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Aprender Wicca bien. ¿Cómo? Sin presiones

Hará un par de años, me metí en un curso de una plataforma de cursos masivos online o MOOCs que se llama Coursera. Uno de los cursos que hice por aquel entonces trataba sobre la inteligencia emocional aplicada al ámbito del aprendizaje y el curso se basaba casi íntegramente en el concepto de que no se puede aprender bajo presión o bajo miedo. Por lo visto, cuando tenemos miedo o estrés, nuestro cerebro activa la reacción de lucha o huida, la cual bloquea todo aprendizaje posible, porque en ese momento se está más centrado en quitar de en medio ese elemento que se percibe como amenaza. El aprendizaje pasa a un segundo plano. Esta teoría sobre el aprendizaje dice que éste sólo puede darse en un ámbito de cordialidad, en el que no existan presiones, estrés o miedo. Es decir, un entorno libre de amenazas.

Cuando empezamos a aprender Wicca, lo hacemos muchas veces con motivación pero también con algo de presión, y es por el beneficioso, aunque a veces no tanto, entorno en el que vivimos como comunidad. Es genial tener referentes, gente en la que inspirarnos, grupos a los que entrar, órdenes en las que estudiar… pero si lo hacemos todo a la vez, puede que nos estresemos y no obtengamos el resultado deseado.

Primero, recuerda que esto no es una carrera. Tienes toda tu vida para aprender. No hay prisa por memorizarte el Herbalismo Mágico de Cunningham y, ¿sabes qué? Aprenderte las características de las hierbas de memoria no sirve de mucho. Al final, los inciensos y demás los puedes acabar haciendo mirando el libro tranquilamente y sin tanto estrés porque no te aprendes cuáles son las correspondencias mágicas del eléboro negro. Céntrate en meditar y en vivir esas correspondencias, estarás más relajado y te sentirás mejor. Éste es un camino vivencial, no una religión basada en los libros de Cunningham, Gardner o Silver Ravenwolf.

Segundo, toda esa gente que te estás encontrando en un foro o un grupo y que tanto parece que sepa, y que de seguro sabe, quizá lleva muchos años en esto o quizá son unos enteraos. Da igual. Si son wiccapedias andantes, su tiempo les ha tomado, y si son unos sabelotodos que se han aprendido de memoria un libro, también su tiempo les ha tomado. No te compares con nadie e intenta no juzgar a la gente. No se trata de ser “como Fulanito” porque aprecies o admires a alguien, se trata de ser tú mismo. Fulanito a lo mejor lleva quince años en esto. O a lo mejor lleva uno pero se está contando veinte como en el parchís. Pero eso no es asunto tuyo. Asunto tuyo es tu camino. No te metas en peleas. Esto me costó mucho aprenderlo a mí, y créeme, no sirve de nada. Repito: no te metas en peleas. O bueno, métete, pero que conste que te lo he dicho.

Tercero, y directamente relacionado con lo anterior: toma distancia cuando lo necesites. A veces, uno se encabezona en que Perenganito le tiene manía, o que Fulanito el que lleva un año pero se cuenta veinte se cree la crème de la crème del cotarro wiccano sabe menos y merece un escarmiento por ir de iluminado de la vida. Cuando participas mucho en la comunidad, aunque es genial, puedes obtener el efecto contrario: que te quemes, que veas amenazas a tus ideas por el simple hecho de que son diferentes a las de los demás, o que interpretes como ataques personales cosas que no lo son (o que se interpreten tus palabras de esa manera). Si eso te pasa, no es un pecado dejar momentáneamente un foro o las redes sociales, tomarse un descansito y tomar esa distancia para enfriarse. No hace falta decir nada si no te sale, al fin y al cabo, a nadie más que a ti le interesa, y a los amigos que hayas hecho por el camino. Y hablo de amigos de verdad, no amigos de facebook. Luego está que quieras tener una deferencia hacia la gente y quieras decir que estás bien y que te vas a tomarte unas vacaciones para desintoxicarte de redes sociales o foros. O que estés en un grupo establecido y quieras avisar a tu mentor o guía de que vas a tomarte esas vacaciones, para que no se asuste o para que te diga si eso es posible. Esto también es aplicable a cuando estás aprendiendo tanto que parece que la cabeza te va a estallar.

De esta manera, podrás seguir centrándote en tu estudio, tu práctica, tu vivencia y el compañerismo que tienen los grupos, sin estrés y optimizando tu aprendizaje. No digo que estos consejos te vayan a garantizar una vida wiccana tranquila (principalmente porque no se puede caer bien a todo el mundo) pero sí te quitan de en medio muchos marrones que pueden percibirse como amenazas y que pueden perturbar tu tranquilidad de espíritu.

 

Admitir que aprendes y que seguirás aprendiendo

maxresdefaultPor mi trabajo, estoy constantemente formándome, incluso teniendo que admitir cosas con las que no estoy de acuerdo, como que necesite otro (¡otro!) curso de Inteligencia Emocional. Y luego acabo dándome cuenta de que el reciclaje constante hace falta.

Vivimos en una sociedad en la que nuestros padres, a los de mi generación, nos decían “estudia una carrera y ya está, lo tienes todo hecho, no tendrás que estudiar más, sólo trabajar”. En ese tiempo en el que estudiabas, aunque fueras productivo, eras considerado una lacra económica. Eras un aprendiz, una persona no completa, un individuo en desarrollo y no realmente alguien pleno en tus facultades. El aprendizaje es todavía considerado un estadio inmaduro de la persona por muchos, que ven mal que sigas aprendiendo.

Sin embargo, veo en mi puesto de trabajo, y también en el Paganismo, que seguir aprendiendo es una pieza clave del desarrollo personal y del camino. No siempre se aprende con libros, eso sí, pero otras veces sí que se hace. Leer, reflexionar, meditar, practicar, vivir… son formas de aprender. En ocasiones, ese aprendizaje se da por un suceso de la vida, porque la vida es una gran maestra y es la mejor escuela. Otras veces, ese aprendizaje se da viajando o hablando con amigos. Soy consciente de que soy muy crítica con las intromisiones ajenas en la vida y el pensamiento de uno, pero no siempre las conversaciones o las interferencias ajenas son negativas: mientras todos sean libres para pensar y se responsabilicen de la realidad que crean, al final todo estará bien, tanto si se piensa de manera independiente como si no.

Quisiera trazar, de todas formas, una línea entre el aprendizaje y la titulitis. Se ha dicho mucho en los mentideros paganos que éste o aquel tiene titulitis. Pues bien, que me acusen de titulitis si les da la gana porque estoy en varios sitios y no me da vergüenza decirlo. En realidad, de lo que no me avergüenzo es de ser una eterna aprendiz, de buscar otras formas de abrir mi mente y de intentar salir constantemente de mi zona de confort.

Y honestamente y siendo fiel a mi estilo, diré algo fuerte: para mí, que en este país se tilde de titulitis al buscador sincero, al que quiere seguir aprendiendo pese a tener iniciaciones y hasta puestos en tradiciones organizadas, me parece fomentar la mediocridad, en la cual nos encanta regodearnos. Una cosa es querer tener todos los títulos del mundo o que una tradición en particular sea exclusiva (y con todo su derecho de serlo) y otra cosa, muy diferente, es que se coarte el aprendizaje de la gente para que no te señalen con el dedo cuando se está en una tradición no exclusiva o cuando no es incompatible con lo que ya se es. Para mí, titulitis es pegarle con los títulos en la boca a todo el mundo a la primera de cambio. Es como “hola, no me conoces de nada, pero me llamo Harwe y hago chorrocientas mil cosas”. Al final, la gente quiere conocer a la persona y a la mayor parte de ellos no les interesan tus títulos, por mucho que dentro del contexto de un grupo o una organización sí que tengan sentido. Fuera de mi Tradición no importan los premios que haya ganado ni la cantidad de parches que tenga en mi estola, sino que importan otras cosas. O eso pienso yo, ésa ha sido mi experiencia y mi evolución ideológica hasta el momento.

Entiendo que la Wicca Correlliana es mi zona de confort, llevo trece años en la Tradición y he hecho un montón de cosas dentro de ella, es mi casa y mi familia, y me ha visto desarrollarme como mujer y como persona. Me han dado un montón de reconocimiento interno por haber trabajado como una (insértese aquí palabra malsonante). Estaré eternamente agradecida por la educación pagana que me han dado, por ayudarme a vivir de manera libre y a pensar de forma independiente (cosa que agradecemos especialmente los introvertidos), pero he de admitir que tengo que seguir aprendiendo, que es un impulso que tengo. Y no es que la Wicca vaya a dejar de ser mi religión, eso es otra cosa. Es que necesito seguir estudiando, practicando y experimentando. Disfrutando del aprendizaje, aunque a veces requiera que me repitan diez veces la misma cosa, aunque tenga que revisitar temas, ahora con 34 años, que pensaba que estaban superados desde que tenía 22. Creo que ese ejercicio me ayudará a hacer las cosas mejor dentro de mi propia comunidad también.

Con esto me gustaría animar a quienes me leéis a seguir aprendiendo. No tengáis miedo de lo que digan los demás, al final todos somos buscadores y todos tenemos derecho a seguir adelante. ¿Que estáis en una tradición no exclusiva? Bien. ¿Que estáis en una tradición exclusiva? Bien también. Siempre habrá lugar para aprender cosas nuevas, salirse de lo establecido, experimentar. Si estudiáis con alguien, entonces buscad su consejo y su guía, porque a las personas que dan clase que conozco les encanta que sus alumnos y compañeros de viaje tengan inquietudes. Explora y siéntete libre. Que tu objetivo no sea ningún título, que tu objetivo sea aprender por aprender, por el gusto de hacerlo, que da muchas satisfacciones.

El síndrome del “Eso yo ya lo hice”

img_como_saber_a_que_velocidad_va_el_agua_del_rio_15725_origAyer por la mañana vino a casa un amigo a tomar café. Más bien un segundo desayuno, como hacen los buenos hobbits. Estuvimos hablando del aprendizaje en espiral, del aprendizaje que requiere revisitar cosas de cuando en cuando, entre galletas de chocolate, tés y cafés. Este tema lo había tratado con otro amigo días antes, por teléfono (lástima que vivamos lejos), y la conversación fue, sin planearlo, similar.

En ambas conversaciones acabamos tratando el síndrome del “Eso yo ya lo hice”, algo que hacía yo en el pasado (Eso yo ya lo hice, jeje) y que ahora veo en algunos casos. Comprendo por qué en su día se me dio un toque de atención por parte de mi iniciadora y mentora mientras me entrenaba, a colación de esa actitud.

Ese síndrome que he observado consiste en decir “Eso yo ya lo hice” a ejercicios que nos dan en un camino o propuesta que nos ofrece otro, a quien normalmente hemos acudido a pedir entrenamiento. Es perfecto haber hecho cosas, que nadie se me ofenda, y en realidad hay mucha gente en este camino que ha recorrido muchos figurados kilómetros dentro de la senda del Paganismo, y que por ello merecen todo el respeto. Lo que me parece curioso es llegar a otra persona a la que se le pide guía en un camino y, cuando se propone un ejercicio, se le dicen cosas como: es que eso yo ya lo he hecho, a mí dame algo diferente, a mí dime algo que no sepa, a mí hazme hacer algo que no haya hecho, yo eso no lo voy a hacer porque es volver atrás… y un larguísimo etcétera. Me parece perfecto que las personas ya hayan hecho algo. Pero entonces, ¿por qué hacer perder el tiempo de quien ofrece ese camino o ese ejercicio, si ya se ha hecho? ¿Para qué realizar el esfuerzo de entrenar a alguien que ya ha sido entrenado? ¿Por qué se busca lo que el otro tiene, si ya se tiene? ¿Por qué llamar a mi puerta, o a la puerta de cualquiera que ofrezca algo, si ya se ha hecho? ¿Por qué no, si sabe tanto, buscar una forma de darle uno mismo una vuelta de tuerca, y dejar ese camino guiado para otra persona que no haya tenido la oportunidad de formarse tan bien formado como uno?

Encuentro que esa afirmación es como decir “ese tramo de bosque ya lo he visitado”. En cuanto puedo y hace buen tiempo, me voy a dar un paseo por el campo para despejarme, a un paseo con un río en mitad de la nada, y nunca se me ocurriría decir “es que voy a ese río cada dos por tres, esa tierra ya la he pisado”. Cada vez que piso ese tramo de sendero veo la tierra ha cambiado, que los árboles están diferentes o que la luz se filtra por entre las hojas de forma distinta. Siempre encuentro piedras nuevas en el río, siempre acabo con la bolsa pesada y llena de recuerdos del campo. Ese camino nunca es el mismo aunque esté en el mismo lugar.

A mi parecer, lo fantástico de los caminos espirituales es que siempre estamos caminando el mismo sendero, seamos conscientes de ello o no. Para mí ahora mismo no tiene mucho sentido decir “yo he trabajado mucho con X” o “he hecho un trabajo intenso con Y, por tanto no necesito seguir haciendo estos ejercicios”, porque incluso yo misma como individuo estoy cambiando todo el tiempo. Es decir, que puedo estar en el mismo lugar dentro de mi cabeza y contemplar un paisaje interior completamente diferente. Es por ello que siempre estoy buscando cosas nuevas que hacer, aunque me lleven casi al principio de mi camino como pagana, a lo más básico y a lo más elemental. Creo que esto pasa porque mi religión no me hace meterme en un sendero académico en el que tengo que aprender conceptos, sino que al ser espiritual es vivencial, basándose en observar mis propios ciclos y los ciclos exteriores. De esta manera, intento darme cuenta de hasta qué punto el paisaje cambia a pesar de estar en el mismo lugar. Como si fuera una acumulación de experiencias, pensamientos y sentimientos que se dan en espiral. Es por esto que hace tiempo que abandoné el “Eso yo ya lo hice” y que intento no usarlo, pues me parece una forma de cortarme mis propias alas y de coartar mi propio aprendizaje como persona.

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