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Consultor pagano: ¿en qué consiste su labor?

Hace muchos años, hice un curso en Estados Unidos sobre ‘counseling’ pagano, o lo que es lo mismo, sobre la labor de consultor espiritual que puede ser llevada a cabo por las personas que se inician en un camino pagano. Esto lo hice porque está entre las labores que puede llevar a cabo un Primer Grado. La verdad, el concepto pasó por mi vida sin pena ni gloria, porque por aquel entonces, en 2004, ni la comunidad española o hispanohablante era muy extensa, ni pensaba que existiera la necesidad de un consultor o consultora en temas espirituales. Porque para eso estaban los psicólogos. Pero, con los años, he estado ahondando sobre el término counseling o consultoría espiritual, y observando lo común que es, sin que estemos del todo preparados para asumir estas funciones.

Un consultor o counselor es una persona que escucha y, si se lo piden, ayuda con temas relacionados con la vida cotidiana de las personas a las que atiende desde la óptica con la que esté trabajando. Por ejemplo, un consultor pagano responde dudas sobre lo que una persona puede hacer en el aspecto ritual o espiritual, o ayuda a la persona a crear su propia devoción, siempre y cuando sea su ámbito de especialidad. Si no es especialista en esa materia por la que es consultado, intenta orientar sobre dónde puede encontrar otras personas que puedan ayudar, o anima a quien hace la pregunta a encontrar su propia forma de resolver sus dudas. Ése es el ámbito de actuación en el que no podemos estar, de ninguna manera, contraviniendo a otros profesionales, como el psicólogo. El término consultor, de hecho, viene de la Psicología.

Encuentro que las reglas de oro de un buen consultor pagano deberían ser:

  • Escuchar primero, hablar después. La persona que viene a nosotros necesita una ayuda, no una suposición sobre su situación. Si no se tiene toda la información como para dar un buen servicio de consultoría, habrá que seguir preguntándole hasta que nos hagamos una idea de qué es lo que necesita. También hay mucha gente que viene a los consultores paganos sin saber qué es lo que quieren. ¡Para eso, es mejor dejarles hablar! A veces, la gente se contesta a sí misma y sólo necesita un buen par de oídos que estén presentes cuando están encontrando sus propias respuestas.
  • Discreción y confidencialidad. Si alguien viene a uno y nos pregunta como consultor pagano, hemos de tratarles con total discreción y confidencialidad. Ni siquiera vale decir lo de “yo sé mucho de Fulanito”, pues eso es abusar de la confianza de las personas y utilizarlas para ganar un cierto prestigio personal.
  • No contravenir ni pretender sustituir a los profesionales de la salud mental. Si nos viene una persona que necesita algún tipo de terapia y está yendo a un profesional, o si tiene realmente un problema que no puede resolver por sus propios medios ni con la ayuda única de los dioses, hay que ser sinceros y jamás pretender que se va a curar sólo con lo que le digamos, o con oración. La oración, la devoción, la magia, etc, son herramientas complementarias y que, en algunos casos, pueden ser hasta contraproducentes para su terapia. Lo primero es lo que diga el profesional de la salud mental, y luego, a partir de que hagamos la pregunta de “¿qué te ha dicho el profesional?” podremos dar un consejo sin contravenir el tratamiento o la terapia prescrita. Si la persona está yendo al psiquiatra y tomando medicación, JAMÁS se le dirá que debe dejar las pastillas.
  • Aconsejar sin presiones. Podemos sugerir, pero no ordenar ni intentar que la gente haga lo que nosotros queremos. Tampoco podemos decirle a alguien que haga algo en contra de sus valores o intereses. Es mejor dejar los juicios de valor para nosotros mismos, no asumir (más escuchar, menos comentar) o incluso abstenernos de comentarios como “deberías hacer tal o cual”. He visto a consultores paganos aconsejar, por ejemplo, que una persona se divorcie de otra. Esto no es demasiado ético, porque es una decisión muy complicada y que debe tomar la persona, además de estar fuera de nuestra jurisdicción.
  • Aceptar la diversidad de personalidades de quienes buscan nuestra consultoría. No todo el mundo es igual de abierto. Hay veces que hay personas que no quieren contarnos sus cosas porque son más privadas. En cualquier caso, hay que aconsejar sin asumir circunstancias y respetar la necesidad de privacidad, en caso de que eso sea lo que pida la persona.
  • Cuidarnos a nosotros mismos. Esto incluye poner límites saludables a las consultas. Por ejemplo, no atender después de cierta hora, ni en fines de semana, o hacerlo cuando tengamos el tiempo necesario para realizar esta labor. Y hasta cierto punto: no podemos trabajar espiritualmente por la persona, ni leer por ella los materiales devocionales necesarios. Intentar ser asertivos y honestos es clave. Si la otra persona no nos trata con dignidad y no comprende que estamos en nuestro tiempo libre o familiar, podemos decirle perfectamente que no le brindamos la ayuda, en caso de que se ponga especialmente difícil, insulte o amenace (¡esto puede pasar, creedme!). Esto también es aplicable si nos piden consejo sobre temas que van más allá de nuestro ámbito de conocimiento (por ejemplo, preguntas sobre la vida personal que no estamos preparados para asumir). Sobre todo porque la mayor parte de los consultores paganos son voluntarios, o hacen estas labores fuera de su trabajo como mentores en escuelas. Este punto me parece importantísimo, porque a veces la gente con grandes responsabilidades a nivel de grupo, se queman por estar constantemente respondiendo preguntas, y por ser increpados cuando dicen abiertamente que no van a seguir prestando el servicio de consultoría a alguien que les está dando problemas.
  • Dejar a la persona que tome sus propias decisiones. Muchas veces queremos ayudar, y por eso hacemos parte del trabajo de la persona. Pues ni parte siquiera. El individuo es que el que hace el trabajo, tú eres quien ayuda a encontrar las soluciones en su vida espiritual. Hasta ahí.

No es obligatorio para todos los iniciados o paganos ser consultor. Tampoco la iniciación o la formación garantizan que se sea un buen consultor pagano, porque en la comunidad hispanohablante no hay una cierta solera en este campo ahora mismo, fuera del ámbito de los terapeutas holísticos, que son quienes normalmente cubren este hueco si son paganos. Hay personas que pueden decidir ser consultores cuando se inician, hay personas que no. Hay quien no se siente preparado nunca para esto. Como en nuestro ámbito espiritual esto no se puede regular, quienes vienen a por consejo dependen mucho de a quién se dirijan, así como de la formación, habilidades sociales y hasta estado anímico del consultor. Habrá personas que darán consejo sin problemas, habrá personas que digan “esto no te lo puedo resolver”, “en este momento no estoy en condiciones de contestarte a esto”, o “por razones X no doy servicios de consultoría”. Tenemos que ser conscientes de todo ello al enviar un mensaje a alguien que, aparentemente, sepa más que nosotros mismos. Afortunadamente, hay mucha gente en el Paganismo hoy en día que puede echar una mano.

Mujer, doncella, madre, anciana… y todo a la vez

Me convertí en madre el 20 de abril de 2015, así que técnicamente hoy es el primer día internacional de la mujer que experimento con este nuevo papel.

Papel que desempeño sin dejar de lado mis otras facetas. Y hoy más que nunca reflexiono sobre lo polifacético de la Diosa a la que venero.

No porque pase a ser Madre la Diosa deja de tener el poder de la Doncella. No porque pase a ser Anciana dejan de importarle sus hijos. No porque se sienta (o sea) Joven, e incluso guerrera, deja de comprender la ternura.

E, igual que la Diosa, igual que todo, las personas no presentamos una única faceta. Somos todo a la vez. Puede que en algún momento saquemos más a pasear atributos que le ponemos a un arquetipo en particular, pero no dejamos de lado los demás. Los arquetipos están para ayudarnos a entender, pero no para sustituir.

Es como pensar que una profesora no pueda ser una manitas. O que el experto en informática de nuestro trabajo no pueda hacer unas riquísimas magdalenas.

La vida no es blanca o negra. La vida ofrece una gama de colores tan variada que ríete tú del Technicolor.

Creo que, al igual que la Diosa, a la gente hay que dejarle elegir de qué color ser, qué decisiones tomar, en cada momento de su vida.

Habrá momentos en los se que quiera echar mano de una faceta, otros momentos, se querrá usar otra. Este cambio se puede ver incluso en distintos instantes del día. Y por ser hoy hablo especialmente de las mujeres.

Escuchemos a las mujeres de nuestro alrededor. Sobre todo nosotras mismas, que nos desoímos con mucha frecuencia.

La lucha empieza por empoderarnos. Por darnos voz, por preguntarnos unas a las otras qué queremos hacer en ESE momento de nuestra vida. Y aceptarlo sin juzgar, porque la decisión de una es la decisión de una. Si yo he decidido trabajar, ser sacerdotisa y madre a la vez, eso no significa que mi elección sea válida para otra persona. Habrá quien, en mi situación, querrá meterse en su caparazón. Yo lo hice antes de tener a mi hija, para resurgir cuarenta días tras el parto.

Igualmente pasa con los hombres. Decida lo que decida un hombre en su vida, debemos apoyar esa decisión. No somos nadie para decirle qué es lo mejor para sí mismo. Él siempre sabrá lo que es mejor para sí mismo. Y si no lo sabe, hemos de aceptarlo. Y aceptar también que cambiará de opinión, como todas las personas, si cambia su situación o su pensamiento.

Aceptar sin juzgar que no siempre estamos igual. Que tenemos derecho, todas y todos, a que se nos escuche.

No más discursos infantilizadores.

No más dejar que tomen decisiones por nosotros.

Podemos ser lo que queramos, nadie tiene derecho a decidir por una o uno.

Mujer, hombre, sacerdotisa, sacerdote, bruja, brujo, amiga, amigo, hermana, hermano, hija, hijo. Nada de esto es excluyente.

Reseña: los cinco secretos místicos

Hace mucho tiempo que me leí este libro, cuando todavía era dedicante de primer grado correlliano (han pasado la friolera de trece años) y todavía me sorprende cada vez que lo releo. Forma parte del temario obligatorio del primer grado aunque creo que es una lectura interesante para cualquier pagano. Tristemente, la gente, correllianos incluidos, pasa por él sin pena ni gloria, al menos en el mundo hispanohablante. En fin, como es un librito muy maltratado, me he decidido a hacerle una reseña, porque a mí me encanta y creo que todo el mundo debería leerlo. Es de esos libros que le animan a uno el día.

Los cinco secretos místicos está escrito por Lady Elizabeth Greenwood, que era ni más ni menos que la madre del actual Canciller de la Tradición Correlliana (el Rvdo. Don Lewis). Su nombre real era Lady LaVeda Lewis-Highcorrell. Vivió su vida tremendamente encorsetada por la doble moral americana, típica de la sociedad en la que se encontraba. Su vida transcurrió con una gran cantidad de incidencias familiares debido a la intolerancia religiosa imperante (la Tradición Correlliana en origen era familiar, y los miembros de la familia fueron frecuentemente objetivo de ataques por sus raíces y elecciones religiosas). Así que tuvo que aparentar llevar una vida “normal”, esconder sus creencias religiosas y escribir este libro bajo un seudónimo, el de la Sra. Greenwood.

El libro es una reacción directa, y muy crítica, a la moda de los telepredicadores de los 70 en los Estados Unidos de América. Estas personas, que tenían un discurso muy agresivo y hasta lleno de miedo a la ira de Dios, vendían que sólo ellos tenían la salvación. De hecho, prometen la salvación. En cambio, ella comenta que su libro no promete, sólo expone. Su enfoque es muy sencillo y dice que la felicidad está al alcance de todos, que tan sólo hay que hacer las cosas de manera simple.

Plantea que existen cinco secretos místicos para la felicidad: Conocimiento (de uno mismo), Dios, Vida, Alma y Libertad. Estas cinco palabras, o cinco hermanas, que ella explica de forma totalmente libre de supersticiones, empoderando a la persona en su camino y librándola de sus miedos, son, en mi opinión,  la clave para tomar las riendas de la vida de uno. Todo esto, sin ínfulas de libro de autoayuda, lo cual es todavía más bonito.

En lo personal, traducir este libro para mi Templo fue un trabajo precioso, porque pude volver a descubrirlo, pude saborear las palabras y adentrarme en su mensaje. Gracias a él, me libré de muchas supersticiones que tenía y me di cuenta de que todo es mucho más sencillo de lo que normalmente creemos que es.

Recomiendo, como decía, su lectura a todo el mundo. Está disponible gratuitamente a través de www.witchschool.com en español y en inglés, tan sólo hay que enrolarse en el curso con el nombre correspondiente.

La Paz es un estado mental: actividad 3, técnicas para decir que no asertivamente

Fotos-para-Facebook-con-IndirectasLlega un compañero de trabajo, un conocido, y te pide un favor. En ese momento no puedes hacerle ese favor, o crees que no te corresponde, o consideras que tú no eres la persona que debe encargarse de eso. O, simplemente, esa persona está demasiado centrada en sí misma y pide, pide, pide, pero nunca da nada a cambio.

Y tienes que decir que no.

En nuestra comunidad, decir que no está muy mal visto, porque tenemos un gran sentido de lo que es la caridad, el servicio, etc. Pero a veces hay que decir que no, a veces hay que plantarse. Hay que ser asertivo.

La gente confunde ser asertivo con ser agresivo. Ser agresivo es imponer tu criterio sin que te importen los demás. Ser agresivo es hacer valer tus opiniones, interrumpiendo, coartando o siendo descortés hacia las personas en una conversación. Por contra, ser pasivo es callarse y no decir lo que uno piensa, lo cual lleva a una gran frustración. Luego está una postura mixta, que es ser pasivo-agresivo, que consiste en no decir lo que se piensa, pero usar el sarcasmo, la ironía, u otras formas de comunicación hiriente, con el objetivo o con la esperanza de que la otra persona tenga “su merecido”. Facebook es una mina de comentarios pasivo-agresivos, de hecho, sobre todo cuando la gente vierte “indirectas” en sus muros que al final son captadas por todo el mundo, menos por la persona con la que se tiene el problema.

Ninguna de estas actitudes es beneficiosa. La mayor parte de las veces, las personas tendentes a la agresividad son evitadas por la gente. Los pasivos no son tenidos en cuenta, lo que les produce tristeza. Y las actitudes pasivo-agresivas generan mucha negatividad. Todos tenemos momentos en los que nos comportamos de alguna de estas maneras. Lo mejor para vivir en paz es adoptar un estilo de comunicación asertivo, que nos será útil, sobre todo, para decir que no.

Por mi trabajo, he tenido que aprender a decir que no. Es difícil y a veces todavía no me sale, porque yo tiendo a ser pasivo-agresiva o directamente pasiva. Así que hablé con mi jefe de esta dificultad, me recomendó que fuera a diversas formaciones y hoy en día puedo decir con orgullo que he logrado decir que no a clientes importantes, con contratos de mucho dinero de por medio, porque tenía que negociar determinados aspectos de los proyectos en los que trabajábamos. La técnica que me ha servido la quisiera compartir con vosotros, porque creo que es útil. Se descompone en las siguientes fases, cada una de las cuales se realiza tras la anterior en caso de que la persona insista:

  • Se dice que no, con una razón.
  • Se vuelve a repetir la negativa con otras palabras.
  • Se le añade emoción a la negativa.
  • Se expresa una consecuencia.

Lo importante de todo esto es utilizar frases que incluyan la primera persona del singular (yo) y que expresen una posición.

Por ejemplo, una persona viene a pedirme un favor con un proyecto personal, pero yo en ese momento estoy ocupada. Le diría:

“Lo siento, pero estoy ocupada y no puedo ayudarte”.

Si la persona insiste, entonces pasaría a repetir la negativa con otras palabras:

“Verás, necesito entregar lo que estoy haciendo lo antes posible y no puedo ayudarte”.

¿Que insiste? Le añadimos emoción:

“Lamento la situación por la que debes estar pasando y lo comprendo, pero estoy ya muy frustrada con lo que estoy haciendo y necesito centrarme en ello para acabarlo cuanto antes”.

A estas alturas, debería haber desistido, pero hay individuos MUY persistentes. Para ellos, se puede añadir una consecuencia:

“Por favor, necesito que me dejes hacer mi trabajo. Si no lo haces, tendré que informar de esto a tu jefe/colgar el teléfono/rehusar a trabajar contigo en otros proyectos/retirar mi apoyo a otros trabajos conjuntos”.

Aunque normalmente somos los individuos con tendencia a la pasividad o a ser pasivo-agresivos los que tenemos más dificultades, los tendentes a la agresividad también pueden servirse de esta técnica, pues ayuda a dominar la asertividad y mejora sustancialmente las relaciones interpersonales.

¿Qué conseguimos al decir que no de manera asertiva?

  • Nos centramos más en lo que queremos conseguir
  • Nos volvemos más efectivos en las relaciones interpersonales en todos los contextos (personal, profesional, a nivel de comunidad pagana…)
  • Nos sentimos mejor, porque nuestra comunicación es mejor, evitando la frustración de sentirnos demasiado ocupados en proyectos ajenos
  • Mejoramos nuestra calidad de vida, al centrarnos en lo que nos interesa o podemos abarcar

Un último apunte es que, además de utilizar siempre verbos de tipo “necesito”, “pienso”, “me parece”… nunca se deben utilizar preguntas del tipo “¿por qué no…?”. Haciendo eso nos estamos involucrando en el problema del individuo, le estamos dando una solución para quedar bien. Eso ya hace que tengamos que pensar por él, y aquí se trata de que el trabajo lo haga quien tiene que hacerlo, no nosotros.

Hasta aquí, nuestro truco de este mes de “La Paz es un estado mental”. Desde aquí os invitamos a usar estas técnicas durante un día. ¡Sólo uno! Podéis comentar cómo os ha ido en vuestra red social favorita mediante el hashtag #pazesunestadomental.

¡Paz!

Espacio para lo importante

imagesDurante un tiempo fui bastante pesimista con respecto a las actitudes de la comunidad pagana. Estaba descontenta, sobre todo, con el cotilleo y las guerras absurdas (con razones tan “importantes” como que X no aceptaba de amigo en Facebook a Y). Pero entonces caí en la cuenta de que, para dejar de oír y atraer dramas, oír y atraer cotilleos, yo debía evitar ese tipo de actitudes en mí misma.

Estaba embarazada de cuatro o cinco meses, me llegaban cotilleos y comentarios por todas partes, y decidí que ese drama no era bueno, ni para mí, ni para mi bebé. Fue así como empecé 2015 con el propósito de hacer el ejercicio de poner en práctica los tres filtros de Sócrates, para dejar de ser un foco de ese tipo de actitudes. Los tres filtros están explicados a continuación en una curiosa historia:

Un día un conocido se encontró con el gran filósofo Sócrates y le dijo:

– ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

– Espera un minuto – replicó Sócrates. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

– ¿Triple filtro?

-Correcto -continuó Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

– No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y…

– Bien -dijo Sócrates. Entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

– No, por el contrario…

– Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

– No, la verdad que no.

– Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?

Ha pasado un ciclo entero desde que empecé a ponerlo en práctica, a veces con más tino y a veces con menos, y a día de hoy puedo decir que mi existencia es muchísimo más aburrida que antes. En mi vida pagana ya no existen el cotilleo, el drama, las luchas de poder, las riñas, y todo aquello que nos hace decir “¡oyoyoyoyoyyyyy!” como si fuéramos marujas enfurecidas.

Pero sin toda esa aparente “diversión” ahora tengo mucho más tiempo y espacio para lo importante. Mi familia, escribir mis libros, meditar, pensar en metas que me llenen y que conseguir de aquí a diez años, forjar mi propio destino, trabajar en lo que realmente me gusta dentro de la comunidad, conocer a la gente de forma mucho más profunda… entre muchas otras cosas. Me sobra mucho más tiempo del que me sobraba antes, tiempo que empleo en tener ocio, en descansar cuando puedo, en jugar con mi hija, en lo que realmente me llena como persona, en definitiva, en mi ser espiritual.

Creo que voy a seguir intentando aplicar los tres filtros de Sócrates, porque su utilización ha hecho que deje espacio para lo importante. Es cierto que hay quien ya no me busca para compartir un cotilleo o para hablar de x cosas pero, ¿realmente eso era necesario? Me parece que no. Me parece que adoro esta “aburrida” vida en la que, definitivamente, encuentro tiempo para mi propia plenitud personal.

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