El papel de la Sacerdotisa del Mar (y del Sacerdote)

anfitriteÚltimamente estoy pasando por un momento de mucha libertad espiritual e ideológica (y eso que pensaba que había tocado techo, qué equivocada estaba), y me doy cuenta de lo encorsetada que he estado durante muchos años. Creo que la presión social/cultural, o más bien la ausencia de ella, ha jugado un papel importante en ello. No digo que la responsabilidad (o la culpa, en términos más coloquiales) sea de la sociedad y de la cultura. Al final, los responsables de tomar esa libertad como nuestra somos nosotros mismos.

Creo que cuando por fin te liberas de esa presión externa, cuando tomas la decisión de ejercer tu propia libertad y encontrar tu propia voz, te sientes estupendamente. Y más si se hace sin pisotear a nadie más. Esto lo comento porque he escuchado de gente (wiccana) que piensa que la libertad se consigue a partir de pisar a otra gente, de hacerse un sitio a partir de dar de codazos, de “aplastar” a X o a Y. Como si la vida fuera una discoteca hasta los topes y tú el aspirante a llegar el primero a la barra para pedirte un whisky o un refresco. La publicidad, además, nos bombardea con ello (“esto es una jungla”, “la ley del más fuerte”, etc). ¡Es el sino de nuestros tiempos! De ese pensamiento tan arraigado y popular surgen excusas como “yo no puedo hacer lo que quiera porque ya hay gente haciendo lo que yo quería hacer”, “para hacer lo que necesito tengo que aplastar a Fulanito”, “seré más fuerte que Perenganito”, “yo no tengo los dones que tiene Zutanito”, etc. ¿Realmente esto conduce a Libertad personal o espiritual? Me parece que no. Me parece que es estar constantemente mirándose en el espejo de otro, envuelto en pensamientos tóxicos, incentivando el cotilleo, y eso sólo conduce a más drama, a no hacer lo que uno quiere y a estar preso de pensamientos inútiles. Creo  que el pensamiento de “pisar” a alguien es absurdo. ¿Desde cuándo vas a pisar a alguien haciendo lo que a ti te gusta?

Creo también que el sistema no quiere que seamos libres ni felices, porque así nos evadimos consumiendo de forma compulsiva. Me parece que nos hacemos un flaco favor al incentivar este tipo de conductas. Es aquí donde veo que entra la responsabilidad del Sacerdote o la Sacerdotisa del Mar como sanador(a) de sentimientos.

Pues todo esto me ha costado entenderlo, porque soy hija de mi tiempo, porque no vivo aislada y porque la vida tal y como está configurada me ha enseñado ciertas cosas. Y si me ha costado a mí, puede que le cueste a otras personas. Es un trabajo difícil, de identificar dónde están las “Aguas envenenadas”, que diría mi querida Stephanie Neal, mi iniciadora en Sacerdocio del Mar. Sólo cuando he sido capaz de quitarme de en medio esos pensamientos, he sido capaz de seguir adelante con mis proyectos y mis sueños. Por poneros un ejemplo, tardé dos años en hacer público que había escrito una guía devocional a Brigit con una amiga, y casi diez en publicar mi primer libro. Todo porque había pensamientos que me impedían, y que yo me había impuesto (sobre todo relacionados con los demás, el qué dirán, la sociedad, ¡la comunidad pagana!) para no sacar mis proyectos adelante. Pero ésta es la responsabilidad de toda Sacerdotisa del Mar: bucear en sus sombras constantemente, encontrar áreas de mejora todo el tiempo.

A partir de que encuentras tus áreas de mejora, puedes ayudar a los demás a encontrar las suyas. Claro está, sólo si quieren. Es decir, una Sacerdotisa del Mar (o Sacerdote del Mar) no puede exigir a sus alumnos y alumnas que buceen en su Sombra de la misma manera que ella o él lo hace, porque a veces es muy doloroso. El Sacerdocio del Mar es un proceso de des-aprendizaje, y toda la des-programación siempre es difícil. Liberarse de esas conductas opresivas y des-liberadoras lleva mucho tiempo y no abarca un curso de doce lecciones hasta que conseguimos iniciarnos como Sacerdotisas y Sacerdotes del Mar, sino que abarca toda una vida. Durante el camino, además, surgen nuevos retos y nuevas Aguas Envenenadas, porque la corriente siempre está en movimiento.

Sin embargo, y en mi experiencia, creo que cuando uno se pone a trabajar en ello salen cosas maravillosas. Cuando eliminas el miedo, dejas espacio a los sueños. Cuando eliminas el qué dirán, te dejas espacio a ti mismo. Cuando eliminas el cotilleo, dejas espacio a la tranquilidad. Cuando eliminas la insatisfacción, dejas espacio a la gratitud.

No os voy a engañar: sigo aprendiendo y nunca dejaré de hacerlo. Pero a día de hoy me doy cuenta de lo mucho que ha hecho este Sacerdocio por mí, las ganas que me dan de seguir trabajando con mi Sombra y la de años que espero seguir haciéndolo, porque veo resultados en ello. No creo que sea un Sacerdocio para todo el mundo, porque no todo el mundo tiene ganas de bucear en su Sombra, pero sí creo que puede causar un impacto duradero en la comunidad pagana, aunque sea por una suerte de “resonancia” de pensamientos y conductas.

Imbolc, festival de la lactancia

1905Ayer vi unas fotos preciosas, publicadas vía facebook por una fotógrafa de Brasil, que retrataba con su cámara a muchas mujeres dando de mamar. Me pareció una bonita obra de arte. Me recordó a la “Maternidad” de Picasso, con la que hoy quisiera adornar estas líneas.

Hoy en día, una mujer puede decidir si dar el pecho o no, pero antaño no. Antaño, o dabas el pecho o tu cría moría. Por tanto, la naturaleza se aseguró de que nuestros pechos funcionaran más o menos bien, porque de ello dependía que el futuro de la especie estuviera asegurado. ¡Mamá naturaleza es muy lista! Y si los pechos no funcionaban a pleno rendimiento, pues ya habría otra mamá de la tribu que daría la teta y ayudaría a la madre de la criatura a criarla sana y fuerte. Éste también era un vínculo poderoso entre mujeres.

La lactancia de los animales también era celebrada. Aunque hoy en día las personas eligen ser vegetarianas, veganas, crudiveganas, etc, esto era relativamente raro en las culturas antiguas. Por tanto, que un animal lactara de su madre simbolizaba la perpetuación de las especies que daban carne, leche o vestido. Esto era crucial para la supervivencia de los grupos humanos, especialmente cuando llegaba el invierno y no había mucho que sacar de la tierra. Sin capacidad física para cosechar, sin invernaderos, sin cámaras frigoríficas que permitieran a las personas comer verdura y fruta fuera de temporada, los aportes calóricos tenían que buscarse de otras formas. Normalmente de los animales. Esto no ha de verse como un pecado mortal por los vegetarianos, veganos y demás, es que no había otra forma de hacer las cosas. Afortunadamente, como decía antes, hoy en día tenemos otros medios y las personas podemos elegir.

Oimelc, otro de los nombres de Imbolc, significa “leche de oveja”. La primavera puede que todavía quede lejos, de hecho, para eso se hace la famosa prueba del día de la marmota, para ver si viene pronto o va a tardar. Pero, si en mitad del hielo, se ve que los animales están criando, cuando todavía no se ve a las primeras plantitas brotar, significa que hay esperanza para la naturaleza. El ciclo de cría de la oveja trae buenos augurios, y más si se ve que la oveja da de comer adecuadamente al cordero, mediante la lactancia típica de cualquier mamífero. Era un gran motivo de regocijo.

Sin embargo, no veo que el festival de la lactancia y la crianza, pese a lo importantísimo que es este aspecto de Imbolc, se celebre en el Paganismo actual. Y ya no hablo de comer queso de oveja, ni de beber leche de cabra como se hacía en algunas tribus por estas fechas (y, de nuevo, no pretendo escandalizar a los veganos), tampoco de quién elige teta y quién biberón, sino en representar debidamente el rol de la maternidad y de nuestra función como mamíferos, celebrar la crianza (no sólo la lactancia materna que es lo de menos, sino todo el proceso) y reivindicar su papel crucial en el mantenimiento de la especie.

Y si tenemos un arquetipo de la “Madre”, ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué pasamos por alto, escondemos, la maternidad? Me pregunté esto a raíz de que se extendiera un rumor sobre mí, que decía que porque había sido madre, estaba inactiva en el ámbito pagano. Me pregunté por qué no se me había consultado antes de dar por sentado ciertas cosas sobre algo tan íntimo.

Mi conclusión fue que esto es porque las mujeres estamos todavía muy infantilizadas como colectivo. Incluso nos infantilizan otras mujeres, como fue mi caso. Cuando nace un niño, y lo digo por experiencia, todo el mundo insiste en decirte qué es lo que tienes que hacer, cuando en realidad la maternidad es una etapa de gran empoderamiento personal. Igual que hay mujeres que eligen teta y otras eligen biberones, todas tenemos el derecho a decidir cómo vivimos nuestra maternidad, el grado de implicación con el mundo exterior (como si quieres aislarte, vaya) y el grado de conciliación familiar que necesitas dentro de tus posibilidades.

Que no se celebre este aspecto de Imbolc sólo viene a resaltar el hecho de que seguimos convirtiendo a las madres en las eternas invisibles, en las eternas menores de edad.

Pues señores (y sobre todo señoras), sin maternidad no hay vida. Pueden ustedes celebrar todos los Imbolcs que quieran, pero si se olvidan de la Madre que las parió, muy lejos me parece que no van a llegar.

La Paz es un estado mental: actividad 2, querido/a Yo del pasado

Hace unos días escribí una entrada en la que me escribía una carta a mí misma, a mi yo del pasado concretamente. La podéis encontrar haciendo click aquí. Fue un ejercicio que hice como prueba para las actividades que voy planeando para esta serie de trucos y consejos que he llamado “La Paz es un estado mental” y que estamos haciendo con el Templo de Brigit para este año 2016.

Así que, lo habéis adivinado ya seguramente: la actividad de este mes va a consistir en escribir una carta a tu Yo del pasado.

Aunque os he dejado la mía como ejemplo, en realidad la podéis escribir como queráis. Lo importante es aceptarse, perdonarse y quererse.

No me importa si la compartís, si no. Si queréis hacerla pública, si no. Lo importante es hacerlo, liberarse, incluso, a ratos, llorar un poquito, por qué no. Las lágrimas limpian el alma, dice mi marido.

Si os animáis a contar vuestras impresiones (o a compartir vuestras cartas), ya sabéis que con el hashtag #pazesunestadomental las estamos compartiendo en nuestras redes sociales favoritas.

¡Paz para todos!

¡SORPRESA! Mi libro “La Magia de los Elementos” sale a la venta

Y la sorpresa no sería completa si no estuviera ofreciendo un capítulo GRATIS a todos mis suscriptores.

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El libro saldrá a la venta durante la semana a través de Amazon, después de casi diez años esperando a ver la luz. Son 260 páginas escritas con muchísimo amor, pensando en toda la gente que ha necesitado un poco de Magia y con la que me he cruzado en la vida. Y con un mensaje muy claro: TÚ puedes hacer LO QUE TE PROPONGAS.

Porque la Magia no está reservada a sólo unos pocos.

¡Espero que os guste!

 

[EDIT] ¡¡”La Magia de los Elementos” ya está a la venta!! Lo podéis encontrar aquí.

Pensamientos sobre los niveles de existencia

Hoy estaba pensando en algo que se aprende en mi Tradición, que algunas corrientes tienen en común (otras no) y que ha dado, creo, para mucho en el sentido de que se ha prestado a muchísimas interpretaciones y reinterpretaciones, a veces con más “arte” y a veces con menos. Se trata de los niveles de existencia.

La idea de los niveles de existencia no es nueva. Ni siquiera tenemos el copyright los paganos de ella, sino que existe en multitud de religiones y corrientes de pensamiento. Se ha dicho que son tres, que son nueve, que son siete. Siete son los que se dice en mi Tradición que son, siete porque es un número mágico, siete porque se considera un número afortunado. Pero podrían ser nueve, noventa y nueve, o cuarenta y cuatro mil doscientos veinticinco. El número es indiferente.

Sin embargo, hoy estaba pensando en que se usa y se abusa de la estructura de planos (no tanto del número) en determinados sectores, para hacer ver que se está más cercano o lejano a la Divinidad, que se está más evolucionado o involucionado que los demás. Creo que la explicación de esta visión viene de la forma en la que se suelen representar los niveles de existencia al público general: como si fuera una pirámide o un triángulo. Esto da una sensación de jerarquía en la que, la Divinidad, que preside la misma, está por encima del resto de planos, dando a entender, a mi modo de ver, dos cosas:

  1. Que cuanto más arriba, menor parte de la existencia está en contacto con ese compartimento “especial” y súper divino. Con lo cual, esto abre la puerta a multitud de iluminados que dicen ser de las pocas personas que está en contacto con la Divinidad.
  2. Que los planos inferiores sean interpretados como menos importantes, “mundanos” o toscos y rudos, al tener todo el mundo acceso a ellos.

Hace mucho tiempo que empecé a pensar que plasmar la teoría de los múltiples planos de existencia de esta manera (en forma de triángulo), en Wicca o en cualquier corriente afín a este tipo de ideas, no casaba con la idea de que todos estamos conectados con la Divinidad y somos una manifestación de ella, pues los niveles no son iguales, sino que los hay más y menos accesibles. Recuerdo que hace como cinco o seis años, estando en la Alameda de mi Sevilla natal explicándole a una alumna de Segundo Grado (que con el tiempo llegaría a ser suma sacerdotisa) cómo yo percibía la estructura de planos, le decía que yo lo veía más como una estructura de círculos concéntricos en la que cada individuo estaba simultáneamente en todos los círculos a la vez. Era como dibujar siete círculos concéntricos y trazar un radio, que simbolizaría a un individuo o elemento de la existencia concreto, y que tendría exactamente la misma cantidad de existencia en cada uno de los planos. Simultáneamente.

La simultaneidad es el concepto clave aquí. No es que estemos alejados de ese círculo del medio, o de esa parte de arriba del triángulo en el que está la divinidad, sino que estamos simultáneamente en todos los niveles a la vez. Todos los niveles son importantes para el individuo. Aunque algunas corrientes consideren que el plano emocional está en el segundo nivel, por ejemplo, esto no lo hace menos importante que el tercer nivel, que puede ser el mental. De hecho, muchas veces nuestras emociones influyen en la forma en la que pensamos.

Considerar que los planos más espirituales o cercanos a la Divinidad son más importantes que los que están más cercanos a la existencia física me parece un error garrafal de concepto, en el marco de la espiritualidad de la Wicca. Con todo el respeto para quien piense así. Y me lo parece porque va en contra de una de las leyes más esenciales en las que se basa nuestro sistema de creencias, la Ley de Correspondencia: “Así arriba, como abajo”. Los niveles superiores e inferiores están en contacto, unos afectan a otros y otros afectan a unos. Sin los aspectos más físicos estamos incompletos. Sin los aspectos más espirituales, también. Todos son necesarios, si no, directamente no somos lo que somos.

Voy más allá. La famosa frase “Porque todos los actos de amor y placer son actos en mi honor”, que está relacionada con la práctica del sexo y el disfrute de la sexualidad, si consideramos que lo mundano, lo físico, no tiene lugar en una creencia como la Wicca, deja de tener sentido. Me temo que la iluminación y la trascendencia no es el motivo por el que la mayoría elegimos este tipo de religiones quienes las elegimos. ¡Afortunadamente hay muchas religiones que sí creen que la iluminación sea importante!

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