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Definiéndonos

Cuando alguien pregunta en algún lado qué es la Wicca o qué es el Paganismo, siempre hay quien sale a intentar contestarle con toda su buena fe. Hay muchas formas de definir términos, algunas más positivas que otras. De lo que muchas veces no nos damos cuenta es de que las definiciones nunca son casuales, y es lógico: solemos aceptar las definiciones ajenas porque nos ahorran esfuerzo cognitivo, esto es, es más fácil aceptar una definición ajena ya hecha que intentar ajustarnos a la realidad del término. Más que cualquier otra oración, la definición de algo encierra una ideología, es decir, la visión personal del que la hace, que puede estar más o menos aceptada por el resto de la comunidad de hablantes. ¿Qué problemas puede causar esto para el Paganismo? Vamos a verlos por encima.

Un poco de base teórica

Las palabras son símbolos, concretamente signos lingüísticos y, por tanto, tienen un significado y un significante. Podría empezar por definir qué es un significante de una forma académica, pero ésta es una bitácora divulgativa, así que lo haremos a la manera fácil: el significante es la palabra en sí, tanto lo que nos “suena” cuando hablamos o lo que oímos de otras personas (el sonido en sí), como lo que “pensamos que oímos” dentro de nuestra cabeza cuando estamos pensando. Esto, por regla general, se llama “imagen acústica”. El significado es un concepto o representación mental que le damos al significante. La relación entre ambos es lo que forma la palabra, y lo que hace que la palabra “mesa” signifique “mesa” es la convención social, es decir, es un acuerdo de todos los hablantes de esa lengua. Por tanto, la relación entre significado y significante es social, no individual.

¿Qué pasa con el Paganismo?

Los paganos nos nutrimos de textos. Desde el Wiccano que se compra un libro de Starhawk hasta el Recreacionista que lee libros de Historia Antigua para entender mejor qué se hacía en el culto que quiere recrear, todo intercambio de información en nuestro campo es textual. Esto es debido a que no podemos hacer un análisis sobre el terreno de cultos que han dejado de existir y que estamos volviendo a enfocar y aplicar. El problema de esto es que el texto siempre está escrito por un humano, y, no nos engañemos, todos los humanos tenemos ideología. Incluso de esta última frase se puede inferir que yo misma, como autora, tengo cierto enfoque relativista. Por tanto, nada está exento de ideología. Por naturaleza, no podemos ser objetivos, y ésta es la conclusión a la que han llegado multitud de académicos de todo el mundo en los últimos tiempos.

Esto también significa que nos exponemos diariamente a la ideología presente en todos los textos de los que sacamos información. Los paganos, por nuestros estudios, nos exponemos a textos llenos de ideología sobre Paganismo, y no me refiero sólo a que estudiemos el Paganismo, sino que los autores paganos, con sus ideologías, están influenciando nuestros puntos de vista, a veces incluso haciendo aseveraciones que, desde un punto de vista de la convención social, son a todas luces erróneas. Y creedme, en estos casos nada es casual.

¿Cómo puede haber errores en las definiciones de lo que somos si no existe la objetividad?

Volvamos al punto de partida: la relación entre significado y significante es una convención social, es decir, la decidimos entre todos. Esto significa que por mucho que un autor diga que la Wicca “es X”, si la comunidad pagana (y de hablantes) piensa que la Wicca “es Y”, la Wicca será Y, le pese a quien le pese, y diga el autor “Juanito” lo que diga. Esto es extrapolable a la definición de cualquier confesión religiosa. Por tanto, existe el error en las definiciones. A este error o desviación del significado, normalmente, lo denominamos sesgo, y marca una ideología dada, lo cual es potencialmente peligroso.

¿Qué buscan las definiciones sesgadas?

Normalmente hay definiciones sesgadas por dos razones:

– Error en la concepción de la definición en sí, es decir, no existe una mala intención pero no se contempla la realidad completa. Es como decir “La Wicca es el Arte de la Magia”, o “El Druidismo se centra en el culto a la naturaleza”. Ambas religiones tienen mucho más que eso y todos lo sabemos, pero puede que el autor haya obviado gran parte del concepto total por razones no intencionadas.

– Manipulación. Esto es lo peligroso. A veces, a determinados grupos les conviene definir a los paganos de una forma o de otra para meter determinadas ideas en la mente de un colectivo. Hay que luchar contra este tipo de concepciones.

A todos nos hierve la sangre cuando vemos en un texto a alguien que considera el Paganismo como algo “negativo”. Lo mismo nos debería suceder con las definiciones sesgadas de quiénes somos y qué hacemos. Nosotros, como paganos, tenemos derecho a autodefinirnos, no a que nadie nos defina, y si en algún lado se tuviera que definir quiénes somos, se tendría que hacer caso a los paganos y no a intereses internos o personales.

Además, lo realmente peligroso de las definiciones es que normalmente ni siquiera se plantean que puedan estar equivocadas, lo que le da al lector una falsa sensación de certeza, haciendo más fácil la adquisición de esa ideología.

La única solución para esto es que leamos con cuidado, y, si tenemos dudas en el uso de un término, tenemos estupendas herramientas para superar cualquier obstáculo:

– Por un lado, el Diccionario de la RAE. No es que sea la panacea, pero para algo sirve.

CREA, Corpus Lingüístico del Español Actual. En él podemos buscar un término y comprobar en qué situaciones se usa. Complementa al diccionario, pues podemos ver a la palabra en acción, por si surgieran dudas de cómo se usa en realidad una palabra y si se corresponde con el significado que un autor le ha dado en una obra. Como curiosidad, los Corpus son las herramientas que los lingüistas utilizan cuando quieren ver el uso de una palabra, y suelen ser muy fiables por su gran cantidad de fuentes.

Por último, creo conveniente comentar que algunos autores crean sus propias “reglas del juego”, es decir, definen una palabra de una determinada forma pero con un fin específico y siempre dentro de su obra. Esto no está mal, siempre y cuando el autor aclare que se trata de un uso personal y no del uso convencional (por convención) de la palabra.

Para saber más:

– Saussure, Ferdinand de. Curso de Lingüística General. 1916.

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