Consultor pagano: ¿en qué consiste su labor?

Hace muchos años, hice un curso en Estados Unidos sobre ‘counseling’ pagano, o lo que es lo mismo, sobre la labor de consultor espiritual que puede ser llevada a cabo por las personas que se inician en un camino pagano. Esto lo hice porque está entre las labores que puede llevar a cabo un Primer Grado. La verdad, el concepto pasó por mi vida sin pena ni gloria, porque por aquel entonces, en 2004, ni la comunidad española o hispanohablante era muy extensa, ni pensaba que existiera la necesidad de un consultor o consultora en temas espirituales. Porque para eso estaban los psicólogos. Pero, con los años, he estado ahondando sobre el término counseling o consultoría espiritual, y observando lo común que es, sin que estemos del todo preparados para asumir estas funciones.

Un consultor o counselor es una persona que escucha y, si se lo piden, ayuda con temas relacionados con la vida cotidiana de las personas a las que atiende desde la óptica con la que esté trabajando. Por ejemplo, un consultor pagano responde dudas sobre lo que una persona puede hacer en el aspecto ritual o espiritual, o ayuda a la persona a crear su propia devoción, siempre y cuando sea su ámbito de especialidad. Si no es especialista en esa materia por la que es consultado, intenta orientar sobre dónde puede encontrar otras personas que puedan ayudar, o anima a quien hace la pregunta a encontrar su propia forma de resolver sus dudas. Ése es el ámbito de actuación en el que no podemos estar, de ninguna manera, contraviniendo a otros profesionales, como el psicólogo. El término consultor, de hecho, viene de la Psicología.

Encuentro que las reglas de oro de un buen consultor pagano deberían ser:

  • Escuchar primero, hablar después. La persona que viene a nosotros necesita una ayuda, no una suposición sobre su situación. Si no se tiene toda la información como para dar un buen servicio de consultoría, habrá que seguir preguntándole hasta que nos hagamos una idea de qué es lo que necesita. También hay mucha gente que viene a los consultores paganos sin saber qué es lo que quieren. ¡Para eso, es mejor dejarles hablar! A veces, la gente se contesta a sí misma y sólo necesita un buen par de oídos que estén presentes cuando están encontrando sus propias respuestas.
  • Discreción y confidencialidad. Si alguien viene a uno y nos pregunta como consultor pagano, hemos de tratarles con total discreción y confidencialidad. Ni siquiera vale decir lo de “yo sé mucho de Fulanito”, pues eso es abusar de la confianza de las personas y utilizarlas para ganar un cierto prestigio personal.
  • No contravenir ni pretender sustituir a los profesionales de la salud mental. Si nos viene una persona que necesita algún tipo de terapia y está yendo a un profesional, o si tiene realmente un problema que no puede resolver por sus propios medios ni con la ayuda única de los dioses, hay que ser sinceros y jamás pretender que se va a curar sólo con lo que le digamos, o con oración. La oración, la devoción, la magia, etc, son herramientas complementarias y que, en algunos casos, pueden ser hasta contraproducentes para su terapia. Lo primero es lo que diga el profesional de la salud mental, y luego, a partir de que hagamos la pregunta de “¿qué te ha dicho el profesional?” podremos dar un consejo sin contravenir el tratamiento o la terapia prescrita. Si la persona está yendo al psiquiatra y tomando medicación, JAMÁS se le dirá que debe dejar las pastillas.
  • Aconsejar sin presiones. Podemos sugerir, pero no ordenar ni intentar que la gente haga lo que nosotros queremos. Tampoco podemos decirle a alguien que haga algo en contra de sus valores o intereses. Es mejor dejar los juicios de valor para nosotros mismos, no asumir (más escuchar, menos comentar) o incluso abstenernos de comentarios como “deberías hacer tal o cual”. He visto a consultores paganos aconsejar, por ejemplo, que una persona se divorcie de otra. Esto no es demasiado ético, porque es una decisión muy complicada y que debe tomar la persona, además de estar fuera de nuestra jurisdicción.
  • Aceptar la diversidad de personalidades de quienes buscan nuestra consultoría. No todo el mundo es igual de abierto. Hay veces que hay personas que no quieren contarnos sus cosas porque son más privadas. En cualquier caso, hay que aconsejar sin asumir circunstancias y respetar la necesidad de privacidad, en caso de que eso sea lo que pida la persona.
  • Cuidarnos a nosotros mismos. Esto incluye poner límites saludables a las consultas. Por ejemplo, no atender después de cierta hora, ni en fines de semana, o hacerlo cuando tengamos el tiempo necesario para realizar esta labor. Y hasta cierto punto: no podemos trabajar espiritualmente por la persona, ni leer por ella los materiales devocionales necesarios. Intentar ser asertivos y honestos es clave. Si la otra persona no nos trata con dignidad y no comprende que estamos en nuestro tiempo libre o familiar, podemos decirle perfectamente que no le brindamos la ayuda, en caso de que se ponga especialmente difícil, insulte o amenace (¡esto puede pasar, creedme!). Esto también es aplicable si nos piden consejo sobre temas que van más allá de nuestro ámbito de conocimiento (por ejemplo, preguntas sobre la vida personal que no estamos preparados para asumir). Sobre todo porque la mayor parte de los consultores paganos son voluntarios, o hacen estas labores fuera de su trabajo como mentores en escuelas. Este punto me parece importantísimo, porque a veces la gente con grandes responsabilidades a nivel de grupo, se queman por estar constantemente respondiendo preguntas, y por ser increpados cuando dicen abiertamente que no van a seguir prestando el servicio de consultoría a alguien que les está dando problemas.
  • Dejar a la persona que tome sus propias decisiones. Muchas veces queremos ayudar, y por eso hacemos parte del trabajo de la persona. Pues ni parte siquiera. El individuo es que el que hace el trabajo, tú eres quien ayuda a encontrar las soluciones en su vida espiritual. Hasta ahí.

No es obligatorio para todos los iniciados o paganos ser consultor. Tampoco la iniciación o la formación garantizan que se sea un buen consultor pagano, porque en la comunidad hispanohablante no hay una cierta solera en este campo ahora mismo, fuera del ámbito de los terapeutas holísticos, que son quienes normalmente cubren este hueco si son paganos. Hay personas que pueden decidir ser consultores cuando se inician, hay personas que no. Hay quien no se siente preparado nunca para esto. Como en nuestro ámbito espiritual esto no se puede regular, quienes vienen a por consejo dependen mucho de a quién se dirijan, así como de la formación, habilidades sociales y hasta estado anímico del consultor. Habrá personas que darán consejo sin problemas, habrá personas que digan “esto no te lo puedo resolver”, “en este momento no estoy en condiciones de contestarte a esto”, o “por razones X no doy servicios de consultoría”. Tenemos que ser conscientes de todo ello al enviar un mensaje a alguien que, aparentemente, sepa más que nosotros mismos. Afortunadamente, hay mucha gente en el Paganismo hoy en día que puede echar una mano.

Divinidades relacionadas

descargaEl otro día de madrugada me desperté con un mensaje que me dio ternura por la pregunta que planteaba, así que, después de contestar a la cuestión, me he llevado un tiempo asimilando lo que contesté, e intentando ver por qué establecemos determinadas relaciones. La pregunta que me hacían era sobre una supuesta relación entre dos Divinidades de dos culturas muy diferentes (y alejadas). Mujeres ambas, sí, mujeres fuertes e independientes ambas, también, que rigen un aspecto relacionado con los muertos pero que, a mi parecer, se parecen lo que un huevo a una castaña.

Y contesté esto porque en la vida real esto puede pasar entre dos personas también. Supongamos que conocemos a Eva y a Magdalena. A ambas les encanta Harry Potter, pero una estudia Derecho y sueña con ser jueza, mientras que la otra sueña con ser mamá junto a su pareja de toda la vida. Una es de España, la otra es de Polonia. Sus intereses y rasgos de personalidad son diferentes, además de pertenecer a culturas distintas. ¿Que tendrán cosas en común? Por supuesto, pero son distintas como persona, a pesar de que ambas sean caucásicas, ambas tengan pareja y ambas tengan sueños vitales. Eva y Magda forman parte del Universo y son manifestaciones de él, al igual que las Divinidades por las que me preguntaban el otro día. No caeríamos en el error de considerar a Eva y a Magda personas relacionadas entre sí. Por supuesto, podríamos pensar que tienen puntos en común, incluso puede que se llevaran bien si se llegaran a conocer. Pero eso no significa que sean la misma persona o que estén relacionadas.

Igual que en el ejemplo, es bastante raro que Divinidades alejadas en el tiempo y el espacio estén relacionadas. Puede ser porque sus culturas sean diametralmente diferentes, porque el papel de hombres y mujeres en dichas culturas sea distinto (¡esto influencia más de lo que pensamos en los mitos!), o por una gran variedad de factores. Tantos como culturas hay y ha habido en el mundo.

Cuando tenemos Divinidades que sí están relacionadas entre ellas, por regla general suelen estar mucho más cerca geográficamente y en el tiempo, o tener algo más en común que un aspecto simple. Por ejemplo, tener mitos similares, que sus culturas hayan tenido contacto directo, o que sus nombres signifiquen lo mismo o tengan un significado muy similar (los famosos cognados). Conocemos de sobra la conexión entre Inanna-Ishtar-Astarté (y algunos dirían que también Afrodita o Hathor, pero ésa es otra historia). Entre Inanna e Ishtar, de hecho, se puede advertir que los mitos son muy parecidos, aunque no iguales, ya que sus respectivas culturas tenían diferentes valores y se fijaban en cosas distintas, así que los babilonios adaptaron a su mundo el anterior mito de Inanna para crear el de Ishtar, adecuándolo a su discurso social y cultural.

¿De dónde viene esta necesidad de relacionar diferentes Divinidades en la actualidad? Pues de los arquetipos.

He hablado mucho (y muy mal, lo reconozco) del uso de los arquetipos para encasillar a Divinidades en el Paganismo actual, especialmente en Wicca. Creo que los arquetipos son herramientas contemporáneas, creadas por personas de la Edad Contemporánea, que quisieron, con toda su buena fe, facilitar nuestra comprensión de los mitos. Pero hasta ahí. Pretender que haya dos Divinidades relacionadas sólo porque se las suela encasillar (a veces erróneamente) en el mismo arquetipo puede llevar a muchos malentendidos cuando nos queremos acercar a alguna de ellas. Es como poner el apelativo “friki” a Eva y Magda, meterlas en ese saco, y finalmente reducirlas, de personas concretas, a estereotipos, que básicamente es lo mismo que un arquetipo pero a nivel personal.

Os preguntaréis sobre qué dos Diosas recibí la pregunta el otro día. Pues de Hécate y Morrigan. Entre muchas otras cosas, rigen ambas la relación con los muertos, pero de formas muy diferentes, cada una adaptada a su cultura y a sus circunstancias, así como a su concepto del Inframundo (que es distinto en ambas sociedades). Por eso, se las suele meter en el arquetipo de la Anciana, pero ninguna de las dos es exactamente Anciana. El tema de los muertos y la muerte es como la pertenencia al club de fans de Harry Potter que comentaba arriba. Por lo demás, poco más tienen que ver entre ambas: una es abiertamente sexual, la otra el tema sexual se lo tiene más calladito; una es una guerrera de pura cepa, la otra prefiere otros medios para llegar a sus fines; una es celta y de la otra se dice que es anterior a la civilización griega. Se dice también que ambas son “Diosas oscuras”, pero esto no es del todo cierto: Morrigan rige el don de la vida, el parto y el nacimiento, y tiene un aspecto maternal e incluso alimenticio (le está consagrada la vaca de orejas rojas, la misma que se asocia con su hija Brigit), y los devotos de Hécate siempre hablan de la luminosidad de su Diosa y de sus antorchas, que vienen al rescate especialmente en momentos de necesidad. En todo caso y como todo el mundo, tienen sus luces y sus sombras, nada más.

Lo llevo diciendo un tiempo, y lo seguiré diciendo: la Wicca permite la multidimensionalidad del concepto Divino (por aquello de las múltiples concepciones simultáneas de la Divinidad: panteísmo, monoteísmo, dualismo y politeísmo, entre otras), así que permite el uso de arquetipos y el uso de Divinidades concretas. Lo único que hay que hacer es intentar verlas como cosas diferentes, porque si forzamos constantemente la identificación de Divinidades antiguas con arquetipos contemporáneos, estamos cometiendo una incoherencia de base, al intentar casar modelos de épocas distintas y con matices diferentes. De lo contrario, estaremos constantemente identificando a Divinidades muy distintas, que es cómodo, pero no es correcto. Lo correcto siempre es y será acercarse a una Divinidad concreta a través de su propio mito. O al menos ésa es mi opinión.

Para saber qué más he dicho sobre este tema, puedes leer este artículo y este otro.

Tarot para principiantes: algunos consejos (y 2)

descargaEn la entrada anterior (si no la leíste, la tienes aquí) estuvimos viendo algunos consejos para empezar a echar el Tarot. En esta ocasión quisiera centrarme en el acto de la tirada en sí misma, ya que es lo que más dudas da cuando uno está empezando.

Una de las preguntas más frecuentes es sobre el uso de barajas con cartas que se pueden poner del derecho o del revés. Personalmente, no aconsejo el uso de las cartas del revés cuando se está empezando, porque añade el doble de interpretaciones a las 78 cartas. Si cuando estamos empezando ya cuesta hacerse con el significado de 78 cartas y nos cuesta ponerlas en contexto unas con otras, añadir los reveses es añadir el doble de caos. Otra cosa es que queramos hacerlo cuando ya tenemos algo más de experiencia, pero cuando somos muy novatos nos puede bloquear bastante, porque hay cartas que del revés significan lo contrario a la carta del derecho, mientras que hay cartas que del revés significan lentitud o estancamiento, e incluso algunas que no lo cambian en absoluto, dependiendo de la situación. Una notable excepción a este consejo son los Tarots redondos (tipo Madrepaz), porque el Tarot redondo está hecho para tener tres posiciones más, aparte del derecho, y es imposible leerlo siempre del derecho (probad si queréis a barajar un Tarot redondo, vais a ver como es imposible que las cartas se queden en la posición perfecta). No obstante, mi experiencia con el Madrepaz es que no hay necesidad de aprenderse todos los significados en las cuatro posiciones que puede tomar, ya que la posición añade matices a la interpretación de la carta del derecho. Esto hace bastante fácil de interpretar cada posición, y es como si sólo le añadiera un plus de significado a la carta porque esté ladeada o boca abajo.

Sobre adivinar el futuro, yo prefiero decir que con las cartas estamos viendo las tendencias de las situaciones, pero el libre albedrío siempre existe y está en manos de la persona. Si tienes a alguien que te dice “dime mi futuro”, lo mejor que puedes hacer es explicarle este hecho. A veces, saber cuáles son las tendencias de las situaciones es mejor que saber el futuro en sí, porque permite reaccionar. Intenta siempre afrontar esto en positivo para el consultante, resaltándole su capacidad para tomar las riendas de su propia vida, para que no vea el futuro como algo estanco, sino como algo flexible y moldeable según nuestros actos.

Otra pregunta habitual es qué tirada usar. Mucha gente se va a por la cruz celta porque es muy completa, pero las hay más sencillas para cuando estamos empezando. Ante todo, es mejor una tirada cortita que una muy larga, porque si no, nos podemos hacer un lío. La tirada con la que yo aprendí sirve sólo para preguntas tipo “sí” o “no”, y consta de cinco cartas que forman una cruz. La primera (consultante) es a la izquierda, la segunda (lo que obstaculiza) a la derecha, la tercera arriba (lo que se quiere conseguir), la cuarta abajo (aquello con lo que contamos) y la conclusión o respuesta en medio. No tiene más. Luego hay tiradas más elaboradas, de las que te cuentan historias completas, con pasado, presente y posible futuro. Una que me enseñó mi madre y que se sacó de no sé dónde, y que siempre que la uso hay quien me dice “¡nunca había visto una tirada así!” consiste en contar cartas: se baraja y corta el mazo, y se sacan tres cartas. Luego se desechan las nueve siguientes. A continuación, se sacan otras tres, se desechan las siguientes nueve… así, hasta terminar el mazo. Al final deben sobrar tres cartas que son para el montón de desechar. Puestas en orden, las cartas deben contar la situación del consultante, y se leen en grupos de tres, de la misma manera y en el mismo orden que se han extraído. A veces, los grupos de tres cartas se interrelacionan con otros, en ocasiones el grupito está sólo relacionado consigo mismo, porque el tema es diferente al resto de la tirada. Por regla general, lo primero en salir está en o es el presente, mientras que lo que ha salido después suele estar en el futuro (salvo que alguna carta indique lo contrario). Me gusta echar las cartas de esta manera cuando me requieren un análisis más completo, y no tengo que estar pensando en posiciones como me pasaría en la cruz celta, sino que resulta parecido a una línea de tiempo. Puedes probar estas que te digo, o probar otras, pero si estás empezando intenta hacerlo fácil y sencillo para ti mismo, y no te compliques demasiado.

Finalmente, un consejo del sentido común es no inventes lo que no ves. Es muy tentador decirle a alguien que ves que se va a arreglar con su marido, cuando sabes que es lo que está esperando que tú le digas pero no lo que tú estás interpretando. No sólo no es ético, sino que es injusto para ti como cartomante. Es preferible decirle a la persona “no lo veo” o “las cartas no lo dicen, y quizá sea por alguna razón, porque dicen lo que necesitas saber”, que inventarse una historia sobre una reconciliación o sobre un dinero o una herencia a percibir, por poner varios ejemplos.

Tarot para principiantes: algunos consejos (1)

4-1024x497_f_improf_1024x497Hace años que escribí sobre cómo elegir una baraja (podéis leer el artículo haciendo click aquí), pero me queda lo más interesante: qué hacer cuando tienes esa baraja entre manos. Así que me he propuesto escribir unos artículos con algunos consejos para gente que comienza en esto del Tarot.

Mucha gente se pregunta si tiene que consagrar la baraja, o programarla, o hacer un ritual, antes de poder usarla. No existe una respuesta unánime a este respecto, así que podríamos decir que se puede hacer lo que tú consideres adecuado y apropiado para ti mismo y para el uso que le vayas a dar a la baraja. También puedes no hacer nada en absoluto. Mi primera baraja propia fue una Rider-Waite que me compré a los 14 años y jamás tuve que hacer nada para sintonizarla con mi energía. Anteriormente había compartido la Balbi de mi madre (más bien se la birlaba para usarla puntualmente cuando ella no la estaba utilizando), que fue la baraja con la que aprendí a echar las cartas, y jamás tuve ningún problema de “contaminación” de energías ni ese tipo de cosas que dicen que pasan cuando compartes mazos. Quizá es porque somos madre e hija, quizá por energías afines, quizá porque no pasa nada. Pero como decía, hay experiencias muy variadas a este respecto, así que mi consejo en general sería haz lo que tú creas que te va a funcionar, porque en esto no hay una única opinión ni una única experiencia.

Otra pregunta habitual es si se deja a otras personas tocar las cartas. En general, no he encontrado a nadie que me haya cambiado mucho el tono energético de mi baraja por el hecho de tocarla. Yo siempre dejo que los consultantes toquen, barajen y corten las cartas cuando les voy a hacer una lectura, mientras les pido que se concentren en el asunto por el que quieren preguntar. Por supuesto, antes las he barajado yo, pero porque creo en mezclar bien los arcanos entre tirada y tirada, y mejor si es por dos que por una sola persona. Me quedo más tranquila. Hay quien no lo hace así y sólo lo realizan ellos. Está bien en cualquier caso.

Una duda frecuente es si se pueden cruzar los brazos o las piernas durante las tiradas, y me la comentó una amiga de la familia hace como diez o quince años, al llamarme la atención mientras miraba atentamente cómo mi madre le echaba las cartas. Ella me dijo que cruzar brazos o piernas durante las tiradas daba “mala suerte”. Yo no presto mucha atención a eso, pero he de reconocer que cuando uno cruza brazos o piernas, existe en el cuerpo cierta tensión. La tensión nunca es positiva cuando se tiene que hacer una tirada, o cuando se está consultando a un tarotista. ¿Por qué? Pues porque nos predispone a estar en tensión ante las lecturas, simplemente. A los cartomantes, esta tensión puede también afectarnos porque nos hace sentir más inseguros. El cuerpo, la mente y el espíritu forman un solo sistema, así que al tener el cuerpo tenso estamos realimentando la tensión a nivel mental y, por tanto, haciendo más difíciles las interpretaciones y los mensajes intuitivos que nos puedan venir del espíritu.

Otra duda bastante habitual es el uso del librito de significados durante las tiradas. Mucha gente, cuando empieza, se obceca con los libritos de significados y comentan que no son capaces de leer literalmente y “científicamente” las tiradas porque no se saben el libro de memoria. Y luego me comentan que tienen una memoria malísima como para saberse 78 cartas, del derecho y del revés. Los significados expuestos en cualquier guía de significados son justamente eso, una guía, un punto de partida, pero no son una Sagrada Escritura, ni la Palabra de los Dioses. Cuando empezamos, está bien decir que no sabemos muy bien, y para ello es mejor experimentar con amigos o familiares que se presten voluntarios, y llevar el libro. Pero siempre es bonito y bueno aportar algo más, algo que normalmente se obtiene mirando el dibujo de la carta, observando la ilustración y meditando un poco sobre la marcha con ella. Tómatelo con tranquilidad si estás empezando: nadie debería pedirte una tirada perfecta ni corta si acabas de comenzar a leer las cartas. Y si te increpan por ello, ya sabes: que ellos mismos se echen las cartas, si es que son capaces de hacerlo tan bien.

En el siguiente artículo dedicado a este tema trataré otras dudas frecuentes, pero ya centrándome en el momento de la tirada y de la consulta. ¡Permaneced atentos a 13 lunas!

El arte de Brigit la plañidera: la aceptación de la tristeza

Dibujo51-520x349Hasta que salió Inside Out (Del Revés o Intensamente en español y dependiendo del país en el que estés), la tristeza tenía muy mala prensa. Que si no sirve de nada estar triste, que si la tristeza es una mi***a porque te paraliza, que si la vida es demasiado corta para estar triste, que si hay que ser súper positivos… Ojo, la positividad está genial. Es divertida, nos alegra y demás, pero cuando tenemos problemas y necesitamos ese momento de recogimiento, no está ahí la alegría para ayudarnos a recoger nuestros pedacitos. Es más bien la tristeza la que viene al rescate.

Y a veces estar triste es necesario precisamente porque nos ayuda a recomponernos. Por supuesto, una tristeza sana, normal, que responde a adaptaciones al medio que nos rodea. No estar triste sin motivo (que puede ser un trastorno algo más complejo), sino la tristeza como una reacción común a algo que nos sucede en la vida.

Lo confieso: yo, que soy sacerdotisa del mar y siempre hablo de tener las riendas de la existencia de uno, como no soy perfecta ni pretendo serlo, dejé que otros controlaran mi vida. En parte por coacción y en parte por no crear conflictos. Gracias a los dioses estoy recuperando mi vida en los últimos meses. El año pasado, a pesar del feliz acontecimiento del nacimiento de mi hija, tuve demasiados problemas que no fueron precisamente moco de pavo, pero los sorteé más o menos bien. No suelo airear lo difícil o fácil que es mi vida, quizá por una extraña concepción del decoro o incluso del respeto, porque siempre hay alguien que está peor que uno. Lo digo mucho: ninguna vida es fácil.

Y diréis, “pero Harwe, ¿qué tiene que ver esto con Brigit?”. Paciencia, paciencia, que todo llega.

Como iba diciendo… llegó un momento, hará un mes o dos, en el que empecé a darme cuenta de que estaba realmente triste para como lo que normalmente soy yo. Que sí, que estoy embarazada de mi segundo hijo y eso hace que tengas un cóctel de hormonas de padre y muy señor mío que te hace llorar con los anuncios de patatas fritas de bolsa, pero me pareció muy llamativo, así que pedí ayuda a mi médico de cabecera. De tal manera que hace un mes me vio una señora con bata blanca, y yo ya estaba esperando que me dijera que estaba loca, que me iba a empastillar hasta las cejas y que me iba a poner la camisa de fuerza. Así son las ideas preconcebidas que nos hacemos, especialmente cuando estamos algo aprensivos. En lugar de eso, me preguntó qué me pasaba. Le conté todo lo que se me pasó por la cabeza y me dijo: “Hija mía, tú lo que tienes es una tristeza completamente normal después de todo lo que te ha pasado en los últimos años. ¿Qué quieres, estar como unas castañuelas y bailando por sevillanas?”. No sólo no me empastilló, sino que consideró que no necesitaba más tratamiento que tener un poco de tranquilidad para relajarme y disfrutar de mi maternidad y mi nuevo embarazo. Un embarazo que, la verdad sea dicha, he empezado a disfrutar a puñados en cuanto he tenido esa ansiada tranquilidad. He vuelto a tener otro revés recientemente (han vuelto a operar a mi padre de cáncer, el pobre no sale de una cuando ya está en otra) y sin embargo lo he tomado con una tranquilidad y una esperanza que hasta me ha sorprendido, teniendo en cuenta la situación anímica de la que partía. Estar tranquila me ha permitido volver a ser yo misma. Y de normal soy una persona bastante estoica ante la adversidad.

En mi caso y afortunadamente, la tristeza no era patológica, sino síntoma de un proceso adaptativo. Fue esa tristeza la que me llevó precisamente a lo que provoca esa emoción: a pedir ayuda. Los expertos en salud mental dicen que la tristeza es una emoción necesaria para crear empatía y para alertar al resto de los individuos del grupo sobre la necesidad de una persona de ser socorrida o asistida por alguna razón. También es una forma de alertarnos a nosotros mismos sobre la necesidad de un poco de tiempo para reflexionar, recuperarnos y luego seguir adelante.

En el Paganismo, la tristeza no debería estar tan mal vista como está. Porque a ratos siento que tenemos una enfermedad de positividad. Lo llenamos todo de mensajes estupendos, o criticamos a otros por no ser perfectos y tener siempre una sonrisa. En una ocasión me dijeron de alguien que “no se notaba que trabajara internamente” sólo por sus estados de facebook. Me han llegado a criticar de amigos y amigas el hecho de que necesitaran un respiro para recomponerse por algo (con la clásica perorata de “si se tiene vocación de sacerdotisa se está ahí siempre sin importar las circunstancias, porque la vocación y el servicio es lo más importante”). Los paganos no dejamos de ser personas, independientemente de nuestro camino o nuestro trabajo. Y ningún dios nos pide que seamos perfectos. Al menos, no de los que yo conozco. Si algún dios no está de acuerdo con esto, por favor, que se ponga en contacto conmigo.

Y así, en medio de mis horas de tranquilidad, prescritas por un facultativo (qué bien sienta eso de que haya una figura de autoridad que prescriba tiempo para mirar la pared si es lo que a uno le apetece) me vino la inspiración acerca de uno de los aspectos más desconocidos de Brigit: el de la plañidera.

Una plañidera era una señora a la que se le pagaba por llorar mucho y muy efusivamente en un funeral. En las culturas semitas eran bien conocidas desde la antigüedad, y en la cultura celta irlandesa se dice que fue Brigit quien inventó este arte tras la muerte de su hijo. Estas lloronas acompañaban al cortejo fúnebre de los difuntos, haciendo sentir a la familia y al susodicho (en los casos en los que las lágrimas se guardaban y acompañaban a los restos mortales) que habían sido queridos en vida. Lo suficiente como para que la gente les llorara en su despedida. También el llanto es bastante contagioso, así que su efusividad puede animar a los familiares del difunto a arrancarse a llorar para desfogarse, cosa que a veces puede ser difícil especialmente cuando se está en shock. De manera que hace que afloren los sentimientos y que se descarguen las tensiones. Es un llanto liberador y terapéutico.

Brigit llora muy efusivamente por su hijo durante su sepelio, de la misma manera que cualquiera llora cuando se muere alguien a quien ha querido, admirado o seguido. Pero también lloramos cuando las etapas se acaban. También lloramos cuando nos vemos sobrepasados por las situaciones que nos rodean. El arte de la plañidera es un recuerdo de la Mitología y de la tradición, que nos habla de la necesidad de llorar cuando estamos tristes y lo necesitamos. La tristeza no es un sinónimo de debilidad, sino un sinónimo de la fortaleza que mostramos al llorar cuando lo necesitamos. Es parte de la aceptación de nuestras propias emociones. Lloramos y luego, una vez liberado el sentimiento, nos recomponemos y nos hacemos con la fuerza necesaria para continuar con la vida. Incluso nos sirve para identificar qué cosas no nos gustan y necesitamos cambiar, ya repuestos de nuestro bache.

Así que, la próxima vez que llores, porque lo necesites, porque algo te emocione o porque algo te ponga triste, recuerda: te estás siendo fiel a ti mismo. Estás abrazando el denostado arte de la plañidera, ese arte que hace falta a veces cuando necesitamos salir de una situación difícil. Es la tormenta que riega el campo, no sólo para que broten las flores tras la lluvia, sino para poder gozar después de un precioso arcoiris.

A mi padre, que se recupera en un hospital sevillano, y que me enseñó el porqué de las cosas número dos. 3-1.

 

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