Humor

Cuando te vas del camino sin darte cuenta

Cuando tenía 21 años y hacía poco tiempo que estaba en el camino, tenía un sendero muy claro ante mí. Me gustaban las plantas, echaba las cartas y estaba empezando mi primer grado en la Tradición Correlliana. Como soy una bruja urbanita, mi jardín mágico era mi terraza, donde adoraba plantar todo tipo de semillas. Hacía velas, y de hecho fue por aquel entonces cuando me compré mi primer kit de fabricación de éstas. Coleccionaba algunas de ellas y me gustaba hacer creaciones con pétalos y hojas de mi propia cosecha. Meditaba y hacía pathworkings casi a diario, llegando a obtener miradas un poco raras incluso de mis amigos paganos cuando decía “anoche bajé al inframundo”. Mi ídolo era Z. Budapest y afirmaba que la Wicca no tenía dogmas, sólo un consejo que es la Rede. Compaginaba todo esto con la Universidad y mi entonces novio.

Ahora tengo 35 años, hace ya varios que peino algunas canas, tengo un trabajo a jornada completa, estoy casada y tengo dos hijos. Desde que cambié de casa y de ciudad con 28 años (en 2010), vengo viviendo de otra manera mi creencia. Durante los últimos siete ciclos, mi práctica ha consistido en largas sesiones de trabajo, traduciendo textos para mi Templo y para otros Templos de la tradición, escribiendo, ideando cursos, dando conferencias, publicando artículos, editando, en fin, un ir y venir de “más más más más” que, no lo niego, al final me ha acabando pasando factura. Recuerdo perfectamente sesiones de trabajo maratonianas hasta de 15 horas, trabajando domingos y festivos, en los que apenas veía a mi pareja. Mi devoción diaria quizá fuera mi único momento de tranquilidad, pero la mayor parte de las veces encendía la llama de Brigit y me dedicaba a seguir trabajando. Si no era para mí, era para otra persona, lo importante era trabajar sin parar…

Pero eso no es verdad. La vida no es trabajo y la espiritualidad no es trabajo, o al menos ahora lo veo así. Creo que me fui mucho del sendero espiritual y convertí esto en un sinsentido.

La vida es muchas cosas y la espiritualidad también es muchas cosas. A veces es ese trabajo tedioso, horrible, de muchas horas y mucho esfuerzo, y a veces no. Desde luego, ese ritmo no se puede mantener durante mucho tiempo. También en ocasiones la vida es una fiesta y un carnaval, un momento para disfrutar y vivir felices. Creo que la clave está en el equilibrio. Así estoy yo ahora, volviendo a aprender quién soy de nuevo, esa chica a la que le gustaba la jardinería, hacer velas, manualidades variadas, hacer hechizos para conseguir un dinerillo con el que comprarse un vestido nuevo… vivía contenta con mis amigos, que en su mayoría no eran paganos, salía, entraba y hacía una vida completamente normal, con el aderezo de mi espiritualidad.

Por si alguien se pregunta a qué me estoy dedicando, sigo trabajando en el Paganismo, especialmente dentro del Templo de Brigit, pero lo hago a otro ritmo, a mi manera, sin presiones y sobre todo disfrutando de lo que me gusta hacer. Pero no me cabe duda de que lo anormal ha sido lo de estos años atrás, en los que se apoderó de mí una entidad llamada “En-el-Paganismo-lo-único-importante-es-trabajar-para-la-Comunidad”, que me convirtió en poco más que un zombie que trabajaba por y para mi creencia, 24 horas al día, 7 días a la semana, obviando cosas como que también tengo un trabajo de día, una familia y unos hobbies.

A esto me han llevado estos meses en lo que, admito sin ningún pudor, he trabajado espiritualmente por y para mí porque yo lo valgo. No puedo darme a los demás si estoy sin gasolina, no puedo ofrecer algo si yo no he tomado algo. Eso y poner límites sanos (mi talón de Aquiles) es, en gran parte, en lo que estoy trabajando últimamente con más ganas.

¿Y tú? ¿Has trabajado hasta la extenuación en alguna ocasión y te has dado cuenta de que ya no podías más?

Como esta buena señora zombie me quedé yo de tanto trabajar...

Como esta buena señora zombie me quedé yo de tanto trabajar…

10 cosas que me han sucedido por ser pagana

descargaAntes de empezar, no quisiera hacer de este post un muro de lamentaciones. La vida es demasiado corta como para estar quejándose todo el día, y yo ya me quejo bastante. Por el contrario, es más bien una muestra de las cosas que pasan cuando la gente no conoce cuál es tu religión, en qué consiste o por qué la practicas. Encuentro que, en los últimos años, la situación se ha relajado bastante, pero lamentablemente en poblaciones pequeñas (como en la que yo vivo) todavía hay sectores que tienden a comportamientos como los que, jocosamente, voy a relatar. Así pues, espero que os divierta mi “Top 10 de cosas que me han sucedido por ser pagana”.

  1. Me dejó un novio. De esto hace, yo qué sé, eones. Tenía un novio del que estaba enamoradísima y cuando me hice pagana decidió que ya no era el tipo de mujer con el que quería estar. En realidad, tengo entendido que estaba interesado en otra chica y tuvo la excusa perfecta para terminar con la relación. A día de hoy le doy las gracias por hacerlo, ya que es muy buena persona, pero creo que habríamos evolucionado de una manera muy diferente si hubiésemos seguido juntos, visto el camino que ha tomado cada cual con los años.
  2. Me increparon por llevar un pentáculo. En una ocasión me llamaron “¡bruja!” por llevar un pentáculo al cuello, aunque fuera pequeñito y bastante discreto. Esto ocurrió hará unos diez años, y el contexto es que el señor que me increpó estaba en la puerta de un centro de oración evangélico. Supongo que no le sentaría bien que yo caminara por la misma acera donde estaba el centro al que él iba a orar. Pero… ¡la acera es la vía pública, y yo podía ir por donde yo quisiera! Tampoco me lo tomé a mal, hay gente para todo.
  3. Me preguntaron si era judía. Durante el tiempo en el que llevé un pentáculo, me preguntaron repetidas veces si era una estrella de David. No soy la primera a la que le pasa esto, ni seré la última. Ya al final me lo tomaba con mucha guasa.
  4. Me insultaron por no poder casarme por la Iglesia. Esto es un poco menos divertido. En una ocasión me llamaron “gilipollas” (que en España es una palabra bastante fuerte) por ser apóstata y no poder casarme por la Iglesia Católica. ¡Ni que tuviera ganas de casarme por la Iglesia, oiga! Si hubiera querido, me habría quedado de católica y santas pascuas.
  5. Fardaron de mí por ser pagana. Yo llevo mi religión, en mi vida diaria, con muchísima discreción (en el trabajo, cuando voy a comprar el pan y esas cosas, no voy diciendo a nadie que lo soy). Y los que me conocen saben que soy bastante reservada con mi vida privada. Más de una vez he pasado verdadera vergüenza porque había personas que consideraban que mi vida religiosa era algo tremendamente interesante y exótico, como para darse a valer ellas mismas por el hecho de conocerme. Así pues, he tenido que dar explicaciones de mi práctica religiosa a gente que ni me iba, ni me venía, sólo porque había un tercero que pensaba que era súper chupi que yo fuera pagana y se había dedicado a contarlo a todo el mundo. Lo peor es que ni siquiera le había hablado de mi religión a ese tercero, sino que se había enterado de manera casual hablando con otra persona. Surrealista.
  6. Contactaron con mi madre para ver si ella sabía que yo era pagana. Digamos que alguien del Paganismo que yo conocí, a su vez, por una casualidad de la vida, conocía a mi madre. Pues no se cortó un pelo y contactó con mi madre para ver si ella sabía que yo era pagana. Mi madre, que es católica, menos mal que lo sabía y que siempre ha tenido una actitud buenísima hacia lo que hago. Si mi madre no llega a ser así, me habría metido en un buen berenjenal familiar.
  7. Me criticaron por ser “antivacunas” (cuando no lo soy). A día de hoy tengo a mi hija vacunada de todo lo obligatorio, pero se ve que hay gente que confunde la velocidad con el tocino, y que piensa que por ser pagana no vacuno a mis retoños. La vacunación (o no) es más bien una decisión de cada familia, y cada madre o padre toma la que considera conveniente de acuerdo con sus convicciones científicas. A día de hoy no sé de dónde se sacaron esto, y era más bien una excusa para increparnos por algo. Lo peor es que, quien lo dijo, había asistido en directo a una sesión de “llanto post-vacunación” de mi hija, cuando tenía dos meses.
  8. Me preguntaron si no saldría ardiendo por entrar en una Iglesia. Ésta ha sido tremendamente común, y hecha de manera jocosa por lo general. Lo gracioso es que he ido a un montón de celebraciones cristianas (bautizos, comuniones, bodas, funerales…) y he asistido a muchas misas de manera respetuosa, es decir, sin participar pero sin molestar. Es lo que yo le pediría a una persona de otra religión que viniera a uno de mis ritos, así que me comporto como a mí me gustaría que se comportaran conmigo.
  9. Casi me obligan a bautizar a mi hija, especialmente por ser paganos en casa. De los creadores de “eres gilipollas si no te casas por la Iglesia”, llega “bautiza a tu hija, pero sólo por los regalos”. Sí señor, hay cristianos a los que les mueve la verdadera fe y evangelizan con el ejemplo (nótese el sarcasmo). Un par de años antes había nacido otra niña en la familia, y a nadie se le ocurrió obligar a sus padres a bautizar a la niña, ni dijeron nada sobre ello. Pero… mi pareja y yo somos paganos, y fastidiar es el deporte nacional. Al final, lógicamente, no lo hicimos porque la decisión como padres es nuestra, y estamos firmes en la convicción de criar a nuestros hijos de manera laica.
  10. Decirnos que las monjas de ahora son muy “liberales” y querer “hacernos el favor” de interceder para que nuestra hija estudie en un colegio de monjas. Teniendo en cuenta que yo soy antigua alumna de uno de los colegios de monjas más famosos de Sevilla, si alguien tuviera que interceder para que mi hija se criara en un colegio de monjas sería yo misma, y sería en mi colegio que para eso tengo la experiencia. No obstante, la niña irá al colegio público, que es gratis y también hay muy buen profesorado. Y es laico.

Hasta aquí las “10 cosas que me han sucedido por ser pagana”. Supongo que muchos de vosotros tendréis las vuestras, así que, sentíos libres de compartir si así lo deseáis.

Y recuerda: si bebes, no montes en escoba.

De señoras mágicas y otra fauna

la_ninera_magica_5Un amigo muy querido (hola, Nuhmen) ha identificado al tipo de habitante de los mundos mágicos más divertido, incluso por delante del Fluffy Bunny: la señora mágica. Que por aquello de señora no significa que la criatura tenga que ser una señora (es decir, una mujer de taytantos), ni que tenga que ser una mujer (también hay hombres) pero su experiencia personal dice que suele ser señora y de taytantos. Eso no se lo voy a discutir a él, ya que el apelativo no lo he inventado yo y el copyright es suyo. Quizá yo invente otros apelativos en el futuro, total, siempre hay tiempo para encasillar y juzgar a los demás (nótese el sarcasmo).

Bromas aparte, me sorprende la necesidad de ser especiales de algunos en plena crisis existencial. Porque siempre que me he encontrado con alguien así, que a mí también me ha pasado, estaban en una crisis existencial tremenda. Ya sea por obra y gracia de la adolescencia y sus hormonas, ya sea porque han sufrido un cambio importante y traumático en sus vidas (un proceso de divorcio, un síndrome del nido vacío, un fallecimiento…), todas estas personas llegan y se postulan como las más mágicas del universo.

¿Que tú echas el Tarot? Ellos/as desde los tres años y desde pequeños/as veían a sus abuelos fallecidos con aspecto de calcamonía ajada al final del pasillo de su casa.

¿Que tú canalizas? Ellos canalizan desde antes que tú y además una vidente les dijo que tenían dones y demás, y nacieron con el manto de Venus y con una arruga con forma de estrella en el ano que marcaba su buena suerte (véase una referencia anterior a la Anomancia de Jodorowsky en este otro artículo para entender este chiste).

Me alegro un montón por esta gente, de veras que lo hago. No dudo que en muchos casos lo que dicen sea verdad. Lo cierto es que todos nacemos con este tipo de dones, así que encontrarte con personas que tienen algún tipo de percepción extrasensorial no es tan extraño como pudiera parecer. Hace un ratito vi una publicación de facebook en la que un contacto preguntaba si alguien más podía presentir qué tiempo iba a hacer. La respuesta fue bastante notoria, porque a mucha gente le pasa. Como decía, para mí son manifestaciones de diversas habilidades en el campo de lo extrasensorial, y todos tenemos de eso, lo que pasa es que a algunos se les manifiesta viendo muertos con más facilidad y a otros prediciendo el tiempo. Y no pasa nada. La mayor parte de la gente lo toma con una normalidad pasmosa y no se creen nada superiores. Lo comentan, lo preguntan a otros, se ríen, lo comparten en facebook o en un café con sus amigos, y luego resultan ser personas tremendamente normales. No están teniendo experiencias extrasensoriales en cada momento de su vida, ni haciendo magia en cada rincón.

El problema es cuando esa especialidad se manifiesta en el campo de lo personal con un “soy más especial que tú”, “soy más especial que nadie”, “soy más especial que…”. Y el colmo de los colmos es cuando alguien llama a tu puerta para pedir entrenamiento pero dice que es capaz de hacer todo eso que tú enseñas (sin saber lo que se enseña a ciencia cierta), pero de manera innata. Como si los demás que llaman a mi puerta no llevaran ya sus dones de serie. Y claro, te dan ganas de decir “Chato/a, no voy a darte un Tercer Grado sólo porque tengas dones. De eso no va un camino espiritual. Porque si fuera así, tendría que dar el Tercer Grado a todo el que pasara por delante de mi casa. Gente con dones, créeme, hay a porrillos. Esto se trata de aceptar que eres especial, pero igual que todo el mundo.”

Esta noción y este equilibrio son muy difíciles de lograr en una sociedad en la que todo el mundo es un número. Y comprendo que se hace más difícil de entender porque la apariencia es que los wiccanos practicamos magia y nos centramos en eso y ya está. Pero en realidad esto es un camino espiritual. Y el camino espiritual no trata de tener más dones que la media, porque todo el mundo tiene esos dones, sino de aceptarte e integrarte como un ser pleno. Con esos dones, por supuesto, lo cual incluye aprender que son una parte normal de nosotros mismos y de los demás. El título dado por una iniciación sólo tiene sentido cuando estás listo para aceptar que no necesitas un título para ser tú mismo y ser responsable de tu propia felicidad.

El otro día le preguntaba a una persona extremadamente inteligente si ser superdotada le había hecho feliz en la vida. Su respuesta fue categórica: no, ser superdotada le había hecho muy infeliz, de hecho. Pero si le hubieran enseñado a manejar sus dones, a encauzarlos y a verlos como algo normal, como algo bonito, y no para creerse un bicho raro, quizá se habría animado a usarlos más y de una manera mucho más abierta y confiada con los demás. Los dones espirituales sobresalientes no son diferentes de otros dones de la vida. Y eso es de lo que van en realidad los caminos espirituales: no de tener los dones, sino de lo que hagas con ellos.

Un saludo a todos mis amigos médiums, canalizadores, echadores de cartas y demás especialidades. Sois muy especiales por lo que curráis en aceptaros y aceptar vuestros dones en este mundo tan ingrato. Hacéis felices a mucha gente y encima no os creéis mejores que nadie. Sois unos grandes.

¿Tú eres tonto, o te lo haces? #estoesunabroma #sarcasmo

Por favor, que nadie se ofenda por el título del artículo. Es sólo un chascarrillo que mis amigos Dani y Nuhmen me han animado a hacer, por aquello de que a veces utilizo títulos con preguntas retóricas o con bastante sarcasmo. Con más frecuencia de la que debería, me parece.

Por supuesto, estas líneas no se habrían hecho realidad si no fuera porque Cris-Jana ha secundado la moción.

De todas formas, esta broma tiene algo bueno: si alguien contesta en las redes sociales a esta pregunta, ya sabemos que en realidad no se lee los artículos. No sólo los míos, probablemente los de nadie.

Así que, por si acaso, sacaré al cartel de sarcasmo.

Teoría sobre las Polaridades en Wicca

polaridades1Hace muchos años, estando yo todavía viviendo en mi Sevilla natal, soñé que iba al infierno por tomar drogas (moraleja: niños, no toméis drogas). Imagino que de la sobredosis me morí en el sueño, claro. Así que acabé en un teatro subterráneo, que era ni más ni menos que el infierno cristiano, donde había mucha gente que gritaba “Hail Satán” y un escenario donde estaba el susodicho. El “maestro”, que le llamaban.

 Satán era José Luis Moreno. Ni más ni menos. Con su calva, su sonrisa de color blanco radiactivo, vamos, que no sacó a Monchito de milagro. Contaba unos chistes horribles, tan horribles como los programas que produce y presenta. Cuando me acercaron para que conociera a Satán/José Luis Moreno, yo le estreché la mano, le agradecí la hospitalidad en su infierno, pero le dije que me iba porque era wiccana y los wiccanos no creemos en Satanás. Que lo sentía mucho, que había sido un placer (una mentirijilla piadosa por ser cortés, después de los chistes que había contado más que placer tenía ganas de arrancarle el pescuezo), pero que yo no me iba a quedar en el infierno. Y me marché.

Cuando me desperté, pensé en las implicaciones teológicas de semejante sueño, según las creencias de la sociedad en la que vivimos, que es judeocristiana. Para los cristianos, el cielo y el infierno son las caras de la misma moneda. Estar en el cielo consiste en la contemplación de Dios. Por tanto, tiene todo el sentido que estar en el infierno sea contemplar a Satán. Pero algo deben hacer Dios y Satán para que en una parte sea agradable y en la otra una tortura. Mi conclusión fue que si Satán era José Luis Moreno, Dios debía ser un showman cojonudo (a lo mejor es Jimmy Kimmel, quién sabe).

Y ahora me pongo seria, lo prometo, para hablar de lo que esto supone para el wiccano medio. Nosotros no creemos en Satán, como ya he dicho. No existe la condena, ni la gloria eterna, sólo existe el ciclo. No existen la luz o la oscuridad absolutas, sino que ambas coexisten. Muchos pensaréis que en el momento en el que enciendes una luz deja de existir la oscuridad, pero en realidad cuando enciendes la luz lo que haces es crear sombras. Que no son más que oscuridades que conviven con la luz. ¡Y sin matarse! Me resulta muy divertido cuando alguien me dice que me manda luz, porque a lo mejor lo que yo necesito es oscuridad, volver a mi refugio interior y ganar fuerzas desde dentro. Pero en nuestra cultura está muy extendida la idea de los excluyentes y la identificación de la luz versus la oscuridad como polaridades de una misma realidad teológica. Bien versus mal. Piedad versus pecado. Gloria versus condena. Cielo versus infierno. O en términos más wiccanamente cursis (y tristemente, para mí, extendidos en nuestra comunidad), positividad versus negatividad, asociados tradicionalmente a luz y oscuridad respectivamente. Para mí, positivo y negativo son dos caras de la misma moneda, y las dos igualmente necesarias para hacer funcionar las brújulas, las moléculas y las pilas que mantienen en funcionamiento el reloj de mi mesilla de noche.

 Para mi regocijo, veo muchos wiccanos ahí fuera que han perdido el miedo a la oscuridad. Adoran a Diosas y Dioses considerados “oscuros”, o se fijan en partes más oscuras de una Divinidad con la que ya trabajan. No consideran que haya cosas absolutamente negativas ni positivas. Creo que es un acto de honestidad reconocer que una Divinidad, igual que uno mismo, está conformada por claroscuros, partes que nos gustan más y partes que nos gustan menos a priori. Porque si aceptamos a las Divinidades tal y como son estamos más cerca de aceptarnos a nosotros mismos, con nuestros propios claroscuros, y lejos de la mentalidad dicotómica que aún nos pesa por ser herederos de determinada sociedad. Se trata de aceptar que gracias a esas luces y sombras estamos completos en nosotros mismos.

 Igual que en mi sueño, todos tenemos elección y posibilidad de decir “yo no creo en esto”, tanto para elegir si se cree en lo que está impuesto por la sociedad (Bien versus Mal), o una posición más integradora como es la que suele promulgar la Wicca a este respecto. Es cierto que los valores pesan, y como muestra está la cantidad de webs de “Wicca” que siguen diciendo que la Positividad ha de buscarse por encima de todo (cuando de la oscuridad, la introspección y la quietud asociadas a la Negatividad tradicionalmente surgen cosas tan maravillosas como la creatividad individual) pero creo que debemos mantenernos serenos en cuanto a este tipo de cambios y asumir que, pese a que tengamos elección, habrá muchas personas a las que este cambio de paradigma les suponga un esfuerzo cognitivo.

 Post-scríptum: Meses más tarde de mi sueño, al pobre José Luis Moreno le clavaron un hacha en la cabeza cuando entraron unos delincuentes a robar en su casa. Milagrosamente, sobrevivió. Cuando me enteré de la noticia, miré muy seria a mi marido y le dije “Tiene todo el sentido. Sólo Satán puede recibir un hachazo en la cabeza y sobrevivir”.

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