Libros de no-Wicca para wiccanos

 descargaEl otro día pensaba en que, con mucha frecuencia, cuando empezamos en Wicca nos leemos todos los libros sobre el tema posibles, y poco o nada sobre otros temas que son igualmente interesantes e igualmente útiles. Considero que son útiles porque preguntas como “¿Cómo devociono a tal divinidad?”, “¿Cómo hago una crítica constructiva de tal otro libro?” o “¿Cómo sé si lo que me están diciendo es cierto?” sólo se pueden contestar si se hace una lectura de libros de otras materias, porque no necesariamente esos conocimientos los vamos a aprender de “El manual de la bruja” de Pepita la Brujita. Confieso que yo fui así durante un tiempo, no tiene nada de malo, pero siempre está bien expandir horizontes. Así que hoy os traigo una lista de libros interesantes de “No-Wicca” que pueden complementar vuestros conocimientos sobre Wicca, y que pertenecen a otras corrientes académicas o incluso a la ficción.

Ficción:

- Dioses menores, de Terry Pratchett. Sir Terry Pratchett murió hace pocas semanas, víctima del Alzheimer. Fue uno de los escritores de fantasía cómica más hilarantes (y críticos) de este siglo y el pasado. Su Dioses Menores resulta interesante para entender fenómenos como el Fundamentalismo religioso desde una perspectiva cómica, así como para entender que se puede dar en el seno de cualquier religión. También sirve para reírse de uno mismo, que es muy sano. Pratchett tiene una estupenda saga dedicada a las brujas, por cierto, que quizá también haga vuestras delicias si leéis este libro, os gusta y queréis más.

La Metamorfosis (o “El Asno de Oro”), de Apuleyo. Tremenda novela latina del S. II d.C. y que a día de hoy sigue vigente. No pasan los años por ella o, mejor dicho, los milenios. Narra las aventuras y desventuras de un joven y sus experimentos con la magia, que le llevan por caminos poco corrientes y no exentos de penurias. Es interesantísima la referencia que se hace al culto de Isis en la antigua Roma, que está entretejida en la novela de una forma sutil pero coherente con el argumento.

Antropología Cultural:

Vacas, cerdos, guerras y brujas, de Marvin Harris. Este libro recibe su nombre de algunos de los temas que toca, como las vacas sagradas hindúes, el culto a los cerdos (o la prohibición de comerlos en algunas culturas), el papel de la guerra y las brujas voladoras en escoba, entre muchos otros. Es muy interesante, pero advierto que Harris es bastante materialista, así que no esperéis explicaciones místicas de él.

- Magia, ciencia y religión, de Bronislaw Malinowski. Malinowski es mi antropólogo favorito de todos los tiempos. Hizo mucho trabajo de campo, aunque estuvo influenciado por otras ramas de la ciencia que no me gustan tanto, si bien su aproximación y su contribución a la Antropología me parecen bastante loables. Dotado con un don para conectar con grupos humanos muy remotos, en este libro explica que la magia es algo común a todas las culturas, entre otras muchas nociones.

La rama dorada, de James George Frazer. Este libro es un clásico y tuvo mucha influencia en otros autores (entre ellos mi adorado Malinowski), pero soy muy crítica con él. Aun así, hay que leerlo para entender por qué se usa y se abusa de él, y es porque el modelo que propone es compartimentado, algo cómodo para la mente humana. La falta de rigor científico de Frazer queda eclipsada por la belleza de sus relatos, porque eso sí, el hombre era un poeta.

Mitología:

Mito y realidad, de Mircea Elíade. En este libro se tratan diferentes tipos de mitos que pueden ser interesantes para un estudio posterior de textos antiguos y de otras culturas.

La Diosa Blanca, de Robert Graves. Graves fue otro poeta, como Frazer, y desde mi punto de vista cayó en su mismo error: compartimentar desde un punto de vista contemporáneo lo que no se puede compartimentar porque pertenece a otras culturas antiguas y con sistemas diferentes. De todas formas, ha tenido una gran influencia en la Wicca, así que hay que leerlo para poder darse cuenta de hasta qué punto nos hemos aprendido lo de “tal Diosa es una Diosa doncella/madre/anciana”, cuando la Mitología nos dice que la Diosa X puede tener atributos de arquetipos mixtos.

Lebor Gabála Érenn, es decir, el Libro de las Invasiones de Irlanda. Si eres apasionado de la cultura celta irlandesa, éste puede acabar siendo tu libro de cabecera. ¿Para qué te vas a leer un libro que un autor contemporáneo haya escrito sobre mitología irlandesa, cuando te puedes leer EL libro que narra los ciclos irlandeses?

Aradia, o el Evangelio de las brujas (Il Vangelo delle Streghe), de Charles Godfrey Leland. Otro libro muy conocido y con una gran influencia en Wicca y brujería. Después de habérmelo leído en inglés, porque las versiones en español son para sacarse los ojos, el otro día encontré que estaba aquí traducido más o menos decentemente. No hay problemas de copyright con él, porque no está registrado a nombre de nadie. Este libro no sólo es la base del Aridianismo y es muy conocido en la Stregheria o brujería italiana, sino que sirve como alegoría dentro de la Tradición wiccana que practico. Su veracidad es discutida, pero si se toma como una alegoría y no como una verdad absoluta tampoco supone un gran problema.

El libro de los muertos egipcio. Diría aquí lo mismo que en el caso del Lebor Gabála Érenn. En realidad, creo que cuanto más nos vayamos a la fuente de los mitos y menos a las interpretaciones de autores con nombre y apellidos, mejor que mejor.

Teogonía, de Hesíodo. Escrita alrededor del S. VII a. C., Hesíodo cuenta en esta obra la mitología de su cultura y el origen de los dioses griegos. Este libro es básico para entender y saber más sobre la Mitología clásica.

Hay muchos más, pero éstos son sólo unos cuantos ejemplos de libros que no tratan sobre “Wicca 101″ y que pueden enriquecer vuestra experiencia vivencial y religiosa.

La limpieza física del espacio mágico

witch_and_spiderCasi siempre que hablamos de limpieza de las herramientas y del espacio ritual, hablamos de limpieza energética y raramente de limpieza física, y esta última es casi tan importante como la primera. La limpieza externa debería reflejar ese cariño que tenemos por nuestro altar y por nuestro lugar de trabajo ritual, así como el estado consagrado de las cosas. Hoy quisiera hacer un repaso por las técnicas de mantenimiento de la limpieza del espacio ritual más habituales en mi caso, especialmente para fans de la pulcritud. Me voy a centrar en los diferentes elementos que podemos encontrar dentro de nuestro lugar especial, de acuerdo con su clasificación y/o el material del que esté hecho cada herramienta.

Superficies y mesas de altar

Las mesas suelen ser de madera natural, y así fue mi mesa de altar durante mucho tiempo. En aquel entonces solía limpiar el mueble con un paño húmedo (que no mojado), simplemente con agua y nada más. Hay personas a las que les encanta usar productos de limpieza específicos para el polvo, de modo que la superficie de madera aguante mucho más tiempo sin retener polvo. Personalmente, a mí me gusta esta idea y ahora lo hago en la mayor parte de los muebles de madera natural que tengo en casa, porque noto que me dura mucho más la limpieza y que preserva el barniz o encerado. Encuentro que las bayetas de microfibra y las toallitas atrapapolvo son especialmente prácticas, y huyo de los plumeros porque ponen el polvo en suspensión y encuentro que la limpieza me dura sólo dos o tres días con ellos. Os recomiendo encarecidamente en cualquier caso la bayeta de microfibra húmeda como trapo de limpieza, porque es barata, reutilizable, fácilmente limpiable debajo del grifo o en la lavadora, y no deja fibras en los muebles.

Si la mesa es de madera natural y ha caído cera de las velas en la superficie y no sale ni a la de tres, podéis poner encima de la gota o el chorreón de cera un poco de hielo, para que se endurezca, y luego la hacéis “saltar” con una tarjeta como las de crédito, haciendo como de palanca por el borde de la mancha con la tarjeta. Cuando ha saltado la gota, se desecha y se aplica cera para madera encima de la mancha para restaurar el brillo, cosa que también haríamos en caso de rayones en la madera u otros desperfectos. Existen en el mercado multitud de productos que se usan a tal efecto, tan sólo hay que comprobar de qué tipo de madera se trata.

En cuanto a los suelos, dependerá de las especificaciones del nuestro, pero casi ningún suelo se lleva mal con el agua con unas gotitas de vinagre.

Metales

Toda mi vida vi a mi abuela tratar los metales como el bronce y latón con limón, y funciona. El método es tan sencillo como limpiar bien el cacharro de metal que sea con un trapo húmedo, y luego pasar por él una rodaja de limón para que recupere el brillo, frotando bien con la rodaja para que quede bien impregnado. Luego se eliminan los restos de limón con un trapo seco, frotando con ganas. Lleva un poco de tiempo quitar las hebras de limón, pero el resultado es muy brillante y huele muy bien.

La plata se limpia fácilmente con bicarbonato y agua. Si tenéis joyería mágica de plata, por ejemplo tiaras o pendientes, de éstas que tienen muchos detalles, es tan fácil como hacer un poco de pasta de bicarbonato con agua (que quede como pasta, no líquido), ponerlo encima de la joya y frotar con un cepillito hasta que recupere su brillo. Vale un cepillo de dientes viejo. Luego se retira simplemente con un trapito húmedo. Este método reaviva la plata, y por ejemplo en caso de plata ennegrecida es muy útil. También es útil para cálices y otros elementos de plata que podamos tener, aunque si vamos a beber en ellos recordad que es importante quitar bien los restos de bicarbonato. Si por alguna razón el bicarbonato queda adherido a la plata, se puede retirar con un trapo humedecido en agua y vinagre. Veréis que hace espumita cuando le echáis vinagre, es totalmente normal y no es peligroso.

El oro suele ser el que menos problemas da, porque no pierde el brillo. Si se necesita sacarle un poco más de lustre, bastará con un trapito húmedo para que no se dañe.

Cristales y gemas

Si tenemos un cáliz de cristal, o un espejo, o una superficie de vidrio, lo más útil es el vinagre blanco. Sí, ése que ponemos en la ensalada. Tranquilos, que el olor a vinagre se va prontísimo y no deja restos, pues se usa diluido en agua. La proporción sería una parte de vinagre por cada cuatro de agua. La solución se puede utilizar dentro de un pulverizador en el caso de espejos y vidrios, pulverizando sobre la superficie y luego pasando un trapo seco con el que secamos y sacamos brillo. Para cálices de cristal en los que bebemos, se lava normalmente el cáliz como limpiaríamos cualquier otro vaso, y posteriormente se realiza un enjuague en este agua de vinagre, para luego secar con cuidado y sacar brillo con un trapo seco.

La mayor parte de las gemas pueden ser limpiadas bajo el grifo, con algunas excepciones importantes. Hay piedras que si las expones al agua directamente se deshacen por la composición que tienen. Consulta siempre a un experto en gemas para que te asesore sobre qué gemas puedes poner bajo el curso del agua. Si no estás seguro, pásales un trapo con cuidado para quitarles el polvo.

Textiles

Los textiles suelen ser lo más engorroso de todo. Acaparan mucho polvo y además suelen ser de muchos colores. Primero de todo, mira la etiqueta del textil si es comprado, y si acepta lavadora, lávalo en ella, en un programa corto (ropa delicada) y con agua fría. Las cortinas suelen poderse lavar con facilidad en la lavadora, de hecho. Los textiles con bordados lávalos a mano, también con agua fría, con un jabón especial para ropa delicada y sin frotar demasiado. Aclara muy bien y deja que se sequen naturalmente. Presta especial atención a las telas pintadas artesanales y, en caso de dudas, consulta con el artesano que realizó la pieza para saber si la pintura para tela se iría en caso de mojarse. Si es el caso, no lo laves, quítale suavemente el polvo con un trapo humedecido (¡no mojado!).

Si tienes manchas de cera de velas en un mantel de altar (suele pasar) o en una túnica, el método para eliminarlas es el siguiente: hazte con un poco de papel absorbente y una plancha, como la que usas para planchar la ropa. Pon el papel sobre la mancha por los dos lados de la tela, y pasa la plancha, ya caliente, con cuidado. La cera se calentará y derretirá con el paso de la plancha, y será absorbida por el papel. Repite hasta que no queden restos de cera. Ten paciencia, normalmente se necesitan varias pasadas, pero no quemes la tela, deja que se enfríe un poco entre pasada y pasada. Procura que el trozo de papel absorbente sea lo suficientemente grande como para cubrir toda la mancha, de lo contrario la cera quedará adherida a la plancha o a la tabla que uses, y renuévalo en cada pasada para no volver a transferir restos de la cera a la prenda.

¿Y si consagro a la vez que hago limpieza?

Es totalmente posible hacer una limpieza física y una limpieza psíquica a la vez y ahorrar tiempo. Si os fijáis, casi todo lo que hemos usado lleva agua o elementos naturales, así que, ¿por qué no vamos a consagrar la solución de agua y vinagre, o el limón con el que vamos a darle brillo a un incensario de latón? El método es muy sencillo: visualizamos primero cómo las “motitas” de suciedad salen del objeto limpiador, volviendo a la madre tierra (de arriba hacia abajo), y luego manifestamos que el objeto limpiador queda consagrado, para que limpie, purifique y consagre todo lo que toque, imaginando que una luz renovada viene de la tierra hacia arriba y llena completamente el objeto. Esto lo hago incluso con el cubo de agua con el que lavo el suelo de mi casa y me ahorra muchísimo tiempo. Repetimos la operación después de que hayamos terminado de fregar, si queremos, con nuestros trapos de limpieza, estropajos, etc, mientras los aclaramos bajo el grifo.

Nota final

He tocado aquí formas naturales de limpiar, pero personalmente no le hago ascos al limpiacristales, a la aspiradora o a todo lo que me haga la vida más fácil. Pero en caso de usar productos químicos, siempre mirad bien las instrucciones del fabricante y las precauciones de uso. Y aunque pueda parecer que una aspiradora puede tener poco glamour, en realidad poca cosa hay más útil para quitar miguitas de galletas o de pan del altar y del suelo. Usad la imaginación y la cabeza, y si hace falta consagrar la aspiradora, el cubo, la bayeta o la plancha, se hace y no pasa nada. ¡Que no se diga que no usamos la imaginación!

Religiones del mundo con influencia en la brujería (2): ¡El Cristianismo!

streghe-circoloEl otro día escribí una entrada sobre el papel de San Beda el Venerable con relación a la festividad de Ostara, pues muchos dicen que se inventó la festividad. Así que, habiendo este especial en 13 lunas sobre “Religiones del mundo con influencia en la brujería” hoy quisiera hablar del Cristianismo.

¡Qué dices! Me diréis algunos. ¡El Cristianismo es contrario a nosotros! ¡Cómo te atreves! Pues me atrevo porque, lo queramos o no, somos hijos de nuestro tiempo y el Cristianismo ha sido y es la religión predominante en nuestra sociedad. Lo queramos o no, tenemos una gran influencia de él. Convivimos con los cristianos igual que convivimos con muchas otras religiones, y no pasa nada. Al menos no donde yo vivo.

La influencia del Cristianismo en la brujería moderna puede verse en muchísimas situaciones que he observado durante mi experiencia como wiccana. Voy a enumerar algunas, podréis estar de acuerdo o no, pero esto es lo que yo he vivido:

Concepto de bien y mal. Esto es habitual en practicantes que vienen como conversos del Cristianismo. Muchísimas personas que se acercan a la Wicca por primera vez vienen con la cantinela de que existe bien y mal, y que hay que tener pensamientos positivos y que los pensamientos negativos están mal. También hacen referencia a los sentimientos negativos y positivos. Por ejemplo, me han llegado a decir que no deben enfadarse, o que deben controlar los impulsos y las tentaciones. Luz y oscuridad para ellos son dos polos que consideran alineados con esos dos conceptos de bien y mal. En este tipo de pensamiento no existen los grados intermedios, sino que el concepto es bastante maniqueo (recordadme que algún día hable del Maniqueísmo) y por ende, dualista. En realidad, la luz y la oscuridad en la Wicca poco tienen que ver con el bien y el mal, más bien están asociadas a Dios (luz) y Diosa (oscuridad). Por eso me río cuando me dicen que la Wicca no trabaja con la oscuridad, que si acaso trabaja con la penumbra, cuando la realidad es que todas las divinidades con las que trabajamos tienen una connotación oscura, de muerte, de renacimiento, de introspección y de estar dentro de uno mismo muy fuerte, igual que tienen sus connotaciones expansivas, hacia fuera y, en definitiva, luminosas. Cuando me encuentro con una persona que piensa así, no puedo más que sentirme mal por ella, porque la gente así se pasa el día intentando controlar lo que siente y lo que piensa, y sintiéndose muy culpable cada vez que considera que “mete la pata”. Luz y oscuridad en Cristianismo y en Wicca significan cosas diferentes, así como nuestras polaridades no tienen nada que ver.

Mandamientos. Consideran que la Rede es una regla por la cual no se debe hacer daño a nadie. En realidad, la palabra Rede significa “Consejo” (viene del germánico antiguo), siendo la Rede por tanto un consejo y no un mandamiento. No significa “No harás daño”, sino “intentarás (o es mejor) no hacer daño, pero tú luego haz lo que veas, allá tú con las consecuencias de lo que hagas”.  Este pensamiento también es frecuente en conversos del Cristianismo a la Wicca, porque se nos ha enseñado que existen “mandamientos” de Dios. La Rede no viene de Dios, por cierto, ni fue inspirada por ninguna Divinidad, lo cual lo distancia bastante de los mandamientos. Si un wiccano decide hacer daño a alguien, pues seguramente tenga sus consecuencias por ello porque para eso creemos en la ley de causalidad. Pero no hay ninguna ley divina que condene el daño para nosotros, más bien es el sentido común y el saber que todo tiene consecuencias el que nos lleva a evitarlo.

El aspecto Historiográfico. Éste es el que más gracia me hace porque llena de gazapos los libros de autores de renombre. La Historia la escribieron durante muchísimo tiempo personas que eran cristianas, incluyendo las leyendas paganas y sus mitos y costumbres. Todavía me río cuando me acuerdo del capítulo del Anillo de los Nibelungos titulado “De cómo los héroes fueron a misa”. El estudio de la Historia hace muchos siglos no era algo institucionalizado y controlado como ahora, sino que un monje llegaba, se dedicaba a compilar datos y luego los metía en una coctelera no exenta de ideología. ¿Por qué los monjes y los clérigos precisamente? Porque sabían leer, mientras que la mayor parte del pueblo llano no sabía juntar la m con la a, ya que la alfabetización masiva es algo reciente. Esto hace que muchísimos de los libros que hoy en día se tienen como “buenos” (incluyendo la Biblia de las brujas de los Farrar y sus derivados) estén llenos de gazapos históricos y tengan un tufillo cristiano bastante fuerte en la narración de los mitos.  Darse cuenta de esto es tan fácil como mirar la bibliografía del libro en cuestión. También se ha hecho, y esto lo he dicho en multitud de ocasiones, un ejercicio de llenar los huecos para no admitir que algo se desconoce o que queda poco claro, porque parece poco profesional. Esto fue común al principio del ejercicio profesional de los antropólogos, por ejemplo, en el que había unos señores llamados “folkloristas” que se dedicaban a compilar mitos antiguos en poblaciones cristianas. La única forma de evitar esto es estudiando diferentes fuentes originales y comparando la información, en lo que coincidan suele ser cierto.

Equiparación de las Divinidades. Una vez me dijeron que el Aridianismo estaba equivocado porque el Dios recibía el nombre de Lucifer, y que todas las tradiciones que usaban ese nombre eran satánicas. Para empezar, Lucifer era un dios romano de la luz, y es así como se le ve en el Aridianismo. Que los cristianos ese nombre lo hayan querido usar para su Adversario, pues me parece muy bien, pero lo siento por los principiantes que se escandalizan cuando se leen la obra de Leland y ven que el dios se llama Lucifer, porque el dios Lucifer del Aridianismo tiene otro contexto e interpretación del que se tiene en el Cristianismo. Pasa algo parecido en el carácter virginal de la Diosa, como ya comenté. Y esto se convierte ya en el despiporre cuando resulta que la Divinidad tiene un equivalente en el santoral cristiano, o incluso un equivalente en una de las advocaciones de la Virgen María (tal es el caso de algunas de las tradiciones vinculadas a la Isis romana con la festividad de la Virgen del Carmen en Andalucía). Se llama sincretismo religioso y suele pasar, nos guste o no. Esto se soluciona leyendo un poco más los mitos  precristianos, y menos libros de Wicca para principiantes.

La culpa y el perdón. Durante mucho tiempo este tema me tocó la fibra sensible. Sentirte culpable o no, o perdonar a alguien o no, es una cosa de uno, creo yo. Es una circunstancia personal y no existe como sacramento en ninguna creencia vinculada a la brujería. No obstante, me encuentro con que me dicen que los brujos expían su culpa. Aunque ya he aprendido a vivir con esto porque es inevitable que haya quien quiera darse de latigazos por sentirse culpable (y yo no puedo hacerle nada, más que empatizar y sentirme mal por la persona), estas afirmaciones todavía me hacen levantar la ceja. Es cierto que el perdón puede ser muy curativo, pero desde luego creo que darse de latigazos (literales o figurados) por sentirse culpable no conduce a nada. ¿No es más productivo intentar arreglarlo?

Hasta aquí lo que yo he visto en mi experiencia. Me estoy dejando cosas en el tintero seguro. Como veis, son muchos aspectos ideológicos que pueden condicionar nuestra práctica contemporánea. No digo que estos conceptos estén mal, sino que yo no los comparto, no me parecen prácticos a la luz de una religión basada en la brujería, me parece que corresponden a otro paradigma. Me resultan más parches para eliminar esa imagen que nos lastra, queramos o no, y es la de la bruja que adora al demonio. Sabiendo que no adoramos a ninguna de esas cosas, creo que no hay de qué temer.

Curiosidades sobre Ostara que pocos se atreven a contar

ostaraTodos hemos oído alguna vez la historia de la Diosa Eostre, u Ostara, lo bonitos que son sus conejitos y que era una diosa germánica. Algunos dicen que era hasta celta. La verdad sea dicha, gran parte de la historia de la supuesta Diosa Eostre no está confirmada. Y digo supuesta porque no se sabe siquiera si Eostre existió o si se la inventó un señor hace unos siglos. No existen fuentes antiguas directas que nos digan a ciencia cierta que hubo una diosa llamada Eostre, ni que fuera un cognado (una palabra con el mismo origen etimológico) de Eos, que es la Diosa griega de la aurora. Algunos diréis que lo que estoy comentando es una barbaridad, porque nos han machacado con esta historia hasta la saciedad. Al saber esto, fui la primera en decirme que no podía ser, que alguien tenía que estar gastándome una broma, que por todos era sabido que Eostre era Eostre y que Ostara era Ostara. Pero aun así, escarbé en todo este asunto.

En primer lugar, la existencia de un cognado es la razón por la cual se ha repetido la necesidad de la existencia de dicha Divinidad. Pues bien, se sabe que Eos viene de la raíz proto-indoeuropea aus- que significa amanecer, y que la raíz ha estado presente en Divinidades asociadas a la aurora, pero este término no hace referencia a la primavera ni a los conejos, y por supuesto que haya una raíz en una lengua muerta no justifica la existencia de una diosa. Para que me entendáis, es como si yo ahora digo que la raíz proto-indoeuropea la- (que está presente en palabras como labio, labbra o lip, que existen en idiomas “nietos” del proto-indoeuropeo) justifica que en el pasado hubiera una diosa de los besos y la sensualidad bucal. Éste es un ejemplo de pensamiento circular que abunda hoy en día en gran parte del discurso científico-sensacionalista, y con el que hay que tener cuidado porque es un discurso muy manipulador.

Teniendo en cuenta que no se puede justificar la existencia de una Divinidad sólo mediante la Lingüística, tendremos que pasar a la otra parte que es la Historiográfica, es decir, que existan registros escritos sobre Eostre y su mitología. A este respecto hay un debate muy interesante y, cómo no, polémico.

El registro conocido sobre Eostre más antiguo es el de San Beda el Venerable. Vivió en el S. VIII (tres siglos después de los Anglos) y es conocido por haber escrito una Historia de los Anglos, esto es, una Historia del pueblo germánico que es conocido por conquistar durante un tiempo lo que hoy llamamos Inglaterra. Se ha acusado con frecuencia a San Beda de haberse inventado a Eostre. Tanto San Beda como otros estudiosos cristianos que tomaron las historias paganas, se dedicaban a recopilarlas para tener algo en contra de lo que hablar. Es decir, supuestamente estudiaban las costumbres paganas para luego ejemplificar a través de ellas cuáles eran las prácticas religiosas consideradas menos válidas que el Cristianismo. No os escandalicéis, es un proceso natural cuando se hace una transición de una religión a otra, desde el punto de vista antropológico. En muchas ocasiones también se inventaban cosas o las adaptaban al lenguaje de la época al desconocer los términos exactos en el idioma original. San Beda era inglés, y la palabra Easter (muy parecida a Eostre) significa Pascua en su idioma. Esto lleva a pensar a muchas personas que San Beda copió el nombre de la Diosa de esa fiesta cristiana (en su versión antigua, Öster). Easter, igual que East (Este en inglés) sí resultan ser cognados de la raíz aus- del proto-indoeuropeo. Pero, de nuevo, no podemos decir al 100% que esa evidencia lingüística nos lleve a tener una Diosa con los atributos y mitología que normalmente se le atribuyen a Eostre. En cuanto a la palabra Ostara, su origen viene de Öster-Monath, que significa “Mes de Pascua”. De nuevo es la palabra Pascua la que aparece.

¿Cuál es la hipótesis que se plantea al respecto de la existencia de Ostara como festival pagano anglosajón y de Eostre como la Diosa que se veneraba en él? En realidad son varias. Una de las hipótesis sobre el Equinoccio de Primavera es que directamente no existiera como festividad pagana en la cultura anglosajona de la época, sino que San Beda se la inventara para ejemplificar algo que no se debía celebrar, y como no tenía términos para ello, tomó prestadas palabras de su lenguaje habitual. Otra de las hipótesis es que sí hubiera festival, pero la Diosa que en realidad fuera venerada en aquellos días resultara ser Freyja, porque esta Diosa sí parece tener la vinculación con los conejos de la que normalmente se habla cuando se trata de Eostre. Recordemos que Inglaterra había sufrido incursiones vikingas siglos atrás, durante el dominio romano, con lo cual la idea no parece descabellada.

A día de hoy, no sabemos qué hipótesis es cierta. Lo que sí sabemos es que ha llegado a nosotros una idea sobre una Diosa llamada Eostre. Por ello, muchos wiccanos le rinden culto cuando llega el día del Equinoccio de Primavera. Hay wiccanos, en cambio, que prefieren rendir culto a Freyja porque lo consideran más exacto históricamente, y no llaman para nada “Ostara” al festival porque no quieren hacer referencia a la Pascua judeocristiana en su fiesta. Sea cual sea tu elección (todas las opciones son igualmente válidas) creo que es importante que todos sepamos qué hay sobre la mesa en términos de debates sobre la exactitud histórica de ciertas Divinidades, porque mucha gente se cree lo que dicen los dos o tres autores que han copiado unos de otros, sin cuestionarlos lo más mínimo. Hacer de vez en cuando este ejercicio de saber qué hay de cierto en las fuentes que consultamos, especialmente cuando se insiste tanto en los orígenes etimológicos de las palabras como fundamento para que una Divinidad haya existido, es beneficioso para todos, genera criterio en la comunidad y mantiene la mente despierta.

A todos los lectores de 13 lunas, les deseo un muy feliz Ostara o Equinoccio de Primavera de 2015.

Sacerdotes, brujas y servicio a la comunidad

High-Priestess-FULL-BLEEDHe leído un artículo en un blog de, aparentemente, reciente creación (para los que habláis inglés, el artículo está aquí) en el que el autor comenta cuáles son sus 13 principios de la práctica de la brujería. Con algunas cosas estoy de acuerdo, con otras no, y con respecto a un tercer grupo no tengo opinión porque el autor tiene un contexto cultural e iniciático diferente al mío. No obstante, ha habido un párrafo que me ha llamado la atención especialmente. Traducido al español, dice así:

Que sea un/a brujo/a o incluso un líder de coven no implica necesariamente que yo tenga que ser un pilar al servicio a la comunidad o al de alguien. Estoy al servicio de los dioses y los espíritus, y de las personas que éstos me otorgan para ayudarme, pero no al de todas las personas que me paren en la calle o me manden un email. Un coven, o al menos un coven tradicional, se reúne en secreto, todos sus miembros son iniciados que han hecho un juramento, y trabaja para la protección y el avance espiritual de sus miembros, que son una familia. – http://houseofthemidnightsun.blogspot.com.es/2015/03/my-13-principles-of-wiccan-belief.html, punto 6.

El autor está escribiendo desde su punto de vista (y de hecho el artículo se titula “Mis 13 principios del credo wiccano”, es decir, que son suyos, está dando su opinión), y sin embargo ha resonado en mi interior esa afirmación, esa opinión, con respecto a lo que supone estar al servicio de la comunidad. Los correllianos, por ejemplo, somos muy dados a decir que somos referentes de esa comunidad. Pero pocas veces aclaramos de qué comunidad se supone que se es un referente o, en palabras del autor de la frase de arriba, un “pilar” al servicio de la comunidad. En mi experiencia, sólo se es un referente dentro de tu casa espiritual, es decir, tu coven, tu Templo, tu tradición, tu familia espiritual. Fuera de eso eres un ciudadano como otro cualquiera.

Un amigo mío ha venido a hacer unas cosas a mi ciudad en estos días y se está quedando en mi casa. Es iniciado de otra tradición y le pregunté ayer mientras descansábamos en casa por qué parece que hay una fascinación tan obsesiva con su familia espiritual por parte de algunas personas. Él es muy tajante y muy claro a ese respecto: nunca le han regalado nada, ni le han dejado pasar por delante en un ascensor por ser iniciado de x tradición, con lo cual no entiende cuál es el origen de esa fascinación. Luego me lo aplico a mí misma y digo algo parecido, porque nunca me han dejado pasar por delante en la cola de la frutería por practicar lo que practico. Hay contextos y contextos, y desde luego ser pagano es una cosa y estar en una cola es otra. Para la gente que va por la calle somos otras personas que van andando por la calle, y sólo eso.

De hecho, y esto es algo de lo que habla el autor del artículo al que hago referencia, en realidad no existe motivo alguno para que ser brujo/a suponga ser un referente para toda la población. Tradicionalmente, la brujería ha sido el arte de los apartados socialmente. La gente iba a ver a las brujas y a las curanderas en secreto. Se-cre-to. ¡Estaba mal visto ir a verlas! El referente de la comunidad era el médico, el alcalde del pueblo o el ricachón de turno. La bruja ha sido tradicionalmente evitada en la mayoría de los casos.

En la era de las redes sociales, de la inmediatez, de la publicidad, las brujas de hoy nos encontramos a veces con que necesitamos llevar nuestro papel dentro de nuestra familia espiritual, pero en ocasiones también la demanda es otra. Me apuesto lo que sea a que no soy la única que recibe emails de desconocidos, o peticiones de facebook de extraños, con consultas variopintas de las que, honestamente, no tenemos ni idea porque no estamos en el contexto de la persona que escribe.  Muchos hemos caído en la necesidad de ayudar a personas a las que no conocíamos de nada mediante un hechizo, un consejo, etc. Las razones por las que se hace esto son variadas: necesidad de quedar bien, buenas intenciones, incluso miedo a que te critiquen por no hacerlo. Yo antes era así y me entregaba en cada email que me mandaban con sueños, relatos mágicos y demás, daba mi opinión, daba consejos, etc. Fue curioso darme cuenta de que muchas personas desdeñaban mi opinión, así que probé que, efectivamente, era un referente dentro de mi comunidad pero no fuera de ella. Eso me dio una gran sensación de alivio, puesto que resulta frustrante invertir tu tiempo para que luego lo tiren sin más. Gracias a eso me di cuenta de que a) me puedo estar equivocando al dar mis impresiones porque se trata de un contacto escrito, desprovisto de contexto, b) realmente esa persona no me toca nada, así que que técnicamente es como si me pararan por la calle para preguntarme de qué color encienden una vela y c) hay gente que quiere que les digas lo que quieren oír, y nada más. Así que hace tiempo que me aplico una frase de un cantautor uruguayo llamado Jorge Drexler: “No tengo muchas verdades, prefiero no dar consejos. Cada cual por su camino, que igual va a aprender de viejo” (la canción se llama Frontera, la podéis escuchar aquí). Hace ya bastante tiempo que no doy consejos a gente a la que no conozco, e incluso tengo mis reticencias a hacerlo cuando les conozco.

Las sacerdotisas y los sacerdotes somos quizá referentes dentro de nuestros covens o tradiciones, igual que los terapeutas holísticos son referentes dentro de sus consultas y los profesores dentro de sus aulas. Todas las labores del ser humano tienen un contexto, y en el caso de quienes elegimos con quién compartimos el camino espiritual, creo que también debemos y podemos elegir para quién somos referentes. Esta afirmación, en cualquier caso, creo que no debe estar reñida con la necesidad de algunas personas de trabajar en el ámbito del diálogo interreligioso, igual que habrá muchas personas ahí fuera que quieran invertir su tiempo en dar consejos “porque sí”. No obstante, me parece beneficioso aclarar que la labor de la bruja o el brujo es contextual y que dar consejos al primero que se nos cruce no es nuestra actividad principal para con la comunidad, sino conectar con los dioses y los espíritus, y ayudar a quienes deciden compartir con nosotros su camino espiritual como parte de la misma familia o coven.

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