Honor, valor, esfuerzo: más que tres palabras

Era un caluroso día de verano de hace muchos años cuando, meditando con Brigit, estas tres palabras me vinieron a la cabeza por primera vez. No entendí nada porque las palabras son sólo palabras, pero lo que ocurrió sólo podría explicarlo a través de lo que viene a ser la Imbás, el Awen, la inspiración. Y me dije, “muy bonito, sí, precioso. ¿Qué hago yo con esas tres palabras?”. Nótese que estaba en un momento de crisis: pensaba que era una persona de mierda, viviendo una vida de mierda, que muy probablemente hubiera hecho una situación de mierda como para que le pasara todo eso. Todo esto regado con grandes, grandísimas dosis de auto-compasión. Sí, yo, como todo el mundo, también me he caído.

Y así, un día tras otro, esas tres palabras cobraban más fuerza en mi cabeza, meditación tras meditación: Honor, valor, esfuerzo. Y decidí hacerles caso. Empecé a investigar internamente sobre el primer concepto que me venía, el honor. Esa cosa de la que es esclavo Ned Stark en la saga de Canción de Hielo y Fuego. ¿Qué es comportarse de manera honorable? Pues primero de todo, y viendo mi situación de aquel momento, el primer significado que le di fue el de empezar a llamar a las cosas por su nombre. Enfrentarme a mi propia auto-compasión y ser honorable para conmigo misma, darme mi lugar, empezar a respetarme como persona. Es muy fácil ser auto-compasivo porque te dicen “qué lástima, pobretica”, pero es muy difícil ser honorable para contigo mismo, porque supone un carpetazo a eso y encontrar que de la lástima no vive nadie. La gente no es feliz si se pone en una situación de inferioridad crónica.

Ahondando en mi propio concepto del honor me vinieron las virtudes correllianas, esas grandes desconocidas hasta para primeros y segundos grados de la Tradición (cosa que ahora lucho por paliar en el Templo de Brigit). Por aquel entonces yo estaba estudiando tercero, donde se estudian en profundidad dichas virtudes, y encontrarme con eso fue como decir “¡Eureka!”. Todo cobró sentido, mi propia conciencia de qué supone ser una “persona honorable” se formó en mi mente.

Llegó el turno del valor. Tras la toma de contacto con el honor, tras desvanecerse la niebla de la tristeza autocompasiva, me di cuenta de que vivía en una ciudad desconocida, donde me costaba hasta comprar el pan porque me daba miedo hablar con los desconocidos. La cantidad de cosas bonitas que me estaba perdiendo por querer quedarme en casa sin tener contacto con nadie era tremenda. Por no tener el valor de ser feliz. Así que decidí que había llegado el momento de ser valiente, de redescubrir el mundo y redescubrirme. De caminar descalza sin tener miedo a pincharme, porque sólo así tendría la maravillosa sensación de sentir la hierba en las plantas de mis pies. Y le pedí a la vida que nunca más me protegiera del mundo, sino que me lo enseñara.

Y así llegué hasta el esfuerzo. No la fuerza bruta ni el empujón del final, sino el proceso lento y laborioso por el que se forja una espada. Se la pone al rojo, se le da el golpe y se sumerge en el agua fría. Tres momentos, igual que tres palabras, relacionadas con Brigit, con su forja y con la forma que tiene de mostrar sus lecciones. Aún hoy día no sé qué momento del proceso corresponde al valor, qué al honor o qué al esfuerzo, pero igual que sé cuál es el resultado creo que sé que los tres conceptos son en realidad uno: la forma de llegar a uno mismo. Curiosamente, Brigit también es una que son tres.

De esta manera surgió el lema del Templo de Brigit, “honor, valor y esfuerzo”. Conlleva mucho más que tres palabras, es un estilo de vida, es una forma de aprender, es una actitud, es un reto constante por superarse a uno mismo, es un camino que se emprende, es una motivación, es algo que siempre fue nuestro desde que nacimos. Puede que se nos vea como guerreros, o como artistas, o como curanderos… pero nunca dejamos de ser lo que somos: personas que sólo buscan conocerse a sí mismas y que eligen la Wicca como religión y método para encontrarse, con la mano experta de Brigit como Diosa Patrona. Ése fue mi camino y ése es el camino que guío ahora para otros.

Una respuesta a Honor, valor, esfuerzo: más que tres palabras

  • edith dijo:

    Todos pasamos por la famosa noche oscura del alma, muchas veces se nos hace dificil creer que al final haya luz, la perseverancia en estos tres baluartes hace que la curación del alma sea más rápida. Y no se deberia pedir que nos saquen del camino estos obstaculos porque es la manera en que evolucionamos para nuestra elevacion hacia la luz.. Un sabio amigo habia dicho: “se aprende por el amor o por el dolor” y es algo increíble como el ser humano por lo general elige aprender por el dolor. Cuando un amigo decidió estudiar en el extranjero, pasó por momentos feos y la gran mayoria se compadecía o se apenaba y como yo pasé por los mismos momentos, le dije: “me alegro que te pase esto, porque templará tu alma y te hará más fuerte. Y cuando salgas de eso te quedarán los recuerdos de como aprendiste a manejarlo y que no importa lo que te pase luego, sabrás que eres fuerte y que nada te tumbará, si tu no quieres”

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