Píntame

inannaHoy tengo la piel negra, así que píntame unos motivos en blanco. Moja una espátula en agua con ese barro pálido y pinta sobre mis brazos, mi espalda, mi cara. Deja que por unos momentos me abandone a esa sensación, la de la pintura mojada y la espátula que araña suavemente mi piel. Píntame y prepárame, desnuda, para esa pequeña muerte que me aguarda.

Cuando hayas acabado de pintarme, prométeme que me acompañarás al filo de la vida. Que estarás ahí en esa cita a ciegas que tendré con esa otra parte de mí, la misma que pronunciará palabras de muerte y me colgará de un clavo en la pared como si sólo fuera una cáscara vacía. Prométemelo, mi Ninshubur, para que no flaquee a última hora, aunque ahora mismo no sienta miedo. Recuérdame mis propias promesas. Porque a ti te valoro por encima de todos los me. Y a ti sí te escucharé. Aunque ya no quede cerebro pensante dentro de mi cabeza, sólo puro impulso e instinto animal. Leona, tigresa, loba, qué más da, lo único que importa es que vendrás a recordarme quién soy cuando mi garganta sea puro rugido.

Ejercicio de auto-crítica: la Wicca Ecléctica

critics-corner-promo-01-4_3Como parte de un proyecto que estoy llevando a cabo de forma íntima, he estado repasando cosas que escribí hace unos años, tanto en el blog como fuera de él. Me ha sorprendido lo mucho que he cambiado de parecer en estos años, creo que especialmente por dos razones: mi iniciación como suma sacerdotisa y mi relación con otros paganos que han venido a enriquecer mucho mi experiencia como wiccana. Creo que lo primero fue el detonante de todo, mientras que lo segundo ha venido a ser la reafirmación de esos cambios de paradigma que he tenido.  Creo que para algunas personas, como sucede en mi caso, hablar con amistades sobre lo que tienen en la cabeza es básico para poder poner en pie sus ideas.

Uno de los grandes cambios que he experimentado ha sido mi relación con la Wicca Ecléctica. Escribí un artículo sobre este tema hace unos años* y fue muy controvertido y comentado en las redes sociales. Leyéndolo ahora, con otros ojos, lo comprendo. Así que he decidido hacer un ejercicio de autocrítica sobre ese artículo debido al trabajo que estoy haciendo, pero con mi perspectiva de ahora, porque este Yo del presente no está de acuerdo con el Yo del pasado. Sé que para muchos puede resultar extraño que una “tradicionalista” aborde este tema, pero me doy cuenta de que la gran mayoría de los tradicionales son bastante eclécticos, fuera de la práctica ritualístico-social establecida por su tradición o iniciador. Eso no les hace eclécticos, pero me doy cuenta de que todos tenemos mucho de ecléctico en el fondo.

No voy a cambiar ni una letra del artículo original, porque es de donde vengo y me muestra cuál ha sido mi evolución en estos últimos años. Éstos son los principales puntos en los que difiero con respecto a mi propia opinión, vertida hace ya cuatro años. Hay muchos más, pero me gustaría ir a los más llamativos para mí:

– El tono del artículo. Del principio hasta el fin, me parece demasiado categórico. Lo siento, Yo del Pasado, deberías haber dicho que era tu opinión.

– Utilizar un diccionario para definir me parece lo más rastrero que se puede hacer. Es como basarse en la opinión de un tercero o basarse en una autoridad como la RAE para darle peso a un argumento. Por otro lado, es presumir que el interlocutor es tan tonto que necesita una definición, lo cual me parece un ejercicio de arrogancia y, a día de hoy, va en contra de mis principios. Y me da mucha rabia cuando lo veo en foros de discusión: un diccionario no te da la razón igual que no te la da la opinión de un autor por mucho prestigio que tenga, sino que creo que los argumentos han de ser sólidos por sí mismos.

– En el artículo original afirmé que “La Wicca es una religión bien definida“. Hoy día, no creo en esta afirmación. La Wicca es una religión en creación, un work in progress que dirían los angloparlantes. Está en constante evolución, y más todavía cuando pones los ojos fuera del mundo hispanohablante. Por otro lado, hay tal cantidad de creencias como creyentes en esta religión, tantísimas, que es muy difícil definir de una forma clara y, es más, me resisto bastante a ello porque quien define es quien domina. Creo que algún día me gustaría hablar sobre la reencarnación y las diferentes ópticas que he escuchado en los últimos años, provenientes de wiccanos, sobre esa creencia que para algunos es tan inamovible, como ejemplo de esta situación.

– La Wicca ecléctica no es creer en arquetipos de dioses y nombrar al “Dios” y la “Diosa” en los rituales para no llamarlos por un nombre. Personalmente, tampoco estoy de acuerdo con esta afirmación porque a día de hoy me considero panenteísta. Y si la Divinidad es divina y puede hacer lo que quiera, puede presentarse como arquetipos si le da la gana. O como entidades con nombre propio. O como un Todo. Sé que hay wiccanos ahí fuera a los que no les gusta el concepto de Panenteísmo y la verdad no les culpo, es complicado y a ratos feo, o incluso choca con sus tradiciones. No pasa nada, no nos vamos a pelear por ello (espero). Aprovecho para saludar a mi mejor amigo, que no se considera panenteísta y es wiccano.

La Wicca no es una religión a la carta. Sí y no. No creo que sea a la carta en tanto que sigo sin entender las mezcolanzas con religiones que están muy en oposición a nuestras prácticas mágicas o que tienen el concepto judeocristiano de “llenad la tierra y sometedla”, o que se creen las verdaderas entre otras cosas. Pero considero que la Wicca es una religión para uno, que luego se puede practicar con otros, claro que sí, pero principalmente es el camino de uno mismo y es uno el que tiene que estar a gusto con esa religión. Tiene una parte de personalización bastante grande.

“Se presupone de un ecléctico que…”. ¿Quién presupone? Para mí, escribí esto con el ánimo de establecer unos términos de lo que yo consideraba “buena praxis”, pero soy consciente de que no puedo presuponer esto. Muchas personas se hacen eclécticas después de haber leído a autores eclécticos, no significa que todos tengan esta necesidad de ser tan buenos “estudiantes” y empollarse todo sobre las tradiciones. Por otra parte, le estoy dando demasiada importancia en esos elementos a leer e investigar, pero poco a la vivencia. ¿Quién soy yo para poner una lista de deberes a un ecléctico?

Como decía arriba, éstos son los puntos principales, pero creo que no estoy de acuerdo con la forma y con gran parte del fondo. Ha sido un ejercicio interesante e intenso, si bien creo que me hacía falta. Me parece que me demuestra a mí misma que no estoy en el mismo punto que hace cuatro años y que sigo caminando. Es liberador.

(*) El artículo está aquí: http://www.13-lunas.com/2011/04/25/eclecticismo-en-la-wicca/

Prisa, prisa, todos tienen prisa

descarga La entrada de hoy me la voy a tomar con humor porque no tengo más remedio que hacerlo. También voy a hablar de cosas personales, si me lo permitís.

Mañana salgo de cuentas. Que no significa que mañana se acabe automáticamente mi embarazo, ni que me vayan a inducir el parto, sino que, según las estimaciones de mis médicos, mi hija podría esperarse en torno a la fecha de mañana. Estoy llevando esta última etapa de mi preñez con una tremenda tranquilidad, incluso había dejado de escribir en el blog porque necesitaba estar un poco más dentro de mí y más inmersa en lo que yo llamo mi “espiritualidad íntima” (siempre digo que este blog es como mi “espiritualidad menos íntima”). Quizás es una cuestión de instinto lo que me ha llevado a ese recogimiento. He estado saliendo a cenar con mi marido, haciendo mis devociones, celebrando mi cumpleaños dos veces, leyendo artículos, haciendo ejercicio, arreglando la casa y trabajando relajadamente en cosas en las que me gusta ocupar mi mente. Está siendo, con mucha diferencia, la etapa más estupenda del embarazo, y eso que ha sido bastante bueno. Así que no tengo prisa en ver a mi hija, que salga cuando ella quiera, o hasta que los médicos consideren que es sano y seguro para ambas.

Pero mi entorno familiar directo tiene mucha prisa. Todo comenzó cuando parió alguien a quien no conozco (creo que es la hija o la nieta de una amiga de mi madre a la que tampoco conozco) hace como una semana, y mi progenitora entró en modo destroyer con las prisas por verle la cara a la niña, porque la amiga le estaba mandando fotos de su nieto y ella no tenía nada que enseñar. Con deciros que todavía no he salido de cuentas, porque salgo mañana, y ya se ha hecho a la idea de que la niña va con retraso y que debería estar ya aquí desde hace dos semanas, según sus cuentas el día 8 (no sé de dónde se ha sacado esa fecha). Mientras tanto, mi hija sigue nadando plácidamente en su líquido amniótico, sin ninguna prisa por salir, totalmente ajena a todo, en lo que viene siendo el ritmo natural de una gestación normal.

Y me diréis, ¿a qué viene todo esto tan personal que estás contando? A que ayer compartí un artículo por las redes sociales llamado “Las diez enfermedades de transmisión espiritual” que alguien había compartido y me gustó. Su primer punto era, precisamente, la espiritualidad rápida, la necesidad de hacer algo rápido y, por tanto, de tener prisa. Luego, navegando por un foro que suelo visitar, me topé con la historia de alguien que contaba que había dejado el camino espiritual porque le llevaba demasiado tiempo y sentía que se ahogaba en esa prisa que había tenido por avanzar inicialmente. De pronto, me vino a la cabeza un conejo blanco con un reloj de mano corriendo, como el de Alicia en el País de las Maravillas, al que un amigo había hecho referencia días atrás. Me resulta raro tanta prisa en dos procesos tan normales como una gestación y un camino espiritual, y que los dos se quieran acelerar. Lo veo mucho, además. Y muchas veces esa prisa, esa adrenalina, es contraproducente. Hace los procesos corporales y espirituales más dolorosos, más trabajosos. No estoy en contra de la adrenalina, ojo, creo que es maravillosa y necesaria para estar alerta, nos permite sobrevivir en caso de peligro, pero cuando se trata de actos realizados con amor creo que no sirve.

En Wicca veo esto en las ganas que hay de saltarse el año y el día, de obtener títulos rápido, de llegar a un determinado grado o de entrar en un determinado grupo sin saber muy bien por qué. Quizá, como mi madre, por poder enseñar fotografías a sus amigas del colegio de su nieta, poder integrarse en el “club de las abuelas” (o el “Club de los iniciados”, tanto da). La cosa es, ¿merece la pena? Pues cada persona dirá, siempre tras una reflexión propia. Hay muchas formas de caminar un camino, yo os invito a hacerlo oliendo las flores, despacito y respetando vuestros ritmos naturales espirituales. No es aprender por aprender, es aprender conscientemente de cara a conseguir una experiencia, sabiendo dónde se mete uno. Como si estuviérais en el seno materno, igual, nadando felices en el líquido amniótico y sin ninguna preocupación porque hay vida después de ese “parto” que es la vivencia. Creo que la prisa trae preocupación. Ningún camino espiritual nos debería preocupar, sino que debería ser una fuente de satisfacción y solaz. Y si existe la motivación por llegar a ciertos grados o a cierta posición, estupendo, pero sin perder de vista que lo importante es vivir el camino y vivirlo bien.

Os dejo con el artículo al que hago referencia aquí: http://evolucionconsciente.org/las-diez-enfermedades-de-transmision-espiritual/

Mezcla de panteones en Wicca

descargaAunque este tema no tiene ya tanta relevancia, todavía hay quien me lo pregunta. Mi opinión al respecto ha cambiado mucho en los últimos 3 ó 4 años, sobre todo en lo que respecta a lo práctico. Se trata de la clásica pregunta de si en Wicca se pueden mezclar o no panteones, algo sobre lo que no he querido hablar mucho por temor a levantar ampollas o a hablar de cosas con las que no había experimentado. Pero resulta que hará un par de años tuve que experimentar con ello, así que ahora me siento con fuerzas para tratar el tema.

Creo que lo de mezclar panteones depende de la persona y la situación. Primero, depende de la tradición que se siga y depende de las creencias de uno/a. Siempre digo que aquello en lo crees condiciona tu experiencia personal y es lo que he podido experimentar a lo largo de mi vida. Cuántas veces he oído decir que no se pueden tener más que cierto número de animales totémicos, o que para salir al astral hay que tener un cordón de plata, y luego resulta que hay personas que no creen en eso y practican tan ricamente. En esto no hay mucha diferencia.

Segundo, creo que depende de la Divinidad. Hay Divinidades que se llevan bien en un ritual aunque sean de culturas diferentes. Estuve en un pequeño rito-coloquio-exposición organizado por PFI España hace un par de años en el que se invocaron a Divinidades de diferentes culturas, y no pasó nada ni nos cayó un rayo. Luego estuve en un círculo privado donde se llamaron a Divinidades de diferentes culturas, y aquí sigo, vivita y coleando. Tampoco sentí nada malo, al revés, el ritual transcurrió en una tremenda paz.

Ahora bien, no digo que todo valga. Digo que depende de lo que creas o del sentimiento que te dé. Poniendo varios ejemplos, personalmente no metería en el mismo círculo a Divinidades que me resulten opuestas o que hayan tenido según la mitología algún conflicto, ni siquiera dentro del mismo panteón, pero luego veo a personas hacer altares a los dioses olímpicos y poner juntas a Atenea, Hera y Afrodita, que se vieron envueltas en la guerra de Troya. Tampoco metería a Hécate con Cernunnos como la contrapartida masculina de la primera, como sé que hay gente que hace, porque hay dioses y diosas que se consideran completos en sí mismos y que no necesitan de un consorte, y en este caso resulta aplicable tanto a Hécate como a Cernunnos. No pondría a Brigantia con Minerva, porque tras la conquista de Britania los romanos “sometieron” a la Diosa local poniéndole los atributos y el nombre de la Diosa a la que traían desde el Imperio, que era Minerva -a la que llamaron Sulis Minerva en aquella zona. Pero éstas son consideraciones personales mías.

Lo que digo es que, puestos a mezclar, pensemos antes qué vamos a mezclar y por qué, y descartar la mezcla en caso de que choque con nuestras creencias y con el contexto de la Divinidad. Y si no sabemos cuál es el contexto de la Divinidad siempre se puede preguntar, indagar, investigar y, por supuesto, usar nuestra intuición que para algo está.

Por otro lado, me gustaría reflexionar acerca de la cantidad de veces que se han hecho mezclas en los panteones a lo largo de la Historia, como producto de un sincretismo religioso por ejemplo. Es cierto que los sincretismos tradicionalmente han estado ligados a conquistas y que la guerra tiene muy mala prensa (con razón). De todas formas, a ninguno de esos nuevos practicantes les cayó un rayo por incorporar a Divinidades de otras culturas a sus prácticas, como es el caso de Isis en la Hispania romana, por ejemplo, o de Astarté en la zona de Andalucía en la que me crié. Si le hubiera pasado algo a alguien seguramente se habría dejado de practicar el culto, y nada más lejos de la realidad: si esos cultos y costumbres han llegado hasta nosotros es porque eran populares, y la popularidad creo que sólo la justifica que la relación de ese pueblo con la Divinidad en cuestión funcionara.

Por tanto, me parece que la premisa de Plutarco sobre el amor a la Divinidad contra la superstición sigue vigente en el caso de los wiccanos de hoy. La superstición lleva al miedo hacia la Divinidad, mientras que el amor se cimenta en una relación de confianza con ese dios o diosa. Obviamente, habrá tradiciones que digan que no se puede hacer una mezcla, posición que es del todo respetable, y a día de hoy yo intento no hacerlo dentro del mismo ritual porque no me gusta (otra cosa es si tengo diferentes rituales o devociones con distintos dioses). Pero si hay que hacerlo, creo que si se hace desde una posición de confianza y cariño, no sólo hacia la Divinidad sino hacia ti mismo, no debería suceder nada.

Libros de no-Wicca para wiccanos

 descargaEl otro día pensaba en que, con mucha frecuencia, cuando empezamos en Wicca nos leemos todos los libros sobre el tema posibles, y poco o nada sobre otros temas que son igualmente interesantes e igualmente útiles. Considero que son útiles porque preguntas como “¿Cómo devociono a tal divinidad?”, “¿Cómo hago una crítica constructiva de tal otro libro?” o “¿Cómo sé si lo que me están diciendo es cierto?” sólo se pueden contestar si se hace una lectura de libros de otras materias, porque no necesariamente esos conocimientos los vamos a aprender de “El manual de la bruja” de Pepita la Brujita. Confieso que yo fui así durante un tiempo, no tiene nada de malo, pero siempre está bien expandir horizontes. Así que hoy os traigo una lista de libros interesantes de “No-Wicca” que pueden complementar vuestros conocimientos sobre Wicca, y que pertenecen a otras corrientes académicas o incluso a la ficción.

Ficción:

- Dioses menores, de Terry Pratchett. Sir Terry Pratchett murió hace pocas semanas, víctima del Alzheimer. Fue uno de los escritores de fantasía cómica más hilarantes (y críticos) de este siglo y el pasado. Su Dioses Menores resulta interesante para entender fenómenos como el Fundamentalismo religioso desde una perspectiva cómica, así como para entender que se puede dar en el seno de cualquier religión. También sirve para reírse de uno mismo, que es muy sano. Pratchett tiene una estupenda saga dedicada a las brujas, por cierto, que quizá también haga vuestras delicias si leéis este libro, os gusta y queréis más.

La Metamorfosis (o “El Asno de Oro”), de Apuleyo. Tremenda novela latina del S. II d.C. y que a día de hoy sigue vigente. No pasan los años por ella o, mejor dicho, los milenios. Narra las aventuras y desventuras de un joven y sus experimentos con la magia, que le llevan por caminos poco corrientes y no exentos de penurias. Es interesantísima la referencia que se hace al culto de Isis en la antigua Roma, que está entretejida en la novela de una forma sutil pero coherente con el argumento.

Antropología Cultural:

Vacas, cerdos, guerras y brujas, de Marvin Harris. Este libro recibe su nombre de algunos de los temas que toca, como las vacas sagradas hindúes, el culto a los cerdos (o la prohibición de comerlos en algunas culturas), el papel de la guerra y las brujas voladoras en escoba, entre muchos otros. Es muy interesante, pero advierto que Harris es bastante materialista, así que no esperéis explicaciones místicas de él.

- Magia, ciencia y religión, de Bronislaw Malinowski. Malinowski es mi antropólogo favorito de todos los tiempos. Hizo mucho trabajo de campo, aunque estuvo influenciado por otras ramas de la ciencia que no me gustan tanto, si bien su aproximación y su contribución a la Antropología me parecen bastante loables. Dotado con un don para conectar con grupos humanos muy remotos, en este libro explica que la magia es algo común a todas las culturas, entre otras muchas nociones.

La rama dorada, de James George Frazer. Este libro es un clásico y tuvo mucha influencia en otros autores (entre ellos mi adorado Malinowski), pero soy muy crítica con él. Aun así, hay que leerlo para entender por qué se usa y se abusa de él, y es porque el modelo que propone es compartimentado, algo cómodo para la mente humana. La falta de rigor científico de Frazer queda eclipsada por la belleza de sus relatos, porque eso sí, el hombre era un poeta.

Mitología:

Mito y realidad, de Mircea Elíade. En este libro se tratan diferentes tipos de mitos que pueden ser interesantes para un estudio posterior de textos antiguos y de otras culturas.

La Diosa Blanca, de Robert Graves. Graves fue otro poeta, como Frazer, y desde mi punto de vista cayó en su mismo error: compartimentar desde un punto de vista contemporáneo lo que no se puede compartimentar porque pertenece a otras culturas antiguas y con sistemas diferentes. De todas formas, ha tenido una gran influencia en la Wicca, así que hay que leerlo para poder darse cuenta de hasta qué punto nos hemos aprendido lo de “tal Diosa es una Diosa doncella/madre/anciana”, cuando la Mitología nos dice que la Diosa X puede tener atributos de arquetipos mixtos.

Lebor Gabála Érenn, es decir, el Libro de las Invasiones de Irlanda. Si eres apasionado de la cultura celta irlandesa, éste puede acabar siendo tu libro de cabecera. ¿Para qué te vas a leer un libro que un autor contemporáneo haya escrito sobre mitología irlandesa, cuando te puedes leer EL libro que narra los ciclos irlandeses?

Aradia, o el Evangelio de las brujas (Il Vangelo delle Streghe), de Charles Godfrey Leland. Otro libro muy conocido y con una gran influencia en Wicca y brujería. Después de habérmelo leído en inglés, porque las versiones en español son para sacarse los ojos, el otro día encontré que estaba aquí traducido más o menos decentemente. No hay problemas de copyright con él, porque no está registrado a nombre de nadie. Este libro no sólo es la base del Aridianismo y es muy conocido en la Stregheria o brujería italiana, sino que sirve como alegoría dentro de la Tradición wiccana que practico. Su veracidad es discutida, pero si se toma como una alegoría y no como una verdad absoluta tampoco supone un gran problema.

El libro de los muertos egipcio. Diría aquí lo mismo que en el caso del Lebor Gabála Érenn. En realidad, creo que cuanto más nos vayamos a la fuente de los mitos y menos a las interpretaciones de autores con nombre y apellidos, mejor que mejor.

Teogonía, de Hesíodo. Escrita alrededor del S. VII a. C., Hesíodo cuenta en esta obra la mitología de su cultura y el origen de los dioses griegos. Este libro es básico para entender y saber más sobre la Mitología clásica.

Hay muchos más, pero éstos son sólo unos cuantos ejemplos de libros que no tratan sobre “Wicca 101″ y que pueden enriquecer vuestra experiencia vivencial y religiosa.

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