La teoría de la escasez y el “picoteo espiritual”

Ayer una persona decidió embarcarse en un camino espiritual diferente, y para ello tenía que salir del Templo que dirijo. A pesar de lo triste que me pueda resultar esto, porque vives muchas cosas con la gente que estudia en tu Templo aunque no le enseñes directamente tú, como era el caso, comprendo perfectamente que damos clase a personas adultas y responsables que toman decisiones con respecto a su vida espiritual y tienen todo el derecho a hacerlo. Lo único que puedo desearle a esta persona es suerte, ánimo y seguir dándole mi cariño cuando lo necesite, porque hay relaciones que se forjan dentro del contexto de un círculo y que continuarán aunque ya no forme parte del grupo.

Sin embargo, sí me descorazona bastante que haya quien apunte con el dedo a quien se vaya de un grupo para emprender otro camino. Mucha gente cambia de opinión y nadie les apunta porque son solitarios. ¿Qué pasa cuando estás en una tradición conocida? ¿Es que acaso las personas dejan de ser personas cuando empiezan a estudiar en un Templo? Es obvio que, en la escuela donde doy clases, nos orientamos a personas que desean convertirse en sacerdotes y que consideran que sienten la llamada de los dioses y del correllianismo, pero eso no significa que las personas no tengan dudas. En ese caso, y aunque es verdad que les dedicas mucho tiempo a tus alumnos y que cuando se van se forma un vacío en tu corazón, se agradece que, en caso de dudas, se marchen antes de la iniciación. Al menos no han coleccionado un título ni han jurado sus votos ante los dioses, sino que lo han hecho con la cabeza, el corazón y algo muy poco presente en esta sociedad, llamado sentido común.

Así pues, me duele que se acuse a la gente de “picoteo espiritual” porque en esencia todas las tradiciones que tenemos hoy en día son bastante eclécticas. Sí, me habéis leído bien. Y no me refiero a las wiccanas, me refiero al Paganismo en general. Aunque cada tradición tiene un sabor especial, una cosa que le hace ser única, en esencia hemos tomado cosas prestadas de aquí y de allá. Masonería, Golden Dawn, movimientos nacionalistas, Romanticismo, Teosofía, Antropología, Folclore… el paganismo actual es un puzzle de piezas que las tradiciones ordenan en una composición diferente para dar lugar a un dibujo diferente para cada una. No considero casual que en OBOD se vea mucho de Wicca, igual que no considero casual que el correllianismo tenga correspondencias en común con otras tradiciones. Todos sabemos de dónde viene Greencraft, igual que todos sabemos que a Madame Blavatsky le gustaba lo oriental. Al final, las tradiciones las hemos creado individuos, personas con gustos y animadversiones, personas que tenían diálogos con otras personas y relaciones epistolares, y cuyas relaciones influenciaban su manera de pensar. Ya comenté que mi marido influencia mucho mi forma de pensar, pero no es el único: mis mejores amigos paganos, las personas con las que hablo de estos temas, me influencian también en gran medida. Así sucede para todos.

Por tanto, ¿podemos acusar a alguien de picoteo espiritual por irse de una tradición al considerar que le llama otra, si no ha jurado unos votos ante los dioses? Pues creo que no. Otra cosa muy diferente es la titulitis, de la que ya he hablado bastante en este blog. Ése es el “picoteo” peligroso, porque se utilizan los títulos para ganar poder frente a otros. Es el “yo soy iniciado/a de la tradición x, respétame, que no sabes con quién estás hablando”, a modo de amenaza, y sin tener en cuenta los votos que se hacen de respeto ante los dioses, que normalmente implican respeto por los iguales. Sin embargo, reflexionando llego a la conclusión de que las dos actitudes y los dos fenómenos surgen de algo inherente al postmodernismo actual, creo yo, y es una de mis teorías antropológicas favoritas: la teoría de la escasez de Marshall Sahlins.

Marshall Sahlins dijo en los 70 (ya está un poco anticuada la teoría, como veis, pero es muy ilustrativa) que la sociedad del consumo instaura en las personas una sensación de escasez. Al contrario que la cultura de los cazadores-recolectores, que tienen todo lo que necesitan de la madre naturaleza porque no conocen más oferta que la que ella les da, las personas que vivimos en la sociedad capitalista actual vivimos en un impulso y un deseo constante de consumo. Esto es debido a la gran oferta que hay, y por eso comprendo que esto es aplicable al Paganismo actual. Con Templos que tienen página web, tradiciones con blog y escuelas que anuncian públicamente que aceptan estudiantes, es normal que a la gente le pique el gusanillo. Y como somos humanos, nos preguntamos, ¿qué puede tener ése que me pueda interesar a mí? En principio, si la persona se toma en serio el camino espiritual que emprende, aunque sea dejar uno para centrarse en otro y con un afán sincero de aprender, no hay ningún problema, creo yo, para que esto suceda. Sí hay problemas, y está socialmente mal visto, con el que acumula títulos para hacer uso de ellos ante los demás, tal y como comentaba más arriba, ya que se considera que no se toma sus votos en serio.

El único problema que le veo a este fenómeno es llevar la sensación de escasez a nuestro ser interior. En realidad tienes todo lo que necesitas dentro de ti para ser feliz. Las tradiciones y las corrientes paganas son formas de hacerte ver eso, cada una de una manera y un método diferentes. Pero puede pasar que, al ver tanta oferta, nos nublemos y pensemos que lo importante sea el camino que se recorre, el prestigio, la cantidad de adeptos o la seriedad aparente del mismo. Lo importante del camino es recorrerlo y que nos lleve a ver la abundancia que tenemos dentro de nosotros. Que nos haga sentir como a un cazador-recolector del Amazonas, y no como a alguien que vea un anuncio de Coca-Cola y necesite beberse una en ese mismo instante. Que nos ayude a darnos cuenta de que el camino se tiene siempre a nuestros pies, y que la verdadera abundancia reside en el corazón de cada uno, y que muchas veces con eso basta.

Devociones que forman personas, personas que forman devociones

Cuando tenía 2 años tenía varios amigos imaginarios. Mi abuela, que ya entonces vivía pegada a la televisión, vio un día una entrevista que le hicieron a Gloria Fuertes, una escritora de literatura infantil que era especialmente famosa cuando yo era pequeña. Al parecer la Sra. Fuertes aseguró tener amigos imaginarios de pequeña. Mi abuela llamó ilusionadísima a mi madre: “La niña va a ser escritora”, aseguró. Han pasado 30 años desde aquella escena familiar y, aunque no soy escritora, es verdad que la escritura es una forma fácil para mí de expresar lo que siento. Mucho más fácil que hablar, de hecho.

Como mujer adulta y devota de una Diosa de la inspiración como es Brigit, me planteo hasta qué punto es mi devoción la que ha forjado lo que soy como ser escribiente (entendido como aquel ser humano que encuentra placer y desahogo en la escritura), o si yo soy, por mi propia naturaleza y de acuerdo con el vaticinio de mi abuela, una escritora vocacional que ha buscado simplemente una Divinidad que la apoye en su locura. ¿Qué fue primero, la gallina o el huevo? Creo que en este caso las dos cosas, así como en la mayor parte de devotos que conozco.

Reflexionando sobre el tipo de devociones que encuentro y las relaciones que establecen la mayor parte de mis amigos paganos con las Divinidades de las que son devotos, llego a la conclusión de que las devociones forman personas, especialmente las que son difíciles y conllevan esfuerzo. Pero también la gente, por nuestras personalidades y nuestros gustos, nos sentimos atraídos por unas divinidades más que por otras. Creo que las devociones se parecen mucho a las relaciones amorosas con convivencia. Amo profundamente a Brigit, aunque su devoción sea muy dura a veces. Si me paro a pensarlo, me doy cuenta de que es como estar casada con la Divinidad en muchos aspectos: la mayor parte del tiempo es maravilloso si se está enamorado, pero en ocasiones hay cosas que nos hacen chocar o nos gustan menos. También creo que nunca me habría fijado en una Diosa como Brigit para tener una devoción si no fuera lo que es, si no resultara “compatible” conmigo. Igual que en las relaciones.

Así pues, considero que las devociones transforman a las personas, pero también son las personas las que se sienten atraídas por determinadas devociones con determinadas Divinidades por su propio carácter. Para mí, las devociones son como flores a las que hay que regar. No son rezos de un día ni de dos, ni un día o dos de actividad intensa para luego olvidarse. Es un compromiso, a veces por tiempo limitado, a veces para toda la vida. Depende de ti, de tu carácter. Yo creo en el esfuerzo, es parte de mi paradigma particular, y quizá por eso elegí a una forjadora de hombres, a una Diosa que, como yo, es aparentemente blandita y sonriente, pero que en realidad resulta una incansable guerrera que lucha por aquello en lo que cree y por aquello que le gusta. Mi Diosa y yo somos compatibles porque ambas creemos en que ese esfuerzo, esa lucha, lleva a la excelencia.

Por tanto, si en algún momento tú, querido lector, te preguntas si debes hacer una devoción con X Divinidad (cosa que a mí me preguntan mucho, no sé por qué, a lo mejor me han visto cara de gurú), creo que debes meditarlo muy bien y pensar si las características de la Divinidad con la que te pretendes comprometer son compatibles con las tuyas, es decir, si lo que pide o exige es factible para ti y si lo que rige te puede beneficiar para ayudarte a formarte como persona o a impulsar determinadas cualidades tuyas innatas.

En cualquier caso, y si me permites un consejo, no te dejes llevar por las modas. Ahora mismo puede haber 100 devociones a Hécate, 100 a Brigit y 100 a Afrodita porque pueden estar de moda. Hace unos años la moda fue Morrighan. Algunas personas se dejan llevar por las modas y otras se embarcan en devociones porque les gusta una Divinidad, se sienten cómodos y les resulta compatible con sus personalidades. Ninguna relación es fácil, e igualmente ninguna devoción lo es, así que no es buena idea seguir una devoción porque otros la sigan, tiene que llamarte de verdad. Es como meterse en una relación con Brad Pitt sólo porque Angelina Jolie lo haga, y como tú admiras muchísimo a Angelina Jolie te parece una buena opción (es un ejemplo, por favor, no tomar de forma literal, sé que a muchos puede que nos os caiga bien Angelina).

En cambio, si la Divinidad te llama, adelante. Como siempre, investiga, practica, diviértete, supérate, disfruta, ¡vive! Las Divinidades suelen recompensar y proteger a sus devotos con creces, dan una grata sensación de cariño y compañía, y te ayudan a forjar tu personalidad y tus dones más preciados. Merece totalmente la pena. Palabra de devota de Forjadora de Hombres.

Definiciones en la comunidad pagana

Quería haber llamado a esta entrada “La comunidad pagana se define sola”, pero no quería que sonara demasiado fuerte. Al final va a sonar fuerte, porque me he puesto las botas en esta entrada, aviso.

Durante mi preparación del tercer grado me metí de lleno en la “definición positiva” que defiende mi tradición, porque con frecuencia tenemos la feísima costumbre de definirnos con noes: “No somos satanismo”, “No comemos niños”, “No maltratamos gatos negros en Halloween”, “No nos metemos los dedos en la nariz (bueno, quizá dentro del coche cuando creemos que nadie nos ve)”, etc. Mi tradición defiende la definición positiva. Pero yo, por mucho que pertenezca a una tradición, soy una persona independiente y pienso que la comunidad pagana se define ella solita y no tenemos por qué venir dos matados aquí a decir qué es Paganismo y qué no. Igual que tampoco podemos decir qué es Wicca y qué no, creo yo. Hace muchos años, y quizá por influencia de mi tradición, pensaba que era necesario definir, delimitar y acotar, pero he cambiado de opinión. En esta web todavía quedan muchos rastros de aquella época que pasé definiéndolo todo, por cierto.

La razón por la que cambié de opinión fue porque conocí a dos personas que me abrieron mucho la perspectiva de qué podía considerarse Paganismo y qué no. En un encuentro de la Pagan Federation, hace un par de años, conocí a dos umbandistas a los que ahora tengo mucho aprecio. Lamentablemente, y como todo el mundo, tengo prejuicios, y yo tenía un prejuicio muy grande hacia las religiones sincréticas que habían nacido del intercambio cultural entre africanos esclavos y las potencias colonizadoras. ¿Por qué? Pues por la leyenda negra que rodea a todas esas religiones. Y eso que a mí el vudú siempre me encantó, pero que no me hablaran de santería, ni de umbanda, ni de nada de eso. Así que, prejuicios incluidos, me senté a escuchar a esas dos personas, al principio reticente y luego con más interés. Me resultó interesante ver lo similares que éramos, y cuando más hablaba con ellos más me daba cuenta de que había mucho en común. Los seres humanos nos creemos muy avanzados y muy superiores y en realidad seguimos teniendo los mitos de aquella Eva mitocondrial que vivió cerca de la actual Etiopía, lo queramos o no. Muchas de las cosas a las que adoramos como naturales las adoran igualmente tribus muy dispares y tradiciones muy lejanas en el tiempo y el espacio. ¡Porque seguimos siendo aquella tribu perdida de la mano de los dioses, pelona y que andaba erguida!

Así pues, recientemente salió el concepto de la definición de Paganismo de nuevo, a raíz de un evento de Tradiciones Paganas que se planea en Madrid para el año que viene. En la descripción del evento se dice que se puede participar sobre todo si se es de tradiciones de origen europeo. Y me asusté, así que pedí aclaraciones a la organización del Foro. No digo que tengamos que aceptar por narices que las tradiciones de la diáspora africana sean Paganismo según mi opinión, es que me gustaría que nos diéramos cuenta de que no necesitamos definir a la comunidad, que la comunidad se está definiendo sola y que no nos corresponde a ninguno decir, aunque sea mediante una pequeña acotación, que sólo las tradiciones europeas son tradiciones paganas. Para empezar porque incluso las tradiciones de origen europeo están abandonando el término Paganismo en favor de otras denominaciones, como Nativismo (por cierto, el mismo nombre que Orpheis Caroline High-Correll le dio a mi tradición cuando la fundó). Y para seguir porque no somos los dueños del Paganismo, aunque tengamos opiniones, animadversiones y prejuicios, lo cual es humano.

La explicación de los organizadores del evento a mi alarma fue que la acotación se debía a razones organizativas. Me parece bien, es su evento y son sus reglas, pero creo que hay que tener cuidado con esto en el futuro. Si el término Tradición Pagana se acaba usando como equivalente de Tradición Europea de ahora en adelante, si se empieza a utilizar esta equivalencia fuera de ese evento, o si no se usa con precaución, entonces estaremos dejando fuera a mucha gente. Y estamos incluyendo también a quien no quiere estar incluido y ya ha dicho expresamente que no es pagano sino otra cosa.

Igual que hace mucho tiempo surgió el movimiento de “(Insértese aquí nombre de asociación o evento) no me representa” podemos volver a causar esto por exceso de definiciones, que es lo que, en definitiva, causa que en esta comunidad española nuestra al final cada uno acabe montando su propio chiringuito porque no se siente incluido en las definiciones ajenas. Y es normal: a nadie le gusta que le pongan o le quiten etiquetas desde fuera. Tenemos la costumbre de etiquetarnos y definirnos a nosotros y a los demás. Me han venido a veces a dar una opinión no como persona, sino como creyente en el “Cuchufletismo ecléctico”, momento en el cual no sé si felicitar a la persona por haberle puesto nombre a lo suyo, o decirle en su cara que creo que le faltó oxígeno al nacer. Las personas somos personas, no “creyentes en x” y tenemos que empezar a respetarnos por el mero hecho de existir, no por creer en dioses o por tener etiquetas. Volvemos a definirnos y delimitarnos una, y otra, y otra vez, sólo para encontrar nuestro sitio y evitar que nos lo “quite” el otro. O para formar clubes de gente que se denominan igual, que acaban desapareciendo en cuanto hay una discrepancia personal.  Y al final nada de eso marca ninguna diferencia, ni creamos conciencia, ni fomentamos la diversidad.

El día que empecemos a vernos a nosotros mismos como personas y no como definiciones, ese día, habremos ganado en tranquilidad mental y permitiremos que los demás vivan su vida y nos dejen vivir la nuestra. El día que recordemos que las definiciones las crea la comunidad por convención social, como nos dice la Lingüística desde Saussure, nos daremos cuenta de que estamos intentando introducir un cambio artificial en una terminología que pertenece aun grupo completo, con todas las implicaciones históricas y sociales que eso conlleva. Las cosas que hacemos ahora tienen un eco en el tiempo y afectarán a las generaciones que hayan de venir, ¿realmente queremos hacerlo así?

Tú y sólo tú

Quienes me conocen saben que encuentro gran parte de la inspiración para hacer casi de todo en la música. Y esta mañana me he sorprendido a mí misma cantando una canción muy antigua de Janet Jackson. No soy una gran fan de Janet, pero me regalaron uno de sus CDs por mi 16 cumpleaños, cuando me consideraba rapera y escuchaba rap y R&B a todas horas mientras vestía pantalones anchos (todos tenemos un pasado). Recuerdo poner el CD y escuchar esta canción, cuyo estribillo dice en español:

Tienes que querer decir lo que dices,

Tienes que decir lo que quieres decir,

Intentar agradar a todos,

Satisfacer tus propias necesidades.

Mírate en el espejo, amigo mío,

No habrá mentiras que decir entonces,

Señalando con el dedo de nuevo,

No puedes culpar a nadie salvo a ti mismo.

Leo a muchos paganos intentar contentar a los demás y no a sí mismos. Gente que sigue los mismos comportamientos una y otra vez, por ganas de tener seguidores en un blog. Hace mucho que me di cuenta de que la palabra “Wicca”, por ejemplo, está de moda. Hay mucha gente que se llama a sí misma wiccana por necesidad de encajar en un grupo o de ganar las simpatías de determinadas personas. Por el contrario, hay personas que reniegan del mismo término porque consideran que tiene connotaciones peyorativas dentro del ámbito de las religiones paganas: el consabido “en la Wicca todo vale y eso a mí no me parece serio”, sin tener en cuenta que en la Wicca existen tradiciones para las que no todo vale. Son ganas de encajar, tanto por una parte como por la otra, porque somos seres gregarios. Y además le damos muchísima importancia a los términos, creo que a veces demasiada. Quiero decir, está genial denominarse cosas, pero en este momento de la historia es muy complicado denominarse algo fijo, debido a la mezcla que tenemos y a la gran influencia de unas corrientes sobre otras.

Creo que lo importante aquí es encontrar uno su propio rincón de tranquilidad espiritual. Se nos ha enseñado tradicionalmente que hay que buscar la aprobación de los demás, que lo importante es seguir la estela de los otros y que no hay que ser egoísta. Pero resulta que un camino espiritual es lo más egoísta del mundo. Buscamos nuestro propio camino porque es nuestro, no porque pertenezca a otros. Nos etiquetamos para nosotros mismos, no para diferenciarnos ni para igualarnos a otros. Nos tiene que hacer felices a nosotros, no darnos aparente poder frente a los demás o justificar que tengamos opinión. Con etiquetas o sin ellas, todos tenemos opiniones. Con etiquetas o sin ellas, nos hemos embarcado en un sendero que no hacemos por la comunidad, sino que lo hacemos para nosotros. Otra cosa es que nuestra corriente sea orientada hacia fuera, y que tenga un compromiso con la comunidad por determinadas ideologías. Pero al final esa actividad hacia fuera debe estar diseñada para llenarnos a nosotros hacia dentro, como personas. Es un servir hacia fuera que se refleja hacia dentro. Igual que seguir nuestro propio camino, no seguir el de otros, que es de lo que se trata. Incluso veo a gente elegir nombres de determinada forma porque hay alguien a quien admiran que se llama así (cuando yo era más jovencilla había Ravenwolfs por todas partes). ¿No es más fácil hacer y llamarse como uno quiere, seguir el camino que uno quiere y tener lo que uno quiere? ¿Realmente pensamos que estamos siendo altruistas de esta forma? ¿O en realidad nos aborregamos? ¿Qué más dará identificarse con el endogrupo o el exogrupo, o creerse al mismo nivel de X (que pensamos que es la repanocha), cuando en realidad de lo que se trata de ser uno mismo y buscar lo que uno mismo necesita?

Como siempre, me hundo en mi burbuja pensativa, que es lo que pega en estas fechas que estamos pasando en el Hemisferio Norte (está a punto de llegar Mabon) para sumirme en la reflexión sobre qué aspectos de mi camino estoy haciendo para mí, y qué aspectos hago exclusivamente por y para los demás. No para dejar de lado el trabajo hacia los demás, sino para satisfacer mis necesidades con ello y buscar lo que a mí me llena del contacto con la gente. Por ejemplo, asumo que escribo para mí y no para otros, aunque lo ponga en público, y eso lo tengo muy claro desde el minuto uno. Pero creo que otros aspectos de mi vida pagana serían más sencillos y beneficiosos, y sí, totalmente egoístas, si me centrara en las cosas que me llenan y no tanto en las que hago para quedar bien. Al final, si sigo la visión un poco hipócrita de que hago las cosas por los demás, cuando llegue el momento de mirarme al espejo, como en la canción de arriba, no tendré a nadie a quien culpar de mi posible insatisfacción en mi camino espiritual, salvo a mí. ¿Y tú? ¿Llevas un camino espiritual que te llena, o buscas la aceptación de los demás?

En qué me fijo antes de usar una fuente

Cada día hay más publicaciones sobre Wicca (afortunadamente) en inglés y en español. En todos estos años, la Wicca y las religiones coetáneas a ella (llámense paganas o no) han evolucionado tanto como para buscar nuevas denominaciones y nuevas formas de pensar. Esto es inevitable. También la ciencia ha avanzado y, haciendo un punto y aparte con respecto al debate sobre si las ciencias sociales son ciencia, las ciencias sociales han cambiado en los últimos años, sobre todo con el establecimiento de metodologías de estudio.

Y me diréis “Harwe, ¿por qué sueltas todo este rollo?”. Pues lo suelto porque, para mí, no todos los autores tienen la misma validez debido precisamente a este establecimiento de metodologías. En mi anterior artículo expliqué que muchos autores tendían a inventarse la información, cosa que, desde el paradigma actual, está bastante mal visto. Cuando investigo algo me baso en intentar encontrar fuentes fiables y actuales que, debido a mi bagaje sociocultural, no pueden ser inventadas. Lamentablemente, muchos autores se han sacado históricamente cosas de la manga para vender más. A esto lo denomino el “Efecto Llewellyn”, quienes conozcáis un poco lo que se publica en esta editorial en los últimos años entenderéis por qué lo digo (y no hablo de la agenda de las brujas).

Así que, sabiendo las frecuentes invenciones basadas en la Ley de L’Orèal (porque yo lo valgo y vende más) que existe en esta comunidad, ¿puede uno seguir fiándose de los autores? La respuesta es sí, pero de algunos. ¿En qué me baso antes de usar un libro por sobre otro, cuando tienen informaciones distintas? En varias cosas:

El bagaje del autor y su relación con el tema del libro. Recuerdo que me preguntaron qué pensaba de “El libro de las sombras” de González-Wippler. Mi respuesta fue que esa señora es santera. Que sabrá muchísimo de santería, pero que desconozco cuál es su relación con la Wicca, así que no me parece una fuente fidedigna para aprender sobre Wicca. Si quiero saber algo de Gardner me voy a Gardner directamente que para eso publicó en su día, no le pregunto a una santera.

El año de publicación. Esto es delicado porque depende del tema que estés estudiando. Si coges un libro de finales del S. XIX sobre Antropología o Estudios de Folclore, salvo que sea de un estudioso reconocido (Durkheim, Frazer), hay que tener cuidado con lo que se afirma en el libro. Muchas veces se “rellenaban” los huecos que faltaban con suposiciones nada científicas, y también con literatura. Determinadas crisis del sujeto y del objeto no se habían pasado por aquel entonces. Incluso Frazer sufre, a ojos contemporáneos, de una tiernísima ingenuidad a ese respecto. En cuanto a Wicca, siempre cojo “con pinzas” a determinados autores que publicaron mucho sobre los 80, debido a su bagaje y a su posterior desarrollo. La razón es porque durante esa época todavía se usaba en los libros wiccanos material de principios de siglo que, como acabo de decir, era bastante “creativo”. Para saber si me merece la pena tomar como acertado lo que se pone en el libro, compruebo el siguiente punto.

La bibliografía del libro. Un libro de Wicca Diánica con Marija Gimbutas o Jane Shinoda-Bolen en su bibliografía está bien documentado porque son autoras reconocidas en la materia. Si me ponéis el mismo ejemplo con Leland y omitiendo a autoras y autores que han estudiado sobre feminismo, diré que no está tan bien documentado porque poco tiene que ver El Evangelio de Aradia con el movimiento diánico. Creo que se trata de usar la cabeza: un autor se basa en otros autores para documentarse. Si la documentación es deficiente, el libro es deficiente y se basa en la creatividad. Es ficción y no divulgación.

Ahora mismo es muy difícil orientarse, sobre todo cuando uno empieza. Creo que la respuesta está en preguntarse los porqués. Ayer me dijo una chica en una red social que siempre que se hacía determinada pregunta le decían que “no pensase tanto”. Yo os digo que penséis más. Que no os creáis lo que os diga un autor porque sea famoso, que no os creáis lo que hay en internet. Contrastad siempre las fuentes, intentad ir más allá, pensad siempre con la cabeza y, sobre todo, intentad que Wikipedia no piense por vosotros.