Relato de una devoción con Inanna

Esfinge_pAún recuerdo, hace bastantes años ya, un día de Solsticio de verano en el que celebré mi iniciación en primer grado. Estaba en mitad del campo, de cerca me cuidaban dos buenos amigos con los que tenía un coven. Dicen que pasó cerca un coche, luego un avión y luego un tren, pero no me enteré de nada. Porque, por primera vez en mi vida, estaba en trance. En mi estado alterado de conciencia, todo lo que era capaz de ver estaba dentro de mi mente, o quizá en otro plano. Mi conciencia se encontró de pronto delante de un zigurat. Subí por sus escaleras aunque no tenía pies, y al llegar al Templo que lo coronaba, me encontré con una esfinge que decoraba la entrada. Dicen que la esfinge pregunta cosas, pero en mi visión ésta permaneció silente. Recuerdo pensar que la cara era femenina, y que se parecía a mi madre.

Lo que no me esperaba era que lo que vivía dentro del Templo fuera a salir a recibirme: una figura humanoide femenina que caminaba en mi dirección, lentamente, vestida con un velo tan fino como espuma. Sus ojos eran grandes y rasgados, ahora negros, ahora verdes. Su piel cambiaba, ahora eran escamas de pez, ahora eran plumas, ahora era una piel fina, como de alabastro, otras veces de ébano. En mi mente sonó un coro de voces que se superponían y se hacían más fuertes conforme la figura se acercaba. El mensaje que decían, nunca lo olvidaré. Cuando llegó a mi altura, y casi volviéndome loca por escuchar aquel canon de voces discordantes en mi mente, salí del trance. Mis amigos se habían extrañado de que no diera señales de vida con el tren, el avión y el coche que habían pasado cerca, y decidieron interrumpir el ritual por si no me encontraba bien.

Pasó el tiempo. Dormía, era una de esas siestas de verano, hace unos años. Todavía vivía en la Sevilla que me vio nacer, aunque en un punto bastante alejado de mi barrio de toda la vida. Me había ido a vivir con mi novio (que ahora es mi marido) un año antes. Tenía un trabajo extenuante y muy desagradecido, estaba bastante apartada del Paganismo activo y, por qué no decirlo, también del culto en general. Como veis, estas cosas nos pueden pasar a todos.

Entonces soñé. Estaba en mi casa de toda la vida, donde me crié, había una vieja en el centro del salón con un caldero cuyo contenido bullía. A su espalda, una escalera hacia abajo. Sabía que esa escalera no estaba en mi casa. Bajé por ella y encontré una esfinge como la que había visto en el zigurat, el día de mi iniciación. En el centro de la habitación, profusamente decorada, un lecho de color rojo oscuro. Al fondo, una mujer joven. Posiblemente la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Se acercó a mí hablando en un idioma que no conocía, y sólo dije que no con la cabeza. Noté cómo cambió de idioma, volvió a intentarlo mientras se acercaba, y volví a negar con la cabeza. Lo volvió a intentar una tercera vez, y volví a decir que no, porque no podía entenderla.

En ese momento llegó a estar frente a frente a mí, con su pelo largo y negro, sus ojos almendrados y su piel tostada, y me dijo al oído “At last*”, como si por fin hubiera encontrado un idioma en el que hablarme y que le entendiera. O como si por fin estuviéramos frente a frente. O todo a la vez. Entonces me besó en la boca. El beso más húmedo y erótico que me han dado en mi vida, y fue en un sueño. Un beso de tornillo en toda regla.

Desperté entonces y supe que tenía que averiguar más sobre aquella mujer. Todos mis pasos me llevaron a Babilonia, a los zigurats y a las esfinges. De ahí, a Ishtar y, poco tiempo después, a Inanna. Años después escuché una canción que decía lo mismo que yo había escuchado en mi cabeza el día de mi iniciación, al parecer da los mismos mensajes a diferentes devotos por todo el mundo.

Desde entonces soy devota de Inanna. Y todavía me sonrojo si pienso en su beso.

(*) En inglés, por fin.

Puedes escuchar el programa “Mitos y Leyendas” dedicado al descenso de Inanna en el que participé hace poco, haciendo click aquí: http://www.blogtalkradio.com/ptrnenespanol/2015/07/01/mitos-y-leyendas–el-descenso-de-inanna

El Ego (no es lo mismo que ser egoísta)

15-EL-DIABLOHace unos años comenté con alguien lo mucho que me gustaba un tercero como persona, lo mucho que valoraba su trabajo y lo estupendo que me parecía. Ella me contestó “ya, pero tiene muchos ego trips” (algo así como que tenía momentazos en los que alimentaba su ego). La contestación me dejó un poco fría, porque yo no consideraba que esa tercera persona fuera con grandes ínfulas por la vida, simplemente me parecía alguien trabajador y con ganas de hacer cosas, sin demasiadas alharacas. ¿Dónde estaba el Ego en eso? ¿Qué había de ganas de inflar su ego en el hecho de trabajar y hacerlo dándolo todo? A partir de aquello, siempre he pensado en el tema del ego como algo importante, sobre todo porque se tiene mucho en la boca en el ámbito del paganismo y con el uso masivo de las redes.

Mucha gente en mi entorno dice lo que hace, yo incluida, y comparte estampas de su vida, ya sea en fotografía o por escrito, más con las redes sociales. Creo que decir lo que se hace o publicar una foto no siempre es publicitarse como podría llegar a pensar la persona que me soltó lo del ego trip, creo que es intentar conectar con otra gente. Lo que ocurre es que las redes sociales han convertido nuestras vidas en escaparates, ya sea con fines totalmente inocuos como compartir con los amigos y la familia, o realmente usarlas como una herramienta para publicitarse. De ahí que, cuando alguien dice lo que hace surge ese pensamiento de escasez, endémico de nuestra sociedad: el “yo no lo tengo o yo no lo hago pero él sí lo tiene o lo hace, por tanto lo quiero”. Lamentablemente, vivimos en una sociedad que se basa en la creación de necesidades, así que  también es una sociedad bastante dada a las envidias, a necesitar lo que los demás tienen, en lugar de buscar un camino propio: el del placer de hacer lo que a uno le gusta, sin importarle la imagen que se dará ante los demás.

Esto me parece triste, porque he visto a personas estupendas ser tildadas de tener un gran Ego por hacer algo y querer compartir las cosas que han hecho. O de hacer cosas con el único fin de inflar su Ego mediante la aprobación externa. Así pues, cuando alguien me habla del Ego de un tercero, no puedo evitar pensar “¿Ego suyo, o envidia tuya?”.

El Ego como herramienta

Creo que existe un abuso tan grande del término Ego que hemos perdido el concepto que tiene detrás. Ego significaba Yo en latín. Todos tenemos un Yo, es inevitable. Por tanto, varias corrientes de la Psicología han usado el término Ego para ilustrar una parte del individuo (que me perdonen los psicólogos por una definición tan burda). Es importante matizar que no existe, en principio, una demonización del Ego. Lo que ocurre es que se utiliza el prefijo latino ego- en palabras con una connotación bastante negativa, por ejemplo egoísta o egocéntrico, de ahí que lo que unos toman como una parte de nosotros mismos, los otros lo han acercado a la connotación negativa que tienen esas palabras en nuestra cultura. Pero de ahí a que la palabra Ego en sí sea negativa hay un gran trecho.

Siempre digo del Ego, del Yo, que creo que es como un martillo: lo usas cuando necesitas clavar un clavo, pero no vas dando martillazos en la cabeza a los demás. Soy de la opinión de que una reafirmación del Ego sirve para cosas como reafirmarse uno mismo, seguir adelante en momentos difíciles, no achantarse ante los problemas, etc. Veo un paralelismo entre ese concepto del Yo y lo que se ha denominado muchas veces Amor Propio o voluntad para hacer frente a los problemas u obstáculos. Sin embargo, como todo, la auto-afirmación también puede llevarnos a ser esclavos de nuestro propio Yo. Ésa sería, desde mi punto de vista, la parte negativa de realzar nuestro Ego.

No he escuchado que el Ego sea un problema a ser suprimido en las religiones paganas, aunque se le mencione mucho en términos coloquiales ajenos a las creencias que seguimos. En las religiones orientales, en cambio, sí es objeto de discusión, y creo que por ahí viene la confusión de muchos paganos con el tema del Ego. Creo que el concepto oriental y el concepto occidental del término son completamente diferentes, y a veces usamos los términos orientales sin saber muy bien a qué se refieren esas creencias que nos son ajenas, copiamos las meditaciones para controlar o suprimir el Ego sin saber muy bien cuál es el objetivo en las creencias y prácticas en las que éstas surgen, y acabamos haciendo un mejunje que me parece muy raro y que, sobre todo, no casa con la ideología de la cultura en la que nos han educado a la mayoría.

Como no pertenezco a ninguna cultura oriental, no hablaré aquí del concepto oriental del Ego. Hacerlo sería un ejercicio de osada ignorancia, y seguro que hay personas más versadas en el concepto del Ego de las culturas orientales ahí fuera. Sin embargo, puedo hablar más o menos de la simbología del Ego en la simbología occidental, principalmente en el Tarot que es el campo que conozco.

El Diablo en el Tarot como Ego

Los paganos no creemos en el Diablo, y sin embargo el Diablo está presente en la mayor parte de mazos de Tarot. A mi entender, el Diablo del Tarot es ese Ego desbocado. Es algo de ti mismo que te esclaviza, que no te deja ser tú mismo. No es hacer cosas para sentirte bien, porque tienes todo el derecho a ello (un pensamiento que, por cierto, algunos considerarían egoísta en nuestra sociedad), es que sin determinadas cosas no tengas forma alguna de sentirte bien o completo en ti mismo.

El Diablo habla de adicciones y de auto-indulgencias. Pensemos en cualquier medicamento para calmar un dolor muscular. Sirve mientras tienes el problema, pero si continúas con el tratamiento después, te puede generar una adicción, una esclavitud. Por tanto, te conviertes en esclavo de ese medicamento. Me parece que el Ego es parecido en ese sentido. Sirve cuando necesitas dar un figurado golpe en la mesa, no diluirte en las opiniones de los demás, buscar tu propio camino, y un larguísimo etcétera, pero a veces, cuando se saca demasiado a pasear, se puede llegar a usar fuera de contexto y acabar siendo más un grillete que a uno le fastidie sus relaciones personales que una herramienta necesaria para ciertas ocasiones.

Una persona puede ser un estupendo músico y amar lo que hace. Pero si toca por el placer del aplauso y no puede vivir sin él, si deja de importarle su amor por la música y sólo lo hace por el reconocimiento, será feliz mientras tenga esa fama y ese reconocimiento. En cuanto la fama (que es una mala amante, porque es muy volátil), algo externo, se vaya, dejará de ser feliz. En cambio, si su felicidad se basa en hacer lo que le gusta, en encontrar en sí mismo esa felicidad de tocar su instrumento o expresarse mediante la música, poco le importará ser más o menos famoso mientras su arte y hacer lo que le gusta le permita ganarse la vida. Un saludo desde aquí a todos los músicos que luchan por llegar a fin de mes, que son muchos y trabajan muy duro.

Lo que me parece más interesante del Diablo, al igual que lo interesante del sobre-uso de la exposición del Ego (o de uno mismo), es que el grillete es ilusorio. Las personas que están atadas a ese Diablo del mazo de tarot tienen el espacio suficiente en sus cadenas y grilletes como para poder quitarse el vicio cuando ellos quieran, sólo que no se dan cuenta. Basta con actuar desde el corazón, creo yo, desde el principio egoísta (¡sí, egoísta! Voy a reivindicar el término egoísta como algo positivo) de que se hacen las cosas para que nos sintamos bien con nosotros mismos y de las que no seamos esclavos, sino que nos permitan ser libres y felices, sin buscar el reconocimiento por nuestras acciones y trabajos, sino por el placer de hacer lo que nos haga felices. Obviamente, esto requiere un gran equilibrio en los tiempos que corren pero, como siempre, creo que merece la pena intentarlo.

A la persona que me hizo el comentario hace años sobre aquella tercera persona, y de la que hablaba al principio, si la tuviera delante ahora le diría que basta con que alguien actúe desde el corazón, y no por lograr el reconocimiento ajeno, para que no se considere que está teniendo un ego trip, sino un camino de auto-conocimiento a través de las cosas que le hacen verdaderamente feliz. Creo que ése es el quid de la cuestión, pero claro, como siempre, ésta es mi opinión.

PD: Considero que los caminos espirituales son egoístas por definición, en tanto que los recorremos por y para nosotros. Por tanto, el egoísmo no siempre es negativo. Esa connotación es judeocristiana. A la próxima diva-sacerdotisa (o divo-sacerdote) que me diga que por buscar mi felicidad y no “servir” a todo el que me cruce por delante soy una mala pagana, la voy a mandar al guano.

Los momentos de silencio

observarHay un momento en el que todavía es de noche pero ya despunta el día, un momento de luces y sombras que podríamos determinar como un estado liminal de la jornada. Creo que es más poderoso que el atardecer, porque casi siempre viene enmarcado por un reverente silencio. La gente duerme y, mientras duerme, sueña. Así que tenemos una calle, una plaza, una avenida callada mientras las mentes están llenas de bullicio, de libros que nunca se escribieron y de sucesos que nunca sucedieron.

Es en ese momento cuando un quejidito infantil que no llega a llanto me despierta. Es la hora de la toma de la noche que no es noche, que ya es casi día. Arrullo a mi hija mientras le doy el pecho y me tomo el tiempo para mirarla, en mitad de ese silencio que me permite mirar de verdad, sin televisiones que canten resultados electorales, sin el martillo del vecino y sin las constantes demandas de fotografías por whatsapp de amigos y familiares.

En estos momentos de silencio miro, y veo lo que de verdad importa. Es curioso lo que tener un gran proyecto en las manos te cambia cuando lo tienes que trabajar de verdad, pero en mitad del ruido, lo que en mi caso se traduce como en mitad de cambios de pañales y tomas, nunca te das cuenta de lo importante que son esos pequeños grandes proyectos. En mitad del ruido, del trasiego, pierdes pie sobre lo que supone conseguir una meta, manifestar algo, cambiar tu mundo para siempre. Hasta que te tomas el tiempo de mirar de verdad, de observar en silencio. Observo a mi hija en silencio, miro sus manos, sus ojitos cerrados, la miro respirar. Escupe el pezón y esboza una desdentada sonrisa de satisfacción mientras vuelve a dormirse. Le devuelvo la sonrisa, aunque está tan dormida que no puede darse cuenta de ello.

Son las seis y media de la mañana y probablemente ahora vuelva a la cama, porque con un bebé cualquier momento es bueno para aprovechar y seguir durmiendo. El estado liminal de la noche que despunta como día está a punto de terminar, va a salir el sol y con él va a volver el bullicio. He vuelto a acostar a mi hija y he pensado que quizá estaría bien escribir sobre lo que supone observar en silencio como parte de ese pilar de los brujos que tantas veces hemos tratado. Callar entendido como observar en silencio, como cuando de pequeña hacía un dibujo que me gustaba especialmente y me paraba a mirarlo, a saborear mi propia victoria, a darme tiempo para asimilar lo que había hecho bien antes de seguir adelante. En todos los actos mágicos de la vida creo que es importante pararse a mirar también lo que se ha hecho bien, aunque sea muy mundano, aunque parezca irrisorio. Cualquier pequeño detalle es importante para salir adelante. Cualquier gran detalle es digno de poderlo celebrar con alegría, incluso una simple sonrisa desdentada. Pero hace falta silencio para darse cuenta de esas pequeñas y grandes victorias, para asimilarlas.

En este mundo en el que, quizá con mucha frecuencia, nos paramos a ser críticos con nosotros mismos, de vez en cuando merece la pena pararse a observar como un árbol observaría el mundo. De vez en cuando, adoptar una actitud contemplativa es necesario para que veamos lo hermoso de nuestra existencia y poder seguir atrayéndolo a nuestra vida. De la tierra, el silencio; al aire, la idea; el ciclo continúa. La vida sigue gracias a la observación porque nos permite aprender para seguir creando, manifestando, ideando. Es observando en silencio como descubrimos lo importante, el significado y, a veces, lo mucho que hemos ganado a pesar de los reveses. Es en silencio donde muchas veces se manifiesta la voluntad de los dioses y, por ende, la nuestra propia: aquello por lo que creemos que merece la pena seguir adelante.

Píntame

inannaHoy tengo la piel negra, así que píntame unos motivos en blanco. Moja una espátula en agua con ese barro pálido y pinta sobre mis brazos, mi espalda, mi cara. Deja que por unos momentos me abandone a esa sensación, la de la pintura mojada y la espátula que araña suavemente mi piel. Píntame y prepárame, desnuda, para esa pequeña muerte que me aguarda.

Cuando hayas acabado de pintarme, prométeme que me acompañarás al filo de la vida. Que estarás ahí en esa cita a ciegas que tendré con esa otra parte de mí, la misma que pronunciará palabras de muerte y me colgará de un clavo en la pared como si sólo fuera una cáscara vacía. Prométemelo, mi Ninshubur, para que no flaquee a última hora, aunque ahora mismo no sienta miedo. Recuérdame mis propias promesas. Porque a ti te valoro por encima de todos los me. Y a ti sí te escucharé. Aunque ya no quede cerebro pensante dentro de mi cabeza, sólo puro impulso e instinto animal. Leona, tigresa, loba, qué más da, lo único que importa es que vendrás a recordarme quién soy cuando mi garganta sea puro rugido.

Ejercicio de auto-crítica: la Wicca Ecléctica

critics-corner-promo-01-4_3Como parte de un proyecto que estoy llevando a cabo de forma íntima, he estado repasando cosas que escribí hace unos años, tanto en el blog como fuera de él. Me ha sorprendido lo mucho que he cambiado de parecer en estos años, creo que especialmente por dos razones: mi iniciación como suma sacerdotisa y mi relación con otros paganos que han venido a enriquecer mucho mi experiencia como wiccana. Creo que lo primero fue el detonante de todo, mientras que lo segundo ha venido a ser la reafirmación de esos cambios de paradigma que he tenido.  Creo que para algunas personas, como sucede en mi caso, hablar con amistades sobre lo que tienen en la cabeza es básico para poder poner en pie sus ideas.

Uno de los grandes cambios que he experimentado ha sido mi relación con la Wicca Ecléctica. Escribí un artículo sobre este tema hace unos años* y fue muy controvertido y comentado en las redes sociales. Leyéndolo ahora, con otros ojos, lo comprendo. Así que he decidido hacer un ejercicio de autocrítica sobre ese artículo debido al trabajo que estoy haciendo, pero con mi perspectiva de ahora, porque este Yo del presente no está de acuerdo con el Yo del pasado. Sé que para muchos puede resultar extraño que una “tradicionalista” aborde este tema, pero me doy cuenta de que la gran mayoría de los tradicionales son bastante eclécticos, fuera de la práctica ritualístico-social establecida por su tradición o iniciador. Eso no les hace eclécticos, pero me doy cuenta de que todos tenemos mucho de ecléctico en el fondo.

No voy a cambiar ni una letra del artículo original, porque es de donde vengo y me muestra cuál ha sido mi evolución en estos últimos años. Éstos son los principales puntos en los que difiero con respecto a mi propia opinión, vertida hace ya cuatro años. Hay muchos más, pero me gustaría ir a los más llamativos para mí:

– El tono del artículo. Del principio hasta el fin, me parece demasiado categórico. Lo siento, Yo del Pasado, deberías haber dicho que era tu opinión.

– Utilizar un diccionario para definir me parece lo más rastrero que se puede hacer. Es como basarse en la opinión de un tercero o basarse en una autoridad como la RAE para darle peso a un argumento. Por otro lado, es presumir que el interlocutor es tan tonto que necesita una definición, lo cual me parece un ejercicio de arrogancia y, a día de hoy, va en contra de mis principios. Y me da mucha rabia cuando lo veo en foros de discusión: un diccionario no te da la razón igual que no te la da la opinión de un autor por mucho prestigio que tenga, sino que creo que los argumentos han de ser sólidos por sí mismos.

– En el artículo original afirmé que “La Wicca es una religión bien definida“. Hoy día, no creo en esta afirmación. La Wicca es una religión en creación, un work in progress que dirían los angloparlantes. Está en constante evolución, y más todavía cuando pones los ojos fuera del mundo hispanohablante. Por otro lado, hay tal cantidad de creencias como creyentes en esta religión, tantísimas, que es muy difícil definir de una forma clara y, es más, me resisto bastante a ello porque quien define es quien domina. Creo que algún día me gustaría hablar sobre la reencarnación y las diferentes ópticas que he escuchado en los últimos años, provenientes de wiccanos, sobre esa creencia que para algunos es tan inamovible, como ejemplo de esta situación.

– La Wicca ecléctica no es creer en arquetipos de dioses y nombrar al “Dios” y la “Diosa” en los rituales para no llamarlos por un nombre. Personalmente, tampoco estoy de acuerdo con esta afirmación porque a día de hoy me considero panenteísta. Y si la Divinidad es divina y puede hacer lo que quiera, puede presentarse como arquetipos si le da la gana. O como entidades con nombre propio. O como un Todo. Sé que hay wiccanos ahí fuera a los que no les gusta el concepto de Panenteísmo y la verdad no les culpo, es complicado y a ratos feo, o incluso choca con sus tradiciones. No pasa nada, no nos vamos a pelear por ello (espero). Aprovecho para saludar a mi mejor amigo, que no se considera panenteísta y es wiccano.

La Wicca no es una religión a la carta. Sí y no. No creo que sea a la carta en tanto que sigo sin entender las mezcolanzas con religiones que están muy en oposición a nuestras prácticas mágicas o que tienen el concepto judeocristiano de “llenad la tierra y sometedla”, o que se creen las verdaderas entre otras cosas. Pero considero que la Wicca es una religión para uno, que luego se puede practicar con otros, claro que sí, pero principalmente es el camino de uno mismo y es uno el que tiene que estar a gusto con esa religión. Tiene una parte de personalización bastante grande.

“Se presupone de un ecléctico que…”. ¿Quién presupone? Para mí, escribí esto con el ánimo de establecer unos términos de lo que yo consideraba “buena praxis”, pero soy consciente de que no puedo presuponer esto. Muchas personas se hacen eclécticas después de haber leído a autores eclécticos, no significa que todos tengan esta necesidad de ser tan buenos “estudiantes” y empollarse todo sobre las tradiciones. Por otra parte, le estoy dando demasiada importancia en esos elementos a leer e investigar, pero poco a la vivencia. ¿Quién soy yo para poner una lista de deberes a un ecléctico?

Como decía arriba, éstos son los puntos principales, pero creo que no estoy de acuerdo con la forma y con gran parte del fondo. Ha sido un ejercicio interesante e intenso, si bien creo que me hacía falta. Me parece que me demuestra a mí misma que no estoy en el mismo punto que hace cuatro años y que sigo caminando. Es liberador.

(*) El artículo está aquí: http://www.13-lunas.com/2011/04/25/eclecticismo-en-la-wicca/

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