brujería

Religiones del mundo con influencia en la brujería (2): ¡El Cristianismo!

streghe-circoloEl otro día escribí una entrada sobre el papel de San Beda el Venerable con relación a la festividad de Ostara, pues muchos dicen que se inventó la festividad. Así que, habiendo este especial en 13 lunas sobre “Religiones del mundo con influencia en la brujería” hoy quisiera hablar del Cristianismo.

¡Qué dices! Me diréis algunos. ¡El Cristianismo es contrario a nosotros! ¡Cómo te atreves! Pues me atrevo porque, lo queramos o no, somos hijos de nuestro tiempo y el Cristianismo ha sido y es la religión predominante en nuestra sociedad. Lo queramos o no, tenemos una gran influencia de él. Convivimos con los cristianos igual que convivimos con muchas otras religiones, y no pasa nada. Al menos no donde yo vivo.

La influencia del Cristianismo en la brujería moderna puede verse en muchísimas situaciones que he observado durante mi experiencia como wiccana. Voy a enumerar algunas, podréis estar de acuerdo o no, pero esto es lo que yo he vivido:

Concepto de bien y mal. Esto es habitual en practicantes que vienen como conversos del Cristianismo. Muchísimas personas que se acercan a la Wicca por primera vez vienen con la cantinela de que existe bien y mal, y que hay que tener pensamientos positivos y que los pensamientos negativos están mal. También hacen referencia a los sentimientos negativos y positivos. Por ejemplo, me han llegado a decir que no deben enfadarse, o que deben controlar los impulsos y las tentaciones. Luz y oscuridad para ellos son dos polos que consideran alineados con esos dos conceptos de bien y mal. En este tipo de pensamiento no existen los grados intermedios, sino que el concepto es bastante maniqueo (recordadme que algún día hable del Maniqueísmo) y por ende, dualista. En realidad, la luz y la oscuridad en la Wicca poco tienen que ver con el bien y el mal, más bien están asociadas a Dios (luz) y Diosa (oscuridad). Por eso me río cuando me dicen que la Wicca no trabaja con la oscuridad, que si acaso trabaja con la penumbra, cuando la realidad es que todas las divinidades con las que trabajamos tienen una connotación oscura, de muerte, de renacimiento, de introspección y de estar dentro de uno mismo muy fuerte, igual que tienen sus connotaciones expansivas, hacia fuera y, en definitiva, luminosas. Cuando me encuentro con una persona que piensa así, no puedo más que sentirme mal por ella, porque la gente así se pasa el día intentando controlar lo que siente y lo que piensa, y sintiéndose muy culpable cada vez que considera que “mete la pata”. Luz y oscuridad en Cristianismo y en Wicca significan cosas diferentes, así como nuestras polaridades no tienen nada que ver.

Mandamientos. Consideran que la Rede es una regla por la cual no se debe hacer daño a nadie. En realidad, la palabra Rede significa “Consejo” (viene del germánico antiguo), siendo la Rede por tanto un consejo y no un mandamiento. No significa “No harás daño”, sino “intentarás (o es mejor) no hacer daño, pero tú luego haz lo que veas, allá tú con las consecuencias de lo que hagas”.  Este pensamiento también es frecuente en conversos del Cristianismo a la Wicca, porque se nos ha enseñado que existen “mandamientos” de Dios. La Rede no viene de Dios, por cierto, ni fue inspirada por ninguna Divinidad, lo cual lo distancia bastante de los mandamientos. Si un wiccano decide hacer daño a alguien, pues seguramente tenga sus consecuencias por ello porque para eso creemos en la ley de causalidad. Pero no hay ninguna ley divina que condene el daño para nosotros, más bien es el sentido común y el saber que todo tiene consecuencias el que nos lleva a evitarlo.

El aspecto Historiográfico. Éste es el que más gracia me hace porque llena de gazapos los libros de autores de renombre. La Historia la escribieron durante muchísimo tiempo personas que eran cristianas, incluyendo las leyendas paganas y sus mitos y costumbres. Todavía me río cuando me acuerdo del capítulo del Anillo de los Nibelungos titulado “De cómo los héroes fueron a misa”. El estudio de la Historia hace muchos siglos no era algo institucionalizado y controlado como ahora, sino que un monje llegaba, se dedicaba a compilar datos y luego los metía en una coctelera no exenta de ideología. ¿Por qué los monjes y los clérigos precisamente? Porque sabían leer, mientras que la mayor parte del pueblo llano no sabía juntar la m con la a, ya que la alfabetización masiva es algo reciente. Esto hace que muchísimos de los libros que hoy en día se tienen como “buenos” (incluyendo la Biblia de las brujas de los Farrar y sus derivados) estén llenos de gazapos históricos y tengan un tufillo cristiano bastante fuerte en la narración de los mitos.  Darse cuenta de esto es tan fácil como mirar la bibliografía del libro en cuestión. También se ha hecho, y esto lo he dicho en multitud de ocasiones, un ejercicio de llenar los huecos para no admitir que algo se desconoce o que queda poco claro, porque parece poco profesional. Esto fue común al principio del ejercicio profesional de los antropólogos, por ejemplo, en el que había unos señores llamados “folkloristas” que se dedicaban a compilar mitos antiguos en poblaciones cristianas. La única forma de evitar esto es estudiando diferentes fuentes originales y comparando la información, en lo que coincidan suele ser cierto.

Equiparación de las Divinidades. Una vez me dijeron que el Aridianismo estaba equivocado porque el Dios recibía el nombre de Lucifer, y que todas las tradiciones que usaban ese nombre eran satánicas. Para empezar, Lucifer era un dios romano de la luz, y es así como se le ve en el Aridianismo. Que los cristianos ese nombre lo hayan querido usar para su Adversario, pues me parece muy bien, pero lo siento por los principiantes que se escandalizan cuando se leen la obra de Leland y ven que el dios se llama Lucifer, porque el dios Lucifer del Aridianismo tiene otro contexto e interpretación del que se tiene en el Cristianismo. Pasa algo parecido en el carácter virginal de la Diosa, como ya comenté. Y esto se convierte ya en el despiporre cuando resulta que la Divinidad tiene un equivalente en el santoral cristiano, o incluso un equivalente en una de las advocaciones de la Virgen María (tal es el caso de algunas de las tradiciones vinculadas a la Isis romana con la festividad de la Virgen del Carmen en Andalucía). Se llama sincretismo religioso y suele pasar, nos guste o no. Esto se soluciona leyendo un poco más los mitos  precristianos, y menos libros de Wicca para principiantes.

La culpa y el perdón. Durante mucho tiempo este tema me tocó la fibra sensible. Sentirte culpable o no, o perdonar a alguien o no, es una cosa de uno, creo yo. Es una circunstancia personal y no existe como sacramento en ninguna creencia vinculada a la brujería. No obstante, me encuentro con que me dicen que los brujos expían su culpa. Aunque ya he aprendido a vivir con esto porque es inevitable que haya quien quiera darse de latigazos por sentirse culpable (y yo no puedo hacerle nada, más que empatizar y sentirme mal por la persona), estas afirmaciones todavía me hacen levantar la ceja. Es cierto que el perdón puede ser muy curativo, pero desde luego creo que darse de latigazos (literales o figurados) por sentirse culpable no conduce a nada. ¿No es más productivo intentar arreglarlo?

Hasta aquí lo que yo he visto en mi experiencia. Me estoy dejando cosas en el tintero seguro. Como veis, son muchos aspectos ideológicos que pueden condicionar nuestra práctica contemporánea. No digo que estos conceptos estén mal, sino que yo no los comparto, no me parecen prácticos a la luz de una religión basada en la brujería, me parece que corresponden a otro paradigma. Me resultan más parches para eliminar esa imagen que nos lastra, queramos o no, y es la de la bruja que adora al demonio. Sabiendo que no adoramos a ninguna de esas cosas, creo que no hay de qué temer.

Brujos de ciudad

CityWitchPrintMe encanta el concepto del brujo de campo porque me parece muy auténtico, muy de la tierra, muy tradicional. Me encanta porque implica que las hierbas se las busca él en el campo, que su vida gira alrededor de los ciclos de vida y muerte, que ve porque vive en el campo, y que tiene un contacto muy directo con los animales, a los que puede observar en sus movimientos migratorios. Debe ser apasionante para el que le guste.

Pero yo nací en una ciudad. Vivo en una ciudad. Trabajo en una ciudad. Cuando viajo, normalmente por motivos de trabajo o para ver a mi familia y a mis amigos, viajo a ciudades grandes porque mi entorno es el del asfalto, el de las prisas, los maletines y los tacones. Me pierdo si paso más de una semana en el campo, aunque me encanta, porque estoy acostumbrada a las junglas de asfalto. Y en medio de esa existencia gris, a veces vacía y muchas veces superficial, la brujería supone el color de mi vida. Soy una bruja de ciudad.

Como bruja de ciudad soy una mujer normal. Soy profesional y tengo un trabajo de oficina. De lunes a jueves tengo que vestir de business casual, y los viernes me permiten vestir informal. Voy andando de casa al trabajo porque mi ciudad, aunque ciudad, es pequeña, y porque a mí me encanta vivir en el meollo de las junglas de asfalto así que en media hora andando estoy en mi destino. Me encanta llevar tacones de los que hacen clac clac cuando caminas, porque en cierto modo a la vez que andas haces percusión.

Dicen que estoy alienada de mi entorno y yo no creo que lo esté. Sólo estás alienado de tu entorno totalmente cuando no vives los ciclos y cada día se parece al anterior, pero yo veo ciclos en cada paso (clac, clac) que doy. Por ejemplo: por la mañana salgo de mi casa y hace mucho frío y está oscuro, y no hay que ser muy listo para darse cuenta de que eso sucede porque es invierno. Como salgo de casa calentita siempre se me olvida ponerme los guantes, pero tras diez minutos caminando empiezo a darme cuenta de que el frío está mordiéndome los nudillos, así que tengo que sacar los guantes del bolso o tendré que enfrentarme a los sabañones. En verano, cuando voy al trabajo es de día y con sol, y puedo salir a la calle con un vestido corto para llegar a la oficina empapada en sudor (esto de vivir en Andalucía…). Ahora mismo los árboles están pelados porque se han caído las hojas durante el pasado otoño (y porque puntualmente viene un señor de parques y jardines a efectuar la poda de rigor), y el ambiente huele normalmente a hierba seca, a pesar de que parezca improbable eso de que se pueda oler aquí, ya que vivo en una de las ciudades más contaminadas de mi país (y me crié en otra de las más contaminadas).

Que sí, que es verdad que no estoy en el campo y por lo tanto no tengo posibilidad de coger las plantas que necesito. O sí. Porque resulta que hoy día muchos ayuntamientos tienen un listado de especies arbóreas y arbustivas, y de dónde están colocadas en plazas y parques, de forma que con sólo imprimir el mapa puedes hacer un bonito recorrido botánico y, por qué no, obtener lo que necesitas. Basta con no coger las plantas que están cerca del asfalto y, por tanto, del humo. Siempre he tenido una gran relación con los árboles y arbustos de ciudad porque son plantas que sufren y a pesar de ellos son fuertes y sobreviven. Todos los años me maravilla que el árbol que tengo frente al balcón sufra las podas que sufre por obra y gracia de los funcionarios de parques y jardines, y sigue floreciendo cada primavera como un campeón. Por eso a veces me gusta “visitar” a determinados árboles, sentarme bajo su sombra y agradecerles que estén llevando una vida bastante espartana. Y lamentablemente nadie repara en ellos.

Que también es verdad que de vez en cuando me voy al campo a desconectar y que no hay color, porque hasta el cielo parece más azul y se te abren los pulmones. Por supuesto. Pero no hace falta vivir en mitad del monte para admirar una puesta de sol tardía en verano mientras te tomas una cerveza. No todos los wiccanos somos brujos de hierbas y monte, los hay también que somos de fijarnos en las cosas pequeñas, los que somos de dar paseos para ver cómo cambia nuestro entorno, porque aunque urbano, también respira y vive y también tiene ciclos. En mi opinión, darte cuenta de esto hace la vida de uno en una ciudad tremendamente colorida y llena de significado, dotando a cada rincón de una historia donde hay un árbol viejo, un vendedor de castañas en noviembre o un riachuelo que sueña con que algún día correrá libre por encima de las presas.

Creo que el brujo no se plantea si tiene que vivir en x o en y. Creo más bien que el brujo tiene la capacidad de seguir maravillándose con las cosas pequeñas, independientemente de dónde estén. Por eso lo declaro orgullosa: yo soy una bruja de ciudad, me preocupo por las criaturas que dan color a mi ciudad y me gusta observarlas, tenerlas en cuenta y verme reflejada en ellas, porque creo que en las cosas más pequeñas podemos ver un reflejo de todo lo que encierra el Universo. Así arriba como abajo.

Elecciones de brujo/a

Conste que no estoy hablando de ningún partido político. :P

A finales de 2013 tuve un “momento oh my God”. Suelo llamar así a las conclusiones que de pronto marcan o cambian tu vida, porque te das cuenta de algo, ves algo que de repente te lleva a un cambio, pues acaba desembocando en un cambio de hábitos o de estilo de vida. Este cambio no tuvo que ver con mis creencias, así que, a riesgo de spoilearos el final, me gustaría tranquilizaros: sigo siendo correlliana.

El caso es que tuve el placer de toparme con una mujer cuyo lema es “no más excusas”. Una mujer que no cree en la perfección pero que cree en hacer las cosas con el corazón, intentando llegar a sus metas con tesón y honestidad. ¡Justo lo que a mí me gusta de una persona! Lo llamativo de su aproximación, al menos para mí, era que ella no se conforma con soñar, ella se pone a trabajar muy duro en lo que quiere. Justo como me gusta a mí. Pero lo cierto es que, haciendo examen interior, me di cuenta de que yo me había pasado los últimos meses soñando sin trabajar realmente en mi vida, en mis ideas y en mis proyectos. Desde hacía un par de meses tenía mucho en la boca el dicho ése, “de desagradecidos está el mundo lleno”, y sin embargo yo era la primera desagradecida para conmigo misma. Parece una estupidez estando en un camino espiritual que, precisamente, ¡trata sobre agradecer lo que se tiene! Digamos que mis Manolo Blahnik espirituales, aquellos zapatos de diseño a los que hacía referencia hace unos meses en otra entrada, se habían ensuciado por h o por b, pero en lugar de limpiarlos no hacía más que quejarme de que estaban sucios.

Y así llegó mi momento “Oh my God”. Me dije a mí misma que esa nueva mujer que había entrado en mi vida tenía toda la razón. Y que es más, menuda mierda (con perdón) de bruja era si no era capaz de cambiar mi vida y si me pasaba el día quejándome. Había que cambiar el chip de nuevo, como ya lo había hecho con anterioridad: desembarrar mis zapatos de diseño (y aún así cómodos) con los que ando mi caminito, y de paso, obtener lo que me dé la gana y más en esta vida.

Me puse a trabajar en ello, que además me gusta mucho eso de ponerme manos a la obra, y cuál fue mi sorpresa al llegar a todavía más (si cabe) conclusiones y “Momentos Oh My God”. Creo que cuando te pones a trabajar en ti mismo en serio, aunque cuesta porque crear un hábito es difícil por muy saludable que sea (y desde aquí saludo a todos los que después de las fiestas se han apuntado a hacer ejercicio), llegas a grandes conclusiones sin comerlo ni beberlo. Y así, en mitad de mis momentos diarios de agradecimiento, me di cuenta de la cantidad de abundancia que hay en mi vida. ¡No sólo en la mía, en la de todos! La gran abundancia de elecciones, de vías, de posibilidades, de potencial, de creatividad, ¡de maravilla! La diversidad de la que se habla cuando se dice eso de que la Divinidad se regocija en lo diferente, pues también creo que se regocija en la gran cantidad de cosas de las que somos capaces si nos atrevemos. Lo que pasa es que a veces con tanta posibilidad nos sentimos como un sábado por la tarde en el Carrefour después del día de cobro: todo es muy grande, hay muchas cosas y mucha gente, y al final acabamos mareados y abrumados por la inmensidad y la oferta que se abre ante nosotros. Como cuando intentamos centrarnos en buscar el precio marcado para la mayonesa de una marca concreta entre conductores de carritos kamikaze, música de villancicos, luces de colores, y una voz estridente que suena por el altavoz al mítico grito de “Señorita Carmen acuda a caja central”.

Llegados a ese punto, mi reflexión final, lo que extraigo de este hilo argumental en el que una cosa lleva a la otra, es que siempre hay elección. Aunque parezca que la vida es una porquería porque tu vecino de arriba escupe las cáscaras de las pipas en tu balcón. Siempre tienes una elección y eso es lo que he recordado en estos días. Y echando la vista atrás, me doy cuenta de que siempre tuve elección, no ya ahora, siempre. Es más, hay cantidad de elecciones posibles y de formas de hacer las cosas. Hace unos años abandoné una relación sentimental que me desgastó tremendamente a nivel emocional, mientras me encontraba en una situación en la que parecía que no tenía elección. Y aun así la tuve. Creo que podría haber hecho las cosas de otra manera, más fácilmente, pero no me quejo porque al final conseguí salir de esa situación. Con esta situación económica parece que no tenemos elección, parece que las cosas están paradas y no se mueven, pero sí se tienen, siempre hay, no hay excusa para no seguir adelante y ser quienes queremos ser.

Creo que esa capacidad de tomar las elecciones y las preferencias como una forma de crecer como personas, de transmutar el ser, es lo que nos define como brujos. No tanto los hechizos o la magia para cambiar las cosas de fuera, sino la magia necesaria para cambiar las cosas que tenemos dentro. Conectar con nuestra realidad interior y transmutarla para hacer de nosotros lo que queremos y así cambiar nuestra realidad a nivel profundo, de forma que podamos aprovechar al máximo esta existencia que nos ha tocado vivir y que, desde luego, nos merecemos vivir felizmente. O eso es lo que yo extraigo…

Magia y brujería en Wicca

Con frecuencia, existe una identificación entre Magia, brujería y Wicca. Sin embargo, la Wicca en sí es una religión, si bien no está exenta, como ninguna de las religiones del mundo, de un elemento mágico o sobrenatural. También es importante apuntar que no toda la Magia ni la brujería de este mundo es Wicca: la Wicca utiliza un tipo de Magia muy particular, que está emparentada con los métodos mágicos de otras tradiciones, y siempre sigue unas reglas morales específicas.

Implicaciones morales de la Magia en Wicca

La principal implicación de la Magia que se usa en Wicca es que se tiene en cuenta la Ley del Tres. Esto es: “Todo lo que hagas te vendrá devuelto (por tres)”, es decir, todas nuestras acciones tienen consecuencias. Esto es especialmente importante cuando se hace Magia, debido a que la operación mágica implica una acción a nivel astral, lo cual puede manifestarse en los planos físico, emocional y mental de una forma que el practicante ni se puede imaginar. Es decir: todo lo que hacemos a nivel astral acaba teniendo una implicación material, si bien al tratarse de planos diferentes no existe una equivalencia exacta, con lo cual nunca se sabe exactamente cuál puede ser la reacción del plano tridimensional a las energías que puede haber movido el practicante. Esto está relacionado con el concepto de concreción a la hora de realizar Magia, del que hablaremos más adelante.

Por supuesto, la Rede también tiene cabida en la Magia que se realiza en Wicca, y ésta dice: “Mientras no dañe a nadie, haz lo que quieras” (An it harm none, do as thou wilt en el original). El daño se puede entender de muchas formas, pero principalmente el daño se puede realizar al interferir en el libre albedrío de otra persona. Ya que se comentaba más arriba que el wiccano, cuando practica Magia, la practica a nivel del Astral mediante determinadas técnicas y es ahí donde hace tomar “forma” a determinadas energías para luego manifestarlas en el plano físico, por tanto manipular energías para interferir en cualquiera de los planos de otra persona es dañar (aunque sea por una buena razón), ya que se estaría variando:

a) Las lecciones que tiene que aprender la persona sobre la que se realiza el acto mágico, al modificar hasta cierto punto su plano astral e imponerle nuevas circunstancias. Se trata, por tanto, de un cambio radical en la planificación del Alma sobre lo que otra persona tiene que aprender en esta existencia de forma individual. Esto es un acto de arrogancia, ya que el practicante se consideraría por encima de las decisiones del Yo Superior de la persona a la que le realiza el trabajo mágico.

b) Las circunstancias ajenas y lejanas a la persona que practica el acto mágico, lo cual hace aún más imprevisibles las consecuencias. Si tenemos en cuenta que se estarían manipulando energías a alto nivel, el reflejo de dicho trabajo en el plano material puede ser devastador, especialmente para el que ha provocado los cambios.

Principios para hacer Magia en Wicca

En Wicca se suele practicar la denominada “Magia Natural”, esto es: Magia elemental (uso de los cuatro elementos), Magia herbal, Magia con piedras, etc. La base de la Magia natural es la correspondencia de hierbas, piedras o elementos con características similares a lo que se quiere manifestar, siguiendo la premisa de la Magia Simpática: “Los parecidos se atraen” (Like attracts like, como aparece en los manuales mágicos en inglés). De esta forma, si se quiere hacer Magia relacionada con lo monetario se suele utilizar el elemento Tierra, debido a las características específicas de este elemento que usualmente está referido al aspecto más material de la existencia.

Otro tipo de Magia que se utiliza en Wicca es la oración y la devoción (a veces llamadas “el elemento espíritu”), ya que también es una forma de pedir o manifestar nuestros deseos mediante el uso de divinidades. Para justificar el funcionamiento de este principio existen dos teorías, no excluyentes entre sí:

– La primera de ellas dice que los humanos somos los que creamos a nuestros Dioses y, cuando se ha reunido a la suficiente cantidad de fieles alrededor de un nombre o arquetipo, se genera una energía en particular que permanece a muy alto nivel, y de la que podemos tanto extraer energía como enviarla a esa “fuente”. Para ello, normalmente, se establecen las devociones como forma de “sintonizar” con esa energía en particular.

– La segunda teoría promulga que la Deidad es una única fuente, común para toda la existencia, pero que los humanos sólo somos capaces de acercarnos a ella mediante el uso de divinidades más cercanas a nuestra propia naturaleza, debido a la configuración de nuestras mentes humanas.

Una vez sentadas las bases de la Magia en Wicca, es importante hablar del principio de concreción. Como se ha comentado más arriba, la Magia tiene consecuencias que el practicante no puede ni imaginar, con lo cual es muy importante que éste establezca aquello que quiere manifestar o lograr de la forma más clara y específica posible. Según el Rvdo. Don Lewis HP, primer sacerdote de la Tradición Correlliana, es importante establecer exactamente lo que se quiere lograr. Por ejemplo, de nada sirve poner en un hechizo de manifestación “quiero dinero“, sino que hay que ser exacto con lo que se va a manifestar, siendo más correcto decir o escribir algo como:

“Consigo dinero en los próximos 3 días, al menos 10 dólares”.

Otra de las reglas de la Magia es que hay que ir paso a paso. El practicante puede desear un deportivo último modelo estando en la ruina, pero de poco le servirá hacer un hechizo para obtenerlo, pues si está en la ruina es posible que su Yo Superior decida que es más importante salvaguardar la economía doméstica que mover los hilos necesarios para tener un coche nuevo. Por tanto, es posible que a nuestro practicante le embarguen el automóvil para saldar deudas, si es que alguna vez lo consigue. Por otro lado, mover tanta energía para conseguir un objetivo muy difícil puede dejar al mago exhausto para poder realizar cualquier otro trabajo mágico, o incluso causarle problemas de salud por desestabilizar su campo energético al centrarse en una meta demasiado lejana. Por tanto, es importante ser realista y centrarse en pequeñas metas.

Orígenes de la Magia de la Wicca

Como se ha comentado más arriba, el sistema mágico de la Wicca es heredero de otros sistemas anteriores o paralelos a éste, entre ellos el Hermetismo, la Magia Ceremonial, la Brujería tradicional, el Chamanismo, etc. Sin embargo, esto no quiere decir que la Wicca sea lo mismo que Hermetismo, ni que Magia Ceremonial, ni que Brujería tradicional, ni que Chamanismo. La Wicca es heredera de éstas y otras tradiciones, pero tiene un carácter propio y una liturgia mágica específica que hay que conocer para poder practicarla. La lectura de obras tradicionales de éstos y otros sistemas mágicos está bien para ampliar horizontes, pero el buscador no debe perder de vista las características esenciales que hacen que la Magia sea compatible con la Wicca.

Un ejemplo de esto es la frecuente invocación de demonios que existen en obras como “El libro de San Cipriano” y otro tipo de grimorios, que muchos que comienzan a andar por esta senda confunden erróneamente con rituales wiccanos, debido a la identificación exacta e igualmente errónea entre Wicca y Magia. El uso de la Magia en Wicca no es el de invocar seres demoníacos, más bien es modificar la realidad del practicante para que éste tenga una existencia mucho más agradable. Por tanto, de poco sirve invocar a seres del bajo astral (imprevisibles y llenos de energía residual) en esta tradición, más bien lo que haría un wiccano es crear un constructo energético semi-inteligente (también llamado egregor o incluso gólem), usando una fuente elemental (velas, incienso, agua corriente, etc), que pueda manejar completamente a voluntad. Por tanto, son dos formas distintas de llegar a objetivos similares, pero en las que se tienen en cuenta las prioridades éticas o prácticas de las diferentes tradiciones mágicas.

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