Tabúes en la Wicca (2): El sexo

Llega Beltane y todos tenemos en la mente las grandes celebraciones con un enorme palo de mayo lleno de cintas, precioso, maravilloso, con muchísimas personas danzando alrededor de él, en mitad del campo. ¡Qué bonito! ¡Qué precioso! ¡Qué bucólico! ¡Qué divertido bailar y bailar! Pues que sepáis que ese palo de mayo alrededor del cual están dando vueltas esas personas no es ni más ni menos que la representación de un pene erecto. Y como me encanta hablar de cosas que no se dicen, hoy voy a hablar de sexo, otro de los grandes tabúes de la Wicca.

Y como en el caso anterior, algunos diréis “¿Tabúes yo? ¡Si soy lo más normal sexualmente hablando!”. Y ahora yo os digo que nos pasamos todo el año siguiendo un ciclo de sexo y cortejo en nuestra religión, y sin embargo apenas hablamos de sexo. Y de nuevo me voy al ejemplo: en la comunidad se habla del Hieros Gamos o matrimonio sagrado en Beltane (mito no relacionado con Wicca que ya desmonté en esta otra entrada), pero no se habla para nada del acto sexual.

Y ahora habrá quien me diga “vale, pero en el Dodecateísmo existe el Hieros Gamos”. Muy bien, querido o querida, apruebas Historia porque el Hieros Gamos viene de Grecia, pero desde luego creo que no existe en Wicca, ni la Wicca equivale al Dodecateísmo (y mis amigos helenistas estarán felices de que diga esto). Las razones que llevaron al matrimonio sagrado de los dioses en la antigua Grecia son las razones antropológicas de cualquier sociedad que necesita que la descendencia sea de un mismo hombre, y que lo garantiza mediante el establecimiento de un mito que haga de ejemplo. El matrimonio se crea como una transacción comercial en la que se establece la alianza de dos familias. Nosotros, los del mundo occidental de hoy, hemos unido eso al amor romántico, un invento relativamente reciente (más o menos un siglo de vida), y que se ha creado precisamente para lo mismo que la transacción socio-económica en la Antigüedad, porque la sociedad es así y siempre busca perpetuar estructuras que funcionan, aunque las razones ya no son las mismas porque la familia no tiene el mismo peso que tenía antes. Pero en muchas partes del mundo, de hecho, el matrimonio sigue siendo concertado. En definitiva, no podemos explicar qué tiene que ver entonces el matrimonio con el sexo y por qué debe ser condición sine qua non para mantener relaciones sexuales, porque uno está ligado a la organización social, y otro a la reproducción y al divertimento de los individuos. ¿O acaso tienen que casarse entre ellos los gatos de abajo de mi casa para que las gatas se queden preñadas?

El caso es que entre tantas uniones de manos (precioso ritual, por cierto) y tanto decir que “los dioses se casan, vivan los novios”, obviamos la parte más divertida porque de eso no se habla, es tabú. Por ejemplo, existen los rituales sexuales en Wicca y sin embargo llevo años sin ver referencias a la magia sexual en los libros. Creo que la última vez que vi algo dedicado a eso fue en el libro azul de Buckland, si mi memoria no me falla, y hace ya bastantes años que me lo leí. El sexo ritual se practica, gente, de forma literal o de forma figurada. En los dos casos recibe el mismo nombre: el Gran Rito. Si hace falta un hombre y una mujer obligatoriamente para hacerlo, hay muchísimas opiniones al respecto y yo no soy quién para decir qué es lo correcto. Sé cómo lo practico y es con mi pareja porque soy monógama. Y obviamente no me he quedado embarazada por esporas.

Que ésa es otra. Existe esta imagen de las sacerdotisas vestidas de blanco, maravillosas y puras. Un amigo de facebook me dijo una vez que no se imaginaba que una sacerdotisa como yo tuviera impulsos sexuales. La verdad, todos tenemos derecho a sentir impulsos o a no sentirlos. Hay gente directamente asexual, pero es que están también en su derecho. Sea como fuere, los sacerdotes y sacerdotisas no estamos obligados a ningún voto de castidad, igual que todas las personas. Nuestra sexualidad es nuestra para hacer con ella lo que sea de nuestra elección. Ya he contado muchas veces que las 19 sacerdotisas de Brigit en Kildare no eran vírgenes vestales, porque las mujeres celtas podían acostarse con quien a ellas les diera la gana. Y ya he comentado otras veces que el matrimonio era diferente del sexo para los celtas. Los pongo como ejemplo para que veáis que la virginidad y el estar casado como requisito para mantener sexo no siempre ha sido la norma en las sociedades antiguas, ni era tampoco la norma en el sacerdocio antiguo. ¿Por qué tendría que serlo ahora?

Me parece que la única norma que debería contar en nuestra creencia hoy día es el sentido común. Por ejemplo, tomar precauciones en los Grandes Ritos en caso de que lo practiques de forma literal, es decir, con un compañero sexual con el que tengas relaciones físicas. Son actos mágicos, pero no dejan de ser actos físicos también, así que se pueden contraer enfermedades de transmisión sexual y, en el caso de chica-chico, las chicas se pueden quedar embarazadas y contra eso de nada sirve rezar. También me gustaría aclarar, por si hay alguien que pueda entender esto como que los wiccanos vamos exhibiendo por ahí nuestra vida sexual en mitad de los círculos, que normalmente estos actos se realizan en la intimidad  y no delante de todo el círculo. Para hacerlo delante de todo el círculo no hace falta más que un athame y un cáliz porque se hace de manera simbólica, y por eso no es necesario tomar precauciones. Aunque en mi memoria queda un divertidísimo mensaje de mi amiga Laura González, presentadora del programa de radio Pagans Tonight en español, en el que el athame de su fotografía lleva puesto un preservativo.

Por supuesto, la Rede Wicca ya sabéis lo que dice. Me parece que debemos tener la cabeza suficiente como para saber cuáles son las reglas del juego con las personas o la persona con la que mantenemos relaciones sexuales de forma habitual, si existen en nuestra vida. A mi parecer, las personas adultas crean determinadas reglas del juego con su pareja o sus parejas, y mientras nadie se salga de esas pautas todo el mundo estará bien. Pero no se debe utilizar un rito como pretexto para salirse de esas normas, creo que es una excusa barata que desvirtúa mucho lo sagrado de nuestro rito.

Tabúes en la Wicca (1): La muerte

Cuando estaba en la Universidad había una profesora de Antropología Simbólica que nos contaba que se había ido a estudiar a un grupo étnico. El hombre de la familia que la tenía como invitada le dijo nada más entrar a hacer la investigación aquello de “aquí mando yo, que soy el macho”. Sin embargo, con el paso de los días se dio cuenta de que era la mujer de la familia, que nunca había dicho nada acerca de quién mandaba, la que realmente organizaba todo aquello. Fascinada por todo lo que no se decía, nos animó siempre a ver lo que no se mencionaba en los grupos sociales, los tabúes, porque decía que son aún más indicativos de la sociedad en cuestión que lo que sí se dice. Dado que el otro día estuve hablando de Margot Adler y de su fallecimiento, me di cuenta de que rara vez hacemos los wiccanos referencia a la muerte. Así que me he propuesto hablar sobre los tabúes de la Wicca, que hay unos pocos.

Y algunos no estaréis de acuerdo con lo que he dicho arriba. “¡Qué tontería!”, diréis, “¡si precisamente la Wicca celebra la vida igual que la muerte y tenemos un festival de los muertos donde honramos a nuestros ancestros!”.

Tener Samhain como referencia a la muerte es fantástico, pero permitidme que dé mi opinión: lo que hacemos en Samhain es recordar, pero no celebrar realmente la muerte. No despedimos a nadie. Les decimos a los que no están que les recordamos, pero estamos más centrados en el velo fino y en tantas otras cosas que decimos y en realidad no comprendemos. No hablamos de la muerte en sí porque sigue siendo tabú. Y si os vais a los blogs de nuestra comunidad más leídos, veréis lo que os digo: raramente hablan de funerales o de despedir a los seres queridos, sino que hablan de recetas de Samhain, de practicar la adivinación y del ya mentado velo fino. Y no lo critico, sólo digo que es indicativo de que la muerte sigue siendo tabú en nuestra sociedad y, por consiguiente, en la Wicca. En este caso, centrarnos en lo que no se menciona sirve para ver qué es lo que no queremos admitir.

Es difícil admitir la muerte de uno mismo, de hecho a algunas personas les crea mucha ansiedad. Por eso hablamos de nuestras vidas pasadas, porque es una forma de descargar esa ansiedad. Lo que no hacemos es planificar el momento de nuestra muerte actual, porque claro, es tabú. Siendo agoreros, lo que preveo es que muchos wiccanos saldremos, si seguimos así, en cajas de pino con señores crucificados encima, porque nunca nos hemos parado a pensar cómo queremos morir y cómo queremos tener un funeral. Así que las casas de seguros y la familia elegirán por nosotros, y en un país con mayoría católica como es España (así como en muchos otros países de Latinoamérica) muy probablemente muchos acaben teniendo un funeral católico. Y resulta triste. Porque los funerales no están tanto para el que fallece, que claro que sí, es un homenaje a la persona que se ha ido, sino que sobre todo están para los que se quedan. Os pongo un ejemplo: uno de los funerales más tristes a los que fui en mi vida fue uno en el que se dio una misa católica, y todos sabíamos a ciencia cierta que la persona que estaba en el ataúd no había sido católica ni de lejos. Me extrañó, de hecho, que el ataúd no saliera ardiendo de forma espontánea cuando el sacerdote le echó por encima el agua bendita. Pero me parecieron muy llamativas las caras de decepción de algunos familiares y amigos, que sabían que eso no era lo que el fallecido quería, y por tanto no resultaba un consuelo para ellos. Por supuesto, si la persona hubiese sido católica en vida habría sido una preciosa despedida, pero lamentablemente no era el caso.

Creo que estamos ya maduros en nuestros países para empezar a hablar de este tema. Algunos ya pasamos de los treinta y los cuarenta, y aunque la comunidad sigue siendo muy joven, nunca está de más plantearse qué vamos a hacer cuando nos llegue ese momento en el que fallezca alguien y haya que tomar una decisión. Así que creo que es mejor empezar a tomarla cada uno, con la responsabilidad que te caracteriza como persona y el cariño que tú mismo puedes darte, y saber cómo quieres que sea tu funeral, tu despedida, o tu banquete-homenaje mientras de fondo suena un tema de tu grupo favorito y tus parientes se ponen ciegos de comer, por poner varios ejemplos. Hay grupos en España que han empezado a moverse a ese respecto, que han plantado cara al tabú y han decidido que se compran un terrenito para habilitarlo como cementerio de su confesión. Iniciativas así son bienvenidas siempre.

Y luego está el otro punto: ¿qué hago si me llaman para oficiar un funeral wiccano? Creo que diseñar ceremonias de antemano para no tener que pensar mucho en ello en medio del shock es lo mejor que se puede hacer, porque creo que en el momento de la comunicación del fallecimiento uno se puede sentir un poco abrumado por la responsabilidad y la pérdida, sobre todo si es de un amigo. De nuevo, pocos rituales de funerales veo en las redes y en los libros de Wicca, porque claro, es la muerte y es un tabú en nuestra sociedad. Y es normal. Pero creo que también deberíamos empezar a pensarlo, a diseñarlo y a compartirlo, porque algún día puede que nos toque oficiarlo o que nos lo oficien. Porque, queridos míos, la muerte no distingue de religiones.

La cuestión de los valores y la empatía

Llevo un tiempo dándole vueltas a la cuestión de los valores. Últimamente están de moda, de hecho. Yo misma he hablado en este mismo blog de educar en valores, de la falta de valores, de que hacen falta más valores. Pero después de tanto hablar de ellos, creo que ninguno de nosotros, ni siquiera yo, sabemos muy bien lo que son y lo que implican. Y es un tema peliagudo porque nos quejamos de que no están por ninguna parte. En las noticias vemos que salen cosas como promulgar el valor del medio ambiente, el valor de la amistad, el valor de la solidaridad… un empacho, vaya, por hacer mejor esta sociedad y a los jóvenes, que son los peores según… todo el mundo. Pero de los jóvenes se lleva quejando la sociedad desde que el mundo es mundo. No es una cosa de ahora, es una cosa de hace mucho tiempo y de la que grandes filósofos y políticos (sí, hubo grandes políticos) de todos los momentos históricos se han quejado. Desde la Antigua Grecia, y no exagero ni media.

Las escalas de valores, es decir, aquello que priorizamos y consideramos valioso, son a la vez personales y sociales. Es todo aquello que consideramos valioso y que en cierto modo determina nuestro comportamiento. Justo después de la supervivencia, claro está, porque primero está sobrevivir y luego está todo lo demás. A veces los valores están entremezclados con las necesidades básicas (como anteponer el dinero a otras cosas) porque las necesidades básicas de protección tales como el vestido o la vivienda no están garantizadas, entonces las personas necesitan hacer un ajuste en sus valores. Pero un humano con las necesidades básicas cubiertas empieza a tener tiempo y ganas de valores mucho más trascendentes. A veces.

Es en esa trascendencia donde me gustaría entroncar con las religiones paganas. Un wiccano puede decir que su Rede es una forma de expresar sus valores de una forma sucinta: “Mientras a nadie dañes, haz tu Voluntad” normalmente implica que la libertad de uno termina cuando empieza la de los demás. Pero esto incluye otras escalas de valores de otras personas que, libremente, han decidido tener valores diferentes y en distinto orden. ¡Qué dilema!

Mi mejor amiga dice que opiniones hay tantas como rajas del culo (perdón por ser soez), pero no he encontrado una frase que resuma tan bien que las escalas de valores son como las opiniones. Dos wiccanos pueden tener, incluso dentro del trascendente marco de su religión, dos opiniones marcadas por dos escalas de valores diametralmente diferentes. Esto en principio no es causante de demasiados problemas, porque los valores son nuestros mejores amigos mientras no los radicalicemos, y dos personas equilibradas pueden llevarse muy bien pese a tener diferentes valores. Nos permiten ser consecuentes con nosotros mismos y eso crea una autoimagen positiva que nos ayuda a estar a gusto en nuestra piel pero, llevados al extremo, crean movimientos muy radicales.

Por ejemplo, los fans del medio ambiente pueden considerar que hay wiccanos que por no pertenecer a una asociación animalista no son buenos creyentes, cuando a lo mejor resulta que no todo el mundo tiene dinero para pagar la cuota de Greenpeace o comprar cosméticos en Lush. Los superfans de Gardner pueden considerar que si no has leído sus libros no eres un buen wiccano, cuando resulta a lo mejor que no se puede encontrar en el idioma de esa otra persona, o que no está en Braille porque es ciego, o que no tiene medios para comprárselo y no le gusta descargarse libros gratis de internet porque va en contra de sus propios valores. Todo esto puede desembocar en ataques verbales que, lo creáis o no, dañan a la gente. Hemos olvidado, con tanto internet, que detrás de seudónimos y letras hay personas con sentimientos. Incluso los propios wiccanos que enarbolamos la Rede como bandera olvidamos que esa ley habla de la libertad personal, y de que ésta acaba cuando empieza la del otro.

Aristóteles decía que la virtud está en el punto medio entre los dos extremos de un mismo valor. Es un arte muy difícil permanecer en ese punto medio, sin llegar a radicalizarlo nunca, pero es la situación ideal. Pero cuando eso pasa hay una cosa llamada “empatía”, y que sí que falta (creo yo) en esta sociedad. Valores, en realidad, tenemos por todas partes y nos los meten hasta en la sopa, pero emocionalmente, con tanta libertad personal que también nos meten hasta en la sopa, nos volvemos unos dictadores de nuestras opiniones. Me incluyo: ha sido un error que he cometido mucho a lo largo de mi vida. De ahí que le dé tanta importancia a la inteligencia emocional (la capacidad de saber qué sientes y por qué lo sientes) y a la empatía (y no es sentir el dolor de los demás como en Embrujadas, sino ser capaz de saber qué siente la otra persona y entender por qué lo siente). Esas dos capacidades nos ayudan a equilibrar nuestros valores en caso de conflicto y, claro que sí, son el mejor escudo frente a los ataques.

Si una persona te está atacando y comprendes por qué te ataca (normalmente un conflicto de escalas de valores) de pronto todo se transforma en un asunto irrelevante. Si lees por internet que no eres buen wiccano porque no has leído a Gardner y comprendes por qué la persona lo dice, entonces te sitúas fuera de la situación, la ves como un espectador y dejas de sentirte mal por ella. Y si ya terminas de entender que tienes todo el derecho a no estar de acuerdo y sigues con tu vida, entonces directamente has ganado.

In memoriam

Recuerdo entre nieblas que estaba en un aula junto con otros ochenta estudiantes. Era segundo o tercero de carrera, esa carrera que yo había empezado para hacerme grafista o iluminadora, y que otros de mis compañeros habían iniciado para hacerse directores de cine. Teníamos esta asignatura en la que compartíamos profesor con los compañeros de Periodismo, Redacción 1 se llamaba, y muchos de mis compañeros protestaron porque consideraban que ya nos habían enseñado bastante lengua en años anteriores, especialmente con la durísima Teoría y Estructura de la Lengua Española, que era la bestia negra de la mayoría de los que llegaban a cuarto. Incluyendo a los de Periodismo.

Y allí estaba yo, frente a un papel con preguntas propuestas por este señor profesor que, en su primer día de asignatura, se empeñó en hacernos una prueba de nivel ortográfico y un sondeo de inquietudes, todo a la vez. Después de hablar sobre la diferencia entre por qué, porque, porqué y por que, estaba aquella pregunta que aquel día dejé en blanco y que decía “Indique un periodista famoso al que tenga como referente”. Sentí vergüenza al dejar aquella pregunta en blanco, porque había muchos periodistas buenos. Pero yo no quería ser periodista, no por aquel entonces, aunque los de Audiovisual compartiéramos gran parte del plan de estudios con ellos y aunque en realidad me encantara escribir. Así que no tenía referentes.

Pasó aquel día y pasaron muchos otros. Terminé la carrera y empecé a trabajar a media jornada mientras hacía la segunda titulación, porque estaba muy aburrida del anodino mercado laboral de aquel entonces, ya convencida de que lo mío eran la investigación y, sobre todo, las letras. Con los pocos euros al mes que ganaba y sin tener que pagar hipoteca, me podía permitir darme un capricho, ir a Amazon y comprar lo que se me antojara una vez al mes, especialmente si eran libros de Wicca. Entonces me encontré con un libro que me llamó la atención. Era una mezcla de Periodismo y Antropología, mis grandes pasiones por aquel entonces, y decían las críticas que estaba escrito por una periodista en un estilo sin pretensiones.

Así fue como tomé contacto por primera vez con Drawing Down The Moon, de Margot Adler. Se presentaba como un viaje por los Estados Unidos de América, de grupo en grupo pagano. Narraba aventuras y desventuras, anécdotas, formaciones de covens y retos a los que se enfrentaban, en una sociedad, la americana de finales de los 70, fuertemente marcada por los telepredicadores y el ansia de expansión de una ideología más liberal frente al conservadurismo recalcitrante. Un soplo de aire fresco, un retrato basado en la observación participante y la entrevista, pero en el que el ojo que retrata tiene cerebro y ojo propio para impregnar de criterio dicho retrato.

Cuando abrí aquel libro y leí unas cuantas páginas supe que había encontrado una mujer a la que tener como referente, una persona a la que poner en aquella pregunta que dejé en blanco, aquel día en clase de Redacción 1. Sobre la Sra. Adler sabía y sé poco, que vivía en Nueva York, que su abuelo había sido psicólogo y que como periodista era una mujer de radio. Con el tiempo supe que, efectivamente, era pagana, concretamente wiccana, de ahí que tuviera los contactos para escribir su libro. Como siempre he creído en la Historia y en que hay que aprender del pasado para evitar errores en el futuro, devoré aquel libro. Tenía la sensación de que, algún día no muy lejano, llegaría nuestra explosión de popularidad a nivel de atención en los medios, también en mi católico país, o que seríamos mucho más de los que éramos en aquel momento, y que por eso era necesario saber qué había pasado en otros lugares del mundo.

Margot Adler perdió la batalla contra el cáncer de endometrio hace unos meses, un cáncer que había causado una metástasis en su cuerpo. Sé que nunca sabrá que inspiró a una persona en un país en el que no se habla su idioma, sin ni siquiera haber traducciones al español de su obra más famosa, pero me conformo con hacerle este pequeño tributo. Sé que tampoco será la autora favorita de muchos de mis compañeros de senda, porque no es Doreen Valiente, porque no es Gardner, porque nunca habló de herramientas y su uso, porque no tenía canales en youtube, porque nunca se interesó por lo que hacíamos y por demostrar cuánto sabía, sino que se interesó por lo que somos. Se interesó por las personas. Fue una contadora de historias de seres humanos viviendo vidas cotidianas y a la vez excepcionales. Fue un ojo retratando una realidad sin pretensiones de objetividad, porque comprendía perfectamente que la objetividad, en el Periodismo y en la vida, es un mito.

Entrevista en Encrucijada Pagana

Hoy me han hecho una entrevista en Encrucijada Pagana, uno de los programas paganos (desde mi punto de vista) más interesantes en español ahora mismo, y que se emite en directo los miércoles a las 18:00 horas (hora de España) en Cerdanyola Radio, si bien se puede escuchar por internet más tarde.

Os dejo el enlace al programa para su escucha online, ya que la entrevista fue en directo pero luego guardan los programas para nuestro disfrute. Si os gusta, ya sabéis, tenéis todos los programas ahí mismo.

http://www.ivoox.com/12-11-2014-mitologia-galesa-el-habinogion-audios-mp3_rf_3728612_1.html