La pirámide de los brujos (2): Querer

Posiblemente ésta sea mi parte favorita de hacer magia, el pilar que más me gusta de todos: puede que porque esté asociado al elemento fuego, puede que porque es el ejercicio de Voluntad supremo. Se trata de Querer.

Querer no es simplemente tener el deseo de algo, porque en ese caso sería desear. Se trata de algo menos “tosco” que el deseo, aunque parte de él. En esencia, Querer es el motor del cambio, la parte más revolucionaria y movilizadora de nuestro ser, al provenir de nuestra propia Voluntad. Querer es el ejercicio volitivo perfecto, en consonancia con nuestro Yo Superior. No se trata de un capricho ni de un gusto por algo, se trata de algo mucho más profundo, algo que radica en lo más natural a nosotros mismos. Algo que, como dirían los anglosajones, está en nuestras “vísceras”. Algo que está irremediablemente unido a nuestra función elegida en esta vida, ésa que hemos elegido tener antes de venir a este mundo.

Yo puedo querer tener un perrito, pero no tener voluntad de cuidarlo. Por tanto, no tengo mi perrito. Sin embargo, si días antes de ir al refugio a ver a los perros y considerar cuál es el que más me gusta o con cuál me llevo mejor, me voy preparando para la posible adopción investigando por mi cuenta sobre educación canina, cuidados y demás, o me busco a alguien que me eche una mano por si un día me tengo que ausentar de casa, entonces sí tengo voluntad de querer tener un perro verdaderamente. El ejemplo es muy simplón, pero puede servir para ilustrar la diferencia entre querer y Querer de verdad, aunque no sea dentro de un contexto ritual que, como veremos más adelante, resulta indispensable para el ejercicio de la Voluntad mágica.

Se puede Querer sin Saber, aunque lógicamente es mejor Querer Sabiendo. Empezando por uno mismo y las propias motivaciones que le mueven, de ahí que en el artículo anterior hablara de la importancia de la meditación en todo este asunto. Saber también complementa a Querer en el sentido de que le da una forma al fondo que supone ese ejercicio de “Deseo que va más allá del Deseo”.

Querer se parece a tener intención de hacer o lograr algo, pero con un plus de convicción. Ésa es la convicción que dejaba entrever en mi artículo de Voz Mágica que escribí hace unos meses. Cuando Queremos de verdad, todo nuestro ser se pone en consonancia para hacer posible que las cosas sucedan, el Universo conspira para hacer realidad nuestra Voluntad verdadera. La vibración del ser en su totalidad se orienta hacia lo que se quiere conseguir antes, durante y después del ejercicio mágico, y ya dije que para mí eso queda especialmente patente en el uso de la voz durante el ritual.

Vemos cómo el Querer se pone en marcha cuando estamos en harina, dentro de nuestro círculo y conectados con nuestro Yo Superior mediante un cambio de conciencia. Se materializa cuando encendemos una vela o atamos un cordón por primera vez, cuando visualizamos nuestro deseo hecho realidad durante la práctica de un ritual. Para que éste sea un acto mágico necesitamos los resortes simbólicos necesarios, de lo contrario estamos ejerciendo nuestro Libre Albedrío, lo cual es muy lícito y resulta sencillamente perfecto para nuestro día a día, pero sin utilizar las herramientas mágicas necesarias y por tanto sin conectar con nuestro Yo Superior.

Mucha gente puede decir que está conectado con su Yo Superior todo el tiempo y que no le hace falta entrar en un estado alterado de conciencia en absoluto para Querer dentro de un acto mágico. También dicen que no necesitan símbolos. Desde mi punto de vista, esa actitud denota una insufrible fanfarronería. Estamos conectados con nuestro Yo Superior todo el tiempo, sí, pero como seres humanos necesitamos entrar en el estado alterado de conciencia, de lo contrario nos volvemos locos porque el cerebro no nos da para más. Además de esto, estar “deseando” cosas y que se nos hagan realidad constantemente puede ser un problema a la hora de tener una vida normal, ya que la mente humana con cierta frecuencia se ve asaltada por pensamientos automáticos. Por otra parte, la falta de necesidad de símbolos entra en contradicción con la naturaleza del ser humano como ser simbólico, como ya comenté brevemente en este otro artículo.

En resumen, el Querer es como el fuego. Hay que cuidarlo, mimarlo, alimentarlo y esforzarse por mantenerlo vivo. A veces surge y nos quema, otras veces surge y nos viene muy bien para lo que necesitemos hacer: cocinar, protegernos, o lo que sea que sea que tenemos que hacer. Pero en Magia no es un Querer efímero, sino que se encuentra intríncamente relacionado con lo que somos como persona, con nuestra misión y nuestro propósito como magos o brujos en el Universo, que al fin y al cabo es hacer de tejedores de la realidad. Por eso este tipo de deseo es tan peligroso cuando se desboca.

La pirámide de los brujos (1): Saber

Dicen que el saber no ocupa lugar. En realidad ocupa lugar en las estanterías, por tanto el saber acumula mucho polvo. Y tras esta introducción medio cómica me voy a poner seria porque hoy quisiera hablar de la pirámide de los brujos o “los cuatro pilares de la brujería”, de la que hablé brevemente aquí hace algunos años. Me gustaría que éste fuera el primero de los cuatro artículos sobre la pirámide de los brujos, que son los cuatro principios básicos en la aplicación del Arte mágico. Siempre desde mi punto de vista, claro.

Como introducción de los cuatro principios, me gustaría comentar que ninguno de ellos es más importante que los demás, aunque a veces las personas tienen más afinidad por uno que por otro y es normal. Si uno de los principios se nos da peor creo que no está de más trabajar en ése que se nos da peor internamente, mediante la meditación, la auto-conciencia y el mindfulness, por ejemplo, de cara a intentar lograr un equilibrio, aunque sin obsesionarse. Por otro lado, me gustaría matizar que estos cuatro pilares de la brujería se encuentran muy ligados al trabajo mágico, aunque su aplicación también puede llevarse a la vida espiritual perfectamente.

Saber es el primero de estos principios. Está ligado al elemento aire, igual que el resto de los pilares de la pirámide de los brujos está ligado a uno de los cuatro elementos. Si recordamos las características del elemento aire nos daremos cuenta rápidamente de qué se trata el principio del saber: es el intelecto, lo racional, el conocimiento.

El conocimiento teórico se aprende, normalmente, leyendo. Ha habido quien ha dicho que yo le doy mucha importancia a los títulos y a los libros. Esto no es cierto y ya lo expliqué y ejemplifiqué aquí, aquí y aquí entre muchos otros artículos. Esto es un camino vivencial, por tanto el camino no se aprende en un libro ni en un curso, el camino no nos lo enseñan ni nos lo dan hecho, sino que somos responsables de él. Lo que sí aprendemos de los libros es la teoría y establecemos una base sobre la que poder construir más adelante. Estudiar es importante, igual que son importantes los demás pasos que hemos de seguir con respecto a la pirámide de los brujos. Lo que pasa es que hoy voy a hablar del conocimiento y ya me centraré en la práctica al tratar el resto de los pilares.

Para ejemplificar lo que supone practicar sin saber voy a poner un ejemplo. Supongamos que me compro una depiladora nueva, sumergible, de las que traen luz incorporada y quitan hasta el último pelo. Al ratito de usarla se enciende una lucecita roja y pienso que se ha estropeado o algo así. Pues no, sencillamente la depiladora se me ha quedado sin batería pero soy tan bruta que no me había leído el manual de instrucciones (basado en hechos reales). Como veis, leer te da más. Nos ayuda a saber por dónde ir en caso de tener alguna duda. Si yo me hubiera leído el manual antes de encender el aparato probablemente me habría ahorrado un minuto de desconcierto. Esto mismo puede pasar en mitad de un ritual. Un minuto de desconcierto en mitad de un trabajo mágico puede suponer perder todo el estado de conciencia alterado necesario para obrar a un nivel espiritual, y que tanto cuesta conseguir sobre todo al principio. Es mejor tener todo bien atado de antemano y para eso se necesita saber.

Y no sólo en mitad de un ritual, también en una práctica devocional. La pregunta más frecuente que nos encontramos los wiccanos por parte de quienes empiezan es “No sé qué hacer, ¿por dónde empiezo?”. La respuesta es siempre la misma: lee, investiga, razona, y cuando creas que ya sabes, vuelve a empezar. El conocimiento es esquivo, sobre todo cuando estamos empezando a estudiar porque no existen relaciones emocionales con dicho conocimiento que nos ayuden a “enraizar” el conocimiento con la práctica. Pero todo llega. La documentación es el comienzo, los cimientos, y luego puedes ir poniendo los ladrillos de tu “casita espiritual” poco a poco.

Hay muchísimos libros con los que empezar. Al respecto de esto, escribí un artículo hace unos años que puedes leer aquí. Una vez que ese saber se convierta en práctica, verás que todo va pasando por un ciclo hasta que vuelva otra vez a integrarse y a convertirse en más conocimiento, porque la práctica también lo genera aunque no es teórico simplemente, sino que además tendrá un significado extra a nivel emocional para ti. Y te preguntarás, ¿cuándo es el momento adecuado para pasar de la lectura a la “acción”? Depende de la persona, debes estar atento a ti mismo, y ésa es otra de las partes importantes de este pilar de la Magia: el conocimiento de uno mismo adquirido mediante la introspección y mediante técnicas de auto-conocimiento. Por ejemplo, la meditación. Ser consciente de uno mismo, conocerse, saberse, es igualmente importante, porque sobre todo da mucha tranquilidad mental y eso te permite pensar y actuar con mayor claridad.

Para terminar, como ya he dejado caer arriba, me gustaría decir que esto de la pirámide de los brujos es un ciclo y no es un ciclo a la vez. Es un ciclo porque todo tiene sus ritmos y éste suele ser el comienzo, pero con el tiempo, como en todo movimiento, se genera una inercia y poco a poco el resto de los pilares vuelven a revertir unos en los otros sin importar el orden. Pasan de ser fases a convertirse en pilares verdaderamente, principios a los que volvemos una y otra vez a lo largo de nuestra vida y que nos ayudan a hacer más efectiva nuestra práctica mágica.

Mi cuerpo, tu cuerpo, nuestro cuerpo

Hoy he asistido, atónita, al que podría describir como el suceso más surrealista en lo que a mi historia en esto del Paganismo se refiere.

Hoy he visto a una pagana, wiccana para más señas, declarar “impuro” su cuerpo cuando tiene la menstruación.

Qué queréis que os diga, todavía no salgo de mi asombro. En todos mis años como correlliana y bruja, jamás me han dicho que tenga que considerar impuro mi cuerpo cuando menstrúa, igual que jamás me han dicho que tenga que considerarme impura por tener mocos, flujo vaginal, saliva o lágrimas. Jamás he oído que a un hombre se le llame impuro por eyacular, y sin embargo ahora resulta que yo (y todas las mujeres) soy impura cuando menstrúo.

Aparentemente tampoco puedo hacer magia cuando estoy con la menstruación según esta opinión. Todos sabemos que la menstruación corta la mayonesa, quema las plantas, estropea la comida y hace llorar al niño Jesús. Nótese el sarcasmo.

Honestamente, creía que hacía mucho que se habían superado las supersticiones con respecto a la menstruación y los fluidos en nuestra sociedad. Y más en un culto como la Wicca, que precisamente basa uno de sus rituales más importantes en el acto sexual. Por si acaso mi lector no es consciente de este hecho, el acto sexual conlleva inevitablemente intercambio de fluidos. El Gran Rito no es ni más ni menos que tener sexo para elevar energía con fines mágicos, bien realizado carne con carne cuando existe relación y consentimiento mutuo entre los dos integrantes, bien representado de forma alegórica mediante un cáliz y un athame, como se realiza en mi tradición. Jamás oí a ningún wiccano tachar de impuras este tipo de prácticas, y eso que contienen algo que sale de un cuerpo humano.

Porque sobre todo me pregunto qué diferencia hay entre la sangre y cualquier otro fluido del cuerpo humano, independientemente de su sexo. Sí, todos sabemos que la sangre mancha mucho, es muy escandalosa y es engorrosa, y debe ser así porque cuando sangramos por una herida debemos darnos cuenta de que estamos sangrando. Pero en este caso la sangre se utiliza de una forma un poco diferente: el cuerpo femenino utiliza la menstruación para volver a ordenarse, para regenerarse, para nutrir y prepararse para el nuevo ciclo, es la limpieza de primavera del útero, en definitiva. Mediante la menstruación se hace patente la conexión con la Luna, a la que, sorpresa, los wiccanos rendimos culto. Que me digan entonces qué tiene de impuro algo tan natural como salivar cuando se tiene hambre.

El otro día estuve reflexionando, a raíz de las palabras de una persona en facebook, sobre lo que debemos opinar y no opinar las personas que tenemos una cierta vida espiritual. Mi conocido me dijo que algunos pensaban que las personas espirituales no debíamos opinar de cosas mundanas. Pero es que no hay más remedio, estamos aquí y tenemos cuerpos humanos con ciclos humanos. Meditar no nos hace dejar de tener opinión, ni dejar de amar, reír, llorar, eyacular o menstruar. El cuerpo, la mente y el espíritu son uno, y creo que va siendo hora de empezar a honrar a nuestros cuerpos igual que aspiramos a honrar a nuestro espíritu. Este tipo de opiniones que tachan de impuros determinados fluidos corporales que no se pueden evitar, desde mi punto de vista, están muy lejos de la experiencia que yo tengo de la Wicca, como religión que establece un equilibrio entre todas nuestras facetas de la vida, y que pone un énfasis en los ciclos. Sí, también el menstrual.

Así que esa persona puede decir lo que quiera de su vagina, pero que no lo diga de la mía, ni de la tuya, ni de la de todas. Si ella quiere seguir llenando de impurezas su menstruación, adelante. Yo seguiré celebrando todos los fluidos corporales, que se pasa muy bien.

De libros de sombras, naturalezas del alma y otras cosas que no importan

Me sorprende, en general, la importancia que todos (también yo) le damos a ciertas cosas cuando practicamos Wicca. Cosas que en un principio parecen de vida y muerte, como por ejemplo cuáles son los supuestos “deberes” del Wiccano, del brujo o del mago de la piruleta, llamadlo x. Para colmo yo soy Correlliana y se supone que nosotros somos los filósofos, así que podéis imaginaros los debates que tengo conmigo misma hasta que llego a determinadas conclusiones.

Estos temas recurrentes pueden ser, por ejemplo, el Libro de las Sombras. Cómo confeccionar un libro de las sombras, cómo tiene que ser de grande, cuántas hojas debe tener, si se hace artesanal o no, si se puede hacer en un archivador o no, si tienes que ponerle una bendición o no, si es el deber del Wiccano seguir un libro de las sombras y un largo etcétera. También hay quien copia textos como la Rede (una de sus múltiples traducciones al español, que personalmente me parecen a cada cual más infame), las trece metas, las leyes de las brujas de 1974, la carga de la Diosa, la carga del Dios, la Runa de las brujas, se copian descripciones de sabbats y esbats… vamos, se hacen una Biblia. Que digo yo, que la mitad se van del Catolicismo porque no les gustan los Cristianos pero al final se hacen una religión de libro como la copa de un pino. Y ahora voy yo y digo que en todos mis años como wiccana (y no llevo pocos) he tenido dos Libros de Sombras, no me he acabado ninguno porque me aburre soberanamente copiar oraciones de internet y al final he optado por un archivador bonito donde voy metiendo hojas secas, algún que otro papel con apuntes y muchos registros de meditaciones. Debo ser la gran vergüenza de la Wicca porque eso de tener un LdS a lo Embrujadas me da bastante igual, creo que es irrelevante y que en realidad, para lo que es la práctica de un sendero espiritual, copiar oraciones de internet no resulta relevante. ¡Si ya te sabes de memoria de qué va cada sabbat, para qué lo copias otra vez! ¿Realmente lo necesitas? ¿Hace una diferencia en tu vida espiritual?

Otra cosa que no importa para nada es el eterno debate de si Dios y Diosa existen y cuál es más importante. O dónde está Dios, dónde la Diosa y quién rige qué. Algunos dirán que Dios rige el cielo y otros dicen que el Tiempo. Otros dicen que Diosa es Espíritu y Dios es materia (espacio-tiempo). Y otra vez, da igual. Necesitamos una explicación para quedarnos contentos y saber de dónde partir, y en eso mi Tradición es experta, pero de nuevo es total y completamente irrelevante. Dios y Diosa son unas cosas con las que intentamos explicar que nosotros veamos el mundo en términos sexuales, porque nosotros entendemos el mundo en términos sexuales. Admitámoslo: el sexo mueve a la especie humana, es más, gracias al sexo y a lo divertido que es seguimos adelante como especie porque no nos reproducimos precisamente por esquejes. La explicación mística es secundaria, no es importante.

Luego está el altar. Que si voy a ofender a los Dioses, que si me han dicho que así no, que si no tengo altar porque vivo en casa de mis padres. Como Wiccano, tu cuerpo puede ser tu altar (pero por favor no te pongas velas encima, que queman) porque para eso es sagrado, y no te va a caer un rayo por no tener un altar si vives en casa de tus padres. Otra cosa irrelevante.

Las vidas pasadas son también bastante irrelevantes. Es verdad que hay gente que ve en ellas una forma de conocerse y eso está genial. Pero estamos aquí y ahora. Sólo vamos a estar como nosotros mismos aquí y ahora. El presente es nuestro regalo (y por eso se llama presente). El cuerpo que vestimos no es una carcasa, por mucho que digan que sí los que hablan de la superioridad del alma. Es un organismo inteligente, preparado tras miles de millones de años de evolución. Es sagrado, y permitidme esta licencia, pero por algo un orgasmo es lo más divino que existe. Me importa muy poco que alguien haya sido Cleopatra en su vida pasada, que haya sido una bruja potentísima de la Edad Media o Santa Teresa, si ahora mismo resulta que es una persona mezquina. Lo especial no es lo que hayamos sido, sino lo que somos ahora.

¿Qué es lo importante?, preguntaréis. Pues tú, yo, nosotros y nuestra relación con el camino. Que este camino se convierta en algo divertido, sagrado, integrador, sanador y desde luego no una fuente de estrés. Que nos permita hacer nuestra vida, disfrutar de relaciones humanas de calidad, de la naturaleza, de nuestra vida personal y profesional, que nos ponga una sonrisa en la cara, que nos ayude a superar los baches emocionales, que encontremos en él un sitio calentito basado en que se trata de algo que nos habla de la conexión con la naturaleza y con nosotros mismos, que ya estamos suficientemente alienados del entorno natural e incluso de nuestro propio cuerpo. Que nos ayude a tomar conciencia para saber que tenemos esta oportunidad, por mucho que hayamos tenido vidas pasadas como Cleopatra. Nos han dado un regalo, nos han dado la rareza de la vida: tomémosla como el regalo que es. Dejemos de quebrarnos la cabeza con cosas que adornan las páginas de internet y que están creadas para hacernos creer que somos superespeciales porque nos hacen creer que somos más de lo que en realidad somos. Cuando a pesar de que somos tan especiales y raros, pasamos por alto que lo somos y necesitamos rodearnos de parafernalia para darnos más bombo.

¿Puede todo el mundo practicar magia?

Me fascina la idea de que se diga que la palabra ‘Wicca’ esté relacionada con la palabra tejer (‘weave’ en inglés). Se suele decir que está relacionada con ‘witch’ (brujo/a) y con ‘wise’ (sabio/a), pero en ocasiones he leído que está relacionada con la palabra tejer y esa idea me ha parecido siempre muy bonita. Ahora bien, no puedo decir si esta relación es verdadera o no, porque mis conocimientos no llegan tan lejos. Aun así, me parece acertada para el propósito de esta entrada.

Los brujos y brujas que practicamos Wicca sabemos que nuestra realidad se moldea según nuestra emoción y nuestro pensamiento. Hacemos el mundo según nuestros deseos. Si creemos que algo es perjudicial para nosotros, ya lo podemos pintar de rosa y ponerle lazos, que va a ser perjudicial. Esto me lo enseñaron en mi Tradición: lo que crees te delimita, y por tanto si crees que no puedes hacer un viaje astral sin que exista un cordón de plata, para ti será así. Si tienes miedo de la magia, pues la magia no te funcionará. Si consideras que tienes en tu casa un ente malévolo, pues así será. No estoy diciendo que no existan los entes malévolos por sí mismos, pero sí que en cuanto crees en algo eso se hace realidad, porque para eso la tejemos.

Insistimos mucho en la necesidad de meditar, de trabajar internamente y de conocernos a nosotros mismos no porque éstas sean herramientas que den poderes mágicos. Los poderes ya se tienen de nacimiento, los tiene todo el mundo. Se medita, se trabaja internamente y se intenta conocer a uno mismo porque éstas son formas de conocer cuáles son esos sentimientos y pensamientos que están dando forma constantemente a nuestra realidad. Y tampoco para controlarlos, sino para conocerlos. Un sentimiento no se puede controlar, eso es algo que ningún ser humano es capaz de hacer, pero se puede aceptar, integrar y comprender. Cuando nos comprendemos a nosotros mismos, nos sanamos. Incluso algo que parece tan tremendo como la tristeza tiene un fin evolutivo, que es el de hacer que nos paremos, pero no podemos controlarla: debemos aceptarla y saber qué subyace, aceptar ese momento de tristeza y luego, poco a poco, dejar que vaya desapareciendo para intentar sacar a relucir otros sentimientos, como la alegría. Puede haber una gran cantidad de sanación del alma en una lágrima, en una sonrisa o en una sorpresa, si sabemos cuáles son las circunstancias que han provocado esos sentimientos y aceptamos que son cosas que pasan en la vida y que esto se trata de seguir adelante.

Me han llegado a preguntar si todo el mundo puede practicar magia. La respuesta es que sí y no a la vez. Sí, porque poder, todo el mundo puede. No, porque deber, no todo el mundo debe todo el tiempo. Si se practica magia llevado por el enfado, la tristeza o la euforia sin saber nosotros muy bien qué provocan esos sentimientos, la magia puede tener consecuencias que en principio no vamos a poder controlar. Hay personas que entran en este camino espiritual por la magia, por ese concepto romántico de tener “poder”, y eso no es especialmente positivo para ellos porque no saben siquiera para qué quieren ese poder. Me aventuraría a decir que para tener control, quizá, de su propia vida. Pero no se obtiene control de tu vida a través de la magia: se consigue a través del trabajo interno, de conocerse uno, de meditar con uno, de vivir una existencia consciente y plena. La magia y el camino espiritual no son el sustituto del psicólogo, ni del psiquiatra, ni del médico, ni del amigo, ni de la madre, ni del padre, ni del hijo, ni de uno mismo. La Wicca es una religión y no una tirita para una herida. La magia es algo que se tiene desde que se nace, que nos hace ver reflejado en el mundo lo que somos nosotros mismos y que nos ayuda a iniciar un cambio dado, de acuerdo con nuestros deseos. Pero si vemos la vida desde el enfado o la indignación, el mundo va a estar constantemente enfadado e indignado con nosotros mismos. Lo ideal es darse cuenta de que se está enfadado o triste, y no hacer magia en esos casos.

Si estamos en un momento difícil de nuestra vida, que a veces puede pasar, no ocurre nada. No se hace magia y no se va a acabar el mundo. Se deja uno a uno mismo tranquilo, se acepta la situación y se da el tiempo necesario para recuperarse. Las emociones, igual que la enfermedad, están para algo y es para descansar. Los caminos espirituales, aunque pueden ayudar, pueden revolver demasiado en una persona que necesite recuperación o crecimiento a nivel de inteligencia emocional. Lo mismo ocurre con las iniciaciones: creo que ya comenté en una ocasión que una iniciación en un camino mágico no es una terapia ni una cura milagrosa, sino el principio y el final de algo. Hay que estar muy entero para estar dispuesto a bucear en uno mismo, hay que estar muy entero también para morir simbólicamente y volver a renacer, que es lo que implica una iniciación. Si “morimos” figuradamente con cosas pendientes, el resultado de ese ritual será quizá menos catártico que si lo hemos dejado todo más o menos saneado. He aquí también la respuesta al año y el día de estudio mínimo que se pide en la mayoría de las corrientes wiccanas.

Recordando que somos responsables y tejedores de nuestra realidad, recordaremos que habrá momentos en los que podremos hacer magia, estudiar y vivir sin mayores incidentes, mientras que habrá momentos en los que también será necesario meternos en nuestra crisálida interior, sanarnos, pararnos a contemplar la vida y luego seguir adelante. Al fin y al cabo, la verdadera magia está y estará siempre dentro de nosotros mismos.