (razón por la cual la mayor parte de mis amigos reconstruccionistas me diga que no creen en arquetipos, cosa totalmente válida por el contexto de su creencia) no significa que no existan hoy en día, en nuestra cultura wiccana de hoy. Para ilustrar por qué este modelo no existía antaño pero existe ahora, usaré una frase de ficción:

“Claro que está pasando dentro de tu cabeza Harry, pero ¿por qué iba a significar eso que no es real?”

 

– Albus Dumbledore a Harry Potter, en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

Dentro de nuestra cabeza wiccana, debido al tirón del modelo de Graves (Doncella, Madre y Anciana), ahora mismo existen arquetipos. Son una realidad. Vale que no existieran en las culturas antiguas, vale que no se puedan meter a las divinidades en esos “sacos” artificiales que hemos creado, pero eso no significa que esas energías no sean reales. Son reales en tanto que creemos en ellas.

Por tanto, existen las energías de la Doncella, la Madre y la Anciana, y se pueden usar en rituales, aunque no significa que sea exactamente correcto desde el punto de vista histórico y mitológico decir que Hécate es Anciana, Brigit es Doncella y Parvati es diosa Madre. Que esté en nuestra cabeza, en nuestra forma de ver la Wicca hoy en día, no significa que deje de ser real. Lo que hay que intentar es no perder de vista que es difícil hacer una clasificación sin que se pierdan muchas de las atribuciones básicas de las Divinidades. En el momento en el que metemos algo en una caja con unas características dadas, perdemos la posibilidad de que estuviera en el resto de las cajas, parecido a lo que se suele denominar en Economía coste de oportunidad.

¿Cómo trabajaría yo con los arquetipos?, me preguntaron. Como divinidades aparte, no como cajas. Es lo único que se me ocurre para darle un uso no demasiado invasivo y no demasiado tendente a la cosificación y el reduccionismo de lo Divino.

Dioses y arquetipos

Supongamos que tienes una persona y unas cajas. Marcas cada caja con una etiqueta: “Metrosexual”, “Hipster”, “Friki”, “Padre de familia clásico”, etc. Te sientas a hablar con la persona un ratito, porque no le conoces de nada y, tras un breve encuentro verbal, metes a la persona en la caja que tú crees que le corresponde. Resulta que ese individuo no es de tu cultura, sino que se trata de un varón hindú, así que le has metido en “Padre de familia clásico”, cuando resulta que tiene el colmo de conocimientos en belleza masculina de la India y se empeña en ir siempre arregladísimo según su cultura. Pero como ya lo has encasillado, ahora no quieres sacarlo de la caja. ¿Te parece justo? Apuesto a que no.

Pues esto que no nos parece justo, lo hacemos todos los días y a la gente le da mucha rabia que lo hagamos, porque no nos permitimos conocer bien a las personas. Y también lo hacemos con nuestros dioses. He llegado a esa conclusión después de leer mucho estos días sobre arquetipos.

A los seres humanos nos encanta encasillar y clasificar. Nos permite obtener una sensación de seguridad, de que sabemos a quién tenemos por delante por cómo viste o por cómo habla. Si nos paráramos a hablar y a intentar conocer a todo el mundo, sencillamente, no podríamos. Es demasiado difícil establecer relaciones profundas con todas y cada una de las personas que se nos cruzan por el camino, como para llegar a considerarlas personas individuales con características propias y que no encajan exactamente en ninguna de esas cajas que hemos preparado. O que la sociedad ha preparado para que encasillemos a la gente, porque los arquetipos y estereotipos son sociales y van cambiando conforme la sociedad cambia.

Sin embargo, encuentro arriesgado abusar de esto con los dioses, y ya hablé brevemente sobre ello en el artículo sobre las tres caras de la Diosa que escribí allá por 2012. Quienes me conocéis ya sabéis lo que pienso de la diferenciación entre Doncella, Madre y Anciana: creo que ni son las fases de la Luna (que, por cierto, las fases de la Luna tradicionales son cuatro, no tres), ni se corresponden perfectamente como “cajas” o “casillas” en las que meter a las Divinidades. Hathor, a quien he visto como Diosa doncella en multitud de textos wiccanos que rondan por la red, no es una doncella en tanto que está casada con Horus y tiene hijos con él, y lo mismo pasa con Afrodita (que de doncella tiene lo que yo de hermanita de la caridad, porque está casada y tiene hijos).

Por eso digo que es arriesgado abusar de los arquetipos. Son una herramienta útil, pero las clasificaciones que hemos realizado en los últimos años en el ámbito de la Wicca me parecen algo reduccionistas, hasta tal punto, que por hacer las cosas fáciles a la gente nos llevan a dejar a los principiantes en una falsa idea de conocimiento de esos dioses a los que hemos encasillado. Otro ejemplo de esta arquetipización es la clasificación correlliana del dios en cuatro arquetipos, de forma que entre los de la diosa y los del dios sean siete, como siete planos de la existencia, siete puertas por las que pasa Inanna hacia el Inframundo y siete Sephiroth tiene el árbol de la vida justo debajo de Daath. Estos encasillamientos se hacen con toda la buena fe del mundo y para que la gente aprenda fácilmente cómo son determinados dioses, pero es responsabilidad de las personas que nos dedicamos a escribir, en mi opinión, comentar que se hace como una introducción, que se hace desde una cultura ajena a la de los dioses que se clasifican, y que en ningún caso sustituye al conocimiento profundo y lectura comprensiva de los mitos en los que aparece esa divinidad.

Y quizá diréis, ¿por qué? ¿No se sobreentiende? Pues no. Si se trata a la gente como si no fueran capaces de entender el concepto de Divinidad, si se hacen arquetipos para que lo entiendan bien porque están aprendiendo, debemos también entender que no saben lo que no saben. Es decir, no saben más que lo que nosotros les estamos poniendo por delante, no saben que deben relativizar lo que les estamos diciendo si no se lo decimos explícitamente. Olvidarse de esta parte me parece una tragedia, porque al final eso crea la sensación de que la Wicca es una religión artificial como en ocasiones nos achacan, en la que sus creyentes ni siquiera saben a qué dioses están venerando, ya que ni siquiera se han metido en conocer los mitos. Los principiantes, los que no saben por dónde empezar, sólo leen lo que nosotros, quienes escribimos o quienes enseñamos, les ponemos por delante. Y ésa es una gran responsabilidad, creo que no deberíamos perderla de vista.

A Tiné, quien me pidió una crítica.

Mezcla de panteones en Wicca

descargaAunque este tema no tiene ya tanta relevancia, todavía hay quien me lo pregunta. Mi opinión al respecto ha cambiado mucho en los últimos 3 ó 4 años, sobre todo en lo que respecta a lo práctico. Se trata de la clásica pregunta de si en Wicca se pueden mezclar o no panteones, algo sobre lo que no he querido hablar mucho por temor a levantar ampollas o a hablar de cosas con las que no había experimentado. Pero resulta que hará un par de años tuve que experimentar con ello, así que ahora me siento con fuerzas para tratar el tema.

Creo que lo de mezclar panteones depende de la persona y la situación. Primero, depende de la tradición que se siga y depende de las creencias de uno/a. Siempre digo que aquello en lo crees condiciona tu experiencia personal y es lo que he podido experimentar a lo largo de mi vida. Cuántas veces he oído decir que no se pueden tener más que cierto número de animales totémicos, o que para salir al astral hay que tener un cordón de plata, y luego resulta que hay personas que no creen en eso y practican tan ricamente. En esto no hay mucha diferencia.

Segundo, creo que depende de la Divinidad. Hay Divinidades que se llevan bien en un ritual aunque sean de culturas diferentes. Estuve en un pequeño rito-coloquio-exposición organizado por PFI España hace un par de años en el que se invocaron a Divinidades de diferentes culturas, y no pasó nada ni nos cayó un rayo. Luego estuve en un círculo privado donde se llamaron a Divinidades de diferentes culturas, y aquí sigo, vivita y coleando. Tampoco sentí nada malo, al revés, el ritual transcurrió en una tremenda paz.

Ahora bien, no digo que todo valga. Digo que depende de lo que creas o del sentimiento que te dé. Poniendo varios ejemplos, personalmente no metería en el mismo círculo a Divinidades que me resulten opuestas o que hayan tenido según la mitología algún conflicto, ni siquiera dentro del mismo panteón, pero luego veo a personas hacer altares a los dioses olímpicos y poner juntas a Atenea, Hera y Afrodita, que se vieron envueltas en la guerra de Troya. Tampoco metería a Hécate con Cernunnos como la contrapartida masculina de la primera, como sé que hay gente que hace, porque hay dioses y diosas que se consideran completos en sí mismos y que no necesitan de un consorte, y en este caso resulta aplicable tanto a Hécate como a Cernunnos. No pondría a Brigantia con Minerva, porque tras la conquista de Britania los romanos “sometieron” a la Diosa local poniéndole los atributos y el nombre de la Diosa a la que traían desde el Imperio, que era Minerva -a la que llamaron Sulis Minerva en aquella zona. Pero éstas son consideraciones personales mías.

Lo que digo es que, puestos a mezclar, pensemos antes qué vamos a mezclar y por qué, y descartar la mezcla en caso de que choque con nuestras creencias y con el contexto de la Divinidad. Y si no sabemos cuál es el contexto de la Divinidad siempre se puede preguntar, indagar, investigar y, por supuesto, usar nuestra intuición que para algo está.

Por otro lado, me gustaría reflexionar acerca de la cantidad de veces que se han hecho mezclas en los panteones a lo largo de la Historia, como producto de un sincretismo religioso por ejemplo. Es cierto que los sincretismos tradicionalmente han estado ligados a conquistas y que la guerra tiene muy mala prensa (con razón). De todas formas, a ninguno de esos nuevos practicantes les cayó un rayo por incorporar a Divinidades de otras culturas a sus prácticas, como es el caso de Isis en la Hispania romana, por ejemplo, o de Astarté en la zona de Andalucía en la que me crié. Si le hubiera pasado algo a alguien seguramente se habría dejado de practicar el culto, y nada más lejos de la realidad: si esos cultos y costumbres han llegado hasta nosotros es porque eran populares, y la popularidad creo que sólo la justifica que la relación de ese pueblo con la Divinidad en cuestión funcionara.

Por tanto, me parece que la premisa de Plutarco sobre el amor a la Divinidad contra la superstición sigue vigente en el caso de los wiccanos de hoy. La superstición lleva al miedo hacia la Divinidad, mientras que el amor se cimenta en una relación de confianza con ese dios o diosa. Obviamente, habrá tradiciones que digan que no se puede hacer una mezcla, posición que es del todo respetable, y a día de hoy yo intento no hacerlo dentro del mismo ritual porque no me gusta (otra cosa es si tengo diferentes rituales o devociones con distintos dioses). Pero si hay que hacerlo, creo que si se hace desde una posición de confianza y cariño, no sólo hacia la Divinidad sino hacia ti mismo, no debería suceder nada.

El Dios

Con cierta frecuencia y según las modas que llevamos siguiendo desde hace aproximadamente 30 años, los Wiccanos expresamos o pedimos nuestras cosas a la Diosa, o le decimos a alguien “Que la Diosa te bendiga”. Son los menos los que mencionan a los Dioses, o al Dios. Creo que es importante reivindicar la figura del Dios igual que durante mucho tiempo hemos reivindicado la de la Diosa para hacer posible que la igualdad entre ambos sexos quedara patente en nuestra creencia, ya que muchos de los ahora Wiccanos proceden de otras religiones, normalmente de aquéllas en las que un Dios Padre era la única deidad presente y lícita. Sin embargo, últimamente la tendencia es a darle primacía a la Diosa, como si de una venganza se tratara. Primero de todo, me gustaría aclarar que en las religiones consideradas patriarcales también hay figuras femeninas de gran importancia, aunque el papel de la mujer haya sido pasivo y hasta sucio en dichos cultos.

Sin embargo, y a pesar de estos antecedentes, creo, con gran respeto hacia las tradiciones que sólo veneran a la Diosa, que los Wiccanos no debemos caer en el error de darle primacía a una parte de la Deidad sobre la otra. Hombres y mujeres somos necesarios en la sociedad, y por tanto, no se trata de una guerra por ver quién domina a quién y menos aún de llevar esto al terreno religioso, sino de reflejar la igualdad a la que aspiramos en nuestro culto. Si no queremos un mundo con desigualdades, podemos empezar por nosotros mismos. Otra cosa diferente es que “conectemos” más con una Deidad o más fácilmente con las Diosas o con los Dioses y nos consagremos a su servicio, pero no debemos perder el pie de la realidad de nuestra creencia.

La dificultad para conectar con el Dios de la mujer

Aunque todavía están pendientes de publicarse los datos del censo pagano realizado por PFI España, me aventuraría a decir que la mayor parte de los fieles de Wicca son mujeres. Para muchas de nosotras, es difícil conectar con el Dios porque se nos ha educado a separar el mundo de la mujer del masculino. Aceptémoslo: este mundo es el mismo para todos. Partiendo de esa base, debemos tener en cuenta que en el mundo hay hombres maravillosos que nos hacen conectar con nuestro aspecto masculino, el que todas nosotras llevamos dentro. Ese aspecto también merece ser celebrado, y es lo que hacemos en los Sabbats llamados (injustamente) menores: los solsticios y los equinoccios, donde se celebran las diferentes etapas de la vida del Dios.

Los Sabbats del Dios

El ciclo del Dios en la Wicca es el ciclo del Sol y está íntimamente ligado a las estaciones.

El Dios nacería de la Diosa en Yule (solsticio de invierno), por ser ésta la noche más larga y por tanto la jornada de mayor oscuridad del año, en la que “nace” el Sol y a partir de la cual los días serán gradualmente más largos.

Doce semanas más tarde, tras el festival de la Diosa de Imbolc, celebramos Ostara (equinoccio de primavera), un festival que también tiene connotaciones femeninas pero que está dedicado al joven Dios como patrón de las plantas y los animales que crecen, ya que, recordemos, esta época da comienzo al celo de muchas especies de animales.

Pasando Beltane, celebramos Litha (solsticio de verano), que es el momento en el que el Sol es más poderoso y por ello se celebra el gran festival del Dios del Sol. Con esto da comienzo el verano, pero también es el momento a partir del cual el poder del Sol empezará a disminuir. Tras esto, se impondrá cosechar lo que hayamos plantado durante la primavera, pues el invierno tendrá que llegar.

Una vez que hemos pasado Lammas, llegará Mabon (equinoccio de otoño), que anuncia la inminente muerte del Dios con el invierno que ha de llegar. Es el momento del Dios Padre, del Rey y del Juez.

Aspectos del Dios

En la tradición que sigo, la Wicca Correlliana, se dice que éste, igual que la Diosa, tiene diferentes aspectos. Estos cuatro aspectos (recordemos que el 4 es el número de la manifestación física, que es lo que el Dios simboliza) son los siguientes:

Héroe – Marte, Tyr, Ogun, Horus, Ganesha

Amante – Apolo, Chango, Ra, Vishnu

Rey – Júpiter, Zeus, Amon, Brahma

Hechicero – Mercurio, Plutón, Saturno, Osiris, Shiva

Para saber más:

Correllian Wicca – Lessons for the First Degree. Rev. Don Lewis HP.

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