arquetipo

El trickster: un arquetipo del dios poco conocido

Se sabe que los correllianos tenemos cuatro arquetipos del dios, por aquello de intentar equipararlo con los arquetipos de la Diosa que se vienen usando desde el principio del S. XX, a saber: el rey, el amante, el hechicero y el héroe. Digo que los tenemos los correllianos porque sólo lo he visto en literatura de mi Tradición, concretamente en el primer grado, y juraría que no es extensible a los otros tipos de Wicca. No termina de gustarme esta subdivisión, porque creo que se queda corta a la hora de desgranar otros tipos de divinidades en la mitología, y porque veo más al Dios en su aspecto espacio-temporal como Señor de lo Material, pero bueno, tampoco me quejo. La otra pega que le veo a esta subdivisión es que la encuentro, a ratos, demasiado buenista.

Y digo esto porque ayer, mientras hablaba con mi pareja, salió a colación de Loki el arquetipo del bufón, el tramposo o el trickster. Nos cuesta ver a nuestros dioses en su faceta más tramposa y quizá mentirosilla, pero lo cierto es que hay dioses en multitud de mitologías que son antagonistas profesionales. Y he comentado lo del buenismo porque no nos gusta pensar mal de nuestros dioses, ni admitir que alguno de ellos pueda ser tan astuto como para obrar fuera de la moralidad. Pero esto es 2016 y así somos.

Que me venga a la memoria, en la mitología nórdica tenemos a Loki, que es el tramposo por excelencia y también el dios que trae el caos dentro de lo que es el orden establecido. En ese sentido, otros dioses que son antagonistas o adversarios del dios padre del Panteón podrían también entrar dentro de esta categoría, al ser directamente agentes de caos u oposiciones al orden establecido.

Hay quien englobaría o combinaría este arquetipo con el arquetipo correlliano del hechicero, quizá por sus poderes, pero no concibo una mezcla posible entre ambas figuras. El hechicero no necesariamente tiene esta actitud de contrapartida o de antagonista. No trae necesariamente el caos, sino que la mayor parte de las veces es un agente del sistema, no un agente que va contra el sistema.

Los tricksters tienen mucho sentido porque son necesarios para que exista cambio dentro del orden. Por regla general, sus acciones malintencionadas (sus trapatiestas, que diría mi abuela) traen innovación y el cambio necesario para que exista un ajuste dentro del sistema. Aunque al final el dios sea castigado/relegado/exiliado, su existencia hace posible que los dioses del régimen establecido adapten su conducta, por norma general, para ser más benevolentes con los seres humanos. Al fin y al cabo, el humano sólo es capaz de una ínfima parte de lo que es capaz un dios, ¿no? Por eso se toma como una llamada a la gentil disciplina y al cambio sutil de normas en la sociedad. También es una forma de justificar la existencia de determinada norma.

A veces, sólo a veces, he encontrado que este tipo de dioses son remanentes de dioses más antiguos, de tribus que fueron conquistadas, y que han sido relegados al estatus de “Adversario”. Esto es relativamente habitual en los giros hacia el Monoteísmo.

En fin, tengo que seguir indagando en este tema, pero me ha parecido un arquetipo súper interesante y muy poco conocido, que quizá necesite que la comunida hispanohablante ahonde un poco más en él. Será que nos gusta demasiado decir que nuestros dioses son oscurillos, pero luego no nos atrevemos realmente a reconocer que hay dioses que son antagonistas y fulleros de pleno derecho. Como siempre digo, los arquetipos son sólo clasificaciones y, por eso mismo, los vamos creando según nuestros intereses y, cómo no, según nuestros sentimientos.

Y entonces, ¿cómo trabajarías con arquetipos?

El otro día escribí una entrada sobre las dificultades de trabajar con arquetipos de la manera en la que lo estamos haciendo actualmente en la Wicca. La podéis leer aquí. Intenté que fuera una llamada a la cautela por el encasillamiento que veo que se realiza a dioses que son de otras culturas y tiempos, que tiene muy buena fe, pero que creo que puede llevar a los principiantes a una concepción sesgada y reduccionista de lo que significa tener un aspecto politeísta.

Tras mi entrada, me abrieron un privado vía facebook preguntándome cómo es que yo considero que los arquetipos son erróneos. No considero que sean erróneos, contesté, sólo creo que hay que tener cuidado con los encasillamientos, intentar no usar los arquetipos como estereotipos. Luego me preguntaron si yo considero que el uso de arquetipos está justificado en una religión como la nuestra y contesté que, sin dudarlo, sí.

Esto a priori puede parecer contradictorio. ¿Cómo es que, por un lado, digo que los arquetipos se deben usar con cautela y, por otro, que son válidos? Pues porque creo que ambas concepciones no tienen nada que ver.

Por un lado, tenemos la costumbre de encasillar a dioses en arquetipos. Esto es con lo que digo que hay que tener cuidado porque no es perfecto y puede llevar a confusiones, especialmente cuando las personas encargadas de diseminar la información lo hacemos en un medio muy inmediato como internet.

Por otro lado, está el hecho de que los arquetipos sean los que son, y ahora veréis por qué pienso que éste es un concepto muy diferente del que expongo en mi anterior entrada. Los arquetipos no existían en la cultura antigua en la manera en la que los vemos hoy en día. Nuestra concepción del arquetipo se la debemos a muchos pensadores, sobre todo de la Edad Contemporánea. Entre ellos, Jung y, el que más influyó en la Wicca, Graves. Muchos coetáneos usan los arquetipos para sanar y para que nos sintamos en sintonía con determinadas energías, pongo el ejemplo de Jean Shinoda Bolen a este respecto. Que no existieran en las culturas antiguas (razón por la cual la mayor parte de mis amigos reconstruccionistas me diga que no creen en arquetipos, cosa totalmente válida por el contexto de su creencia) no significa que no existan hoy en día, en nuestra cultura wiccana de hoy. Para ilustrar por qué este modelo no existía antaño pero existe ahora, usaré una frase de ficción:

“Claro que está pasando dentro de tu cabeza Harry, pero ¿por qué iba a significar eso que no es real?”

 

– Albus Dumbledore a Harry Potter, en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

Dentro de nuestra cabeza wiccana, debido al tirón del modelo de Graves (Doncella, Madre y Anciana), ahora mismo existen arquetipos. Son una realidad. Vale que no existieran en las culturas antiguas, vale que no se puedan meter a las divinidades en esos “sacos” artificiales que hemos creado, pero eso no significa que esas energías no sean reales. Son reales en tanto que creemos en ellas.

Por tanto, existen las energías de la Doncella, la Madre y la Anciana, y se pueden usar en rituales, aunque no significa que sea exactamente correcto desde el punto de vista histórico y mitológico decir que Hécate es Anciana, Brigit es Doncella y Parvati es diosa Madre. Que esté en nuestra cabeza, en nuestra forma de ver la Wicca hoy en día, no significa que deje de ser real. Lo que hay que intentar es no perder de vista que es difícil hacer una clasificación sin que se pierdan muchas de las atribuciones básicas de las Divinidades. En el momento en el que metemos algo en una caja con unas características dadas, perdemos la posibilidad de que estuviera en el resto de las cajas, parecido a lo que se suele denominar en Economía coste de oportunidad.

¿Cómo trabajaría yo con los arquetipos?, me preguntaron. Como divinidades aparte, no como cajas. Es lo único que se me ocurre para darle un uso no demasiado invasivo y no demasiado tendente a la cosificación y el reduccionismo de lo Divino.

Dioses y arquetipos

Supongamos que tienes una persona y unas cajas. Marcas cada caja con una etiqueta: “Metrosexual”, “Hipster”, “Friki”, “Padre de familia clásico”, etc. Te sientas a hablar con la persona un ratito, porque no le conoces de nada y, tras un breve encuentro verbal, metes a la persona en la caja que tú crees que le corresponde. Resulta que ese individuo no es de tu cultura, sino que se trata de un varón hindú, así que le has metido en “Padre de familia clásico”, cuando resulta que tiene el colmo de conocimientos en belleza masculina de la India y se empeña en ir siempre arregladísimo según su cultura. Pero como ya lo has encasillado, ahora no quieres sacarlo de la caja. ¿Te parece justo? Apuesto a que no.

Pues esto que no nos parece justo, lo hacemos todos los días y a la gente le da mucha rabia que lo hagamos, porque no nos permitimos conocer bien a las personas. Y también lo hacemos con nuestros dioses. He llegado a esa conclusión después de leer mucho estos días sobre arquetipos.

A los seres humanos nos encanta encasillar y clasificar. Nos permite obtener una sensación de seguridad, de que sabemos a quién tenemos por delante por cómo viste o por cómo habla. Si nos paráramos a hablar y a intentar conocer a todo el mundo, sencillamente, no podríamos. Es demasiado difícil establecer relaciones profundas con todas y cada una de las personas que se nos cruzan por el camino, como para llegar a considerarlas personas individuales con características propias y que no encajan exactamente en ninguna de esas cajas que hemos preparado. O que la sociedad ha preparado para que encasillemos a la gente, porque los arquetipos y estereotipos son sociales y van cambiando conforme la sociedad cambia.

Sin embargo, encuentro arriesgado abusar de esto con los dioses, y ya hablé brevemente sobre ello en el artículo sobre las tres caras de la Diosa que escribí allá por 2012. Quienes me conocéis ya sabéis lo que pienso de la diferenciación entre Doncella, Madre y Anciana: creo que ni son las fases de la Luna (que, por cierto, las fases de la Luna tradicionales son cuatro, no tres), ni se corresponden perfectamente como “cajas” o “casillas” en las que meter a las Divinidades. Hathor, a quien he visto como Diosa doncella en multitud de textos wiccanos que rondan por la red, no es una doncella en tanto que está casada con Horus y tiene hijos con él, y lo mismo pasa con Afrodita (que de doncella tiene lo que yo de hermanita de la caridad, porque está casada y tiene hijos).

Por eso digo que es arriesgado abusar de los arquetipos. Son una herramienta útil, pero las clasificaciones que hemos realizado en los últimos años en el ámbito de la Wicca me parecen algo reduccionistas, hasta tal punto, que por hacer las cosas fáciles a la gente nos llevan a dejar a los principiantes en una falsa idea de conocimiento de esos dioses a los que hemos encasillado. Otro ejemplo de esta arquetipización es la clasificación correlliana del dios en cuatro arquetipos, de forma que entre los de la diosa y los del dios sean siete, como siete planos de la existencia, siete puertas por las que pasa Inanna hacia el Inframundo y siete Sephiroth tiene el árbol de la vida justo debajo de Daath. Estos encasillamientos se hacen con toda la buena fe del mundo y para que la gente aprenda fácilmente cómo son determinados dioses, pero es responsabilidad de las personas que nos dedicamos a escribir, en mi opinión, comentar que se hace como una introducción, que se hace desde una cultura ajena a la de los dioses que se clasifican, y que en ningún caso sustituye al conocimiento profundo y lectura comprensiva de los mitos en los que aparece esa divinidad.

Y quizá diréis, ¿por qué? ¿No se sobreentiende? Pues no. Si se trata a la gente como si no fueran capaces de entender el concepto de Divinidad, si se hacen arquetipos para que lo entiendan bien porque están aprendiendo, debemos también entender que no saben lo que no saben. Es decir, no saben más que lo que nosotros les estamos poniendo por delante, no saben que deben relativizar lo que les estamos diciendo si no se lo decimos explícitamente. Olvidarse de esta parte me parece una tragedia, porque al final eso crea la sensación de que la Wicca es una religión artificial como en ocasiones nos achacan, en la que sus creyentes ni siquiera saben a qué dioses están venerando, ya que ni siquiera se han metido en conocer los mitos. Los principiantes, los que no saben por dónde empezar, sólo leen lo que nosotros, quienes escribimos o quienes enseñamos, les ponemos por delante. Y ésa es una gran responsabilidad, creo que no deberíamos perderla de vista.

A Tiné, quien me pidió una crítica.

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