Dioses entre nosotros

Veo a Isis en mi hija, cuando me mira con sus enormes y profundos ojos grises, en su mirada rasgada, en la magia de su sonrisa.

Veo a Lugh en mi marido, quien es capaz de hacer cualquier cosa con que le den un momento y sin manual de instrucciones.

Veo a Ogmios en uno de mis amigos, siempre dispuesto a escribir, traducir, comunicar y hacer posible que fluya la información.

Veo a Tot en otro amigo, buscando la sabiduría, enamorado de Egipto, apuntando siempre con su excelencia a las estrellas.

Veo a Hécate en mi amiga, enigmática, a ratos esquiva, a ratos oracular, a ratos ambivalente y sobre todo múltiple.

Veo a Démeter en mi madre, embebida en sus quehaceres, preocupada por sus hijos, siempre fértil, siempre activa en todos sus proyectos.

Veo a Hefesto en mi padre, en su frente curtida, en sus manos llenas de callos, en la sabiduría de quien se ha quemado mil veces para aprender su oficio.

Veo a Morrighan en aquella lejana maestra y compañera, siempre dispuesta a la batalla, siempre honorable.

Veo a tantos dioses en tantas personas que pienso en qué vino primero, si las personas o los dioses, si el espíritu o la materia. Las personas que me rodean me inspiran tanto que muchas veces no tengo que ir a los libros de Mitología, ni a los cuentos ni a las leyendas, para que me parezca que lo que veo en ellos es digno de los dioses de antaño a los que venero. Son personas que todos los días viven su propio camino del héroe, del que son protagonistas sin estar en ningún libro. Encuentran a sus propias brujas y princesas, encuentran antagonistas y villanos, y duendes verdes que convierten a los príncipes en sapos. Nadie ha contado sus historias aún, y probablemente nadie las cuente. Morirán de forma anónima, o con el recuerdo de una familia cariñosa para la que, con el tiempo, se convertirán en el eco de un nombre, o en los ojos que alguien heredará por capricho de los genes. O quién sabe, sólo quién sabe, si quizá alguien invente una historia, o una leyenda, o un cuento, en el que su lucha por la vida se convierta en algo que inspire a mucha más gente. Quizá, algún día, ellos mismos sean llamados héroes. O dioses.

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