Personal

Mi experiencia con la ouija

notaouijaAVISO: Este artículo contiene experiencias personales, expresadas con fines informativos y de interés. Algunas son de novato total porque tenía quince años. A pesar de contarlas con cierta ligereza, me tomo esto muy en serio. Por favor, no reproduzcáis estos métodos en casa.

He comentado en algunas ocasiones que una de mis primeras experiencias mediúmnicas fue en una sesión de ouija, pero nunca termino de contar qué pasó en esas sesiones, cómo las hacíamos ni qué buscábamos, si es que buscábamos algo. Así que me he animado a hablar de este tipo de experiencias porque creo que hay muchos chavales ahí fuera que hacen estas cosas como un juego de adolescentes y quizá saber de primera mano qué le pasó a otra persona pueda ser de interés.

En sí, la ouija es una plancha o tablero con una plaquita que se desliza por encima, aunque también puede ser una moneda o un vaso. Encima del objeto que estemos deslizando sobre la plancha de madera se colocan los dedos de los participantes en la sesión. Este tipo de herramientas se utilizan para contactar con seres que no podemos ver, y usualmente necesitan una persona que haga de “antena” (normalmente denominado el médium) y otras personas que hagan de batería energética, necesaria para que exista el movimiento. Por regla general, las personas que hacen de médium, cuando entran en estas sesiones, no saben que tienen dotes para ello o hasta qué punto pueden hacer de receptores.

Como decía arriba, mi experiencia con la ouija, aunque extensa, fue bastante amateur, pues las participantes en nuestras sesiones de espiritismo éramos colegialas aburridas, muy aficionadas a que yo echara el tarot en los recreos. Para empezar, con quince años no tienes dinero para comprarte un tablero de ouija en condiciones, y tu padre/madre tiene tanto miedo al cachivache en cuestión que no va a consentir comprártela. ¿Qué hicimos nosotras? Improvisar con lo típico: una moneda de quinientas pesetas (probablemente la paga semanal de alguien) y un folio donde poníamos las letras y los números, sí y no, quizás, hola y adiós. Cutre a más no poder.

En estas sesiones se manifestaron entidades muy diferentes, porque lo que te puede pasar en estos casos en los que vas a lo loco es que vengan tanto entidades muy elevadas como muy densas, y sus puntos intermedios. La ouija actuó para nosotras como una puerta por la que invitábamos a entrar a desconocidos que nos rondaban, como si tú invitas a entrar a tu casa al señor que pasa por debajo de tu balcón. A veces, había “guías” o “espíritus protectores” que tomaban la sesión para no dejarnos hablar con otras entidades.

Con el tiempo, en particular yo empecé a escuchar en mi cabeza el final de las frases que decían aquellos espíritus. No eran voces de hombres o mujeres, era como si me dictaran en un idioma dado, yo escuchara y luego tradujera al español. Eso me llevó muchas críticas en algunas sesiones, porque parecía que era yo quien movía la moneda, y por eso decidí hacer el experimento de estar físicamente en contacto con mis amigas para no romper la energía, pero no tocar la moneda en absoluto. Si cortaba el contacto con la moneda pero seguía tocando a alguna de mis amigas, la moneda seguía moviéndose y yo seguía escuchando, podía saber perfectamente qué iban a decir sin necesidad de estar en contacto con la improvisada ouija.

Como parecía un juego y claro, había quien no se lo creía, en una ocasión una amiga salió del círculo y cortó el contacto con el resto de las chicas para hacer una pregunta de la que ninguna de las demás conocía la respuesta. La entidad que se comunicaba por la ouija contestó con una precisión apabullante y ese día nos dimos cuenta de que no era simplemente un juego: esos “espíritus” conocían nuestras vidas, nos conocían a nosotras, estaban allí. Algunos se marcaron el vacile de decirnos parte de nuestro futuro que les era conocido (y acertaron), lo típico: cuándo perderé la virginidad, cómo se llamará mi siguiente novio, etc. Nos empezamos a plantear sus motivaciones, deseos y anhelos. Alguno dijo estar enamorado de mí y, como era la médium del grupo, me asusté muchísimo porque el resto estaba muy enganchado, mientras que yo me sentía como una antena que era necesaria para ver la televisión.

Finalmente, y tras un par de años haciendo sesiones, lo dejamos. Una de las chicas dijo que teníamos que dejarlo y yo le di la razón: ella supo ver que había dos en concreto que estaban enganchadísimas. Ésa es la otra parte de estas prácticas, pues enganchan. No es una cosa de un día ni de dos, sino que te acostumbras a que haya espíritus que te doren la píldora a cambio de vete tú a saber qué. En retrospectiva, me doy cuenta de que ese tipo de espíritus hablaban en un lenguaje más mundano, más relacionado con los deseos que podría tener una quinceañera: ser aceptada, ser amada, encontrar su sitio en el mundo. Pero también tuvimos espíritus muy elevados que nos dijeron cosas como “éste no es vuestro lugar, sois sólo niñas y lo que hacéis va más allá de lo que podéis imaginar”. Lo interpretamos como una grosería, pero a día de hoy me doy cuenta de que fue un buen consejo: no debíamos hacer lo que estábamos haciendo de la manera en la que lo estábamos haciendo. Hubo sesiones en las que pasamos verdadero miedo al ver que había materializaciones de aquello con lo que supuestamente estábamos hablando.

El grupo de amigas se disolvió al poco de dejar de hacer sesiones porque se acabó el colegio, empezamos la Universidad y, paulatinamente, dejamos de vernos. No creo que fuera casual, sino que de alguna manera lo relaciono con la energía que movimos. Hasta donde sé, soy la única que sigue practicando psiquismo, si bien de otra manera. Hasta donde sé, soy la única que habla de lo que sucedió, como si las demás hubieran echado un velo sobre sus recuerdos. Aquel “juego” que no era tan juego despertó muchas cosas en mí, que en cierto modo ya estaban pero necesitaba desarrollar. Pero si pudiera volver atrás, no lo haría si hubiera sabido que dejamos entrar muchas cosas a nuestras mentes y nuestros corazones.

¿Cómo es que, después de semejante relato, a día de hoy camino entre mundos y sigo siendo bruja? Supongo que porque era uno de mis aprendizajes para esta vida. Supongo que vencí mis miedos. Supongo que, después de todo, mis guías supieron estar ahí para mí. O más bien supongo que, después de todo eso, quise aprender a defenderme, ejerciendo el psiquismo y la magia de una manera mucho más responsable. El problema en sí no es la ouija, que es una herramienta como otra cualquiera, es la forma en la que se la utiliza dentro de la sociedad y en especial por los adolescentes.

Cuando te vas del camino sin darte cuenta

Cuando tenía 21 años y hacía poco tiempo que estaba en el camino, tenía un sendero muy claro ante mí. Me gustaban las plantas, echaba las cartas y estaba empezando mi primer grado en la Tradición Correlliana. Como soy una bruja urbanita, mi jardín mágico era mi terraza, donde adoraba plantar todo tipo de semillas. Hacía velas, y de hecho fue por aquel entonces cuando me compré mi primer kit de fabricación de éstas. Coleccionaba algunas de ellas y me gustaba hacer creaciones con pétalos y hojas de mi propia cosecha. Meditaba y hacía pathworkings casi a diario, llegando a obtener miradas un poco raras incluso de mis amigos paganos cuando decía “anoche bajé al inframundo”. Mi ídolo era Z. Budapest y afirmaba que la Wicca no tenía dogmas, sólo un consejo que es la Rede. Compaginaba todo esto con la Universidad y mi entonces novio.

Ahora tengo 35 años, hace ya varios que peino algunas canas, tengo un trabajo a jornada completa, estoy casada y tengo dos hijos. Desde que cambié de casa y de ciudad con 28 años (en 2010), vengo viviendo de otra manera mi creencia. Durante los últimos siete ciclos, mi práctica ha consistido en largas sesiones de trabajo, traduciendo textos para mi Templo y para otros Templos de la tradición, escribiendo, ideando cursos, dando conferencias, publicando artículos, editando, en fin, un ir y venir de “más más más más” que, no lo niego, al final me ha acabando pasando factura. Recuerdo perfectamente sesiones de trabajo maratonianas hasta de 15 horas, trabajando domingos y festivos, en los que apenas veía a mi pareja. Mi devoción diaria quizá fuera mi único momento de tranquilidad, pero la mayor parte de las veces encendía la llama de Brigit y me dedicaba a seguir trabajando. Si no era para mí, era para otra persona, lo importante era trabajar sin parar…

Pero eso no es verdad. La vida no es trabajo y la espiritualidad no es trabajo, o al menos ahora lo veo así. Creo que me fui mucho del sendero espiritual y convertí esto en un sinsentido.

La vida es muchas cosas y la espiritualidad también es muchas cosas. A veces es ese trabajo tedioso, horrible, de muchas horas y mucho esfuerzo, y a veces no. Desde luego, ese ritmo no se puede mantener durante mucho tiempo. También en ocasiones la vida es una fiesta y un carnaval, un momento para disfrutar y vivir felices. Creo que la clave está en el equilibrio. Así estoy yo ahora, volviendo a aprender quién soy de nuevo, esa chica a la que le gustaba la jardinería, hacer velas, manualidades variadas, hacer hechizos para conseguir un dinerillo con el que comprarse un vestido nuevo… vivía contenta con mis amigos, que en su mayoría no eran paganos, salía, entraba y hacía una vida completamente normal, con el aderezo de mi espiritualidad.

Por si alguien se pregunta a qué me estoy dedicando, sigo trabajando en el Paganismo, especialmente dentro del Templo de Brigit, pero lo hago a otro ritmo, a mi manera, sin presiones y sobre todo disfrutando de lo que me gusta hacer. Pero no me cabe duda de que lo anormal ha sido lo de estos años atrás, en los que se apoderó de mí una entidad llamada “En-el-Paganismo-lo-único-importante-es-trabajar-para-la-Comunidad”, que me convirtió en poco más que un zombie que trabajaba por y para mi creencia, 24 horas al día, 7 días a la semana, obviando cosas como que también tengo un trabajo de día, una familia y unos hobbies.

A esto me han llevado estos meses en lo que, admito sin ningún pudor, he trabajado espiritualmente por y para mí porque yo lo valgo. No puedo darme a los demás si estoy sin gasolina, no puedo ofrecer algo si yo no he tomado algo. Eso y poner límites sanos (mi talón de Aquiles) es, en gran parte, en lo que estoy trabajando últimamente con más ganas.

¿Y tú? ¿Has trabajado hasta la extenuación en alguna ocasión y te has dado cuenta de que ya no podías más?

Como esta buena señora zombie me quedé yo de tanto trabajar...

Como esta buena señora zombie me quedé yo de tanto trabajar…

Crónica del mes en el que devocioné intensamente

372489Hoy quería compartir las conclusiones de un mes de devociones intensivo que he llevado a cabo durante febrero. Sé que no estoy inventando la rueda porque ahí fuera hay gente que ha hecho esto, pero esto no se trata tanto de vuestras reacciones o experiencias sino de las conclusiones que yo extraigo de mi propia experimentación, y también por si a alguien le sirve. No lo he visto publicado por ahí, así que quién sabe si esto le puede venir bien a alguien.

Para comenzar, quería explicar que elegí febrero de 2017 como un mes para hacer devociones diarias a diferentes deidades, una cada día de la semana, en total siete divinidades. Dioses y diosas indistintamente y prácticamente había paridad, con una ligera mayoría de diosas. Lo curioso o que quizá llame la atención a algunos de esta devoción que he realizado es que cada uno de estos dioses pertenecía a un panteón diferente. No voy a entrar mucho en lo que venía siendo la devoción ni los dioses a los que adoré, sino que me gustaría centrarme en lo que ha supuesto para mí. Y ha sido lo siguiente:

  • En primer lugar, lo he hecho en febrero porque tiene 28 días y eso me daba cuatro semanas para repetir el ciclo de siete divinidades y no adorar a uno por encima de otro. Me gusta la idea de empezar cuando se empieza el mes y terminar cuando se termina, quizá porque soy así de cuadriculada. Esto es un poco como el que empieza las dietas un lunes o en día uno del mes. En realidad no tiene importancia, es una forma de organizarse, simplemente.
  • Me apunté en mi agenda qué dios tocaba cada día, y cada día de la semana tenía un sentido en particular relacionado con el dios o la diosa al que le iba a hacer la devoción. Es decir, que no he venerado por ejemplo a Shivá en un jueves porque no creo que le pegue mucho, teniendo en cuenta el dios en sí y a sus símbolos.
  • Por si alguien se lo pregunta, no, no he buscado tener algo a cambio de este intensivo de devociones. Sólo quería conectar con una Divinidad en particular durante un día, ponerme “el sombrero de ese dios o esa diosa” durante un día completo y ése era el objetivo. Si la Divinidad quiere mandarme algo como muestra de cariño, estoy abierta a cualquier cosa que pueda hacerme feliz, pero lo he hecho por amistad y celebración principalmente.
  • Los dioses los he elegido con mucha cabeza. Me llevé un par de meses pensándolo antes de hacerlo, eligiendo no sólo los días como ya decía, sino el por qué creía yo que esa divinidad y su actitud podía aportar algo positivo a mi vida. También estuve pensando en las interacciones entre ellos, que fueran compatibles dentro de mi ser como devota. No quería causar demasiada confusión en mí misma.
  • El hecho de que haya sido a dioses de distintos panteones ha sido muy curioso porque a mí me encanta probar cosas nuevas y en mi práctica soy bastante ecléctica últimamente, pero comprendo que puede ser bastante confuso para gente que no quiera celebrar diferentes panteones o que tenga otra forma de pensar. De todas formas, creo que se puede adaptar para las necesidades de cada uno, desde devocionar a dioses del mismo panteón hasta trabajar diferentes virtudes, cada una en un día de la semana. Como esto es muy personal, lo dejo ahí por si a alguien le sirve. También, a día de hoy, 1 de marzo, no me ha caído un rayo por mezclar panteones. Sigo viva y coleando porque dicen que bicho malo nunca muere.
  • No me he saltado la devoción ningún día, pero he de decir que las dos últimas semanas se me han hecho cuesta arriba. Las dos primeras semanas fueron muy fáciles, pero cuando juntas dos o tres días con algo de prisa por alguna razón, es fácil que la consistencia en la práctica se vaya diluyendo. Para mí ha sido importante intentar retomar el control para no perder esa disciplina paulatinamente. Creo que esto es aplicable a casi cualquier devoción diaria que tenga un carácter activo, quiero decir, que no sea simplemente encender una vela y ya está, sino que trate de integrar esa energía en la vida de uno.
  • Y sí, esto genera mucha disciplina y requiere una buena cantidad de ella.
  • Ha sido muy diferente realizar esto de las devociones a las que estoy acostumbrada. Y ya ni cuento lo diferente que es de realizar un ritual wiccano correlliano o de la FOI. Totalmente distinto. Por cierto, por si alguien se lo pregunta: no, esto no es Wicca.
  • La parte más difícil ha sido integrar esto con una vida espiritual que últimamente está siendo muy intensa. A veces notaba que me tocaba por ejemplo una sintonización que me movía mucho internamente, o que el eclipse de turno me tenía loca, o que la runa con la que estaba trabajando en el curso que estoy haciendo me tocaba la fibra sensible, y a la vez necesitaba tener un rol activo por la devoción que estaba haciendo. A pesar de que no he movido energía de manera mágica, sí he hecho mucho trabajo interno y han salido cosas a la luz que creo que no habría podido ver si no hubiera contado con ayuda divina. Pero lo bueno de esto es que hay un momento para cada cosa y al final saco que los dioses siempre encuentran la forma de integrarse de forma armónica a nuestra vida.
  • En cierto modo me ha enseñado a conectar con diferentes energías de orígenes distintos para poder dar de manera más fácil mensajes que son entregados en diferentes “idiomas” cuando hago de oráculo. Nótese que lo pongo entre comillas porque no creo que sean idiomas en el sentido humano de la palabra, pero sí considero que como oráculos (y esto lo he visto en algunos de mis estudiantes de tercer grado), al bajar una divinidad y hablar por ella puede que conectemos con una forma de pensar un poco diferente y que cuando estamos entregando el mensaje es posible que no encontremos las palabras adecuadas. Personalmente, no tengo muchos problemas para entregar mensajes, pero esta experiencia me ha permitido poder experimentar de primera mano que podrían existir matices en cómo se comunican las diferentes divinidades, y me acerca mucho a las personas que pueden tener un poco más de dificultad para realizar estas funciones, o bien que las están aprendiendo. En definitiva, es un ejercicio de empatía.
  • Energéticamente también he notado que había dioses y diosas de fuera de la devoción que se me acercaban. Ha sido como “Hola, ¿es aquí donde hacen devociones gratis?”. Puede que también haya sido yo, que ya me ha dado por experimentar y quería hacerlo a lo grande. Vete tú a saber. Pero por hoy voy a dejarlo aquí (en realidad no: este mes voy a hacer novenas a mis diosas patronas porque no tengo remedio y me van las emociones fuertes – y se lo he prometido a Morrigan).

Creo que eso es todo lo que saco ahora mismo en claro de esto. Ha sido todo un reto, muy entretenido y que ha exigido dedicación. No lo recomiendo para principiantes, porque puede ser lioso a ratos, pero sí si tienes ganas de algo nuevo mientras desarrollas tu auto-disciplina, o si estás cansado de hacer siempre las mismas devociones diarias. Eso sí, no lo recomendaría para más de un mes o incluso lo recomendaría para una o dos semanas máximo para empezar. Y siempre, siempre adaptado a uno mismo, a las necesidades y siendo realista, sabiendo qué vas a hacer, hasta dónde puedes dar y por qué.

Mamá y sacerdotisa: pensamientos sobre la práctica del Arte y la conciliación

No hace mucho, estaba leyendo este libro y uno de los ensayos hablaba de una sacerdotisa cuyo primer oráculo canalizado había sido porque su suma estaba de baja maternal al haber dado a luz recientemente. La verdad, lo vi muy normal porque recién parida yo tenía ganas, sobre todo, de aprovechar el tiempo en dormir y no en hacer magia. Sin embargo, encuentro que tras mis dos partos, una vez superada la cuarentena, prácticamente fui recuperando bastante rápido mi necesidad de trabajar en el ámbito espiritual, empezando, sobre todo, por mi práctica personal. Me imagino que cada uno/a tendrá un ritmo diferente de recuperación dependiendo de sus circunstancias y estado de ánimo. También hay personas que deciden hacer un alto en el camino, lo cual es igualmente válido aunque no fue mi caso, así que opté por conciliar lo mejor que pude.

Tenía muchas preguntas tras mis dos partos. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto necesito conciliar? ¿En qué puedo meter a mi hijo recién nacido, y en qué es mejor que se lo quede su padre durante el tiempo en el que esté yo ocupada en rituales? ¿Debo canalizar en el postparto tardío? ¿Cómo encontrar tiempo para meditar, si tengo a una criatura que llora si salgo de la habitación? ¿Cómo llevarán mis compañeros de aventuras mágicas la incorporación de este nuevo ser a mi vida?

Me ha ayudado muchísimo el poder hablar abiertamente del tema con mis compañeros de senda. Por ejemplo, decir abiertamente que la vida cambia y hasta qué punto cambia, para que los que no son padres o madres puedan entenderte. Encuentro que poner las cartas sobre la mesa desde el principio ayuda a no crear falsas expectativas, como que vas a poder mantener una fiesta post-sabbat hasta las tres de la mañana porque el bebé tendrá que dormir (y sobre todo, tienes que dormir). La gente no suele saber qué conlleva tener una criatura porque somos una comunidad muy joven en una sociedad envejecida. Con suerte, algunos de nuestros compañeros y compañeras tienen sobrinos/as o hermanos/as de menor edad, lo cual facilita mucho las cosas.

Otro de los elementos que más me han ayudado a conciliar ha sido un portabebés ergonómico. Nunca podré estar más agradecida a los diseñadores de rebozos, portabebés o mochilas tipo canguro. Con este tipo de cachivache he llegado incluso a amamantar y a guiar meditaciones a la vez, hasta en una ocasión inicié a una persona en una disciplina espiritual. Mis dos hijos han sido niños-Nenuco mientras los he tenido en brazos, al menos hasta los seis meses y especialmente en las primeras semanas, pero el panorama cambiaba si los dejaba en una cuna o en el cochecito, y rompían a llorar inmediatamente. Uno no se puede concentrar en nada cuando hay un bebé llorando. Buscar una solución sencilla es prioritario si no tienes a nadie con quien dejar a tu hijo/a y te apetece seguir activo en tu sendero espiritual. También cuando no hay nadie que te cubra en tu coven para realizar iniciaciones o para liderar encuentros.

No me avergüenzo en decir que me he hecho formaciones espirituales enteras con un bebé en el pecho e incluso he meditado amamantando en la comodidad de mi cama. Para trabajo más especial o intenso suelo pedir ayuda a mi pareja, pero tras haber dejado harto de comer a mi niño pequeño, minutos antes de meterme a hacer ese trabajo más delicado. Así, no llora y no lo pasamos mal.

Por supuesto, dejar el cuidado del bebé en otra persona (el otro progenitor) es lo ideal, pero no siempre se puede. En mi caso concreto, mi marido es mi pareja mágica y en muchos rituales él está presente. Otras veces, mis bebés han llorado porque yo era su figura de cuidado principal y eran demasiado pequeños como para estar sin mí aunque fuera una hora. Recuerdo que hice de intérprete en una entrevista de tres horas para una emisora pagana cuando mi hija la mayor tenía mes y medio, y lo recuerdo como uno de los peores momentos en cuanto a conciliación con mi papel de madre (aunque la entrevista estuvo muy bien) pues mi niña no paró de llorar, a pesar de estar con su padre. Desde mi estudio la oía y se me partía el corazón de escucharla gritar. Como estos momentos he tenido unos cuantos, como en un ritual de Lustración que celebramos en 2015, y a partir de esos momentos decidí que haría lo posible por conciliar ambos aspectos, ser consciente de las limitaciones que tienen, así como de las ventajas, y que expondría mi caso y haría valer mi posición ante las personas con las que iba a trabajar. Creo que esto es fundamental para conseguir visibilidad de cara a la comunidad sobre esta realidad tan ignorada. Creo que el bienestar de un niño debería ser prioritario e ir por delante de cualquier expectativa y hay errores que creo que no volvería a cometer a este respecto.

Una de las grandes falacias de nuestro tiempo y que las mamás (también los papás) recientes escuchamos mucho es “no permitas que tu hijo/a cambie tu vida, tu vida debería seguir como antes”. Es hora de que las madres y los padres digamos la verdad: en el momento en el que pones un pie en el camino de la m/paternidad, tu vida cambia y es inevitable. Eso hay que recordarlo también como sacerdotes y sacerdotisas. Forma parte de una decisión consciente. En lugar de esa falacia, cabría preguntarnos cómo conciliar adecuadamente estos dos aspectos tan esenciales de nuestra vida.

*Entrada escrita en gran medida con (al menos) un bebé en algún pecho*

Relato: El penalty de Aurelio

penalty-1024x647Este relato es, tal cual, un sueño que tuve hace muchos años. Sucedió una tarde, en mitad de una siesta de fin de semana, mientras el sol se asomaba por mi ventana y me hacía tener sueños de otros mundos y otras vidas y, quizá, de otros Yoes en algún otro lugar…

Conste que no creo en el Diablo cristiano, pero en este sueño sale. Es sólo un personaje.

Dicen que, a veces, un durmiente es llamado por una fuerza neutral de la Naturaleza para hacer de testigo en algún perverso juego del Diablo. Éste, que gusta de hacer trampas y trapatiestas, a veces necesita quien le diga que se está pasando de castaño oscuro, incluso cuando está en la naturaleza propia del Adversario realizar este tipo de actos tramposos.

Frente a nosotros tenemos a Aurelio, un niño de unos ocho años, que está jugando su alma a un extraño juego de fútbol con el Diablo y sus sirvientes. Su pelo cortado a tazón es casi tan dorado como su nombre. Sus padres están en el campo también, jugando junto a él, y sé (cosas que pasan en los sueños) que Aurelio está muerto. Ha muerto de cáncer. El mismo cáncer cuyo tratamiento arrebató su cabello rubio de su cabeza. Pero como ahora ya ha muerto, Aurelio corre como el viento por el campo de fútbol, con su balón, como aquel futbolista que soñó con ser y nunca más será. En la muerte no hay limitaciones. Por eso, es el primero y el último de sus partidos de fútbol y juega como siempre soñó con jugar.

Aurelio marca, gana, pero el Diablo es viejo y sabe cómo hacer trampas. Yo, que hago de linier, estoy viendo cómo cambia de posición a sus propios sirvientes, cómo un balón se sale de la línea o cómo coloca a los suyos en fuera de juego. En una de ésas, el árbitro (al que nunca veo la cara, y seguramente sea otro durmiente, como yo misma), pita un penalty. Es el penalty que puede darle la victoria a Aurelio. Victoria sobre su alma, ¿no es irónico y a la vez horripilante, jugar por lo que siempre fue de uno?

Con el Diablo bajo los palos, Aurelio se dispone a chutar. Corre como el viento y refleja el sol en sus cabellos, el mismo sol que se cuela por mi ventana mientras duermo.

Y ese rayo de sol que deslumbra me despierta, sabiendo que es ese brillo el que le hace ganar un partido que no sé si ha ganado porque alguna fuerza del Universo ha decretado que ese partido era demasiado injusto hasta para el mismísimo Diablo, o si es que de verdad Aurelio ha marcado el gol de su vida.

O más bien de su muerte.

Sueños de bruja.

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