Prisa, prisa, todos tienen prisa

descarga La entrada de hoy me la voy a tomar con humor porque no tengo más remedio que hacerlo. También voy a hablar de cosas personales, si me lo permitís.

Mañana salgo de cuentas. Que no significa que mañana se acabe automáticamente mi embarazo, ni que me vayan a inducir el parto, sino que, según las estimaciones de mis médicos, mi hija podría esperarse en torno a la fecha de mañana. Estoy llevando esta última etapa de mi preñez con una tremenda tranquilidad, incluso había dejado de escribir en el blog porque necesitaba estar un poco más dentro de mí y más inmersa en lo que yo llamo mi “espiritualidad íntima” (siempre digo que este blog es como mi “espiritualidad menos íntima”). Quizás es una cuestión de instinto lo que me ha llevado a ese recogimiento. He estado saliendo a cenar con mi marido, haciendo mis devociones, celebrando mi cumpleaños dos veces, leyendo artículos, haciendo ejercicio, arreglando la casa y trabajando relajadamente en cosas en las que me gusta ocupar mi mente. Está siendo, con mucha diferencia, la etapa más estupenda del embarazo, y eso que ha sido bastante bueno. Así que no tengo prisa en ver a mi hija, que salga cuando ella quiera, o hasta que los médicos consideren que es sano y seguro para ambas.

Pero mi entorno familiar directo tiene mucha prisa. Todo comenzó cuando parió alguien a quien no conozco (creo que es la hija o la nieta de una amiga de mi madre a la que tampoco conozco) hace como una semana, y mi progenitora entró en modo destroyer con las prisas por verle la cara a la niña, porque la amiga le estaba mandando fotos de su nieto y ella no tenía nada que enseñar. Con deciros que todavía no he salido de cuentas, porque salgo mañana, y ya se ha hecho a la idea de que la niña va con retraso y que debería estar ya aquí desde hace dos semanas, según sus cuentas el día 8 (no sé de dónde se ha sacado esa fecha). Mientras tanto, mi hija sigue nadando plácidamente en su líquido amniótico, sin ninguna prisa por salir, totalmente ajena a todo, en lo que viene siendo el ritmo natural de una gestación normal.

Y me diréis, ¿a qué viene todo esto tan personal que estás contando? A que ayer compartí un artículo por las redes sociales llamado “Las diez enfermedades de transmisión espiritual” que alguien había compartido y me gustó. Su primer punto era, precisamente, la espiritualidad rápida, la necesidad de hacer algo rápido y, por tanto, de tener prisa. Luego, navegando por un foro que suelo visitar, me topé con la historia de alguien que contaba que había dejado el camino espiritual porque le llevaba demasiado tiempo y sentía que se ahogaba en esa prisa que había tenido por avanzar inicialmente. De pronto, me vino a la cabeza un conejo blanco con un reloj de mano corriendo, como el de Alicia en el País de las Maravillas, al que un amigo había hecho referencia días atrás. Me resulta raro tanta prisa en dos procesos tan normales como una gestación y un camino espiritual, y que los dos se quieran acelerar. Lo veo mucho, además. Y muchas veces esa prisa, esa adrenalina, es contraproducente. Hace los procesos corporales y espirituales más dolorosos, más trabajosos. No estoy en contra de la adrenalina, ojo, creo que es maravillosa y necesaria para estar alerta, nos permite sobrevivir en caso de peligro, pero cuando se trata de actos realizados con amor creo que no sirve.

En Wicca veo esto en las ganas que hay de saltarse el año y el día, de obtener títulos rápido, de llegar a un determinado grado o de entrar en un determinado grupo sin saber muy bien por qué. Quizá, como mi madre, por poder enseñar fotografías a sus amigas del colegio de su nieta, poder integrarse en el “club de las abuelas” (o el “Club de los iniciados”, tanto da). La cosa es, ¿merece la pena? Pues cada persona dirá, siempre tras una reflexión propia. Hay muchas formas de caminar un camino, yo os invito a hacerlo oliendo las flores, despacito y respetando vuestros ritmos naturales espirituales. No es aprender por aprender, es aprender conscientemente de cara a conseguir una experiencia, sabiendo dónde se mete uno. Como si estuviérais en el seno materno, igual, nadando felices en el líquido amniótico y sin ninguna preocupación porque hay vida después de ese “parto” que es la vivencia. Creo que la prisa trae preocupación. Ningún camino espiritual nos debería preocupar, sino que debería ser una fuente de satisfacción y solaz. Y si existe la motivación por llegar a ciertos grados o a cierta posición, estupendo, pero sin perder de vista que lo importante es vivir el camino y vivirlo bien.

Os dejo con el artículo al que hago referencia aquí: http://evolucionconsciente.org/las-diez-enfermedades-de-transmision-espiritual/

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