Los hijos no son un negocio: criar es un acto de amor

4332539155_513260c8a6Me queda relativamente poco para dar a luz a mi segundo hijo, un varón.

En estos catorce meses que llevo siendo madre de la hermana mayor del niño que ahora espero, me he dado cuenta de lo sacrificado que es tener un hijo. Cuando digo esto, muchas veces la gente me pregunta si el sacrificio es porque tengo que echar más horas en el trabajo, o porque tengo que apretarme el cinturón y gastar menos para darle a mi hija todo lo que necesita.

En realidad, el sacrificio es diferente y no tiene absolutamente nada que ver con el plano material. El sacrificio, que se hace gustoso cuando esto de ser madre o padre te gusta, es saber que nunca más volverás a ser el mismo. Es saber que sobrepasarás todos tus límites. Es saber que encontrarás soluciones donde aparentemente no las hay. Es saber que el bebé se irá, y que no volverá.

Todavía recuerdo con amargura mis comienzos en la maternidad y cómo me infantilizaron hasta límites insospechados, pero me queda la satisfacción de haber roto esos límites y de haber conseguido lo que, según me habían dicho, era imposible: criar como yo quería criar. Dar a mi hija amor, y no dinero. Darle a mi hija atención, y no un montón de juguetes que no le servían para nada si no estaba yo para garantizarle que tendría el apego necesario en su infancia. Apego que, indudablemente, con el tiempo se convertirá en independencia porque es ley de vida que los hijos hagan sus existencias como ellos quieran.

Porque los hijos no nos pertenecen. Los hijos son de la vida.

El sacrificio no es comprar muchas playstations. El sacrificio real es generar un vínculo tan profundo con una persona, sabiendo que esa persona, un día, volará del nido porque está en su naturaleza. Y sé que mi sentir será agridulce cuando mis hijos, perdidas todas las grasitas de bebé, los abrazos y los besos que todavía no saben dar, cuando ya duerman del tirón en sus camas de adulto, decidan que ha llegado el momento de encontrar su propio camino.

Ellos probablemente nunca se darán cuenta de ese sacrificio. Pensarán que es su derecho, ¡y estarán en lo cierto! Porque yo también lo hice, y su padre también lo hizo, y todos lo hicimos. Es el derecho que nos reserva madurar. Es el derecho de la manzana que cae del árbol cuando está lista para caer.

Pero yo, como también su padre, nos quedaremos porque ya tenemos nuestro propio nido y nuestras propias vidas. Y ya no seremos las mismas personas. Habremos crecido con ellos. Habremos crecido gracias a ellos. También es un sacrificio aceptar que “nunca es la misma persona aquella que sale que aquella que entra”, como diría el Chojin, porque cada vivencia que hayamos tenido con ellos tendrá algo de metamorfosis, de aprendizaje. Será una gran cura de humildad aceptar que aquello en lo que invertiste tanto tiempo, sencillamente, se irá. Pero también será un gran orgullo saber que en esa marcha radica el éxito del trabajo bien hecho.

Y así, la crianza se convierte en un acto de amor. Así, no compramos el amor con dinero ni con playstations, sino que nos ganamos el amor aceptando a las personitas a las que uno ha traído a la existencia. Y así, algunos encontramos el sentido de nuestra vida: el del ciclo eterno.

Y vuelvo a sentirme loba, tigresa, en definitiva, mamífera: unida a otras madres de la naturaleza en este pequeño planeta al que llamamos Tierra.

 

Desnudez, vestimenta y Wicca

descargaSobre el tema de la desnudez me llegan un montón de preguntas: que si hay que ritualizar desnudos, vestidos, o como sea. Es una de las preocupaciones más habituales de los principiantes, especialmente cuando aprenden que hay tradiciones que realizan sus rituales desnudos (lo que se suele llamar “vestidos de cielo”). Los correllianos, como ya lo habréis visto muchos, ritualizamos profusamente vestidos en nuestros rituales formales.

Sin embargo, yo soy correlliana y cuando el mercurio marca más allá de los 30 grados y estoy tranquilamente en mi casa, me quito toda la ropa y hago rituales como mi querida madre me trajo al mundo. Siempre digo que los correllianos americanos, por aquello de que surgieron en Illinois (USA), no saben el calor que hace en Andalucía en pleno verano. Prueba tú a ponerte tres capas de ropa con una media de temperatura de 35 grados, que ibas a asar algo y no iba a ser precisamente un pollo. Si alguien viene a hacer rituales a casa es otro cantar (me visto y pongo el aire acondicionado, entre otras cosas), pero si estamos mi marido y yo, pues la cosa cambia. Porque podéis entender que el marido de una servidora está bastante acostumbrado a verla a una en todas las situaciones. Como es normal.

Me parece que el tema de la vestimenta debería ser bastante de sentido común. Hoy mismo me decía un alumno de mi Templo que está haciendo las cosas basándose en su intuición, en relación a este tema, y yo le decía que eso es lo que debe hacer. Personalmente creo que en casa de uno está uno, no todo el Correllianismo, y si en ese momento no se puede aguantar llevar puesta una túnica negra, un tabardo rojo de mangas volantes y un tabardo gris, junto con la estola y una capucha negra, pues no se puede aguantar. Creo que es mejor ritualizar cómodo que estar blasfemando porque se tiene demasiado calor. Sentido común, señores. Usar la ropa con la que uno esté cómodo, que para eso se está en la intimidad del hogar. Yo solía usar en verano una túnica negra muy finita, pero éste es el tercer verano que paso, bien embarazada, bien en pleno postparto, así que la ropa de antes me resulta incómoda y prefiero celebrar desnuda. ¿El año que viene? Pues no sé cómo estaré, ni cómo me quedará la ropa, ni si me apetecerá ir más vestida que ahora cuando me pongo a ritualizar.

La semana que viene oficio un handfasting en un pueblo de la sierra de Granada. La boda es a mediodía. ¿Iré de correlliana? Pues no, iré con un traje suelto de color verde y unas sandalias. Me voy a llevar al aire libre un buen rato, haciendo el esfuerzo de realizar el ritual, con un montón de gente mirando… si me tuviera que poner todos mis galones, me moriría de calor. No voy a ir desnuda porque no es la forma en la que trabajamos los correllianos en público, pero si me lo pidieran, pues no tendría problema. También es una cuestión de cómo uno se sienta cómodo. Lo repito de nuevo: sentido común, señores.

Si resultara que mañana los correllianos montáramos algo en común y fuera algo para toda la tradición, algo oficial, pues sí llevaría toda la ropa ritual. Porque entiendo que es el uniforme de mi tradición, la forma en la que nos identificamos cuando estamos juntos. Pero, ¿para estar por casa, incluso en el Templo? Pues no lo veo. Prefiero ir con prendas fáciles de llevar y, sobre todo, que la ropa (si la llevo) me evoque cosas y me resulte cómoda. Sentido común…

¡Sorteo de verano!

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¡Sí, sí, estáis leyendo bien!

¿Quieres llevarte a leer a tu sitio de descanso favorito un ejemplar de mi libro “La Magia de los Elementos”? Pues voy a sortear un ejemplar entre todos los que participen a través de Facebook.

Para participar, tienes que irte al post en Facebook que contiene las instrucciones. Se encuentra en mi página oficial en dicha red social: https://www.facebook.com/HarweTuileva/

El plazo para participar finaliza el 30 de junio (23:59 hora española) y el sorteo tendrá lugar el 1 de julio.
¡Suerte para todos!

Mi Top 10 de autores paganos

Hoy quería compartir con vosotros los nombres (y algunos comentarios) de los que considero los autores paganos que más me han influenciado. Personas a las que considero muy importantes en mi práctica y que, quizá, estén presentes en la práctica de otras personas también. Las he ordenado del 10 al 1 en orden de importancia, para así dejar el 1 (el más importante) abajo del todo, para dar un poco de suspense al tema.

10. Margot Adler. Será quizá porque compartimos pasión y profesión (el periodismo), será porque siempre me pareció una mujer con una ética de trabajo impresionante. Su “Drawing Down The Moon” revolucionó la forma en la que veía el Paganismo cuando empezaba: de parecerme algo muy nuevo y desconocido, a naturalizarlo infinitamente. Por su deceso, le dediqué esta entrada de aquí.

Si tuviera que elegir un libro de ella sería… Drawing Down The Moon.

9. Scott Cunningham. Algunos dirán (y yo misma lo he dicho) que está muy trillado, incluso que era mediocre porque la mayor parte de sus libros consisten en tablas de referencia, sin evidenciar la existencia de criterio detrás de las mismas. Pero para algunos es el punto de partida de su práctica. En cierto momento, fue también el mío. Es cierto que se le saca más partido cuando ya vas sabiendo más, porque al principio te quedas en las tablas de referencia y tampoco te permites ser muy creativo (sobre todo por ignorancia), pero cuando ya tienes cierto criterio se convierte menos en una referencia y más en un compañero. Lo cual es de agradecer y le da mucha cercanía. Fue extremadamente prolífico como autor en vida.

Si tuviera que elegir un libro de él sería… Enciclopedia de las hierbas mágicas.

8. Caitlín Matthews. Me encanta porque es muy sensata y porque se basa en investigación histórica seria para crear sus libros. También va más allá de las tablas de referencia, aunque algunos de sus libros contienen muchas de ellas. Adoro su forma de escribir, porque es sencilla y porque aborda temas muy poco vistos desde un punto de vista bastante fresco, sin caer en dogmatismos pero con mucha seriedad.

Si tuviera que elegir un libro de ella sería… Celtic Devotional: Daily Prayers and Blessings.

7. Starhawk. La activista entre las activistas, mi tesina del Máster la hice sobre su “Danza en espiral”. Tiene mucha influencia en mí, no en su concepto de Feminismo (porque es ligeramente diferente al mío), sino en la forma que tiene de abordar la sanación del alma de uno y de las raíces con las que llega al mundo. Y creo que, injustamente, esa parte es poco resaltada por la mayor parte de su ejército de fans, cuando es una de las más interesantes y enriquecedoras. De hecho, ha inspirado muchísimos campamentos de Reclaiming.

Si tuviera que elegir un libro de ella sería… Los doce cisnes salvajes, escrito con Hilary Valentine.

6. Olivia Robertson. Adoro la liturgia de la FOI, tengo varios de sus libros, que además están en abierto pero que te puedes comprar a un módico precio (y en una edición más que razonable para ser impresión a demanda). Hacer cualquier ritual de FOI diseñado por Lady Olivia es un ejercicio de imaginación, meditación y hasta teatro. Ha sido una fuente de inspiración durante muchos años y ahora, desde el Otro Lado, lo sigue siendo para muchos de nosotros.

Si tuviera que elegir un libro de ella sería… Urania: Ceremonial Magic of the Goddess.

5. Christopher Penczak. Este hombre toca todos los palos, de una forma clarísima y siempre muy respetuosamente. Sus libros están en inglés sólo, lo cual es una pena porque apenas se le conoce en el mundo hispanohablante. Es remarcable su libro de chamanismo, que aborda el tema de una manera increíblemente didáctica. Y como persona es un verdadero encanto. Si no te gusta el inglés, merece la pena intentarlo con el idioma de Shakespeare sólo por conocer a esta joya de autor.

Si tuviera que elegir un libro de él sería… The Temple of Shamanic Witchcraft.

4. Z. Budapest. Durante un tiempo leí mucho a Z. Es valiente y dice las cosas sin pelos en la lengua. Su actitud hacia la sexualidad, aunque ya ha quedado bastante atrás, en su día me resultó muy fresca, porque yo vengo de una España muy diferente de la de ahora, bastante más puritana y bastante menos abierta de mente. Tiene un activismo muy marcado, más marcado que el de Starhawk, pero por otro lado sus escritos tienen destellos de una sensibilidad interna muy grande. Es una maestra usando el sarcasmo y la ironía, y creo que es mi referente principal como escritora cuando intento ser divertida (aunque con mi propio estilo).

Si tuviera que elegir un libro de ella sería… Cada día es una fiesta.

3. Donald Lewis-Highcorrell. Es el Canciller de mi tradición, así que tengo que ponerlo porque me ha influenciado de una forma importantísima. Sus libros de los tres grados de Wicca Correlliana me parecen buenos, aunque honestamente el mejor de todos es el del Tercer Grado. Ahora bien, aborda ideas no muy populares por la complejidad de las mismas, a nivel esotérico sobre todo. Ideológicamente me parece un libertario de primera, un hombre que cree en que aquello en lo que tú crees condiciona tu experiencia: algo muy importante para vivir cualquier creencia libre de imposiciones ajenas.

Si tuviera que elegir un libro de él sería… Lessons in Correllian Wicca, Third Degree.

2. Philip Carr-Gomm. Lo definiría, como autor, como inteligente, sensato y muy consistente para con su religión y su forma de vida. Siempre propone una vuelta a lo básico, a pensar desde dentro, a desconectar del mundanal ruido mediante actividades sencillas. Su premisa es simple: no busques fuera, lo tienes dentro. Nos hace buscar en la poesía, en los mitos, las verdades y la filosofía oculta de miles de años de antigüedad, sin llegar a las masas mediante púlpitos y discursos grandilocuentes.

Si tuviera que elegir un libro de él sería… Druid Mysteries: Ancient Wisdom for the 21st Century.

1. Doreen Valiente. Ella no sólo ha influenciado en mí, lo ha hecho en muchas otras personas que han venido detrás. Curiosamente, siempre me dicen que no fue de las sacerdotisas gardnerianas más prolíficas en cuanto a número de iniciados, pero su legado ideológico, expandido a través de sus estupendos libros, es incalculable. Me encanta su manera de ilustrar las cosas más complicadas con anécdotas y ejemplos, creo que así deberían ser todos los autores: al final, el Arte de la brujería es un Arte también muy cotidiano.

Si tuviera que elegir un libro de ella sería… La brujería del futuro.

¿Cómo llegué a la Wicca?

Es muy curioso, porque llevo escribiendo en 13 lunas ya más de 6 años, y nunca, jamás, he hablado de cómo llegué a la Wicca. Es algo que doy tan por hecho que nunca me paro a pensarlo.

Yo crecí en un hogar católico y estudié hasta los dieciséis en un colegio de monjas, aunque era un hogar católico con una particularidad. Como muchos sabréis, mi madre es tarotista, pero también es médium y fue como ella empezó. En mi casa era común escuchar historias de difuntos que venían a visitar y a despedirse después de fallecer, y de abuelos perdidos que hacían acto de presencia fantasmagórica para advertir de enfermedades graves. Podríamos decir que la noción de lo sobrenatural formaba parte de mi vida cotidiana, tanto, que ni siquiera me impresionaba a pesar de ser muy pequeña. Cuando tenía 8 años, mi bisabuela le dio a mi madre una vieja baraja de Tarot Balbi que le habían regalado años ha, pero que nunca había utilizado. Mi madre manejó la baraja con bastante habilidad desde entonces. Yo me pegaba a ella y la miraba echar las cartas durante horas y horas. Los niños son esponjas y, la verdad, aprendí muchísimo en aquella etapa. Con 14 años fui ahorrando de mi paga semanal hasta conseguir 2000 pesetas de la época (ahora serían 12 euros, pero en aquel momento era un buen dinero) para comprar mi primera baraja propia, una Rider-Waite. Me la llevaba al recreo y les echaba las cartas a mis compañeras de curso, a cambio de 100 pesetas por tirada. Sin embargo, no era wiccana, ni pagana, ni nada: si acaso, era agnóstica.

Durante esos años me dio por estudiar Astrología, me compré una buena colección de libros y me pasaba días enteros, especialmente en vacaciones, leyendo sobre este tema. De ahí pasé a practicar magia de una manera muy rudimentaria. Siempre digo que hay que ser muy específico con lo que se pide al Universo, porque te lo va a dar, pero si no eres específico quizá no sea lo que quieras exactamente. Fue una lección que aprendí en aquella época.

Luego de aquello, mis lecturas se fueron diversificando y, un buen día, recién empezada la Universidad, mi mejor amiga me recomendó un libro que a día de hoy no me parece nada de calidad literaria, pero que fue el primer tomo en el que yo leí la palabra “Wicca”: Brida de Paulo Coelho. Aquella misma Navidad, casualidades de la vida, mi madre me regaló un libro sobre Magia en la Historia, y fue ahí, en el capítulo titulado “Las brujas de hoy”, donde supe qué era la Wicca realmente. Ya existía internet, y yo había sido usuaria de la misma desde el año 97, pero siempre que había buscado Wicca en la red me topaba con gente muy rara, como una supuesta “Reina bruja” que cobraba y te dejaba tocar su athame y cosas así. El cambio que supuso aquel libro fue muy positivo.

Tengo la grandísima ventaja de ser bilingüe, entonces cuando me dio por buscar información en inglés, me encontré con Todo, así, en mayúsculas. Toda la información buena estaba en inglés. En español, en aquel año 2001, había tres páginas mal contadas, en las que se decían monerías como que los alejandrinos eran unos copiones de los gardnerianos. Me metí en un par de grupos de MSN, un par de listas de correo de Yahoo, y ya está. Creo que por aquel entonces no era ni Harwe, ni siquiera recuerdo qué nick usaba, pero sí recuerdo que Silver Ravenwolf causaba verdadero furor.

Con el tiempo, el interés fue creciendo y cada vez iba practicando más, hasta llegar 2003, que fue cuando entré en los Correllianos a través de witchschool.com. Esa página la encontré porque creo recordar que busqué en google (que empezaba como buscador en aquel entonces) algo sobre brujería en inglés, y google ads, que ya existía en aquel tiempo, tenía una campaña de sponsors por la cual iba mostrando las páginas más relevantes que le pagaban por enseñar, relacionadas con tu búsqueda. Y así, entré en aquel portal, me registré y empecé a estudiar Wicca Correlliana. Hasta hoy.

De todas formas, mi proceso de “wiccanización” fue paulatino, porque yo consideraba que había luchado mucho por mantenerme neutral con respecto a las religiones, especialmente porque las monjas del colegio habían sido muy machaconas con el tema religioso. Me habían intentado captar para que fuera monja unas cuantas veces, porque mi sentido de Dios sí que existía, pero no quería vincularme a una religión estructurada y que necesitaba tanto de mí como para que yo abandonara toda mi vida por un Dios. De ahí que me costara un par de años asimilar que me había vuelto religiosa, sólo que en otra Fe. Digamos que ese par de años estuve viendo si ese camino religioso era para mí. Podría decir que fue muy meditado y muy consciente.

Ahora queda la segunda parte de todo esto. Cuando ya me convencí de que era wiccana, ¿cómo le dije yo a mi familia que había cambiado de religión?

Mi novio de entonces, con el que llevaba un año, lo supo casi al momento. No le gustó nada. ¡Pero nada en absoluto! De hecho, afectó a la relación. Mi madre lo supo relativamente rápido, pero sí es cierto que fui racionando la información porque ella, aunque es bastante abierta de mente, puedo entender que quisiera criarme como católica y que este cambio fuera demasiado duro, porque un cambio de religión no es moco de pavo, especialmente cuando existen ciertas expectativas para con tus hijos. Mi padre pasó del tema olímpicamente. Mi abuela materna, que me crió, que entonces la pobre estaba ya con síntomas de Alzheimer, lo supo pero lo ignoró bastante. Creo que mi familia de sangre se lo tomó bastante bien, al igual que todos mis amigos salvo una amiga muy cercana, a la que todo esto le dio bastante miedo, según me contó otra amiga común.

Considero que yo quise salir del armario de las escobas demasiado pronto, o de una forma demasiado forzada. En ocasiones me expuse mucho, y la religión es un tema muy delicado y muy personal como para hablarlo con cualquiera. Además, España en 2003 no era la España de 2016. A veces, cuando decía abiertamente la religión que tenía, la gente se pensaba que los pretendía “evangelizar”, porque el referente mayor de religiosidad alternativa eran los Testigos de Jehová, que tienden a eso. La mayor parte de la gente no tenía Internet, no existían los smartphones, google estaba empezando, las redes sociales no se estaban ni montando, y el acceso a la información no estaba tan universalizado como ahora, así que al decir “Wicca” mucha gente entendía “Ouija” y eso no les gustaba. No existía la posibilidad que tenemos hoy, de decir “si quieres saber más sobre mi religión, busca en google, se escribe así y tiene su propia página en Wikipedia”. Por aquel entonces era muy difícil convencer a la gente de que lo que hacías no tenía nada que ver con la Ouija, ni con los rituales de sangre o prácticas consideradas negativas.

Y bueno, ésta es mi historia, que no es corta precisamente. Muchos tendréis historias parecidas, algunos estaréis empezando, otros ya llevaréis tiempo… pero, en cualquier caso, todos tenemos un pasado y todos venimos de algún lugar. Nunca está mal repasar lo que nos ha traído hasta hoy, porque es parte de lo que somos, y yo aprendí mucho de aquellos comienzos, aunque ahora me parezcan muy lejanos.

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