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Caminando entre mundos (3): cambiando entre estados de conciencia

Ya escribí un par de artículos sobre trance, uno se llama “Tipos de trance y trabajo oracular” y el otro es “Trance, oráculo, seguridad y posesión“. Pero como sigo recibiendo preguntas casi a diario sobre este tema, sobre cuánto debe durar un trance profundo, cómo se controla, etc, me he animado a hablar más de ello, porque suscita mucho interés. En esta ocasión, quisiera verlo no como una clasificación de los estados del trance (porque en realidad no existe tal clasificación, sino que sería un espectro o abanico bastante amplio), sino que quiero enfocarlo a qué sucede cuando vamos de uno a otro, si esto es posible y cuánto deberíamos estar en cada uno de los estados de conciencia.

Lo primero que digo siempre es que todos los estados de conciencia cuestan energía, incluyendo el denominado estado de conciencia habitual, que es el de la vigilia. Por eso precisamente comemos, respiramos y dormimos. Cualquier estado de conciencia alterado también consumirá recursos, de la misma manera. Por eso, no conozco a nadie que haya aguantado en trance profundo dos días enteros sin comer. Aparte de esto, y en términos de energía, hay otro elemento más que consume recursos, y se da sobre todo cuando estamos trabajando con alguna entidad. Esa entidad, para hacerse más palpable y poder acompañarnos en el viaje entre mundos (o cuando vamos a hacer un trabajo oracular, por ejemplo), necesitará que le dediquemos energía. Ya sea mediante un baile, ya sea mediante una ofrenda, una oración, una canción… cualquier cosa que le dediquemos va a servir para que pueda viajar con nosotros.  A veces, también podemos ayudar energéticamente al Yo Superior de la persona o las personas que entran en trance.

Ahora bien, ¿cómo es que se oyen historias de personas que se llevan dos días enteros en trance y caminando entre mundos, después de lo que estoy diciendo? Pues muy sencillo: el trance es un proceso fluido, se puede entrar y salir de él, se puede alternar entre estados de conciencia, como siempre se hace, en la vida diaria. Dice Michael Harner (el autor de “The Way of the Shaman”, una de las obras más conocidas del revival del chamanismo contemporáneo, y presidente de la Fundación de Estudios Chamánicos) que lo que sucede es que, en realidad, al hombre blanco actual le resulta extraña la noción de que muchas realidades se puedan superponer. Mientras que, como sabemos las brujas, y también los chamanes, todas las realidades están en el mismo momento, sucediendo, y conviviendo. Todos los planos se dan al mismo tiempo.

Este mismo autor relata en sus principales obras cómo existen chamanes tradicionales (americanos) que cambian de un estado al otro, porque en cada realidad existen elementos diferentes que le ayudarán en sus quehaceres. Por ejemplo, buscarán una planta que les ayude en esta realidad, y un espíritu en la otra, pero utilizarán ambos elementos a la vez porque, para ellos, todo forma parte de lo mismo: solo hace falta saber conjugar ambos elementos y ambas realidades. Honestamente, creo que los practicantes de corrientes mágicas contemporáneas, que contienen elementos de chamanismo aunque obviamente se han ido perdiendo con los siglos, podría considerarse que hacen lo mismo cuando utilizan, por ejemplo, técnicas psíquicas como la doble visión o la canalización. Sin embargo, me parece curioso que, en corrientes afines a la brujería actual, como la Wicca, me he encontrado con una gran resistencia a considerar que esto sea posible. He de reconocer que yo misma he sido reticente a ello, hasta que mi práctica ha ido evolucionando y llevándome por otros derroteros. De ahí que, a día de hoy, considere, de acuerdo con mi experiencia, que el trance es un estado de conciencia bastante fluido y que, cuando se busca mediante las técnicas adecuadas (baile, cántico, percusión, movimientos estereotipados, mantram, etc) se puede entrar y salir de él con bastante naturalidad. A veces, de hecho, hace falta muy poco para ello.

Pondré un ejemplo. Hace unos años, trabajaba en un contact center en el que, a diario, tenía que buscar cientos de números de incidencias técnicas y asociarlos manualmente a estados de tramitación. El mero hecho de buscar números de seis o siete cifras, que me repetía para mí misma, en un archivo excel, cambiar el estado de las incidencias y repetir el proceso con otro número, me hacía entrar en un trance ligero, incluso con los ojos bien abiertos y la mente puesta en algo tan prosaico como un archivo excel. Luego, tras unos instantes de “mareíllo”, era capaz de volver a mi estado de conciencia habitual como si nada hubiese pasado.

Quizá la resistencia, como han apuntado muchos investigadores de la talla de Eliade o el mismo Harner, esté en que la aproximación del mundo occidental al trance es que, para que se dé, tiene que ser un proceso continuado en el que se accede a una realidad espiritual que no se da a la vez de la realidad mundana. Personalmente, esto me parece igual que de incierto que la noción de que los adultos dormimos “de un tirón”, cuando sabemos que hay ciclos de sueño y despertares nocturnos, tras los cuales volvemos a dormirnos, a veces sin darnos cuenta. Si nuestro cerebro ni siquiera lo hace de manera continuada con un proceso natural como es el sueño, tampoco podemos esperar que lo haga con estados de conciencia alterados que, puntualizo, se hayan conseguido sin la intervención de drogas psicoactivas.

Sin embargo, creo que esta concepción de “estado de conciencia inamovible y estanca” está cambiando en el Paganismo contemporáneo. No hace mucho me leí el fantástico “Seidr: The Gate Is Open” de Katie Gerrard, y me encantó que ella comentara su experiencia ayudando a personas a estar en trance y salir de él en los ritos de inspiración nórdica que conllevan el uso de un asiento de honor o Hliðskjálf. La autora comentaba, además, que las personas que viajaban por los mundos en estos ritos, tras ser introducidas por un Maestro de Ceremonias que las guiaba, se hacían el relevo unas a otras cuando estaban cansadas de dar sus oráculos. Esto me parece importantísimo porque, a pesar de estar en trance, ellos y ellas eran capaces de decirle al Maestro de Ceremonias, a la manera comunicativa habitual, que ya estaban cansadas y que era el momento de otra persona para continuar realizando el oráculo. Y esto choca con esa concepción de “entrar en trance y no salir de él”, demostrando que incluso en prácticas chamánicas de origen europeo, como en el Paganismo nórdico, existe esa posibilidad.

¿Por qué no en Wicca?, me pregunto. ¿Por qué tengo que estar en un determinado estado de conciencia y, si no lo hago, soy como esas videntes de la tele que no parece que entren en trance? Supongo que Wicca está muy influenciada todavía por la manera de pensar occidental, que tiene mucha influencia cristiana. La verdad, cuantos más mitos leo, y más profundizo en la relación entre el trance y las personas que aparecen en esos mitos, más creo que el trance en Europa también solía ser algo fluido, y no tan estanco como a veces pensamos que es.

Caminando entre mundos (2): Acompañantes, una técnica para descubrirlos

Rara vez camino entre mundos sola. Como todo el mundo, tengo un equipo de espíritus-guía, animales de poder, tótems, etc. En la Orden de Caminantes de Mundos me enseñaron una técnica muy buena para conocer a algunos de estos guías, que te pueden acompañar durante las incursiones que realices en otros reinos. Ya había tenido la oportunidad de trabajar con este tipo de entidades en profundidad, tanto en Sacerdocio del Mar como en Chamanismo Correlliano, pero en una ocasión leí en un libro de Vivienne O’Regan* (la obra se llama “The Pillar of Isis” y me parece muy recomendable) una técnica que me pareció muy buena para trabajar con espíritus acompañantes y desde entonces es la que uso principalmente para encontrarme con mi acompañante principal y casi siempre antes de viajar. Paso a describir brevemente la meditación que hace falta realizar para encontrarse con ese espíritu por vez primera, más o menos como la Rvda. O’Regan propone, si bien le he añadido algunos toques míos.

Se trata de entrar en un estado meditativo hasta visualizar una puerta al final de un pasillo. Hay que fijarse muy bien en esa puerta y establecer, dentro de ella, un símbolo que nos asegure que la entidad que vamos a encontrar es, por así decirlo, la “de verdad”. Esto es porque muchas veces dejamos que nuestro subconsciente se apodere de las meditaciones y lo que nos encontramos es de todo menos a nuestro guía. La Rvda. O’Regan establece que, como medida para asegurarse de esto, visualicemos una Isis alada en el arco de la puerta. Yo lo hice, en lugar de con una Isis alada como propone la autora, con una cruz de Brigit de cuatro brazos. En fin, que debes visualizar un símbolo que te evoque algo divino y que actúe para hacerte sentir seguro/a. Esta me pareció la principal diferencia con respecto a la Orden de Caminantes de Mundos, en la que no se imagina nada de esto y los métodos de detección de guías son bastante diferentes.

Debajo, en la misma puerta, has de centrarte en tu objetivo (encontrar tu guía-acompañante para caminar entre mundos) y visualizar un símbolo sagrado que sea de relevancia para ti. ¿Qué verás? Muchas cosas en esa puerta. No cejes en tu empeño hasta que el símbolo tenga una relevancia para ti, hasta que veas que es TU símbolo. Entonces, deja que la puerta se abra.

Dentro, verás una escena y probablemente una figura. Tómate tu tiempo para hablar con él/ella. Pregúntale su nombre, cuál es su función, qué hace, desde cuándo está contigo… lo que tú quieras. Deja que te dé los mensajes que tenga que darte. Cuando hayas terminado, despídete de él/ella y deja que se marche por la puerta. Ciérrala y vuelve a tu cuerpo despacio, por el mismo camino y el mismo pasillo por el que has entrado.

Esto puedes hacerlo cada vez que necesites hablar con este guía. Recuerda que los símbolos son importantes, porque actúan como llaves de cerraduras, así que visualiza bien los símbolos acordados antes de abrir la puerta. Asegúrate de que se trata de tu símbolo, el correcto, el que se sienta “bien” para ti. Por así decirlo, el que mejor te represente. De esa forma, estarás viendo algo que tiene relevancia para ti.

Recuerda que los espíritus guía pueden cambiar a lo largo de la vida. Algunos son para toda tu existencia también y otros te acompañan durante varias encarnaciones, pero no te extrañe si alguno cambia en algún momento, especialmente si están realizando alguna misión temporal para ti.

Espero que esta técnica os sirva de ayuda.

Portada-Gran-Madre-Isis

(*) Vivienne O’Regan es sacerdotisa de la Fellowship of Isis.

Caminando entre mundos: sanando zonas afectadas por desastres, atentados o accidentes

Lo típico cuando se trabaja energéticamente con zonas difíciles, por ejemplo afectadas por desastres naturales, accidentes, atentados o conflictos a gran escala, es que se trabaje con energía Reiki, encendiendo velas o enviando energía curativa de otras clases. Son tantas técnicas que no podría listarlas todas aquí, y creo que en parte es porque cada maestrillo tiene su librillo. Pero para mí estas técnicas, algunas veces y cuando la situación es muy traumática, me resultan demasiado impersonales. No me siento del todo cómoda con eso de “Que vaya donde se necesite”, porque a mí me han enseñado que en el trabajo energético hay que ser muy específico.

En mi experiencia, cuando empecé a trabajar en la Orden de Caminantes de Mundos vi que algunas sesiones las dedicábamos a ir por zonas devastadas o necesitadas de energía y ése fue mi primer trabajo de campo “de verdad”, pero debido a que nuestras reuniones sólo eran una vez al mes, había momentos en los que creía que era necesario ir a ayudar, especialmente en tragedias muy grandes o importantes.

¿Qué pasaba cuando iba sola aquellas primeras veces? Que me saltaba toda la casquería. Aquello parecía una película de Sam Reimi. Gore en estado puro.

Tras un tiempecito de reflexión sin ir a ningún otro desastre, y un poco menos caldeada, pensé “algo he tenido que hacer mal”. Efectivamente, algo había hecho mal: me había acercado a una zona afectada por un desastre desde un nivel demasiado denso o material. Esto no me sucedía cuando accedía con la Orden, porque aparte de ir acompañada, nuestro punto de partida casi siempre es otro.

Esto me volvió a suceder tiempo después en una regresión, pedí ayuda a unos amigos (hola, chicos, vosotros sabéis quiénes sois) y por eso hoy me animo a compartir unos trucos que utilizo cuando camino por zonas en las que puede haber “casquería”, ya que esto puede pasar sobre todo en estos momentos.

Nótese que “caminar” aquí quiere decir ir entre mundos. Y que si queréis hacerlo, de acuerdo, pero cada uno a discreción propia. Esto es algo que yo hago porque quiero, y no es que lo recomiende o lo deje de recomendar.

En primer lugar, normalmente al empezar la sesión voy más arriba, a un plano superior y más abstracto, para aproximarme a la zona afectada. No hago lo típico de salir de mi cuerpo, salir de mi habitación, salir de mi ciudad, ir hacia arriba a las estrellas y buscar el lugar aquí y ahora en el que ha pasado el desastre. Si lo hago, creo que existe la posibilidad de que me encuentre con algo no apto para estómagos sensibles, porque así de divertido es mi Yo Superior, o mi subconsciente, o una mezcla de ambos, especialmente tras haber visto las noticias. Para distanciarme de todo esto, la mayor parte de las veces, con hablar con el espíritu a cargo de determinada zona es perfectamente factible hacer este tipo de trabajo de sanación.

¿Cómo sé qué espíritu es el que rige la zona? Pues mediante un estudio rápido de la misma. Para eso tengo internet y puedo acceder rápidamente a la información. Intento evitar en la medida de lo posible las páginas de noticias para evitar casquería mediática adicional, eso sí.

De cara a “subir de plano” hago lo mismo que para “bajar”: tras entrar en trance, visualizo unas escaleras y subo por ellas, hasta donde creo que se encuentra el guardián del lugar, que es donde me lo dice mi instinto. Como no se trata de seres muy muy elevados, no hace falta subir mucho. Si por alguna razón no encuentro al espíritu a cargo de la zona, muchas veces subo de nivel y entonces sí hablo con Divinidades de la zona, a las que hago alguna ofrenda y pido ayuda en la sanación del lugar.

Una vez delante del guardián del sitio, sí doy energía de alguna manera. Muchas veces utilizo las de las velas que he encendido de antemano, otras veces, Reiki. Depende de cómo me sienta en cada momento. Hay veces en las que elevo una oración, mientras visualizo que tomo de las manos al guardián de la zona. En otras ocasiones, saco mi instrumental de reparar elementales o entidades y, como si fuera un médico militar, limpio heridas y curo magulladuras. Pero como decía, no suelo ver casquería: si acaso tengo a veces que poner alguna tirita energética. Otras veces reconforto al elemental por el dolor con un abrazo.

Cuando es un país entero el afectado por un desastre o un atentado, visualizo a la representación de ese país y normalmente le ofrezco mi hombro para llorar o le doy energía sanadora. Por ejemplo, el año pasado con el atentado de París, visualicé a Francia como la señora que puede verse en este cuadro de Delacroix:

Liberty Leading the People. 1830. Oil on canvas, 260 x 325 cm.

Liberty Leading the People. 1830. Oil on canvas, 260 x 325 cm.

De esa manera, me ahorro trabajar con personas concretas que hayan fallecido y que todavía no sepan muy bien qué les ha pasado, pues suelen tener todas las papeletas de garantizarme una buena vomitona.

Luego de la sesión, intento volver por el mismo sitio. Este tipo de trabajo suele impresionar mucho y de vez en cuando recomiendo hacer recuperaciones de alma para tratar de volver a estar “enteros”, especialmente si hemos vuelto rápidamente por alguna interrupción o algún trauma de cualquier clase. Algún día contaré de qué va este tipo de práctica, que también es muy interesante.

Y aquí lo dejo, hasta el próximo episodio de “Caminando entre mundos con Harwe”. ¡Nos leemos pronto!

Muchas gracias a mis compañeros caminantes de mundos, dentro de la Orden o fuera de ella, que me han ayudado a desenvolverme de esta manera, y sin cuya ayuda estaría todavía dando tumbos.

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