Todos llevamos una rubia dentro

¡Y hay algunos que la llevan por fuera! Y aquí, por, “rubia” no quiero hablar de la rubia tonta con la que tanto nos han machacado toda nuestra vida, sino a un nuevo tipo de rubia que me encanta y que todos llevamos dentro, aunque no seamos rubias y en realidad tengamos pene. ¡Claro que sí!

El otro día recibí por correo un paquete de un alumno que contenía el “kit de la mentora perfecta”. Entre muchas otras cosas contenía un mechón de pelo rubio, una broma privada que ha derivado a llamarnos Khaleesi mutuamente. Podéis imaginaros que al ver el mechón de pelo solté una carcajada (que era lo que pretendía el remitente), pero me dio que pensar. Khaleesi es en realidad el título de Daenerys Targaryen, un personaje de ficción de la saga de Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin. Una mujer en una situación difícil que se sobrepone a las circunstancias adversas. Y además es rubia.

De Daenerys tenemos que aprender todos y todas mucho, seamos rubias, morenas, pelirrojas o canosas. Con aquel mechón en la mano me puse a reflexionar en por qué la Khaleesi me parece tan estupenda, y por qué creo que su actitud es tan aplicable a cualquier sendero vital, y esto es lo que extraigo:

ATENCIÓN: CONTIENE SPOILERS. SI NO HAS LEÍDO NADA DE CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO O SI NO SIGUES LA SERIE “JUEGO DE TRONOS”, LEE BAJO TU ÚNICA Y TOTAL RESPONSABILIDAD.

1. Sabe que tiene poder de nacimiento y no siente miedo de ello: Daenerys nace con dones por nacimiento, sabe que los tiene y no le asustan sus dones, al contrario. Tanto en el libro como en la serie se implica que puede bañarse en agua hirviendo sin quemarse lo más mínimo (la sangre del dragón), y sin embargo ella no se inmuta, no va gritando por ahí “eh, mira, soy especial, el fuego no puede matarme”, y tampoco dice “oh mierda, soy un monstruo porque todo el mundo queda chamuscado cuando los meten en una pira ardiente, y yo no”. Algún tipo de magia corre por sus venas. ¿Cuántas veces en el camino de la brujería me ha venido alguien a decir que tiene “dones” pero que los ha intentado “controlar” para finalmente obviar y olvidar que tiene esos dones? Si tienes dones, ¿por qué asustarte de ellos? ¿Acaso no es algo maravilloso? Y lo contrario: ¿cuántas veces le hemos dado más importancia a algo, sólo porque en el fondo no pensamos que sea lo suficientemente especial?

2. No le importa lo que digan los demás, ella busca su sueño y su propósito en la vida: Esto está ligado al punto inmediatamente anterior, pues esta chica tiene dones, no se considera una monstruíta por ello, y le da igual lo que digan los demás, sabe lo que quiere y va a por ello. La pueden tildar de loca, pero ella cree, y como cree, sus sueños se hacen realidad.

3. Tiene un rico mundo interior: Aunque la parte menos bonita de esto es que no siempre cuenta lo que piensa a los demás y por tanto no saben por dónde va a salir, Daenerys se da un tiempo para pensar, planear y tener las ideas claras. También se permite soñar y visualizar, en definitiva, mantiene sus lazos con su subconsciente, lo que vendría siendo meditar. También presta atención a sus sueños y visiones, si bien no se lanza como loca a interpretarlos.

4. Es amable con quienes la apoyan y sirven: Ayuda a su pueblo, los apoya y se apoya en ellos. Es la jefa del Khalasar, pero se ve a sí misma como un ejemplo y modelo, por tanto intenta que su comportamiento sea modélico para sus congéneres. Entre los suyos se encuentran sus doncellas, sus sirvientes, quienes supuestamente deben servirle porque es su trabajo, pero siempre las trata con cariño. ¿Cuántas veces en la vida nos parece que nos están dando un mal servicio o ayudándonos poco, esas personas cuyo trabajo es servirnos? Y ahora viene la segunda parte, ¿cuántas veces decimos gracias, por favor y saludamos a quienes nos están dando ese servicio? ¿Cuántas veces hemos gritado a un teleoperador porque no ha podido arreglarnos el adsl en 24 horas, hemos puesto a caer de un burro a alguien o hemos criticado a alguien por no haberse plegado a nuestros deseos? Daenerys tiene muy claro que tener personas que la sirvan o que trabajen para ella no significa tan sólo darles órdenes, porque podría perder su favor y lealtad si actuara de forma mezquina.

5. Es paciente: La paciencia es un valor al alza y esta chica lo entiende. Sabe lo que quiere y sabe que a veces es necesario esperar para obtener lo que ella desea. No pierde la esperanza y aunque a veces se frustra, sabe sobreponerse a ese sentimiento para seguir adelante. En algunos practicantes de Wicca he encontrado muchas prisas y poca paciencia por conseguir “resultados”, y teniendo en cuenta que esto es un camino espiritual y no una carrera me parece que entrenar esta cualidad en algo que nos va a durar toda la vida nunca está de más. Al contrario.

6. No se deja fastidiar por nadie: Cuando su hermano Viserys le pega una bofetada (él acostumbraba a maltratarla) ella se la devuelve y le suelta: “Soy una Khaleesi de los Dothraki. Soy la esposa del gran Khal y llevo a su hijo dentro de mí. La próxima vez que me levantes la mano será la última vez que tengas mano”.  Le cuesta poco o nada mandar a paseo a gente que le está fastidiando. Cuando detecta a alguien tóxico, por muchos lazos que haya, no se siente mal por cortar el lazo, aunque se lleve “tocada” un par de meses. En el Paganismo veo que a veces nos apegamos a gente muy tóxica, sobre todo en internet, a la que le gusta contar sus miserias o (lo que es peor) hacerte partícipe de ellas, y a base de contacto nos volvemos tóxicos nosotros. En estos casos la tecla “borrar de mi lista de amigos” o “dejar de seguir” es estupenda, y mucho más fácil que coronar a tu hermano con oro fundido (al menos no se mata a nadie). Mantener la paz interna, y por ende ser feliz, es muy fácil, si sabes decir las cosas muy claras y no le sigues la corriente a quienes intentan meterte en sus dramas.

7. Es la reina de su vida: Por amor de los dioses, ¡esta chica se llama a sí misma Reina de los Ándalos y de los primeros hombres, que es el título que tenía su familia! Sabe lo que es suyo por derecho, pero sobre todo ella dirige adónde va, incluso sin saber muy bien dónde está. A veces nos olvidamos de que el camino está bajo nuestros pies, pensamos que vamos sin rumbo, ¡y eso no es verdad! Siempre hay tierra bajo nuestros zapatos y siempre estamos conectados a nuestros propios pasos.

Así pues, todos llevamos una Khaleesi dentro, el tema está en que hay que dejarla salir. ¿Te animas a ser la Khaleesi de tu vida?

Cuerpo, mente, alma, espíritu

Hace unas semanas ya que volví a entrenar a alto nivel, y hace poco que retomé la práctica del Kundalini Yoga. Me gusta el Kundalini Yoga porque básicamente fortalece los abdominales una barbaridad, ya que la zona del ombligo se considera el centro energético del cuerpo (justo donde está el chakra del plexo solar), y porque considera a través de los cambios físicos podemos lograr cambios a nivel energético. Aunque el Kundalini Yoga no es una disciplina para principiantes, porque trabaja con apneas (aguantar la respiración, especialmente con los pulmones vacíos), como cualquier rama del Yoga, para acompañar a un trabajo regular de meditación y de entrenamiento resulta ideal como elemento integrador, y aumenta exponencialmente los efectos tanto del entrenamiento como de la meditación.

Meditando sobre este asunto me acuerdo de un vídeo de Runa Fuego, que se llama “Mens Sana, Corpore Sano”, creo recordar. Sé que Runa entrena regularmente y él quiso explicar cuál era su visión acerca de este tema. Me gusta que la gente hable de sus opciones personales, de si entrenan o no, de si prefieren los paseos calmados, la falta de ejercicio físico o si van al gimnasio a machacarse, cuando están en un camino espiritual. Creo que dice mucho de cómo cada uno va construyendo su camino, de sus opciones y elecciones, y es muy bonito ver que diferentes personas eligen diferentes caminos. Tendemos a pensar que el cuerpo está separado de la mente y del espíritu, y yo también caí en ese error. La gente elige cosas dependiendo de cuáles sean sus preferencias, y creo que ninguna de esas elecciones son casuales. Tanto si se opta por no hacer ejercicio, como si eres de los que te gusta machacarte (y grados intermedios, por supuesto), todos tenemos el derecho a hacer lo que queramos mientras nos haga felices.

Lo importante, creo yo, es saber observarse. Yo soy una persona naturalmente musculosa, por ejemplo. Practiqué deporte toda mi adolescencia, pero reconozco que en los últimos 7 años me he dejado ir. Mi decadencia empezó con la depresión que tuve hace unos años, pues puse unos 15 kgs. Tuve una trombosis y casi me muero, incluso hubo un tiempo en el que abandoné mis estudios de Wicca Correlliana por aquel entonces. ¿Casualidad? Yo creo que no. Mi situación estaba reflejándose en todos los mal llamados “niveles” de mi persona, y digo mal llamados porque en realidad conforman un contínuum. Mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi espíritu que es mi conexión con lo Divino, todo eso está unido y por esa razón se estaba dando en mí una situación anómala y contraria a lo que yo soy por naturaleza: una persona a la que le gusta entrenar, una persona feliz, una persona espiritualmente plena.

Así pues, y sabiéndome empoderada por una situación que de pronto ha empezado a “encajar” tras mi lenta pero segura salida de la depresión, he vuelto a entrenar duro, he vuelto a ser yo. ¿Mens Sana in Corpore Sano? Pues yo diría que más bien “Mens Sana in lo que te dé la gana”. Si tu naturaleza es no machacarte en el gimnasio, pues no lo hagas, estupendo. Si te gusta entrenar, pues estupendo también. Pero lo que yo extraigo de esto es que siempre hay que observarse, saber por qué actuamos de una forma que parece contraria a nuestras elecciones más íntimas y naturales, como en mi caso fue dejar de entrenar cuando lo había hecho toda la vida y me gustaba. Me alegra irme reencontrando conmigo misma poco a poco, a todos los niveles.

¿Se nos enseña a no ser felices?

566ca6bd90a8152954ee483bc2f65039Ayer tuve una conversación que considero muy importante con la persona con la que comparto mi vida. Una conversación que me recuerda a la película Trainspotting, de Danny Boyle, una de mis películas favoritas por muy dura que sea (cuenta la historia de unos adictos a la heroína). La película abre con el monólogo que sigue:

Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos baratos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

Yo no soy adicta a la heroína pero, tristemente, soy adicta a joderme la vida. No enumeraré las múltiples formas que he tenido de sabotearme a mí misma durante los últimos años (no me apetece deprimir a nadie), pero tengo claro que estoy intentando salir de eso y dejar de joderme la vida de una vez por todas. Y aunque es un trabajo que durará toda mi vida, y un esfuerzo y un camino constantes, son aspectos de mí misma en los que me he comprometido, como buscadora espiritual, a trabajar en serio. No por nada, sino porque nadie lo va a hacer por mí. Renton, el protagonista de Trainspotting, hace referencia arriba a cosas externas. A él, la televisión, la carrera, la familia… le parecen cosas superficiales e insustanciales, la vida es carente de sentido para él. Por eso se hace adicto a la heroína. Yo me hice adicta a la infelicidad por la misma razón.

En todos estos años trabajando internamente conmigo misma (y muchas caídas después) me he dado cuenta de que a) consigo todo lo que me propongo en esta vida y b) no me hace falta un montón de cosas para ser feliz como una perdiz, sino que es algo que manejo yo y que no depende de nada externo (y por eso mismo la felicidad es barata). Ahora puedo decir que soy feliz, y que es sorprendentemente fácil serlo. Tanto, que cuando lo logras da hasta vergüenza sentirse así. Parece como si uno no se lo mereciera, cuando es lo que nos viene dado por derecho y lo que se supone que hemos venido a hacer aquí. Como si hubiera algo impúdico en ello. Ayer le decía a mi marido en nuestra conversación trascendental que venimos “a vivir”. Muy serio me miró y me dijo más o menos que el sentido de la vida era ser feliz, porque para eso habíamos venido aquí, no para sencillamente vegetar. “Existir lo puede hacer una planta, pero lo que tú hagas con tu vida es tuyo, y eso lo tienes porque has nacido humana. El sentido de la vida es ser feliz”. Ay queridos lectores, que tenga que venir tu pareja/acólito/alumno a recordarte que lo importante del camino es pasarlo bien… aunque supongo que son gajes del oficio de sacerdotisa, que a veces se te olvida aplicarte el cuento. Nadie es perfecto. Si lo fuéramos, no habría cabida al crecimiento.

Tirando del hilo y pensando, pensando… llego a la hipótesis peregrina de que quizá se nos ha enseñado a que ser feliz está mal visto. ¡No se puede ser feliz, hombre, eso es malo, te mete en problemas! ¿Por qué? Pues por varias razones: la primera es que el vecino puede ansiar tu césped verde de felicidad (por estar tu vecino verde de envidia). Me aventuraría a decir que la segunda razón es para que luego, cuando las cosas no te vayan tan bien, no te sientas mal. Ambas razones se reducen al miedo a que te quiten algo, básicamente. Pero yendo más allá, si la felicidad es interna, ¿entonces quién nos puede quitar eso? ¿Puede venir alguien y joder a una persona feliz, así porque sí, si resulta que la felicidad está dentro? Que hay mucho hijo de p**a suelto, eso es cierto, pero, ¿hasta qué punto puede otra persona quitar esa luz interior a otra? No sé a vosotros, a mí de pequeñita me enseñaron que había que tenerles miedo a los hijos de p**a, y que por eso había que esconder tu felicidad y no mostrar del todo lo que tenías, no darte a los demás. He aprendido que en parte es cierto, porque hay personas ahí fuera que se han aprovechado de mí, pero eso ha sido algo totalmente pasajero y no afecta realmente a mi capacidad para seguir siendo feliz. Por muchos parásitos que tenga esta sociedad, no pueden quitarme mi luz interior. Por tanto, aunque es razonable que nos enseñen a ser cautelosos para generar protecciones necesarias para nuestra vida (como por ejemplo no aceptar un caramelo o montarse en el coche de un extraño), en un nivel interior creo que el miedo es infundado.

Una parte importante de la Filosofía Correlliana (la Tradición de la Wicca que practico) dice que venimos aquí a experimentar, a vivir, que para eso somos la Divinidad consciente. Tras estos pensamientos sobre la naturaleza de la felicidad y el sentido de la vida, me gustaría matizar este aspecto de mi Tradición que durante tanto tiempo he defendido y aplicado. Me da igual lo que cada uno haga con su vida y lo que cada uno experimente por derecho, como parte de la Divinidad Consciente: yo he venido aquí a intentar ser feliz. No se trata de mera existencia, se trata de VIVIR con mayúsculas, de que todas esas cosas que parecen insustanciales precisamente porque son externas y superficiales tengan un color más brillante, matizado por un proceso interior que condiciona que lo exterior gane esa profundidad, aunque no relevancia. Porque para mí la verdadera relevancia está en haber encontrado más o menos ese punto interno de equilibrio al que llamo felicidad, hecho de cosas pequeñas que encuentro día a día en mi vida, por muy impúdico, irreverente o mal visto que resulte.

La ironía del copo de nieve único y especial

coponieve7Mi marido siempre dice que con frecuencia se llega al Paganismo por la necesidad de ser un copo de nieve único y especial. Creo que tiene razón. Por H o por B, el Paganismo atrae a algunas personas que no sólo quieren seguir un camino espiritual, quieren ser verdaderamente únicos mediante su camino espiritual. Esto es lícito, pero en mi opinión no creo que sea necesario seguir una religión X para ser una persona especial, porque ya nacemos únicos. Siempre digo que ya nacemos con dones, ya nacemos con capacidades, pero es que ya nacemos nosotros. Esto me recuerda al diálogo del Dr. Manhattan y Laurie en Watchmen, de Alan Moore:

Dr. Manhattan: Los milagros termodinámicos. Acontecimientos tan improbables que son efectivamente imposibles, como que el oxígeno se convierta en oro. Deseo contemplar algo así. Pero en el apareamiento humano, mil millones de espermatozoides buscan un solo huevo. Multiplica eso por las poquísimas posibilidades de sobrevivir que tenían vuestros ancestros, de engendrar a un hijo en concreto… esa hija concreta… hasta que tu madre ama a un hombre a quien tiene todos los motivos para odiar, y de esa unión, de los miles de millones de niños que compiten por ser fertilizados, naces tú, sólo tú. Destilar algo tan específico entre ese caos de improbabilidad es como convertir el aire en oro. Esa es la cúspide de la improbabilidad. El milagro termodinámico.

Laurie: Pero y si mi nacimiento es un milagro termodinámico… ¿Podrías decir lo mismo de cualquier persona?

Dr. Manhattan: Sí. De todo el mundo. Pero el mundo está tan lleno de gente. Tan lleno de estos milagros, que se vuelven habituales y los olvidamos…Yo lo olvido. Miramos tan a menudo al mundo, que se vuelve monótono a nuestra vista. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, vuelve a ser asombroso. Vamos, sécate esas lagrimas, porque eres vida, más rara que un quark y más improbable que los sueños de Heisenberg; el barro en el que las fuerzas que dan forma a las cosas deja su huella de forma más clara. Sécate las lágrimas, y vámonos a casa.

Y después de esta maravilla de diálogo que cada vez que lo leo me devuelve la fe en la humanidad, vuelvo al tema. Nacemos como parte de ese milagro, ¿realmente necesitamos diferenciarnos siguiendo un camino espiritual? ¿No es lo suficientemente original haber nacido, sencillamente, tú?

La verdadera ironía de todo este tema es que, a pesar de esa interpretación del Paganismo por algunos como algo “original”, luego los paganos no somos nada originales. Hace poco leí a Carolina Amor Boggs decir aquí que quería ser “la primera Carolina Amor Boggs”. Me parece estupendo, es más, es su derecho por nacimiento, olé por Carolina. Yo quiero ser la primera y la única Harwe Tuileva y espero que el resto de las personas que me leen sean las primeras Pepi García, Romualdo Arenas o como sea que te llames, tú que me lees. Pero no quiero una horda de Harwes, porque eso me asusta. Siempre he dicho las cosas muy claras y he sido muy fiel a mí misma, pero como buen ser humano puedo estar errada. Esto lo digo porque me asusta leer mis estados compartidos en facebook, escuchar mis expresiones sacadas de contexto o ver mi trabajo copiado y fusilado. Me dicen que es porque me admiran, pero yo vivo conmigo misma 24 horas al día y no estoy tan segura de admirarme, es más, soy un crítico bastante feroz de lo que hago y por eso reviso tanto todo. Me pregunto: ¿qué pasa si estoy equivocada, qué pasa si no estoy en lo correcto? Si yo estoy equivocada, influencio a 200 personas y esas 200 personas influencian con mis ideas a otras 800, ¿tendremos entonces a 1000 personas haciendo algo que no está bien? ¿Repetiremos una y otra vez los mismos fallos? En una entrevista no hace mucho leí por boca de una amiga mía que “a más de uno le gustaría ser yo”. Adoro a mi amiga, pero no creo que a nadie le guste ser yo y lo digo por experiencia propia.

¿Qué pasa entonces con el copo de nieve único y especial? ¿Sólo es único y especial para la comunidad no-pagana, mientras que dentro de la pagana ponemos de moda una figura y copiamos todo lo que hace?  Esto no sólo se ha hecho conmigo, se hace con otra gente, por ejemplo hace unos años la figura en los altares era una videoblogger pagana que se hizo muy conocida. ¿Vamos a seguir así, copiándonos unos a otros, en vez de mirar nuestro propio trabajo actual y revisarlo de acuerdo con nuestros ideales? ¿No vale para nada ver cuál es el trabajo que están haciendo en la comunidad y saber qué aspecto diferenciador vamos a tomar dentro de ella? ¿Vamos a seguir utilizando textos de otras personas, sacados de contexto y sin comprenderlos completamente, para nuestros blogs y páginas web?

Desde aquí os lanzo un desafío: ¿Queréis ser copos de nieve únicos y especiales? Empezad a ser vosotros mismos. Tomad vuestro poder. Reclamar lo que es vuestro por derecho. Somos milagros, somos originales, somos únicos. No hace falta seguir la senda de nadie, sólo es necesario seguir nuestra propia senda.

El premio de la extroversión

Me vais a perdonar que me ponga personal. Por enésima vez.

Llevo un tiempo dándole vueltas a mi propio mundo, intentando analizar la forma en la que veo el mundo para intentar entender cómo lo ven los demás. Vivo, pienso y actúo a través de mi propio discurrir de pensamiento. Necesito mucho tiempo para estar sola y meditar, necesito espacio y necesito distancia: soy una persona introvertida.

Ser introvertido, como le decía el otro día a un conocido que también se considera introvertido, no significa que seamos antisociales. Significa que necesitamos espacio, que la gente y el contacto seguido con las personas nos agota, y que necesitamos esos momentos de soledad para recargar pilas. No querer ser amigo de alguien a la primera o a la segunda no significa que ese alguien no nos caiga bien (a veces nos cae estupendamente, sólo que necesitamos más tiempo que la media para hacernos amigo de la otra persona). Ser introvertido tampoco significa ser huraño, porque los introvertidos somos igualmente capaces de pasarlo bien, sonreír, reír y salir de fiesta. Sólo que después de una juerga con los amigos te apetece meterte en tu propio mundo a meditar, a pensar, a leer, a disfrutar de tu propia compañía. A veces, en medio de un montón de gente, estamos serios y como ausentes, y las personas más dadas a la extroversión pueden interpretar que nos pasa algo, pero, ¡nada más lejos de la realidad! Es sólo un momento de desconexión momentáneo que, por lo menos a mí, sucede con cierta frecuencia cuando estoy mucho rato rodeada de gente. Sobre todo si es muy extrovertida.

Introversión tampoco significa timidez. Soy introvertida, pero no tengo problemas para hablar con el panadero, sacar la mejor de mis sonrisas ante la ventanilla del banco o liderar una reunión importante con un cliente en mi trabajo. No me siento intimidada por los desconocidos, improviso chistes estúpidos con facilidad y he aprendido a hablar en público, así que no creo que sea tímida.

Como buena introvertida, estaba el otro día en uno de esos momentos de soledad, de aceptación quizá de mi propia tendencia, y pensaba en lo mucho que se valora de la gente que sea extrovertida. O ésa es la sensación que tengo yo. Por ejemplo en la compañía para la que trabajo se organizan fiestas algunos fines de semana, o salida de equipo, o cena. Después de ver a mis compañeros, trabajar con ellos durante 40 horas semanales y hablar de trabajo la mayor parte del día, lo que menos me apetece es seguir viéndoles las caras después de la oficina. Sobre todo porque si lo hago tengo la sensación de que no he tenido suficiente “tiempo para pensar”. Lo habéis adivinado: echo de menos mi momento de introversión.

Pero mi reflexión me sorprendió sobre todo al aplicar esta misma regla al Paganismo. En estos ámbitos, ser extrovertido también está bien visto, sobre todo en las redes sociales. Se ha desdibujado la línea entre lo que somos y lo que mostramos en facebook. A veces me parece que cuanto más extrovertido se muestre alguien, más “humilde” o “abierto” o “llano” se cree que ese alguien en las redes sociales. En cambio, los introvertidos podemos parecer “cerrados”, “distantes” o “melancólicos”, especialmente si en un determinado momento optamos por tener un momento de introversión. Pero creo que mis características como persona no me convierten en menos capaz de ser sacerdotisa, ni a mí ni a nadie que necesite tiempo para sí mismo sin contacto, aunque sea virtual, con otras personas.

Honestamente, creo que extrovertidos e introvertidos pueden ser excelentes sacerdotes por igual. Ambas tendencias, introversión y extroversión, están presentes en cada uno de nosotros, pero me aventuraría a decir que quizá haya una tendencia a pensar que el extrovertido es más auténtico, quizá porque lo muestra todo, o porque haga parecer que lo muestra todo (especialmente con el uso masivo de facebook). Pero en ningún caso creo que ser extrovertido o introvertido marque quién es “más pagano que”, “más humilde que” o “más trabajador que”, al igual que “más capaz de trabajo en equipo que” o “mejor padre que”. Así pues, extrovertidos, valorad vuestro don de gentes y vuestra capacidad para estar con los demás, e introvertidos, valorad vuestra capacidad para ahondar en vuestro yo más íntimo. Creo que las personas conformamos un hermoso arco-iris y que no debe desdeñarse unas tendencias por sublimar otra. Ante la duda, siempre nos tenemos los unos a los otros.

Para Tiné y Nuhmen. Y para Dani, el único extrovertido al que permito que pase sin llamar a mi burbuja.