Handfasting (y 2)

En el número anterior dedicado a los handfasting hablamos de los aspectos previos a tener en cuenta a la hora de casar o ser casados por la ceremonia wiccana. Si estamos listos para el siguiente paso, que es diseñar dicha ceremonia, tendremos que tener en cuenta unos cuantos aspectos básicos que pueden ser considerados denominadores comunes en casi todos los rituales de este tipo. La mayor dificultad en el diseño y planificación de estos eventos estriba, al final, en la cantidad de variantes que existen para estos ritos, tantos como parejas de novios puede haber en el mundo. Por esta razón, vamos a ver un ritual muy simple que, apuntamos, puede ser ideal para aquellas parejas no wiccanas o que lleven invitados no paganos que quieran utilizar esta ceremonia para su boda.

Estructura básica del ritual de handfasting

Antes de nada, decir que las oraciones o invocaciones que aquí se presentan sólo son ejemplos de lo que se puede hacer o decir dentro de la ceremonia. Cada oficiante y pareja puede decidir qué oraciones incluir en su ceremonia de boda.

En primer lugar, los novios se colocan en el altar y los invitados en círculo en torno a éste. El oficiante realiza las labores típicas de un ritual wiccano: se traza un círculo alrededor de las personas que participan en la ceremonia, y puede invocar a los elementos de la siguiente manera:

(Mirando hacia el Este)

Acompañadnos ahora, oh señores del Aire.

Que vuestros vientos sean los lazos

que unan a estas dos personas.

(Mirando hacia el Sur)

Acompañadnos ahora, oh señores del Fuego.

Otorgadles a su amor y pasión,

vuestro ardor que todo lo consume.

(Mirando hacia el Oeste)

Acompañadnos ahora, oh señores del Agua.

Dadles el amor más profundo,

y la riqueza de cuerpo, mente y espíritu.

(Mirando hacia el Norte)

Acompañadnos ahora, oh señores de la Tierra.

Que vuestra Fuerza y Constancia

Les hagan permanecer unidos,

tanto tiempo como ellos quieran.

(Se vuelve hacia el altar)

En este momento, puede invocar a los Dioses, diciendo:

Bendita Diosa y sonriente Dios,

dadles a estos dos que ante vosotros se encuentran,

vuestro amor y protección.

Que así sea.

El oficiante puede dedicar unas palabras de bienvenida a los allí presentes, presentando a los novios. Acto seguido, invita a los novios a leer sus votos (si no se los saben de memoria) y a intercambiarse los anillos mientras lo hacen, en el caso de que haya intercambio de anillos u otro tipo de prenda simbólica.

En este momento, el oficiante toma el cordón y lo bendice diciendo:

Que los Dioses bendigan este cordón, símbolo de vuestro amor y vuestra unión.

Ahora, ata las manos de los contrayentes como para simbolizar su matrimonio, y mientras lo hace puede decir algo como:

Por este lazo con el que quedan atadas vuestras manos, así están ahora unidas vuestras vidas.

Que esta unión sea válida en tanto que vuestro amor dure.

Que los dioses os bendigan.

Realizado esto, los novios realizan un paseo por el círculo formado por sus amigos y familiares, enseñando el lazo por el que se han unido.

Tras volver al altar, se invita a los allí presentes a hablar espontáneamente sobre los buenos deseos que quieren para la pareja, normalmente éste es un momento muy emotivo que suele terminar con un aplauso. La razón para aplaudir es que normalmente hay gente que llora en las bodas, y más si se ponen a hablar de manera espontánea, así que el aplauso es una suerte de catarsis acústica (y gestual) para ese momento de emoción contenida, permitiendo que salgan todos los sentimientos que cada persona pueda tener.

La pareja puede elegir si saltar sobre una escoba en este momento, aún con sus manos atadas, simbolizando que gracias a su amor serán capaces de sortear cualquier obstáculo que se interponga en su camino.

Finalmente, el oficiante despide a los dioses y a los elementos dándoles las gracias, deshace el círculo, y da las gracias también a los asistentes por acudir a la ceremonia. Los invitados pueden terminar la ceremonia echando sobre los novios pétalos de flores u otro símbolo de fertilidad, como el clásico arroz.

Un último apunte

Ya hemos dicho que existen multitud de variantes, pero quizá la más llamativa de ellas es cuando se utiliza un sacerdote y una sacerdotisa para oficiar la boda. Aquí hemos tratado la ceremonia como si sólo hubiera un oficiante, pero por supuesto que puede haber dos en representación de los dioses, pudiéndose repartir entre ellos las diferentes funciones. Por ejemplo, el sacerdote puede quedar encargado de hacer el círculo mientras que la sacerdotisa que oficia puede invocar a los elementos, y luego él al Dios y ella a la Diosa. Él puede presentar a los novios e invitarles a que lean sus votos mientras se intercambian los anillos (prenda que representa lo material de la unión), mientras que la sacerdotisa puede encargarse de realizar el nudo, que es más simbólico y por ende más femenino. En definitiva, cada uno puede tener un papel bien definido dependiendo de lo que se haga en la ceremonia, aunque siempre es más sencillo hacerlo con un oficiante. En el caso de tener dos personas a cargo del ritual, ambas tendrán que ser totalmente conscientes de su papel dentro de la ceremonia, aprenderse bien lo que han de hacer e incluso ensayarlo con los novios con anterioridad.

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